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Festejo
PLAZA DE
TOROS DE
ALMERÍA
Tarde del jueves, 28 de agosto de 2003
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: dos
de rejones de Murube
y
Luis Terrón, mejor el primero; tres de Parladé,
complicado el tercero, bueno el quinto y muy flojo y descastado el
sexto; el segundo, de Zalduendo,
flojo y descastado.
Caballero rejoneador:
Diestros:
-
Enrique Ponce:
palmas (media y descabello) y una oreja (estocada atravesada).
-
Fernando Robleño:
palmas (estocada atravesada y tres descabellos) y saludos (pinchazo,
estocada que asoma y dos descabellos).
Entrada: tres cuartos.
Crónicas de la prensa:
El Mundo.
El
Mundo. Carlos Crivell. Todo
insuficiente, incluso la merienda
Todo
fue insuficiente en el festejo, merienda incluida. La televisión dejó
el ágape en la mitad, lo que cercenar parte de lacorrida en este coso.
Hizo viento, más de la cuenta, en la quinta de Almería. Para Hermoso
de Mendoza no contó esta adversidad, pero sí para los espadas de lidia
ordinaria, que vieron flamear capotes y muletas sin poder dominar la
situación. Festejo extraño éste de un rejoneador y dos matadores; no
deja de ser duro ver a dos toros despuntados, para que salgan luego
toros con sus puntas; al menos, con puntas aparentes.
La
corrida fue extraña por cartel y desarrollo. Hermoso de Mendoza se
mostró más serio que otras veces, pero también menos brillante. No
cortó las embestidas de salida, sino que corrió a los toros con sus
caballos. La cuadra de Hermoso tiene algunos equinos básicos: Gayarre,
Labrit y Chicuelo. Los tres anduvieron en su nivel. Gayarre corre a dos
pistas; Labrit quiebra con guapeza en banderillas y Chicuelo da un
quiebro muy simpático.
El
toro de Murube fue bueno. Mendoza cumplió una actuación sobria,
carente de alardes especiales salvo cuando Gayarre corrió a dos pistas
de costado. En rejoneo, ya es sabido, si hay muerte rápida, hay oreja.
Hermoso lo mató a la primera y paseó una oreja.
El
toro de Terrón colaboró menos, se quedó muy parado y Hermoso se empeñó
en dar la pirueta con Chicuelo, pero una pirueta al viento, porque el
toro estaba muy lejos por su falta de acometividad. Era un toro para
Danubio, ese caballo valiente que torea en terrenos muy cerca de los del
toro. No lo sacó y estaba en el patio de cuadrillas. En definitiva, que
como quiera que falló con el rejón y el verduguillo, la tarde para
Hermoso fue de escaso brillo, teniendo en cuanta que su propio nivel es
mucho más alto.
Ponce
pasó el trance de un toro soso y con viaje corto en primero lugar. Ni
el animal, con el hierro de Zalduendo, tenía el mínimo imprescindible
ni Ponce hizo el mínimo esfuerzo por resolver problemas. En este toro
el viento sopló con fuerza inusitada, como queriendo ser torero por una
tarde.
A
Ponce se le quiere tanto en Almería que le regalaron una oreja del
quinto. El toro, precioso por su lámina, tan mansito en el caballo como
toda la corrida, tuvo arrancadas notables en la primera parte de la
faena y acabó rendido y moribundo. El valenciano derramó su facilidad
en tandas sobre la derecha de buen corte, poco ajustadas, limpias,
escasamente emotivas, que dieron paso al trofeo tras una estocada de
mejores efectos –murió de forma fulminante- que ejecución. Fue de
las orejas más generosas e injustificada de la Feria, porque además la
pidió poca gente. Total, que Ponce paseó por Almería su exitosa
facilidad sin apreturas y salió con su cartel intacto.
El
joven Robleño tenía una papeleta en Almería. El primero que lidió
fue malo, más que malo era peligroso. Robleño le echó ardor guerrero
y valor. No podía echarle otra cosa, porque el toro se revolvía presto
y quería hacer presa.
El
sexto tampoco le ayudó mucho al diestro madrileño. Lo toreó cerca de
las tablas para huir de las tempestades, el toro tenía poca raza y
apenas embistió. Robleño es esforzó con denuedo, le dio pases
voluntariosos incompletos, se puso muy cerca y acabó con artificios
para llamar la atención. Eso de ponerse de rodillas, sin haber dado
antes pases de verdad, tiene poca explicación.
El
espectáculo fue mediano y además lo vio toda España. Por desgracia, sólo
pudieron comprobar la facilidad del palco y del público almeriense para
regalar orejas; en este caso a Ponce.
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