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Canal 4TV
Programa taurino Sol y sombra
Emisión: Jueves a las 00.30 horas. Redifusión: sábados a las 17
horas y domingos a las11.30 horas
Programación
de esta semana
Dirige: Carlos Martín Santoyo
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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE EL PLANTÍO
BURGOS
Tarde del domingo, 2 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Domecq
y Bañuelos.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
ABC, Diario
de Burgos
ABC. SUÁREZ
GUANES. Antoñete volvió a soñar
el arte eterno del toreo
El arte nunca muere. El arte no tiene edad. Ahí está Antoñete para
demostrarlo. Torero ungido por el don divino. Torero de valor siempre. Torero de
valor, y ahora mucho más, con sus sesenta y ocho años cumplidos, que se
transforman en juventud cuando se enfrenta a un toro. Buenas verónicas de
recibo al primero. Estupendas las dos medias. Cambio de tercio. El temple, la
tersura, la mágica muleta, la distancia, que un día resucitó, en una serie
con la derecha. En una segunda tanda se sale con un sabrosísimo remate, cuando
está a punto de ser rebasado. A la hora de los naturales, hay dos series
compuestas por tres y el de pecho. Si la primera es buena, la segunda es de
detener el tiempo, de justificar el porqué de una de las leyendas más veraces
y auténticas de la historia del toreo. El último pectoral es hondo y sublime,
profundo y mayestático. Esos cuatro últimos pases son la síntesis de las
esencias del Antoñete de todos los tiempos.
Volvió a dejar estela de su torería con las verónicas suministradas al
cuarto. Las dos medias de cierre tuvieron cadencia, templanza y despaciosidad.
Se le pidió unánimemente la oreja —incomprensible la no concesión por parte
del palco— por una faena que no tuvo la consistencia de la primera, pero sí
retazos, esbozos, destellos, colocación, gusto, regusto y, sobre todo, ganas y
unos pases por bajo de inicio con olor a otra época, con otro sabor, con una
torería que ahora no se ve.
Curro Romero se desentendió del primero, al que pegó muy fuerte el picador
de turno. Le cortó los viajes y si te he visto no me acuerdo. Le ovacionaron
con fuerza a Curro al veroniquear al quinto con su habitual majestad, pero remató
varios lances con la mano muy alta. Le volvió a cortar los viajes a la res con
la muleta y la gente se enfadó de veras con el camero.
Clase de Luguillano
David Luguillano dejó ver su clase al lancear al tercero. La primera parte
de la faena tuvo altos vuelos desde los prolegómenos, andando al rival, con un
remate de uno de pecho logradísimo, hasta pasar por una perfecta serie de
derechazos, llena de enjundia, echándose al final todo el toro por delante en
un nuevo pectoral realmente bello. Una segunda tanda buena, pero de menor rango,
para no acoplarse igual con la izquierda, con la que incluso sufrió una colada.
Remontó posiciones, de nuevo, con la derecha y en unos adornos finales llenos
de torería. Una oreja recompensó su obra.
El sexto tenía poca fuerza. Luguillano dejó ver su buen estilo. Incluso,
toreó en muchos momentos francamente bien, aunque en otros se retorciera algo.
Poco a poco la obra se difuminó, pero dejó el recuerdo de su anterior labor.
Al final del festejo, todo el mundo salía hablando de la torería del
maestro Antoñete, que parece volver a un mundo mucho más juvenil cuando se
enfrenta al toro y se viste de luces. El torero del mechón blanco, en un último
detalle, arropó a Romero para que no afrontara en soledad las iras de los
burgaleses al abandonar el ruedo. Chenel y Curro, tantas veces unidos en la
gloria y el clamor, en esta ocasión se repartieron los plácemes y las
protestas.
Diario de
Burgos. PEDRO AZOFRA. El buen toreo, con
medida y compás, nunca pasa de moda
En la tarde de ayer se pudieron sacar muchas
conclusiones. En lo taurino, en lo taquillero y en otros mil detalles que iremos
comentando. De momento, señalar que la plaza registró la más pobre entrada de
la feria. Lo mismo en los tendidos que en el callejón. También hay que anotar
que los toros no fueron ni más ni menos que los que han venido saliendo los días
anteriores. Por lo que la pareja de «Triana pura» puede seguir en la brecha
hasta los ochenta ya que tampoco el público les pide mucho.
Antoñete, que todavía no ha cumplido más que 68, dio
ayer una lección en su primero de la que debieran sacar conclusiones y notas
para practicar las figuras actuales que suelen matar similares toros. Lanceó a
su primero, novillón repetidor y noble, con normalidad pero cerró las verónicas
con dos medias de ovación. Probó tras la primera vara y como dobló la fiera
pidió cambio para comenzar por alto y darle sin contemplaciones, y castigos al
uso y moda, tres derechazos y uno importante de pecho. Citó de lejos por el
derecho y ligó dos saliendo airoso con trinchera. Volvió por el mismo lado
para cambiar y torear al natural dando dos. El toro perdía las manos y el
torero insistió para sacar dos más y el de pecho. Llegó el momento cumbre de
la faena con tres naturales largos, cadenciosos, templados, con ritmo y
rematados con el de pecho en su momento para desahogarse cocn el de las flores.
Fue una escena excelente. La faena corta y medida para añadir un pinchazo y dos
trincheras andando y sin carreras. Terminó con estocada y todo lo realizó en
poco espacio. No hacía falta más.
Cumplió, simplemente, con el capote en el cuarto. Se
dobló para unas trincheras y dió dos derechazos altos y con viento y alguno más
sin intenciones de continuar y con desarme. El toro era bravo y se movía. Citó
desde lejos al natural ayudándose con el simulado y sonó la inoportuna música.
Cómo sería que Antonio pidio que descansaran. El toro iba y venía con celo y
ganas de fiesta y Antoñete dio dos naturales saliendo por alto- ya lo había
llevado a tablas para calmarlo -y decidió no darle más fiesta al encastado
animal. El público pidió la oreja y la faena no fue para oreja ni mucho menos.
Tampoco enturbia el caso una tarde para el recuerdo en la que se pueden espigar
muchas notas positivas.
Curro Romero tuvo un primer toro con indicios de bravo
que no dejó ver y otro becerrón que tampoco dejó evolucionar. Con su primero
consiguió algunas verónicas entre lo que hizo, lo que proyectó y lo que añadió
el personal inspirado y predispuesto. Para otros fue un trapaceo. Con la muleta
dio unos toques huyendo, algunos tanteos y carreritas. Eso por el derecho. Por
el otro derrochó dudas, vacilaciones y toques orejeromosqueriles. Mató de
pinchazo a traición huyendo a paso aflamencado. En el quinto no tuvo dudas. Tocó,
corrió, orejeó y con total desverguenza abaniqueó sin dejar evolucionar al
toro y tratando de que no se enterara el animal de que tenía un estímulo por
allí. Volvió a huir navajeando y allí no pasó nada. Una bronca y a otra cosa
mariposa. Algunos preclaros cerebros aplaudieron e inccluso enarbolaron pañuelos.
David Luguillano hizo un quite al segundo lanzando
la montera para citar. El quite no fue nada. Brindó el toro a Curro y Antoñete
e inició la faena con trincheras y ayudados espléndidos. Por el derecho hubo
pases de mano baja, limpios, sentidos y plásticos en par de series. Al natural
hubo un par muy bueno sin ligar y otros dos mejores y engarzados. El toro se cayó
y dio dos excelentes naturales con trincherazo de cartel. Volvió a templar
derechazos consentidos y templados con remate atrincherado y algunos más hubo
antes del abaniqueo. Cargó la suerte en estéticos ayudados finales y el
conjunto fue una excelente faena rematada con estocada. En el otro se mezclaron
algunos momentos muy toreros con pitos y protestas al inválido cuadrúpedo que
dembulaba vacilante por la plaza. Nadie le daba importancia a sus buenos trazos
y torería de forma que algún ocurrente pidió que la banda tocara un Requiem.
El de Mozart mismo servía. Aquello terminó en una chufla marinera en tierras
resecas de Castilla.
Tarde especial por la favorable predisposición de un
gran sector de público y crítica de otro sector. Allí estaba el presidente
Cayo aguantando el temporal y rapidito en el sexto. Pudo ser que viera a los
asistentes comenzando a desfilar para ver ante la pequeña pantalla el
trascendental partido de balompié que se dirimía en algún campo europeo sin
que España tuviera arte ni parte. Una tarde con especial tratamiento revival.
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