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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE VISTA ALEGRE
BILBAO
Tarde del martes, 22 de agosto del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Atanasio
Fernández, discretos de
presencia: 1º inválido total, 2º flojo y pastueño, dos últimos mansos,
manejables.
Diestros:
-
Víctor
Puerto, estocada baja
(oreja); media ladeada —aviso— y descabello (vuelta).
-
Enrique
Ponce, dos pinchazos,
estocada ladeada, rueda de peones y cuatro descabellos (pitos); pinchazo y
estocada corta caída (vuelta).
-
Morante de la Puebla,
estocada corta trasera
(ovación y salida al tercio); estocada muy atravesada recibiendo y dos
descabellos (ovación y salida al tercio).
Entrada: cerca del lleno.
Crónicas de la prensa:
ABC, El Mundo, El País
El País.
JOAQUÍ VIDAL. Víctor Puerto da un repaso
Llegó Víctor Puerto, que
no estaba anunciado ni nada, y les dio un repaso a sus colegas. Por el mismo
precio, también al empresario y a la Junta Administrativa organizadora que no
le trajeron a la feria.
Un repaso con todas las
de la ley, sí señor.
Tampoco es que fuera como
para lanzar cohetes pero le bastó a Víctor Puerto con torear templado e
interpretar las suertes desde la torería. Ahí queda eso, pudo decir. Y si no
lo dijo, prudente que es el chico.
Víctor Puerto sustituía
a Espartaco. El cartel se encontraba entre los más atractivos del abono: en
alternancia con el veterano Espartaco anunciaba al fenómeno de la tauromaquia
Enrique Ponce y a Morante de la Puebla, paradigma de arte. De manera que Víctor
Puerto, metido entre tanta fama, podría tener la consideración de ciudadano de
tercera.
La fiesta de los toros,
sin embargo, acoge con júbilo a quien lo hace y, si lo hace, es que lo es.
Suelen decirlo los aficionados madrileños castizos si se les pregunta por su
torero favorito: "Yo no soy de nadie; sólo del que lo hace". Y si se
les pide que nombren a una figura: "El que lo hace, lo es".
La claridad ante todo
Fieles a la regla, de
estar en Bilbao (veraneando, por ejemplo) seguramente habrían calificado figura
a Víctor Puerto porque lo hizo. Toros nobles que tuvo delante, los toreó de
capa y les aplicó sendas faenas de muleta con oficio y parsimonia. Una de ellas
la inició en la boca de riego con dos pases cambiados por la espalda; la otra
con buenos ayudados ganando terreno. Y siguió por derechazos y naturales de
impecable templanza y discreta reunión. Cierto que ambas duraron demasiado. Víctor
Puerto no les veía el fin y seguía endilgando derechazos, naturales y de
propina alguno de esos muletazos de espaldas que inventaron Llapisera y el
Bombero Torero (cada cual a su estilo) y ahora les sirven a las figuras para
triunfar y ganar patente de fenómenos. Tampoco sería justo reprocharle tales
cosas a Víctor Puerto pues las figuras que se aluden tenían cumplida
representación en la terna e interpretaban sin parar y con todo el ajetreo que
conlleva, la más espesa versión de la tauromaquia trotapases que ellos mismos
y otros incompetentes han puesto de moda.
Enrique Ponce abrevió
con un toro absolutamente inválido que le soltaron y tuvo otro de encastada
nobleza, ideal para realizarle las más excelsas suertes. Pero no estaba por esa
labor y le pegó un montón de pases despegados, corriendo al rematarlos, en el
transcurso de una plúmbea faena concebida para la galería.
Morante de la Puebla va
de artista exquisito y en el fondo es lo mismo. O peor. Porque Ponce posee técnica
mientras a Morante le falta. Y sus modos pintureros para la trincherilla o el
adorno ni disimulan la vaciedad de su toreo ni ocultan la presteza con que pone
pies en polvorosa cada vez que remata un pase.
Con semejantes actitudes
en sus colegas, Víctor Puerto no necesitó esforzarse para darles un repaso.
Claro que si se contemplara de distinto modo el estado de la cuestión, lo
propio habría sido que se echara la muleta a la izquierda y ligara los
naturales cargando la suerte, pues no le faltan condiciones para ello. Y esa
habría sido una muestra arrebatadora del toreo puro, una explosiva denuncia del
aburrido sucedáneo que unos cuantos han impuesto en la fiesta. Y habría
acabado con el cuadro.
Como en un sueño...
El Mundo.
JAVIER VILLAN. Entre
la seriedad y el gatillazo
A fe que el primer atanasio parecía más un anastasio, como decía el
programa por error, que un atanasio genuino. Era un inválido y ahí empecé yo
a elaborar la teoría de los anastasios como sucedáneos de los descendientes
del conde de la corte. Mas vino el resto y me jorobó el invento, cosa que no
les reprocho, pues de haber seguido los anastasios en vez de los atanasios, a
estas alturas estaríamos echando por la boca sapos y culebras. La corrida
imponente de Atanasio Fernández y Hermanos Aguirre Fernández Cobaleda se fue
para arriba; una sugerencia: si llevan el mismo hierro, pastan en la misma finca
y son de la misma sangre ¿por qué no unifican el nombre y dejan de
complicarnos la vida?
Quien pudo complicarse ayer la vida fue don Matías: el primer toro debió
durar en el ruedo no más tiempo del que tardó en salir y pegarse el batacazo.
Anteayer el del Puerto se desencuadernó en el ruedo; ayer el atanasio salía
desencuadernado. Mal arrancaba la tarde para Ponce con ese saco de escombros.
Pero Ponce es mucho Ponce, y en Bilbao más, porque en Bilbao todo es
superlativo. Imponente, encampanado y retador, el cuarto, de Fernández Cobaleda
hizo un estropicio en la caballería. Primero volteó a Saavedra y después se
fue a por Manolo Quinta y lo volteó también. Estampa antigua y estupenda, casi
de daguerrotipo: Saavedra picando desde el suelo y Quinta agarrado a las bridas
para no caerse -como el pintor a la brocha- y coleando después al animal. Y
Jean Marie Bourret clavando como un lancero bengalí; y Antonio Tejero haciendo
muy bien la suerte; y Jean Marie desmonterándose. Todo el mundo tiene su minuto
de gloria y ayer fue el de Jean Marie.
Que el toro se quedara levitante y ausente, con los picadores desmontados
inducía a sospechas de que acaso no fuera tan fiero como parecía. Pero el público
tomó partido por él sin olvidarse de Ponce. Cuando éste le ligó dos tandas
de derecha aquello fue el delirio. El toro se paró en seco, se frenó, manseó
descaradamente y adiós sueños y adiós utopía. A Ponce, el atanasio le
desbordó por la izquierda y le sobrepasó por la derecha, salvo esas dos series
aludidas.
Tras su regreso Víctor Puerto parece haberse tomado esto en serio. Su
personalidad tiende al chisporroteo, a la sonrisa profidén y al éxtasis; eso
no es malo si antes, en medio o después, se ha toreado o se torea. Víctor
Puerto no se dio coba ayer ni se la dio a los tendidos: seriedad, colocación y
temple; naturales, trincherazos y pases de pecho sin ceder terreno y colocándose
en el sitio.
Los imprescindibles toques para cuadrar a su primero, y a matar. La espada se
le fue ladeada bordeando el bajonazo. No hubo oreja en el quinto y, sin embargo,
a mí Puerto me gustó más. ¿Pasa algo? Pues si no pasa nada puedo asegurar y
aseguro que Víctor Puerto entendió muy bien un toro tardo y le obligó sin
florituras. Lidiador y serio sin un gesto de más ni una concesión a la galería.
Algún accidente que no recuerdo debió de ocurrir con la espada, porque perdió
la oreja que estaba ganada.
Morante estuvo bien, aunque menos bien de lo que debiera haber estado. Si
Morante de la Puebla se conforma con las dos ovaciones que le dieron ayer en
Vista Alegre, no seré yo quien me oponga. Una ovación es buena mientras no
tape la ocasión perdida de la oreja. Redondos, trincherazos de sublime trazo,
caricias, toques. Y alivios. Y rectificaciones. Tuvo el gesto de matar
recibiendo al sexto. Perfecta la ejecución y tendida y contraria la estocada.
No sé si Morante de la Puebla se estará dando cuenta de que los dioses le
dieron el don y de que, por falta de ánimo o de fortuna, lo está dilapidando.
Estar regular o bien y con destellos de clase puede ser un acto fallido cada
tarde. Lo que se llama, en términos comunes, un vulgar gatillazo: mucho adorno,
mucha pinturería y mucha solemnidad. Y, a la postre, un gatillazo. Los dos
toros de ayer, sobre todo el tercero, eran para salir relanzado de una feria
importante con toros importantes. Morante cumplió sin deslumbrar.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Víctor
Puerto no es El Juli (o cómo la masa responde a las modas)
Que Víctor Puerto no es El Juli parece obvio y evidente. Una «boutade».
Su tez aceitunada, el gesto manchego, el cabello rizado y azabache, la cabeza
velazqueña y la sonrisa amplia no conmueven a las caprichosas masas, más
sensibles con los ojos claros, la piel rubia, el pelo dorado y la cara púber de
Julián López. Ni un ápice de demérito para el joven ídolo de todas las
madres y adolescentes de España, pero qué duda cabe de que la imagen cada día
vende más en este mundo narcisista que rechaza los espejos valleinclanescos que
deformen la idea mágica y angelical de nuestras criaturas. Semejante rollo
barato, filosofal y superfluo no responde a otra pataleta que a la provocada por
la sensación de injusticia que desprendió el trato frío y distante que recibió
Víctor Puerto.
Si otro torero más revistero o del «cuore» o más de moda hace el quite
pausado por tafalleras —tan coreado en nuestros días— que dibujó Puerto
ante el quinto, las ovaciones desmoronan los cimientos de la plaza que construyó
Luis Gana, cuya viuda, ya fallecida, se ha visto tristemente vilipendiada por el
fenicio más plus, por el demagogo polanquista que se permite atacar a quienes
defendieron los colores de la bandera de España a su manera cuando él sólo ha
servido toda su vida al vil color del metal. Juzgar la historia a toro pasado no
es bueno ni elegante. Y, por cierto, que en Bilbao no se celebraba ninguna
corrida el 18 de julio para exaltar el «alzamiento nacional», sino el 19 de
junio para conmemorar la Liberación de la ciudad. Para qué hablar de
mezquindades. Total, que si se suceden los derechazos serios o los pases de
pecho tan profundos como los que cinceló Puerto, la órdiga, la resurrección
de la carne, el nirvana: «¡Ha resucitado Belmonte!» «Y la gente toreaba por
la calle...» Eso, con cuatro «pingüis» que pegue Morante ya lo estamos
escuchando pasado mañana, o en cuanto el diestro de Velilla de San Antonio
saque del baúl de la Piquer el quite del ventilador y otros malabares.
En plenitud
Pero si un matador se muestra centrado como anduvo Puerto, recuperado y en
plenitud, con el segundo de su lote; cruzado en las suertes, con verdad en la
verónica y entrega en el natural, y subraya unos muletazos plenos de torería
por bajo para cuadrar al toro, rápidamente repasa el personal los archivos de
la memoria: pues si no ha salido en el «Hola» de la última semana ni en el «Corazón
de Verano» de la Igartiburu, no vale. Verdad es que debía haber matado mejor,
sin precipitaciones, como también que el personal reaccionó con frialdad al
golpe de verduguillo. Una vuelta al ruedo premió su quehacer.
Ya había cortado una oreja en el anterior, por una faena templada,
principiada por dos pases pendulares por la espalda. El atanasio se movió con
nobleza y sin celo, como casi toda la corrida, que salvó los trastos de la
tradicional casa. Únicamente que Morante de la Puebla en lugar de dedicarse a
torear se pasea, viene, va, regresa, da tres, se sale, respira, vuelve....
Desaprovechó las quince o veinte arrancadas que tuvo el tercero por el pitón
derecho, y cuando tomó la izquierda el animal ya se rajó. Más de lo mismo en
el sexto. Largas caminatas, composición de la figura, preocupación por alejar
al toro de la querencia de las tablas. Pausas y más pausas. Mató al encuentro,
y si de ésta muere el bicho le dan la oreja. Pero descabelló tras la
estocacada atravesada y saludó para despedirse.
Otrora Enrique Ponce le hubiera cortado la oreja al grandón y bondadoso
cuarto, que derribó por dos veces en el caballo. Mas el maestro de Valencia,
tras un inicio brillante, no logró mantener el tono, mientras el atanasio se
apagaba poco a poco. Nada hizo ante la birria que abrió plaza, que desafinó
del más que aceptable juego de la corrida de Atanasio Fernández.
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