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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS ARENAS
BARCELONA
Tarde del domingo, 23 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros por Domingo
Hernández y "Garcigrande", flojos y de juego desigual.
Diestros:
Entrada: más de media entrada.
Crónicas de la prensa:
El País.
El
País. PAU NADAL. Cada día más ídolo
Ésta es ya la séptima puerta grande en Barcelona de un José Tomás cada día
más ídolo en la Monumental. Se ha llegado a un punto en el que incluso es el
único diestro al que se le perdonan desarmes y enganchones. Y si no, véanse
los muy quietos pero poco limpios quites de ayer, ovacionados con frenesí.
Su primero fue el mejor ejemplar de la pobremente presentada y escasa de
fuerzas corrida de los dos hierros de Domingo Hernández. El astado era noble y
humillaba por los dos pitones. Tomás empezó directamente toreando en redondo
en los medios. Pases de trinchera de muy bella estética y toreo con la zurda
templado y ligado en los medios, destacando una serie soberbia. Al final, toreo
a pies juntos, siempre en los medios, y precioso colofón por bajo. Estocada
contundente y entusiasmo desbordado, del que se contagió la presidencia al
conceder las dos orejas y el rabo.
La faena al sexto fue menos limpia, pero también tuvo momentos muy
brillantes. El toro repetía sus embestidas con nobleza, aunque sin gran vibración.
Tomás se fue enseguida a los medios y allí muleteó con gran pureza y suavidad
con ambas manos, finalizando con estoicas manoletinas y otra estocada de efectos
rápidos. Otra vez entusiasmo general y dos orejas más, con la consiguiente
salida a hombros por la puerta grande. Definitivamente, en la Barcelona taurina
ha nacido un ídolo.
Joselito, con el peor lote, tuvo una buena tarde, aunque no cortase trofeos,
en parte por su mal uso de los aceros. Bien con el capote toda la tarde, su
primero era noble, pero muy flojo y soso. Faena muy torera, pero perjudicada por
la muy poca transmisión que ofrecía el astado. El cuarto era muy flojo, pero
no fue retirado. Joselito consiguió que no se cayera durante la faena,
destacando en un toreo al natural largo y mandón.
El segundo se entregó en una segunda vara, pero llegó a la muleta aplomado
y cazando moscas. Rivera lo había recibido con las verónicas genuflexas que
inmortalizara su ilustre abuelo, pero con la muleta únicamente pudo mostrarse
voluntarioso y dominador. El quinto fue un toro desconcertante. Rivera inició
la faena de rodillas y siguió con vibración y hondura, ligando muy bien los
muletazos. Pero el toro se vino a menos y la faena, innecesariamente alargada,
también. |
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