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Festejo
PLAZA DE
TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del sábado, 31 de agosto de 2002
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Marqués de Domecq, bien
presentados, dieron juego. El 6º, devuelto a corrales.
Diestros:
Entrada: más de tres
cuartos.
Crónicas de la prensa:
Diario
El Mundo, El País.
El País. JUAN
ORTEGA. Estulticia múltiple
La tradición mantiene que el toro bravo
es capaz de hacer perder los papeles a los más templados, que luego son
incapaces de reconstruir los pasos que han dado para huir de la fiera.
Algo de este primitivo virus debió traer la corrida del Marqués, que
estaba compuesta por toros serios, de los que inspiran miedo, que es
cualidad que debieran tener las reses que a diario salen por la puerta
de toriles y que, en cambio, sólo se da en contadas ocasiones.
El último en perder los papeles fue el
señor presidente que, una vez picado el sexto, largó un pañuelazo
verde que nadie entendió, habida cuenta de los inválidos que el buen público
almeriense se había tragado a lo largo de la feria y, además, porque
no había motivo aparente.
Pepín Liria tampoco anduvo muy lucido,
consiguiendo que el incipiente punteo de su primer enemigo se
convirtiera en un peligroso molinillo que tiraba cornadas al cuello,
todo ello porque en ningún momento pudo dominarlo. El cuarto tuvo
problemas con las patas delanteras, en las que sufría contracciones
alternativas. Algo habría bebido.
Ferrera puso un gran par al quiebro por
los adentros y su primera faena, sin llegar a levantar el vuelo, fue a
menos. El tercio de banderillas del quinto fue espectacular y, después
del segundo par, el lidiador fue perseguido y arrollado, rematando la
suerte con otro buen par al quiebro. Con la muleta faltó toreo y sobró
aceleración y gesticulaciones. A la hora de matar, lo mechó.
El tercer toro causó pavor entre las
hordas taurinas. Javier Castaño no se acercó para nada, provisto del
brazo más largo y de las precauciones más extremas, no fuera a haber
una desgracia. Tras no hacer faena, se adornó, vaya morro. En el sexto
logró los únicos muletazos que dentro de la gravedad de la tarde loca,
tuvieron sentido. Finalizó con un carrusel pueblerino.
El
Mundo. CARLOS
CRIVELL. Ferrera se entrega
con toros de verdad
La historia se repite siempre. Llegan otros toreros a una feria y
aparecen otros toros. De entrada, la corrida salió astifina, vista
naturalmente desde el tendido, lo que es algo poco frecuente. Para que
nade falte, la corrida acusó escasez de fuerzas, pero no fue el toro
bobo que sale otras tardes, sino que el genio, el gañafón y la
embestida rebrincada fueron la norma. Es decir, que fue una corrida que
vendió cara su lidia.
Los momentos más lucidos llevaron la firma de Antonio Fererra.Su
labor ante su primero fue de tono alto, tanto con el capote como en
banderillas y muleta. Con el quinto, en un par de banderillas fue
perseguido por la plaza y alcanzado. Salió con la taleguilla rota,
aunque sin cornada. Luego le plantó cara en una faena tensa, de pasión,
carente ciertamente de pases exquisitos, pero con una garra
indescriptible.
En tarde de toros complicados, Pepín Liria estuvo en torero.Al
primero le sorteó sus embestidas con mucha torería, mientras que en el
cuarto anduvo con voluntad, aunque sin esa chispa que le conocemos en
tantas batallas libradas en su trayectoria. Repetía Javier Castaño en
una sustitución cuestionada, pero que tenía como soporte las dos
orejas del día anterior. Con su primero estuvo espeso y con el sexto
dejó de lado el toreo bueno para dedicarse a circulares y pases de la
firma.
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