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TOROS DE
ESPAÑA

 

Corridas Generales
PLAZA DE TOROS DE VISTA ALEGRE
BILBAO
Tarde del domingo, 24 de agosto de 2003
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería:   Toros de Adolfo Martín (faltos de fuerza en general, el mejor el 3º, fueron devueltos tres y sus sustitutos uno de Adelaida Rodríguez, que fue bueno, y dos de Criado Holgado, de desigual juego).

Toros de Adolfo Martín, Francisco Marco Javier ValverdePlaza de toros de Vista Alegre, 24 de agosto, 9ª y última de feria. Media entrada larga.

Diestros

  • Francisco Marco: estocada tendida y descabello (ovación); en el que mató por cogida de El Cid, pinchazo y doce descabellos (silencio); metisaca, tres pinchazos, media estocada tendida y descabello (silencio).

  • El Cid (resultó volteado)

  • Javier Valverde: gran estocada (oreja); el que mató en sustitución de El Cid, estocada trasera y tres descabellos (palmas); cuatro pinchazos y descabello (aplausos). 

Incidencias: El Cid recibió una voltereta en el segundo de la tarde que le hace abandonar la lidia. Parte facultativo: aunque en un principio se diagnosticó en la enfermería de la plaza una posible fractura del codo izquierdo, en el hospital bilbaíno de Cruces se descartó esta lesión. Finalmente sólo tiene los ligamentos dañados, después de que hubiera que recolocarle el hueso en su sitio.

Entrada: más de media.

Crónicas de la prensa: El País, ABC.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Lesión de El Cid, oreja para Valverde y petardo en toda regla de Adolfo

El Cid no se desprende de una mala sombra que lo persigue sin descanso. No se volvió a escapar de su abrazo en una voltereta que le ha partido su mejor arma, la izquierda. Remataba ya la faena al sobrero de Adelaida Rodríguez, un manso pregonado que nunca se ganó esa ovación en el arrastre por mucho que se dejase en la muleta, cuando voló por los aires, y no sé si en la caída a plomo o en el derrote que lo elevó pareció quebrarse el hueso. La mano se le quedó yerta, colgona, sin resortes.

La lidia había sido caótica: capotazos a mansalva, los caballos buscando la querencia al revés, o sea en el sentido de las agujas del reloj, pasadas en falso hasta que el presidente cambió el tercio por caridad. El torero de Salteras enderezó la situación con una faena que vislumbró su buen concepto, con muletazos largos, sin atacar al corraleado enemigo, pero que acabó con una voltereta en la fase última, ya con la espada de acero tomada.

A la nota triste de El Cid se sumó el petardo en toda regla que se marcó Adolfo Martín con una corrida sin plaza e inválida. Si hasta la fecha se había devuelto un solo toro en toda la Semana Grande, ayer regresaron a los corrales tres. La pólvora de la traca torista se fue al garete. Un cero patatero para el ganadero. Así no se presenta uno en Bilbao.

Javier Valverde salvó los muebles de la tarde con un adolfo tan terciado como pastueño. Reencontramos por instantes al Valverde que debía ser. Ligado, templado, terso como los muletazos, recio; no entendí por qué después de un desarme al natural no siguió por el mismo y notable pitón, al que únicamente volvió muy al final, y creo que por indicaciones del callejón. Un soberbio espadazo, probablemente el mejor de la feria, arregló la cosa y tiró rodado y sin puntilla al toro.

En el sobrero que hizo quinto bis, de Criado Holgado, mansote y sin afán ninguno de acometer, Valverde se desgañitó. Hombre, tanta voz delante del toro puede hacer parecer lo que no es y, además, hace muy feo. Le tragó firme las dos series diestras que duró. Blandito y escurrido, el sexto tuvo un pitón izquierdo con posibilidades que se quedó en agua de borrajas tras algunos apuntes. Javier Valverde lo pasó mal con la espada, a simple vista con la muñeca dolorida tras un duro pinchazo. El trofeo que conquistó le debe llevar por la senda de la evolución, que hay que ir a más y cumplir con sus prometedores principios, matador.

Imagino que cuando Francisco Marco se vio ante el justo poder y la bondad del que abrió plaza no daba crédito. Tanto es así que incluso se dobló con él sin demasiado sentido: todavía le quitó más fuelle del escaso que de por sí había. Una pareja de desarmes y un efectivo estoconazo equilibraron la balanza.

Fibroso y muy decidido paró con mandonas verónicas a otro suplente, también de Holgado, cabezón y sin chicha ni limoná, un morucho. Con éste sí que debió doblarse, y mucho. Pero no lo hizo. Los continuos cabezazos, los arreones con la cara por las nubes, las desigualdades constantes lo pusieron en un brete. Sudó tinta china con la espada. Tampoco los aceros le funcionaron con el que mató por El Cid.

Triste despedida pues para una feria de alto interés.


El País.  JOSÉ LUIS MERINO. Final diseñado por Drácula 

La corrida parece que estuvo diseñada por Drácula. Debe ser porque acabamos casi de noche. De Adolfo Martín sólo se lidió media corrida. Huelga decir que estuvieron escasos de fuerza. Sólo se salva Javier Valverde, que hizo una faena a su primer toro muy en corto con derechazos cadenciosos y templados. Con la mano izquierda instrumentó naturales con buen temple. Entró a matar con mucha fe y cobró una estocada esplendorosa, potente, seca. Lo demás entra en la texitura draculina. Porque el sobrero, que hacía el segundo de la corrida, por mucho que pesara 600 kilos, no se puede comprender como una cuadrilla demostrara tanta incompetencia. Entre capotazo por allí y un montón de pases en falso para colocar las banderillas, hicieron ver al público que el toro era menos que el famoso Perdigón ( el que mató a Espartero). La lidia que se dio a ese toro fue horrorosa. El Cid dirigió la faena con precauciones, excesivos tanteos, hasta que se dio cuenta que el toro servía y embestía muy requetebién. Fue una pena que se viera influido por su propia cuadrilla para no poder demostrar con ese toro el buen toreo que lleva dentro. Porque creemos que Manuel Jesús El Cid acredita ser uno de los pocos toreros que hace gala de torear con la franela de manera pura.

Exceptuando esos dos toros: El Cid, en el único que lidió y no pudo matar, fue cogido y tiene fractura de brazo pasó a una clínica para que le hicieran una revisión. Mas el primero de Valverde ya dicho, la corrida fue para olvidar.

Francisco Marco, con un toro suavón y falto de fuerzas, tuvo que aguantar dos desarmes. Y en su segundo, de Criado Holgado, el toro le desbordó, no pudo con él, el vencía y hasta le desarmó.

Javier Valverde, que había dejado un sabor buenísimo en la faena suya, en el toro que mató por cogida de El Cid, no acabó de ajustarse con él, imprimiendo muchas dudas, en especial por no atreverse a adelantar la muleta como era preceptivo. También ese toro llevaba el hierro de Criado Holgado. En el último de la tarde se equivocó de medio a medio. A un toro sin demasiada fuerza, que iba bien por el pitón izquierdo, no fructificó su labor por no dejarle la muleta después de cada pase. Y hasta lo desarmó. Por el pitón derecho tenía menos recorrido.

Para más inri, el presidente de la corrida creemos que se adelantó al devolver un toro, no porque estuviera falto de fuerza, sino que, por lo visto, su condición era de manso. Si así fuera, es un despropósito mayúsculo. Digno de una tarde donde abundó el muleteo hecho a base de frufrús y de palmoteos sin cuento. Hasta el año que viene, Drácula.

 

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