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Festejo
PLAZA DE
TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del viernes, 30 de agosto de 2002
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Luis Algarra
(buenos, manso el 2º y blando el 4º), y un sobrero
(el 1º) de Martínez Elizondo.
Diestros:
-
Finito de Córdoba, pinchazo
y estocada caída (aplausos); pinchazo y dos descabellos (saludos).
-
José Tomás, cuatro
pinchazos y estocada (ovación); estocada desprendida (dos
orejas).
-
Javier
Castaño, estocada trasera y
tendida, descabello (oreja); dos pinchazos y estocada trasera
atravesada (oreja).
Incidencias:
José Tomás sufrió un varetazo en la espalda y
un puntazo en la ingle izquierda al entrar a matar al 5º.
Entrada: más
de tres cuartos.
Crónicas de la prensa:
El Mundo, El País.
El País. JUAN
ORTEGA. José Tomás firmó el toreo más grande
El tercer toro tenía cinco yerbas bien
cumplidas y salió despacio, despreciando los engaños. Lo fue a buscar
José Tomás y ni él ni Luciano Núñez ni Miguel Cubero consiguieron
que entrase una sola vez a cualquier capote. Salieron los picadores,
aparentemente por salir, y lograron varios refilonazos de oca a oca, ya
con la porfía de Cubero. En banderillas fue a más y en esto, que se
encontró con José Tomás que, tieso como una vela, lo crujió por bajo
en muletazos que hubiera firmado Domingo Ortega y que cambiaron la
actitud del toro. Situados en el platillo, se lo pasó muy cerca en dos
series con la derecha, espléndidamente rematadas. Otras dos series de
naturales templadísimos, finalizada la última por bajo, tras seis
naturales, en los que el torero era eje casi ingrávido, de tan
relajado, constituyeron el meollo de la faena. Cuatro redondos de frente
reventaron la plaza y cuando se lo traía al tercio, pintando el toreo,
la res recordó sus querencias y, cuando estaba bajo el arco del cuerpo
del torero, se venció y lo prendió por el bajo vientre, agujereando la
seda. El matador quiso ejercer su oficio, que se le negó hasta la
quinta ocasión, siendo premiado con repetidas ovaciones y una, final,
atronadora. En la enfemería fue atendido de un varetazo.
La verónica es como la dijo José Tomás
en el quinto, así como el natural, que se sucedía a sí mismo en una
labor intensa, impecable y larga. Como el toro no era fácil, cuando se
insolentaba, el torero se lo hacía saber en el remate. Aunque la espada
quedó desprendida, las dos orejas fueron a parar legítimamente a sus
manos.
Javier Castaño se colgó de los
pitones, pero es injusto torear después de José Tomás cuando lo hizo
como ayer. Finito estuvo ausente.
El
Mundo. CARLOS
CRIVELL.
Un
derroche de emoción
Otra lección magistral en la feria de Almería. La plasmó sobre el
albero José Tomás en el segundo. El toro fue manso y la gente protestó
la mansedumbre. La incultura taurina es atrevida.Ni se pueden devolver a
los corrales los toros mansos ni sabían el potencial torero de Tomás.
El manso rompió a embestir en la muleta prodigiosa y mágica de Tomás.
Se lo llevó al centro, le puso la derecha por delante y el de Algarra
ofreció su viaje largo para mayor gloria del toreo grande.
La faena fue esas que encandilan. A los que no querían al toro, la
cosa les debió parecer mágica, a los que saben que los manos tienen su
lidia, les pareció que se escribía sobre el albero del coso de Vilches
una hermosa obra con el sello del torero de Galapagar. El toreo sobre la
izquierda fue primoroso, como la parte final en la que llevó al animal
hasta las tablas con pases por bajo de una sensibilidad fuera de lo
normal. En uno de ellos, el astado tiró una cornada y alcanzó de mala
manera al torero. Se lo pasó de pitón a pitón. La taleguilla estaba
rota. Tomás no se inmutó. Los pinchazos fueron como crujidos
lastimeros que le dolieron a toda la plaza. Las orejas no pueden ser el
certificado de calidad del toreo bueno.
Se había ido Tomás a la enfermería para ser atendido de un puntazo
y salió para lidiar el quinto. Fue un buen toro y Tomás estuvo a buen
nivel, pero sin llegar a la altura de antes.
Finito hizo acto de presencia sin ganas de molestar. Es decir, nada.
Al cuarto, Finito lo mantuvo en pie, le dio pases de buena traza, se
gustó mucho, gustó a personal recién merendado y no lo mató. Con su
primero tampoco hizo nada.
Javier Castaño entró en el cartel en lugar de Dávila Miura. Recetó
dos largas cambiadas al tercero, dejó verónicas de ritmo acelerado y
toreó con honradez con la muleta. Con el noble sexto, volvió a torear
con limpieza y quietud. Se dedicó a dar circulares que para algunos son
el no va más, se pasó al toro por delante y por detrás y se quedó
metido entre los pitones.
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