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Festejo
PLAZA DE TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del martes, 21 de agosto de 2001
 
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Sánchez-Arjona, Toros de Sánchez Arjona

Diestros:

Entrada: tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: El Mundo, El País


El Mundo. CARLOS CRIVELL.  Cinco orejas y mucho triunfalismo

Se desató el triunfalismo en Almería y se cortaron cinco orejas. Después de tanta euforia y tantos pases en una corrida, sólo queda el recuerdo de algunos muletazos excelsos de Finito al segundo y la apertura de Enrique Ponce en su trasteo al cuarto. Las orejas fueron un espejismo de una corrida que tiene momentos contados de auténtica verdad torera.

La faena de Finito al segundo tuvo instantes de belleza suprema. El torero del buen gusto apareció en los pases para sacar al toro fuera de las rayas y en algunos pasajes de su labor sobre ambas manos. También fue muy torera y meritoria la forma de abrir faena de Ponce con el cuarto. Ese comienzo de faena, perfecto para ahormar al animal y muy elegante, dio pase a una faena de más a menos, en la que se pareció a un torero enrabietado y algo acelerado. Fue faena más vibrante que perfecta, más de arrojo que serena, en la que algunos pases redondos bien ligados con el de pecho provocaron el arrebato popular.

Aparte de estas dos faenas, el resto de la corrida fue de poca intensidad. Ponce cortó una oreja al primero por una faena correcta, rematando siempre por arriba y con muchos medios pases. Finito se arrugó en el quinto. El toro no valía un duro, pero Finito cuando no lo ve claro no lo disimula. Y Abellán no tuvo ninguna suerte con su lote. Estuvo animoso y reiterativo en una labor sin fondo con el primero. Con el sexto, Abellán no mostró muchos recursos para mejorar a su oponente. Total, muchas orejas y poco toreo.


El País. JUAN ORTEGA. Incontestable triunfo de Ponce

El cuarto toro era un atanasio manso, especie en la que Enrique Ponce es perito, por lo que dejó pasar las intemperancias de los dos primeros tercios y abrió la faena permitiéndose el lujo de instrumentar unos sensacionales pases por bajo, para seguir con series por la derecha en las que dominaba la embestida. Casi hizo magia con el toro, al hacernos olvidar que era manso, ya que le hacía tomar la muleta de largo, cruzado y el toro acudía justo hasta donde el torero le mandaba; un tres en uno, acabado con el de pecho, fue el colmo de la ligazón y el dominio. Es verdad que no utilizó la izquierda, pero también es verdad que, en los dos intentos que hizo el toro, rehusó embestir por ese lado; toda su labor evidenció magisterio y capacidad torera. El que abrió plaza, jabonero, se pegaba preciosas costaladas y el valenciano estuvo ocupadísimo en que no se cayera y aprendiera a embestir.

Esta vez, Finito nos cogió prevenidos, ya que dos triunfos seguidos sin entenderlos podían ser demasiado. También era el toro jabonero, chico, con movilidad y tomó una vara para navegar enseguida de manos. Tras probar a media altura, Finito instrumentó una serie de derechazos con el pico, vaciando el toro hacia fuera; la segunda, jaleada, fue algo mejor, y enseguida empezó por naturales, en los que en lugar de dar el medio pecho, ofrecía la mitad del cachete, lo que vino a rectificar en medio de la serie, lo mismo que hizo en la siguiente, en la que empezó toreando hacia las afueras, para recoger después el brazo y el trapo. Finalizó con tres derechazos de pico y, tras una estocada caída, el público pidió las dos orejas. El toro se fue con la faena por hacer, porque lo que el torero sacó de la chistera no fueron más de cuatro pases correctos. Después de un pésimo segundo tercio, el quinto gazapeaba y se quedaba corto; Finito abrevió y echó a huir detrás de la espada.

Lo de Abellán ayer no llegó a ser ni siquiera un embuste pequeñito, ya que en primer lugar tuvo que lidiar un toro negro, alto de cruz y de pata larga, propio para uncir en carreta. A saber qué o quién saltó la cerca en una noche de calor. Está bien que Abellán cite de largo y trate de prolongar la embestida; lo que no está bien es que lleve al toro alejado con el pico de la muleta, y que, al rematar en rectitud, lo deje en la periferia. El tercer jabonero, último de la tarde, era manso y corneaba a traición. No era la hora de los héroes y Abellán se lo quitó de en medio como pudo.

 

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