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Festejo
PLAZA DE
TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del miércoles, 28 de agosto de 2002
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: 2 toro para rejones
de Murube (1º bueno, 2º
complicado), y 4 de Santiago Domecq
(de diferente presentación y juego, mansos los dos primeros).
Rejoneador:
Diestros:
Entrada: más
de tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
Diario
El Mundo, El País.
El País. JUAN
ORTEGA. La tauromaquia, según Enrique Ponce
Durante la lidia del quinto toro,
Enrique Ponce escribió un manual taurino en el que se encontraban todos
los conceptos fundamentales. El toro tenía que torear, echaba la cabeza
arriba en el remate y, ahora sí, Ponce puso sobre la mesa todas las
tauromaquias: enfrentado a los pitones, presentando la panza de la
muleta que discurría baja, pasándoselo cerca y ligando sin enmendarse,
todo ello adelantando la pierna que marcaba la salida. Los de pecho,
cruzados al hombro contrario y barriendo el lomo, los adornos cuando venían
a cuento, y la estocada, a ley. Así, sí, con torería, sin más truco
que saber aguantar el corazón. El segundo fue un manso que sacó rabia
para derribar y, acto seguido esconderse al amparo de tablas. Mariano de
la Viña hubo de banderillearlo al sesgo y Ponce lo sacó a los medios
para obtener dos coces como única compensación.
Ruiz Manuel aguantó valientemente la
mirada inquisitiva y el parón de su primero, y se vio medio desvestido
al quedarse en la cara cuando entró por primera vez a matar. Después,
cobró una notable estocada a toma y daca. La dificultad del último y
sus limitados recursos le impidieron el lucimiento.
Pablo Hermoso de Mendoza logró momentos
estelares de temple cabalgando a dos pistas sobre Albayzín y Campogrande;
con ellos logró ajustes imposibles en banderillas. En el cuarto
también quebró lentamente a lomos de Chicuelo, dándole sentido
a la primera pirueta y dejando algo fuera la segunda. En el resto de la
actuación los caballos fueron alcanzados demasiadas veces, lo que sí
es verdad que se produce por jugársela valerosamente, no es menos
cierto que denota un punto de falta de temple, en un rejoneador
sobresaliente que tal vez lleve demasiadas millas sin bajarse del
caballo. Sosegaos.
Siempre hubo para un torero una sola
forma de sacarse la espina. Enrique Ponce lo hizo ayer.
El
Mundo. CARLOS
CRIVELL.
Magistral
lección de Enrique Ponce
Hermoso de Mendoza abanderó un cartel extraño. Esto de los festejos
mixtos debe ser contemplado con reticencia, porque mientras que el
caballero lidia dos reses despuntadas, los toreros deben ponerse
delante, al menos eso se supone, de toros en puntas.
La tarde quedó marcada por la enorme actuación de Enrique Ponce
ante el quinto, un buen toro de Santiago Domecq. Ponce estuvo
simplemente magistral. No apuntó nada bueno el de Santiago Domecq en
el capote, se le picó a la buena de Dios y ya en banderillas se
percató Enrique de su condición. El toro tuvo raza y le dio enorme
importancia a la faena de un torero clarividente. Su acometida era
pronta, el viaje largo y el final de toro de casta. Las dudas o la
destemplanza podían resultar fatales. Allí estuvo el mejor Ponce
para solventar la situación.
Se sumaron la inteligencia para dejarle la muleta colocada, no
dudar nunca, templar al máximo, junto con ramalazos de buen gusto y
arte, cuando, ya con el animal dominado, se explayó en el toreo por
ambos pitones. Un compendio de buena tauromaquia, realizado ante un
toro de verdad, por presencia y comportamiento. La estocada, aunque
perdió la muleta, fue letal. Lo del primero no merece apenas
comentario. Fue un manso de tablas. Tal vez acusó la condición de
que era casi cinqueño. Se limitó a matarlo.
Pero la tarde tuvo más contenidos. El local Ruiz Manuel sorprendió
a todos por su talante en el primero de su lote. No era fácil este
animal, que aunque humilló, parecía preparado para cazar algo. El mérito
del almeriense fue la manera de tapar al toro, dejarle siempre la
muleta colocada en la cara y la capacidad para aguantar alguna que
otra parada de imprevisible final. Tenía que cortar alguna oreja en
el sexto, un toro que no vendió fácilmente su lidia. Ruiz Manuel
toreó con gusto a la verónica y se mostró voluntarioso con un
animal que tiraba un molesto derrote al final de cada pase. No estuvo
preciso en la suerte suprema.
El caballero navarro tiene sus días mejores y peores, como
cualquier mortal, pero su línea media siempre es muy alta. Completó
una actuación más redonda en el primero, con el que destacó en las
carreras a dos pistas con Gallo, y naturalmente con ese caballo
valiente que es Danubio. Con el cuarto repitió su buena actuación,
tal vez con menos eco, pero el fallo en la muerte redujo el premio.
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