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Dirige: Carlos Martín Santoyo

GANADERÍAS DE
España

PLAZAS TAURINAS CASTILLA-LEÓN

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE EL PLANTÍO
BURGOS

Tarde del sábado, 1 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Alcurrucén, bien presentados.

Diestros:

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: ABC, Diario de Burgos


ABC. SUÁREZ GUANES. Eugenio de Mora salvó la tarde y salió por la puerta grande 

Menos público que en las cuatro tardes anteriores, aunque hubo unos amplios tres cuartos de entrada. Enrique Ponce tuvo ante sí un toro con poca fuerza en el que todo lo hizo él. Había pasado inadvertido con el percal, y con la muleta, a base de insistir, metió a la res en el canasto y la tercera serie con la derecha le salió francamente buena. Con la izquierda no adquirió las mismas cotas y en el resto de la larga faena dejó bastante margen de distancia entre cuerpo y toro, como le suele ocurrir algunas veces. No se puede negar su compostura. Mató en los bajos.

El cuarto fue bien al caballo. Ponce, que pasó sin pena ni gloria con el percal, toreó con la derecha peleándose y con ceñimiento. Continuó de forma meritoria al natural, rebozándose cerca del astado. El intermitente trasteo —que había bajado con posterioridad— tuvo su punto fuerte en una serie con la derecha en las postrimerías, en las que se puso en el verdadero sitio. Alargó la labor y falló a espadas, diluyéndose lo conseguido anteriormente.

Manuel Caballero estuvo aceptable con pa en su primero. Destacó un quite por chicuelinas. Labor deslavazada con la muleta, burocrática. Ahogó mucho a la res. El quinto fue devuelto a los corrales en el tercio de banderillas. Ni nosotros ni los que nos rodeaban supimos el motivo. El sobrero de Sampedro era un precioso jabonero, pero sin mucha transmisión. Caballero hizo una labor funcionarial, para cumplir expediente.

El tercero tuvo un gran son. Eugenio de Mora —que no hizo nada de particular en el primer tercio— anduvo por debajo de él. La faena de muleta, aunque premiada con oreja, resultó mecánica, con más técnica que alma. Anduvo bien a la res, pero tardó en encontrarle su punto. Cuando lo halló, sacó dos series con la derecha buenas, pero no continuadas, y, al final, se dedicó al toreo para la galería. La estocada, eso sí, fue contundente.

Tardó en acoplarse con el sexto. Cuando lo hizo, fue en unos naturales, mediada la faena, en los que encontró el ritmo y el punto de sensibilidad. Continuó en buen son con la misma mano, con un cite semifrontal haciendo siempre gala de mando y torería, adelantando el engaño y fuera de la mecánica imperante en el resto de la corrida. Unos rodillazos y un desplante precedieron a una estocada en su sitio, entrando de verdad. Esta vez, la oreja que le abrió la puerta grande fue de lo más legítima.


Diario de Burgos.  PEDRO AZOFRA. Eugenio de Mora explicó que lo de matar no es suerte

Ayer en El Plantío se percibieron a la perfección todas las reacciones al habernos privado las peñas festeras de sus conciertos post mortem. Tengo para mí que hubo una nota destacable y repetida que merece comentario por si sirve de aplicación. Hace años que se viene haciendo uso nefasto de la espada de forma como normal. El gran público no toma como negativo que se den navajazos, sartenazos, puñaladas tabernarias y otras modalidades con tal que el bóvido astado «caiga» pronto. Aplaude la carne a tierra y premia faenas vulgares rematadas con espadazos de cárcel. La causa es porque los toreros se alivian. Se van de la línea. Dan el telonazo en los rizos y tratan de acertar.

Ayer, Eugenio de Mora se echó a matar. No a ver si mataba. A matar. Y fue un espectáculo verlo encunarse, especialmente en el sexto. Sólo por eso mereció las dos orejas. Los toreros han presumido siempre de ser «matadores de toros». Y la mayoría los arrumban, los alancean y se los tira la cuadrilla jugando al corro de la patata.

El joven torero toledano Comenzó por el derecho del tercero girando plantas y relacionando los pases. El de pecho curvando al hombro contrario. Bajó la muleta en otras series pero le faltó multiplicar los pases. Había muchos cortes con pocos pases. Al natural los hubo buenos, con pocos enhebrados e interrupciones, y terminó con circulares de espaldas y de rodillas y con injustas indecisiones con el encastado torillo que repetía con celo y murió en los medios. El sexto tuvo seriedad y recibió tres varas. ¡ Milagro! Repitió con fijeza y humillando y el torero empezó con la derecha salteando pases y sorteando achuchón en el broche de pecho. Con la zurda trato de dar seis series. Algo digno de ovación en tiempos derechizantes. Los hubo largos y compuestos, otros centrados y de buen corte...pero nunca ligó más de dos. Y eso es muy poco con el toro que tuvo. A veces, en la tanda, daba uno, ligaba dos, daba otro, remataba con bueno de pecho...pero faltaba cohesión para haber calentado más. El animal continuaba con la boca cerrada y antes de entrarle a matar le dio rodilla en tierra unos cuantos por alto con cercanía valor y cerrando con un desplante. Eugenio de Mora tuvo dos toros que con las estocadas incluidas fueron de dos orejas cada uno. Porque si liga los pases los alcurrucenes transmitían emoción.

Enrique Ponce dió los únicos naturales, con buenas hechuras, casi al final de la faena. Todo lo demás lo basó en la derecha ligando dos tandas iniciales aceptables y siguiendo con otros sueltos jugando la cinturaLigó otra tanda que finiquitó con un redondo largo y al final inició otro puñado de pases reunidos y con circular terminando distanciado en el de pecho. Del conjunto se saca bueno y regular. Nada excepcional. El toro fue serio y codicioso repitiendo. Con el trapío que debieran tener todos. El cuarto también fue de orejas. Comenzó con derechazos lejanos de uno en uno y fue confiándose para obligando y dejando la muleta puesta ligar pases ovacionados con justicia. Al natural insistió en varias ocasiones bajando la muleta y, cuando más, dio tres en «ringlera». Y el de pecho. El resto de uno en uno y vuelta a las andadas. El toro no quedó exprimido y lo cantó al final con un achuchón que indujo a Enrique a terminar con abaniqueo y a matar lo mismito que De Mora, pero al revés.

 Manuel Caballero estaba consentido con «su» quinto y quiso intervenir en varas. Se lo devolvieron y salió un sobrero que parecía haberlo parido su madre sentada. Así de feo era el uro. Además de feo pobre, digo sin fuerza. El manchego le aguantó alguna caída, el animal quería ponerse peor y se dio una vuelta de campana y el torero, entre pitos y palmas, anduvo por el albero bajando la mano, dando algunos pases, todo con la derecha, con remates enganchados y sin convencerse. Entregado malamente en tarde para que no recuerde. Cómo sería el paisaje que ni tocaron la música. Definitorio.

Lanceó bien a su primero y quitó con chicuelinas a la remanguillé para hacerle casi todo con la derecha. Distante, de uno en uno y rematando generalmente arriba tras algunos circulares, se notó la falta de ligazón y la excesiva distancia. Cuando quiso ponerle la izquierda el toro había perdido el resuello. Entre otras cosas porque tuvo brío de toro bravo y en banderillas le dieron una paliza soberana y más carreras que a los reclutas en la Legión. El toro se quedó hasta para abusar de él metiéndose en cercanías. Pero el torero no estaba para adelantar la muleta ni para otras contemplaciones. ¡ Y se le notó!

 

 

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