GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE BARCELONA
Tarde del domingo, 15 de julio de 2001
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Joselito y Martín Arranz, a excepción del primero, muy deslucidos

Diestros:

Entrada: media entrada.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo


El País. PAU NADAL. De bruces contra un muro

Estar ante alguno de los toros jugados en esta corrida era como darse de bruces contra un muro, porque ahí, especialmente en los toros tercero, quinto y sexto, no había quien pudiese hacer una faena mínimamente lúcida. Y ello por varias razones: el tercero porque era incapaz de repetir las embestidas, el quinto porque cambió para mal en la muleta al refugiarse en tablas y no querer moverse de allí y el sexto por su invalidez. El resto de ejemplares ya admite más matices; el primero, aunque flojo, fue noble y bueno para el torrero; el segundo tuvo peligro y fue reservón y al cuarto no se le acabó de ver.

Ortega Cano lanceó extraordinariamente a su buen primero, a la verónica de salida, galleando para llevar toro al caballo y al delantal en el quite. La faena tuvo muy buen tono, aunque no acabase de cuajar al toro, pero hubo muletazos de mucho sabor, con reposo, despaciosidad y mano baja. Media estocada y certero descabello dieron paso a la única vuelta al ruedo que se dio en la tarde. En el cuarto, que si topaba, punteaba los engaños, brindó la faena a Víctor Mendes y estuvo en tono precavido y a la defensiva, como si hubiese visto en el astado mayores dificultades que la mayoría de espectadores.

Espartaco toreó su última corrida en Barcelona y, con el peor lote, intentó justificarse en todo momento y fue tratado con mucho cariño por el público, merced a su ejemplar trayectoria. Expuso mucho en el complicado segundo, intentando, con mérito, meterlo en la muleta y jugándose el tipo sin aspavientos. Después de media estocada y tres descabellos, podía haber salido al tercio para recoger la fuerte ovación, pero el diestro, con su modestia habitual, se quedó entre barreras. El quinto hizo concebir esperanzas en los primeros tercios, porque se movió con cierta boyantía y permitió un buen toreo a la verónica de Espartaco, un vistoso quite de Joselito y un gran tercio de banderillas de Joselito Gutiérrez, que tuvo que desmonterarse. En la muleta dio un cambio radical, y Espartaco, con el animal refugiado en tablas, se desesperó por no poder obtener lucimiento en su despedida de la afición de Barcelona. Media estocada y una fortísima ovación, con saludos desde el tercio despidó al de Espartinas.

Joselito estuvo decidido y torero, pero se estrelló ante los dos ejemplares de su ganadería que le correspondieron. Hasta recibió con una larga de rodillas al sexto, estuvo muy activo en quites y los principios de sus dos faenas fueron torerísimos. Pero de ahí no pasó la cosa, porque a su primero era imposible ligarle los muletazos y al sexto, al que banderilló lucidamente Juan Cubero, desepués del mencionado principio, se llevó el astado a los medios, en donde no tardó en dar muestras lastimosas de su poca fuerza. Mimo, trasteo de enfero y nula emoción. Una estocada caída y a otra cosa mariposa.


EL Mundo. ALVAREZ TABOADA. El adiós de Espartaco

Espartaco se despidió dignamente del público de Barcelona, a pesar de que no obtuvo trofeos. Derrochó valor en todo momento, aunque sus dos enemigos no colaboraron nunca. Su primero, un burraco, se vencía descaradamente por el pitón derecho, pese a lo cual el diestro impuso su ley y le arrancó muletazos de gran mérito. Hubo momentos en los que se jugó el tipo como si en lugar de una actuación de despedida fuera de debut. Las seis verónicas y la media con las que recibió a su último toro en el coso catalán, quedaron para el recuerdo.

Ortega Cano también se esforzó por complacer al público. Toreó mucho y variado con el capote, y con la muleta logró redondear dos series por cada pitón que merecieron los honores de la música. Lástima que el primer toro se desfondara tan pronto y no pudiera culminar la faena.

El cuarto se puso a la defensiva y el torero también. Mató a ambos con brevedad.

Joselito hizo cosas importantes con el capote en sus dos enemigos y en los quites que le correspondieron, especialmente toreando a la verónica y por chicuelinas. En cambio, sus faenas de muleta adolecieron de emoción. El diestro estuvo técnico, tedioso y sobradamente frío. Al último se lo dejó machacar en varas, tanto que el animal se echó en los primeros muletazos. Lo mejor, la estocada con la que puso fin a la corrida.  

 

 
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