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Festejo
PLAZA DE TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del viernes, 24 de agosto de 2001
 
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Luis Algarra, bien presentados, mansos, de media arrancada y flojos.

Diestros:

  • Curro Vázquez, pinchazo, media tendida (silencio); tres pinchazos, bajonazo artero (división de opiniones al saludar).

  • Ruiz Manuel, estocada desprendida atravesada (oreja); pinchazo, estocada sin puntilla (oreja). 

  • Morante de la Puebla, pinchazo, estocada honda (oreja); estocada fulminante (oreja).

Entrada: tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: El Mundo, El País


El Mundo. CARLOS CRIVELL. Los sustitutos de nuevo a hombros

Así está la fiesta. No comparecieron ni José Tomás ni El Juli y se llenó la plaza. El triunfador es el empresario. Se abarrotó la plaza con dos toreros de distinta cotización. El tirón lo tenía la fecha del viernes de feria. Ruiz Manuel y Morante, los sustitutos, volvieron a salir a hombros de la plaza. En esta ocasión sus méritos fueron mayores.

El veterano Curro Vázquez escribió algunas notas bellísimas en el cuarto, pero no llegó a rematar la sinfonía. Todo comenzó con unas verónicas de salida, apenas dos lances, impregnados de naturalidad. El quite mejoró lo anterior con tres enormes verónicas rematadas con media solemne. Brindó a la plaza y fue más lo soñado que lo vivido. Queda en recuerdo la forma de citar con el pecho por delante, la muleta plana, el juego de brazos y de cintura, el porte de un torero muy bueno.

El otro monento intenso de la tarde llegó en el sexto. Morante lo entendió a la perfección en una faena de intensidad artística propia de este espada. Dos tandas con la derecha y una de naturales fueron intensas y profundas, porque bajó la mano y templó, pero todo con el talante torero de Morante. Quedaban las notas propias de la gracia única de su tauromaquia, los de la firma, los desplantes, las trincherillas, es decir, el toreo sevillano en su más pura esencia. La espada viajó certera y cortó la segunda oreja para salir a hombros. Había cortado un trofeo en el tercero, pero su faena no fue de tan rotundos destellos. Lo mejor del paso de Morante por Almería es que de nuevo parece un torero confiado en sus posibilidades, que transmite ilusión y que sigue toreando muy bien.

Buena tarde de Ruiz Manuel. Mejor que la del día anterior y con más sentido torero. El segundo toro dio una voltereta de entrada en la muleta. El de Almería dio pases largos y templados, llevando prendida la embestida. No fue tan bueno el toreo con la izquierda y la estocada fue defectuosa, pero le dieron la oreja. Brindó la faena del quinto a Curro Vázquez. Algunos buenos naturales, llevando el toro hacia los adentros, y las ganas de triunfo ante un toro apagado, fueron las notas más llamativas de su faena. La gente estaba con Ruiz Manuel y le dieron una oreja de poca entidad. Fue una buena corrida. Curro Vázquez dejó detalles; Ruiz Manuel, ganas, mientras que Morante llevó de nuevo la ilusión a los aficionados.


El País. JUAN ORTEGA. Arte, toreo y pasión

Curro Vázquez puso la guinda; Morante, el toreo, y Ruiz Manuel, el calor apasionado del paisanaje. Lo del cuarto fue un mazazo: Curro Vázquez, en los lances de recibo y en el quite, esculpió la verónica, con los pies inmóviles, lanzando el capote, jugando los brazos en armonía con el pecho adelantado, templando trapo y toro, eterno cada lance, una auténtica lección de torería. Dos ayudados, uno por bajo y una tanda de cuatro derechazos rematados con trincherilla, y de pronto, el muy hijo de Satanás del toro, serio, veleto, degollado y badanudo, se queda y no anda más: una faena interrupta de la que más de uno no se ha recobrado y le ha quedado un trauma para toda la vida. El primero, tras sentir las cuerdas, se fue al santo suelo, repitiendo costaladas y sacando peligro por la izquierda. Curro le cogió asco y se lo quitó de enmedio a las segundas de cambio.

Habíamos tenido que esperar al tercer toro para ver torear, y eso que no brilló en el primer tercio, que empezó suelto, entrando al caballo por libre y saliendo escopetado antes de volver a salir suelto. Morante dijo el toreo cruzado, abarcando la embestida y rematando atrás. Todo eso lo tuvo que decir en romance de arte menor, porque la res había sufrido una vuelta de campana que la dejó para el arrastre. Hizo natural los naturales templados y se adornó con propiedad. Al sexto se le acabó la cuerda al principio de faena, impidiendo ligar la embestida que no se producía; algún pase aislado de primer orden fue la única cosecha obtenida.

Ruiz Manuel vio cómo el segundo salía suelto de los caballos un par de veces, desentendiéndose de lo que pasaba en el ruedo. Puso la olla a reventar, cuando instrumentó dos series con la derecha que tuvieron de bueno el adelanto de la franela, la quietud y el temple; fallaron al citar hacia afuera y torear en línea, defecto que acusó más en dos series de naturales que completaron la faena, en las que aguantó sendos parones en mitad de la suerte. Lo que tenía el pitón derecho quedó por explotar. En el quinto volvió a aguantar repetidamente los parones producidos por la media arrancada. Se dieron la mano la decisión y la falta de sustancia.

 

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