GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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Festejo de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Tarde del miércoles, 29 de julio 1998
Corrida de toros

Crónicas de la prensa: Diario de Cádiz, Cádiz Información

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  seis de Herederos de José Cebada Gago, correctos de presentación y de escaso juego, ya que los que no sosearon, se rajaron en el último tercio, a excepción del tercero, que se quedó más crudo para la muleta.

Diestros: 

  • Juan Mora: de hoja y oro, dos pinchazos, estocada y descabello (silencio); estocada y descabello (palmas).
  • Raul Gracia El Tato: burdeos y oro, pinchazo feo sin soltar, dos pinchazos y estocada casi entera (aplausos y división al saludar); estocada caída (saludos tras fuerte división de opiniones al palco tras denegar la petición de oreja).
  • Eduardo Dávila Miura: hoja y oro, caída (oreja); tres pinchazos y dos descabellos (palmas de despedida).

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:  Juan Carlos de los Ríos y Antonio Caba.

Presidente: Juan Gómez.

Incidencias: -

Entrada:  media entrada larga.

Tiempo: tarde de calor.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . Dávila Miura consiguió la única oreja en una tarde de decepción.

Eduardo Dávila Miura fue el único espada capaz de tocar pelo en una tarde en la que ni los toros de Cebada Gago ni los toreros respondieron del todo a las expectativas.

Unas veces por los toros, otras por los aceros y otras por los toreros, la temporada veraniega no comenzó como se esperaba. Bien es verdad que es fácil cargar las tintas en el ganado, después de todo ya están en cuartos colgando de los ganchos, pero algo tendrán que ver los toreros.

El añoso ganado -vean las partidas de nacimiento en la ficha- se rajó. Tres toros buscaron las tablas y esa condición deja ya muy mala prensa de una corrida de toros, aunque habría que matizar.

El primero de la suelta fue masón de salida, bien es cierto, pero al segundo puyazo dio por perdida la pelea. Exceso de castigo que hizo que el animal buscara el abrigo de las tablas y el torero lo diera por imposible montando la espada. O sea, que se juntaron el hambre de la condición del toro con las ganas de comer de un puyazo apropiado para un toro de Cebada con la pujanza que suelen salir, que no era este el caso.

Tampoco lo era el segundo. Lanceó bien El Tato, ganando terreno y abriendo al toro. A la vista del comportamiento del primero, la terna plantó cara en las afueras esperando que rompiera la corrida. Este toro fue al primer puyazo con dudas y se repuchó descaradamente en el segundo, mansedumbre que confirmó en la muleta. Yendo y viniendo el toro, pero sin raza, lo mejor de la faena del aragonés fueron unos muletazos al natural que hicieron sonar la música sin discusión. Fue una faena de muy probable oreja, perdida a la hora de matar. Hubo un par de naturales para guardárselos.

Al contrario que Dávila Miura con el tercero de la suelta, un toro que le pareció escurrido a algunos espectadores que lo protestaron. Cumplió el astado en el único puyazo y al salir afloraron dos borbotones de sangre de la herida. Tal vez pensó Dávila que ahí se le acababa el toro y ordenó el cambio. Ya en banderillas este Comediante había sido molesto con la cara en alto y en los primeros compases se le coló a Dávila Miura un par de veces cuando lo llevaba con la mano baja. Se había quedado crudo el toro, era evidente, pero allá fue Eduardo Dávila a fajarse, con valor e inteligencia adivinando que por la izquierda podía haber faena si se templaba. Llegaron las series con la zurda con la emoción de un toro levantisco y un torero bragado templando y dirigiendo la embestida en largo recorrido. Hasta resolvió otra colada con un desplante. Tragó Dávila y dejó muy buena impresión en el aficionado. El público le premió con la oreja del mejor toro -o por lo menos el más toro por el contenido que por el continente- de la suelta, que fue aplaudido en el arrastre y que salvó el honor ganadero. Si llega a cobrar un segundo puyazo...

De nuevo mayestático con el capote Mora ante el cuarto, lances afeados por el desarme final. Tres encuentros con el caballo por un derribo. Fue un toro mirón, con guasa y que se le fue una vez al torero derechito a la barriga. Mora lo castigó por los costados y el toro se rindió caminando hacia tablas. Curiosamente, hubo palmas y pitos para el toro camino del arrastre.

Estarán de acuerdo conmigo al menos en que el quinto toro fue manejable pero sosete. Ya se vio en el puyazo, que le cobró en paralelo a la cabalgadura, aunque en banderillas no perdió comba, la carita en alto. Nos dio la impresión de que El Tato se contagió de la falta de sustancia del astado y se dispuso a pegar pases de trámite. El aragonés se llevó el toro fuera y se hizo aplaudir pero aquello no se elevaba. Una voz le pidió que se manchara el traje y cuando se fajaba al natural arrancó la banda con muchas protestas. Mientras se crecía y arrimaba el torero, la gente iba tomando partido, unos a favor y otros en contra. Por fin se adornó encunado el espada, se tiró a ley aunque cayó la espada baja y se multiplicaron los pañuelos. Las mulillas remoloneaban y el presidente aguantaba el tirón enervando la petición, cuando sonaron salvas de aplausos hacia el palco. Una división que no sólo le quitó el trofeo a El Tato sino hasta la merecida -no creo que nadie lo discuta- vuelta al ruedo, limitándose Raúl Gracia a saludar.

En el último no pasó nada. No hubo modo de mejorar el balance de la corrida porque este toro también se rajó ante la porfía de Eduardo Dávila y eso que, curiosamente, fue el que mejor se portó en el caballo, empujando y sin quererse ir hasta el punto de acudir al segundo por su cuenta.

En resumen Dávila sube enteros en El Puerto, El Tato divide su cartel aunque mantiene un fiel partido tatista en esta plaza y Juan Mora se quedó inédito. Todo ello con una corrida de Cebada decepcionante, pese al buen tercero.


Cádiz Información.. LUIS RIVAS. El Puerto de Santa María . Dávila Miura cortó la primera oreja del abono.

Echó a andar la gran feria de verano con una corrida sin mucha historia, donde fundamentalmente falló el ganado. El encierro de Cebada, que había suscitado interés, resultó descastado y con dificultades. El juego de los toros sigue siendo un misterio. Toros de la misma camada, lidiados hace unos días en Pamplona que resultaron excepcionales, los de ayer en El Puerto fueron todo lo contrario. Decepcionante fue el juego que dieron en general con tres toros huyendo y buscando las tablas. No es normal en esta ganadería. Solamente un par de toros se dejaron torear por el lado izquierdo. Fueron aprovechados en parte por sus matadores. La única oreja que se cortó fue a manos de Eduardo Dávila Miura por la faena realizada al tercero, de escasa presencia y que desentonaba del lote, aunque tuvo movilidad, viniéndosele arriba en la muleta.

Juan Mora, que hacía varios años que no comparecía en el coso portuense, tuvo dos toros del mismo corte. El que abría plaza, muy mal picado, con dos puyazos en la paletilla, se quedó corto en el segundo muletazo. Rajado y buscando las tablas, no hubo manera de meterlo en la muleta. En el segundo, que recibió un puyazo trasero y dos encuentros con el picador derribando en el último, volvió a estar en lidiador sacándole una primera tanda con la derecha, sin más lucimiento. El animal se lo pensaba antes de arrancar, y en un arreón puso en peligro al matador. Se fajó en otra segunda tanda y el de Cebada buscó también las tablas. Mató al encuentro. Lo más destacado de Mora fue el manejo del capote, con gracia poderío. Dibujó unas series por verónicas acompasadas, que resultaron bellas por su ejecución.

Pudo Raúl Gracia El Tato cortar la oreja al segundo de lidia, pero mató mal. Un toro que echaba la cara arriba y que no se acopló por la derecha. Lo entendió por el buen pitón izquierdo y realizó una excelente faena por naturales con hondura y largeza. Aguantó en varias tandas. El mal juego de la espada le hizo perder el trofeo. El quinto, que nada transmitía y que recibió un puyazo, acusó falta de fuerza del encierro, sobresaliendo del resto. Lanceó muy bien a pies juntos rematando con media genial. Con la muleta lo toreó muy bien por el lado derecho, dibujando dos trincherazos de buena factura.

Ante la falta de emoción de toro y torero, el público perdió la onda y fue cuando en la segunda parte del tercio final, El Tato logró arrancar las palmas por unos naturales de buen trazo. Siguió pegándose el arrimón y se fue tras la espada dejándola un tanto baja. Hubo petición de oreja no mayoritaria y división de opiniones al presidente al no concederla. Unos aplaudían y otros abroncaban. Lo que parece raro es que aquellos que aplaudían no obligaron a dar la vuelta al ruedo al torero. No hay que olvidar que la plaza de toros de El Puerto tiene el listón muy alto y un prestigio inigualable, que hay que conservar. Además, el abono es largo y no conviene ser generoso en las primeras de cambio.

El valor y la firmeza demostrado por Eduardo Dávila Miura en el tercero de la suelta fueron valores positivos para cortar la primera oreja del abono. Ciertamente que con el capote no se ha acoplado en ninguno de los dos toros. Distinto fue la labor con la muleta. Precisamente en su primero sobresalió el toreo al natural con la izquierda en cuatro tandas que fueron a más. Toreo de mano baja y figura erguida. Asentadas las zapatillas a la arena trenzó muletazos que fueron jaleados.

En el último de la tarde, que realizó la mejor pelea en varas, recibiendo un gran puyazo de Agustín Navarro, cambió de comportamiento con la muleta. Dávila Miura lo intentó meter ofreciéndole la muleta pero el animal buscó las tablas y huyó. No obstante, volvió a estar valiente. Pasó un calvario a la hora de matar.


Festejo de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Tarde del domingo, 2 de agosto de 1998
Corrida de toros

Crónicas de la prensa: Diario de Cádiz, Cádiz Información

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  seis toros de Jandilla, correctos de presentación y discretos de cara. Corrida sin clase que ofreció pésimo juego: los que no fueron mansos y descastados, fueron y peligrosos como el sexto. Todos recibieron pitos.

Diestros: 

  • Emilio Múñoz: celesto y oro, dos pinchazos y bajonazo (saludo); casi entera caída (palmas).
  • Miguel Baez Litri: nazareno y oro, casi entera atravesada tendida (saludos); pinchazo saliéndose y descabello (silencio).
  • Manuel Díaz El Cordobés: grana y oro, pinchazo hondo y cuatro descabellos (saludos); pinchazo y estocada saliendo cogido (oreja).

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:  Juan Montiel, El Pere, y Pacheco; Mangui y Gil; Emilio Fernández.

Presidente: Fernando Gago, mala actuación.

Incidencias: Asistió su Majestad El Rey desde el palco regio.

Entrada:  tres cuartos largos.

Tiempo: tarde agradable de verano.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . Soberano aburrimiento, si no llega a ser por las anécdotas.

Si no llega a ser por las anécdotas, el sopor hubiera rebosado por las tejas de la engalanada plaza y hubiera llegado al Guadalete, bajando torrencial por la calle Valdés.

Menos mal que el anecdotario y El Cordobés, salvaron la tarde del aburrimiento porque lo artístico fue muy escaso. Más bien nulo porque la oreja que le cortó El Cordobés al sexto no fue por el arte, sino por el valor que le echó a un toro que le quería arrancar la cabeza derrotando a base de tornillazos.

Fue una pésima corrida de Jandilla, sin clase y a ratos con peligro que no propició el más mínimo espectáculo. Eso sí, cumplieron los banderilleros que se hicieron ovacionar y saludar en varias ocasiones. En cuanto a los matadores, poco hubo que hacer aunque por muy malos que sean los toros hay que matarlos por arriba. Si una corrida no embiste y no se puede torear, habrá que aguantarse, pero no se le puede hurtar la suerte suprema a los espectadores. De nuevo El Cordobés salvo la honra de los coletudos entregándose a la hora de matar al bronco sexto, un animal al que sí que tenía mérito de verdad meterle la mano hasta los rubios.

Si tenemos alguna duda acerca de que Emilio Múñoz, con mayor decisión pudiera haberle sacado más partido al primero, nos la disipó el comportamiento del resto de la corrida. El segundo de su lote se llevó unos mil capotazos durante la lidia, en su obcecación de no ponerse en suerte y no valió nada.

Tres cuartos de lo mismo con los toros de El Litri, que no pasaran a la historia ni mucho menos. Al brindar su primero al rey, el onubense lanzó la monterilla que fue a parar al palco del presidente. El usía, se pegó la arrastrada del siglo cogiendo la montera debajo del brazo para subir las escaleras y entregársela a su majestad, como aquel guerrero de Marathon.

Pero allí no había griego que gritaran "¡Nike!¡Nike!" -o lo que es lo mismo y perdonen la grafía "¡Victoria!¡Victoria!". Allía había un público castizo y guasón que se complacía en corear un mortificante "¡Pelota!¡Pelota!". Entre tomar partido a favor de considerar el gesto del presidente como cortesía exagerada o adulación innecesaria, nos inclinamos por censurar a Fernando Gago por abandono injustificado del puesto de trabajo: el Presidente no puede abandonar el palco durante la lidia, y menos para una entrega urgente aunque se enfríe la pizza. Cero al presidente y pasemos al toro siguiente.

Ahora sí, ahora brindó El Cordobés al rey y el presidente hacía gestos horrorizados para que no le llegara la montera. La Condesa de la Maza falló en su relevo y la montera de Manuel Díaz llegó a manos del Platerito de Cádiz. Juan Martín, a quien le queda fuerza en el brazo no sólo para lanzar la montera hasta el palco regio sino para matar dos toros en honor de la salud de su Católica Majestad -como dijo Pedro Romero a Fernando VII en 1830-, acertó de llenó recogiendo el Rey con facilidad el tradicional tocado torero.

Pero eso no fue todo, El Cordobés echó la peoná en el tercero y en el sexto el público pidió la devolución. Unos alegaban cojera, otros defecto en la vista y los más querían otro toro a ver si mejoraba la cosa. Yo no sé, honradamente, qué tenía el toro. El presidente, que anduvo un poco perdido toda la tarde acelerando los cambios de banderillas -lo único que estaba saliendo bien en lo artístico- se resistía a devolver el jandilla y aguantó el tirón. No sabemos si por Real Orden o por propia providencia, el alcalde asomó medio cuerpo por la barandilla y le dijo al concejal de plaza de toros que se dejara de rollos. Toro al corral.

Y más anécdotas: el toro se enchiqueró solo, pero al instante salió arropado por los cabestros...No había manera de que la tropa encerrara al astado y un banderillero de El Cordobés -El Pere- la emprendió a capotazos con el morlaco para encerrarlo, con el Mangui desde las tablas echando un capote. Hasta el puntillero se acercó para ver si podía atronar desde la barrera. Para más excentricidades, Juan Montiel le quitó la vara al cabestrero para mover la inepta tropilla de mansos que entró en estampida en los corrales...Todo esto entre el regocijo general.

Entre estos accidentes -un mulillero se cayó en pleno arrastre cambiando el trallazo por el pellejazo, a un picador se le partió la vara entre peto y toro y hubo un espectador incordiante en sol- se fue haciendo más ligera la tarde para el respetable, que no para los implicados. Litri hubo de abreviar con el quinto y el sobrero fue todo un peligro. Le rompió la taleguilla a Manuel Díaz y hasta le engañó por la manga de la chaquetilla cuando entró a matar. Un atragantón que fue premiado con la oreja y que aplaudimos: salvó la tediosa tarde.


Cádiz Información.. LUIS RIVAS. El Puerto de Santa María . Fiasco ganadero en la corrida real.

El histórico festejo ha tenido dos partes bien diferenciadas. La presencia de Su Majestad el Rey asistiendo por primera vez al coso portuense y la correspondiente inauguración del palco real. Un hecho notable y para el recuerdo en los anales de esta Plaza Real.

La otra parte fue el espectáculo específicamente taurino. Esto fue lo negativo de una corrida organizada y cuidada a los mil detalles. Un dicho taurómaco dice que "el hombre propone y el ganado descompone".

El hierro de Jandilla, triunfador tantas tardes en tantas plazas, ha defraudado por completo. Su debut no quedará con grato recuerdo. El encierro ha tenido de todo, menos embestir. Han sacado peligro, buscaron las tablas, mansearon y hasta se echó al primero de Litri antes de que el diestro entrara a matar. Un lamentable espectáculo que la mayoría no esperaba.

Con estos mimbres poco pudo hacer la terna. Lo único que demostraron los diestros fue su voluntad y ansia de triunfo. Qué más hubiesen querido que cortar oreja y agradar al público y a Su Majestad. Por eso, de esta real corrida habiá que pasar al irreal juego del ganado.

Menos mal que una larga nómina de banderilleros demostraron oficio y buen hacer, colocando en todo lo alto esas bonitas y artísticas banderillas que ha confeccionado con primor el conserje Carlos Sánchez del Valle.

Fue en el último de la tarde cuando Manuel Díaz El Cordobés arrancó la única oreja de esta desesperante corrida, artísticamente hablando porque distraída en anécdotas y matices sí que lo fue.

El valor y arrojo que demostró ante el peligroso sexto y la forma con que entró a matar siendo prendido dramáticamente por la taleguilla durante largos y angustiosos segundos, provocó el entusiasmo del público. Antes se había pegado un arrimón, un complicado toro. Igual de valiente estuvo en su primero y variado con el capote.

Emilio Múñoz trenzó unos buenos muletazos con la derecha hasta que el toro se quedó corto. En su segundo se mantuvo con dignidad.

Miguel Báez Litri, con la misma voluntad y deseo, también sacó buenos muletazos en su primero y nada pudo hacer en el segundo.

Resultado para pronto olvidar y el deseo de que se enderece el abono en los festejos restantes.


Festejo de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Tarde del viernes, 7 de agosto de 1998
Corrida de Toros

Crónicas de la prensa: Diario de Cádiz, Cádiz Información

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  siete de El Torero -el primero fue devuelto por inválido- desiguales de presentación, discretas armas y de escaso juego, faltos de raza y apagándose en el último tercio a excepción del segundo de la suelta que fue aplaudido en el arrastre y que ofreció mejor juego que los demás.

Diestros: 

  • Jesulín de Ubrique: malva y oro, estocada tendida (silencio); trasera a un lado -aviso- y descabello (silencio).
  • Manuel Caballero: azul pavo y oro, estocada traserita (oreja); estocada (saludo).
  • Vicente Barrera: celeste y oro, media mala (silencio); caída (oreja).

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:  Gonzalo González, Alberto Martínez, Carmelo García, y José Antonio Carretero.

Presidente: Juan Gómez.

Incidencias: -

Entrada:  media entrada larga.

Tiempo: molesto viento de Levante.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . Manuel Caballero y Barrera cortaron una oreja por coleta.

Tercera corrida de abono y no termina de romper el serial. Está fallando el ganado. Podríamos acudir al romance de que la cabaña brava tal y cual...Pero lo cierto es que los toros no están saliendo a la altura de las expectativas.

No respondió la corrida de El Torero y ahí está la encuesta infalible de las pitadas en los arrastres. Tampoco se está picando bien, con los de aupa tapando las salidas y recargando en lo negro, que en los toros de ayer era todo toro.

Puestos a extender el desastre, alguna birria le colaron ayer al presidente Juan Gómez en el reconocimiento, porque nadie sabe lo que es el trapio pero todo el mundo sabe lo que no es.

Para colmo de males uno de los valores seguros del verano portuense, Jesulín de Ubrique, se ha ido de vacio y se han dado orejas que en otro tiempo -no muy lejano, sólo unos días- hubieran sido más discutidas y miradas con lupa.

Mala tarde para Jesulín que vio como se fue al corral su bondadoso pero inválido primero y cómo se partía un pitón por la cepa el no menos prometedor segundo, aunque la verdad sea dicha que todos los toros prometieron alguna vez, aunque se venían abajo en el tercio de muerte.

El segundo del lote del de Ubrique fue sobado y trabajado al máximo por Jesulín, con suavidad y mucha muñeca, dejando que tomara aire. Voluntariosos mimos y cuidados que en los tiempos de El Viti hubieran servido para que se le tildara de valeroso enfermero, pero que hoy día se valoran menos porque ha bajado la sensación de peligro, o nos hemos hecho más mayores. Eso sí, subió el tono cuando se lo pasó muy cerca en redondo pero la estocada fue indigno remate a su labor.

Cabellero llegó a El Puerto con mucho sitio -por cierto que en su honor izaron la bandera de Murcia en lugar de la de su natal Castilla La Mancha- y la montera en la mano. De novillero abrió esta extraordinaria puerta grande, pero era nuevo de matador. La verdad es que se le ve que está en buen momento, lanceó con la soltura de los campeones a sus dos toros y dejó momentos de mucha calidad y ligazón en la breve faena a su primero, un toro con movilidad no exento de complicaciones. La verdad es que el toro tuvo cierta guasa, pero el de Albacete le sacó provecho. Los trazos con la zurda fueron espectaculares, tirando de la embestida con los vuelos de la muleta, despacio y con buen gusto. La estocada quedó trasera pero esta vez se perdonó y hubo oreja.

Parecía que iba a rematar con su segundo pero el toro se acabó como se apaga una candela hasta el punto de rajarse y sólo hubo saludos.

Barrera pechó con el toro más descastado y parado de la corrida, su primero. Mal picado como todos, pero muy corto de todo. El valenciano tampoco es una castañuela...Se imponía que mandara al de El Torero al despiece con rapidez.

Otra cosa fue el sexto, un toro que abrevió mucho el recorrido pero que para el tipo de toreo de Barrera sirvió. Para los muletazos por alto iniciales no hacía falta mucho gas, resultando muy lucida la quietud del torero, que se ciñó mucho exponiendo. Aunque se protestó la música, la gente fue entrando en faena al tiempo que Vicente Barrera ligaba sobre la mano izquierda los breves naturales con el molinete. Luego vinieron los naturales de frente y el remate de las espadinas, con elegancia y empaque. Fue premiado con la segunda oreja de la tarde.


Cádiz Información.. LUIS RIVAS. El Puerto de Santa María . Caballero y Barrera cortaron una oreja.

Vamos por la tercera. De nuevo falló el ganado, la falta de fuerzas, con el añadido de que fue la mayoría masacrada en varas, dieron al traste con un festejo que había despertado el lógico interés. Si se tiene en cuenta que los tres espadas de la nueva generación tienen tirón popular y están realizando aceptables campañas, sobresaliendo el albacetense Manuel Caballero. Precisamente éste realizó la faena más firme y asentada de la corrida al primero de su lote.

Lo del ganado es preocupante. Sabemos que la cabaña brava no está atravesando buenos momentos. De hecho, en muchas ferias de Despeñaperros para arriba está más que demostrado. Pero no hay que olvidar que la suerte de varas, tal y como se está ahora realizando, puede llevar a límites peligrosos la fiesta. Los toros reciben un castigo tremendo en una sola entrada, que equivalen a tres o cuatro puyazos de los de antes. Además, tapándole la salida alevosamente. Ayer hubo toros donde faltó medirles el castigo y levantarle el palo en su justo momento. Si el picador sigue picando, mientras que el matador no ordene lo contrario, el resultado está a la vista. Parece ser que algunos espadas quieren que salga el toro muerto de la suerte, o al menos, moribundo. Esto no es bueno ni para ellos ni para los aficionados que pagan por ver un espectáculo.

El encierro tuvo dosis de bravura para haber cambiado el signo artístico. Unido a esto, en una tarde donde el aire molestó lo suyo en diversos pasajes hace que el espectáculo discurra por senderos de aburrimiento y frustración. Nos quedan siete festejos todavía. Abrigamos la esperanza de que esto cambie.

Jesulín de Ubrique tuvo una actuación más entonada en el segundo de su lote, donde abrió su monumental capote y se arrimó con la muleta en una labor técnica y lidiadora, donde faltó vibración.

El primero que lidió, sustituto del devuelto, tuvo la mala suerte de partirse el pitón derecho en un derrote en el burladero. Fea costumbre de citar a los toros y hacerlos que se estrellen. Ahí acabó todo.

La faena de más consistencia por su firmeza, mando y temple fue la realizada por Manuel Caballero a su primero. Los naturales tuvieron sabor y hondura y llegaron rápidamente a los tendidos. Más fue cuando citó de frente, ofreciendo el pecho. Acertado también estuvo con la derecha.

En el otro, pobre de cara y astillado, volvió a estar con voluntad y deseo ante un toro parado.

Vicente Barrera no se acopló en su primero ni con el capote ni con la muleta, preocupado del aire. Sobresalió la primera parte de la faena de muleta al que cerraba plaza. Este tuvo más movilidad hasta que se paró. Una labor venida a menos, con el colofón de una buena estocada y una oreja fácil.


Festejo de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Tarde del domingo, 9 de agosto 1998

Crónicas de la prensa: Diario de Cádiz, Cádiz Información

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  tres de Hermanos Sampedro -primero, segundo y sexto de la suelta- y los tres restantes de Gabriel Rojas. Desiguales de presencia y descastados en líneas generales.

Diestros: 

  • Curro Romero: barquillo y oro, pinchazo, sartenazo, media huyendo y dos descabellos (saludos); pinchazo y tres descabellos (división de opiniones).
  • José Miguel Arroyo Joselito: verde y oro, pinchazo y casi entera delantera (saludos tras aviso); cinco pinchazos y estocada baja (aplausos).
  • Francisco Rivera Ordóñez: berenjena y oro, tres pinchazos y bajonazo; pinchazo y estocada contraria (oreja).

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:  -

Presidente: Juan Gómez.

Incidencias: -

Entrada:  casi lleno.

Tiempo: viento de Levante.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . Rivera Ordóñez levantó la tarde cortando la oreja del sexto.

Nueva tarde de gran expectación con la soberana decepción de una corrida en la que las ganas de los toreros se estrellaron contras las condiciones del ganado, con un encierro remendado que la verdad sea dicha, no ofreció mucho juego.

En primer lugar había habido cambio ganadero, una cosa que es normal: entraron tres toros de Gabriel Rojas para remendar la corrida de Hermanos Sampedro. Lo que no es normal es que estos cambios se hurten al conocimiento del público. La autoridad -ayer el concejal Juan Gómez- está para velar por la integridad del espectáculo y el cumplimiento del reglamento. Ayer no se anunciaron los cambios y lo que es peor, se han quitado las preceptivas tablillas en la puerta grande anunciando pesos y orden de lidia. Nos dicen los empleados de servicio que el concejal Fernando Gago ha ordenado quitarlas de la bóveda de la puerta grande porque la vitrina no quedaba bien con la remodelación del coso. A la hora de escribir estas líneas van cuatro corridas sin la tablilla como marca el reglamento, ya saben la razón, no pega con la estética.

La corrida transcurrió entre dos puntos de máximo interés: la faena inicial de Curro al primero de la suelta y la oreja que cortó Rivera Ordóñez al sexto. El interín fue un largo periodo de aburrimiento a ráfagas entre bostezos y algunas rachas de aplausos.

Curro hizo sonar las palmas por bulerías en el primero, se le veía con ganas y afán, pero muy molesto con el viento. Y eso que el primer toro de Sampedro era lindo para el camero, noble, dulce, mansón... pero sigue siendo un toro y si a eso le sumamos el aire. Pero hubo relampagazos del buen gusto del camero, el quite no, que fue más soñado que vivido, pero los lances iniciales y las pinceladas sueltas y personalísimas del camero con la muleta justificaron la atronadora ovación.

Con su segundo dividió las opiniones, de nuevo muy molesto y cortado por el levante. Mal picado el toro, la puya enhebrada y sin una buena lidia en banderillas. El camero tuvo una aparente porfía con ganas, un prometedor inicio pero un mal final: unos apreciaron el gesto y otros lo afearon con la consiguiente división de opiniones.

Joselito también se mostro muy afanoso en su descastado primero. El de Sampedro fue un manso rajado en tablas y el madrileño se empleó en una larga faena para meterlo en canasta hasta el punto de que le hizo embestir en tres series en redondo, con la embestida descompuesta del que acomete con cobardía. La mejor la segunda con el torero muy cruzado y cerca. El fallo a espadas fue incomprensible en un maestro en la ejecución de esta suerte.

Fallo que se repitió en su segundo. Increíble que un estoqueador de ley como éste reitere tanto el fallo a la hora de matar. El quinto, de Rojas, había sido un toro blando de remos, de recorridos escasos y sueltos y parado sin fuerza. En este toro no se esforzó ni lo intentó tanto como con el anterior y optó por dejar la lucha.

Francisco Rivera Ordóñez vio como devolvían a su primero, uno de Gabriel Rojas que salió tambaleante y muy flojo de los cuartos traseros, como si el toro hubiera vuelto a beber. Esta vez, por fortuna, ni salieron los mansos para retardar el espectáculo, el toro fue devuelto a punta de capote. El sustituto, también de Rojas y discretito de cara, se frenaba en los capotes. Bonito el quite con lances a pies juntos después de un puyazo sin historia, que el toro tomó con la cara en alto. La corrida fue anodina en varas y los picadores, a este paso tampoco van a entrar en los anales de la tauromaquia.

Rivera Ordóñez le echó ganas pero el toro soseaba una enormidad. Iba y venía sin terminar de entregarse, quitándole importancia a lo que hacía el torero, que era cumplir con su obligación según las reglas de la verguenza torera, que no es otra que la de arrimarse. Por fin encontró respuesta del astado y eco en el tendido con el torero circular y por ahí exprimió el filón, al derecho y al revés, hasta que se acabó el animal. La espada le dejó sin mejor resultado.

Con el último fue otra cosa, se le vino arriba a Rivera y éste le plantó cara con coraje, armado de su mínima muletita. Tuvo emoción el pasaje de redondos con el toro encrespado que se le fue viniendo arriba por momentos. Los cites de frente, el toro estrechito de cara y algo tocadito de pitones, también aportaron su picante a esta labor en la que el torero demostró, una vez más, su valor y las ganas. La oreja fue el premio a una labor que, la verdad sea dicha, no remató con la espada, con una estocada contraria después de un pinchazo. Pero el respetable la pidió y nos fuimos del coso con mejor sabor de boca, esperando el festejo nocturno.


Cádiz Información.. LUIS RIVAS. El Puerto de Santa María . Rivera Ordóñez cortó oreja por su entrega.

Al fin levantó vuelo el abono portuense. El público ha vuelto a responder con un gran entradón. En cambio, no se cortaron las orejas suficientes en función a lo realizado en el ruedo. Curro Romero, Joselito y Rivera Ordóñez pudieron cortarlas en sus primeros toros. La causa no es otra que el mal uso de los aceros. Lamentablemente, lo que podría haber sido un festejo de orejas justas, quedaron en ovaciones. Hubo faenas de mucho mérito y artísticas, en las que se conjuntaron la gracia, la inteligencia y el valor.

Ayer el público salió satisfecho por lo que había visto, pero sobre todo hubo un toro que transmitió emoción y resultó el más serio de pitones y cuajado que ha salido en todo el abono. Ese fue el sexto. Rivera Ordóñez lo toreó muy bien y se volcó a la hora de matar.

Cuentan que Miguel de Cervantes dijo una vez que "quien sabe sentir sabe decir". Curro Romero hizo realidad esa frase del legendario escritor. Armó alboroto nada más saltar su primer toro y sin dejar que lo tocara ningún peón lo saludo con cinco lances y media, genial. Se escucharon las palmas por bulerías. Tras una vara larga, un quite en los medios con dos verónicas seguidas y otra media de ensueño. Cuando cogió la muleta se le veía con ganas. Llegaron los muletazos por bajo, trincherillas y dos series sobre la mano derecha con estética y sabor. Para el recuerdo y la retina un molinete belmontino, que levantó el clamor. Faena justa en los adentros que hizo disfrutar a sus incondicionales y a los aficionados. Pudo sacarlo a los medios, pero el aire molestaba y Curro no lo vio bien.

En el segundo, apretó el aire y el toro en capote. Tras dos puyazos quedó enhebrada la vara. El animal se fue quedando y poco pudo hacer el Faraón de Camas. Unos destellos con la muleta en la mano derecha y acabó pronto. Parte del público no fue juesto en su valoración final. Lo importante es que un año más ha dejado su esencia y su torería, mostrando una figura estilizada, fuerte y ágil.

Torear y poder al manso son pocos toreros los que saben hacerlo. Joselito lo hizo a la perfección. Su primero fue un toro feo de cara, abierto de cuernas que tomó muy bien el capote. José ofreció una serie de lances con compás. Ya en el caballo el animal manseó en varas y se querenció en banderillas. Pocos creían que Joselito le podía sacar la faena que ofreció. Tras unos pases de castigo lo sacó de los terrenos del ocho y diez, llevándolo a los medios, en una labor lidiadora. Bajó las manos, obligó y ligó en dos tandas superior con la derecha. Paró la música cuando ésta atacó y siguió con una faena inteligente que llegó a los tendidos. Lamentablemente Joselito, que goza de un conocido prestigio de estoqueador, falló y la oreja la perdió. Pudo dar la vuelta al ruedo.

En el segundo hay que anotar un quite con una media que tuvo un remate poco ortodoxo ya que quedó el capote a los pies del toro. El animal, molesto, que echaba la cabeza arriba, apenas transmitía. Quizás ha sido el toro más deslucido. La faena resultó sosa y en tono lánguido. El madrileño se mostró valiente pero volvió a fallar con la espada.

Toreo grande, como lo será en el futuro, y apasionado, el de Rivera Ordóñez. Sin olvidar que tiene un valor sin límites. Cumplió en sus dos toros con el capote. Lo verdaderamente importante lo ha hecho con la muleta. Muy dispuesto, decidido, y entregado en todo momento. Al primero lo fue empujando hasta meterlo en los vuelos del engaño, en una labor firme y limpia. Dos series muy templadas con la derecha citando de frente yunos apuntes toreando al natural. Labor interesante que desperdició con la espada.

El último de la suelta ha resultado ser, como decíamos, el toro más serio de pitones y con cuajo. Rivera Ordóñez tuo la virtud de dejarle la muleta en la cara, embarcándole en series con ambas manos, volviendo a estar muy valiente y sobre todo cuando le bajo la mano consiguió una serie de muletazos con vibración y emoción.

El público quiere eso, emoción y Rivera lo consiguió. Tenía que hacer lo que hizo, volcándose en el segundo encuentro. Las orejas se ganan con las espadas. Tras unos aplausos de despedida, un tentempié y a volver dos horas después. Si Paquiro levantar la cabeza, sería curioso saber su comentario.


Festejo de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Noche del domingo, 9 de agosto 1998

Crónicas de la prensa: Diario de Cádiz, Cádiz Información

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  seis de Joaquín Núñez del Cuvillo, mal presentados, chicos, con escasas defensas, muy justitos para una plaza como El Puerto. En cuanto a su comportamiento, ofrecieron buen juego los dos primeros, los demás mansearon con descaro y alguno desarrolló peligro.

Diestros: 

  • Enrique Ponce: verde y oro, estocada caída (dos orejas); pinchazo y estocada (aplausos); media baja y descabello (saludos). Salió a hombros.
  • Francisco Rivera Ordóñez: celeste y oro, estocada baja (oreja); pinchazo, pinchazo muy feo y cinco descabellos (silencio); estocada (oreja). Salió a hombros.

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:  monterazo de Tejero en el primero de la suelta.

Presidente: Fernando Gago.

Incidencias: festejo nocturno en plaza excelentemente iluminada.

Entrada:  casi lleno en los tendidos de sol y tres cuartos de entrada en sombra.

Tiempo: viento de Levante calmado a ratos que terminó por amainar.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . Ponce y Rivera saldaron el mano a mano con un portazo.

Nos quejábamos ayer de que no se cumple el regalmento colocando el orden de lidia en las puertas y resulta que en el festejo de por la noche ya ni se anuncian en el cartelón los datos reglamentarios del toro que se lidia.

A la vista de lo chico que fue el ganado y de uno de ellos lució el guarismo 5, -reglamentario por el cambio en verano del año ganadero- varios aficionados se nos quejaban al término del festejo y durante el día de ayer, de lo anovillado del encierro y de que era un complot de autoridad, empresa, ganadero, toreros... algunos incluso con malas palabras, que me las he tenido que tragar yo, y no los responsables, eso seguro.

Claro que eso sólo le preocupaba a los aficionados, al público no parecía importarle, feliz en el sueño de una noche de verano para que para los cabales era una pesadilla. Tranquilidad para todos; presidente, empresa, toreros y sus satélites y el mismísimo ganadero en lo único que pueden estar de acuerdo es en que la corrida de ayer era chica, muy justita para El Puerto de Santa María, porque en lo demás son fuerzas de intereses contrapuestos.

Culpables, todos. La empresa por no acertar con lo que requiere El Puerto. El entorno del torero por buscar el acomodo y que haya grasia para su matador, lo que después de todo es su postura si no legítima, si lógica en el juego de fuerzas de la fiesta. El ganadero porque esta vez no ha sido escrupuloso con la presentación de sus toros en El Puerto, que dicho sea de paso no es un pueblo. Sabemos que los toros de Núñez del Cuvillo no son precisamente mastodónticos ni de pavorosas encornaduras, pero estaban muy justitos para el brillo de esa casa. Y culpable también el presidente -en este caso Fernando Gago- que está ahí para defender la integridad del espectáculo y la categoría de la plaza de El Puerto en cuyo palco ha de servir los intereses públicos y que no le cuelen goles por la escuadra.

También me apuntaré yo al carro de los culpables, que cuesta mucho trabajo criticar lo que se ama, cuando esas denuncias pueden hacer daño a la fiesta. Pero es que desde la noche del domingo no paro de oir quejas y reclamaciones y la verdad es que ni yo crié los toros, ni los vendí, ni los compré, ni los ví, ni los embarqué, ni los reconocí... solo informo y opino.

En estos casos, nuestra única defensa es la autoridad: Fernando Gago, que está elevando a los altares y haciendo muy buenos a otros presidentes anteriores, que sus buenas broncas se han llevado. En la nocturna, fracasó en los reconocimientos.

Pero el público, santo y buenísimo, transigió como un bendito. Mientras los taurinos no implicados largaban y los buenos aficionados se lamentaban del aspecto novilleril de los semovimientes de Núñez del Cuvillo, el público feliz disfrutaba de la extraordinaria noche taurina en El Puerto. La felicidad es así.

Bien es cierto que hubo dos toros muy a destacar, el primero sobre todo y el segundo. Noble, entregado y suave, el que abrió plaza propició un gran faena de Enrique Ponce, que dejó buena muestra de su categoría torera. A un espada de primera clase no se le escapa un bombonazo como éste, aplaudido con justicia.

Fue el primer triunfo de un mano a mano en el que hubo poca competencia, ni riña en quites... Rivera recibió de rodillas a su segundo y luego en pie con lances a pies juntos. La corrida en general fue mansa en el caballo. Tardó en romper la faena con muchos pases antes de que sonara España Cañí, las alegrías finales con el circular y medio de rodillas, el adorno y el de pecho, inclinaron la balanza con una oreja -también justita- para Rivera Ordóñez.

El tercero y segundo toro de Ponce, fue un manso de libro que fue cinco veces al caballo en oleadas, sin clase y como una cabra loca en banderillas. Con tantas carreras y topetazos, quedó totalmente inútil para la muleta poncista, que exprimió lo poco que quedaba.

El termómetro del festejo seguía bajando con el protestado y castaño cuarto, de filiación y nacimiento desconocido, como toda la corrida. Fue un manso con problemas frente al que Rivera se mostró voluntarioso y meritorio. Mal con la espada, fue silenciado.

El quinto fue otro manso que se llevó un puyazo criminal, refugiándose en tablas. En banderillas rebrincó por el ruedo alocadamente. Ponce se justificó intentando hacer faena con el manso y maltratado animal, que no dio más de sí.

De nuevo a Rivera Ordóñez, por segunda vez en la jornada, le correspondió la tarea de levantar el festejo y dejar buen sabor de boca. Lo consiguió con un burraco que le desarmó con el capote y que tuvo una mala lidia. Fue la faena arquetípica de este espada, a toro encrespado viniéndose arriba y el matador dando la cara. Tuvo peligro el toro y valor Rivera que ya conoce bien esta situación.


Cádiz Información.. LUIS RIVAS. El Puerto de Santa María . Ponce y Rivera abrieron la Puerta Grande.

La alegría duró poco. con la corrida vespertina del domingo, esperábamos que el abono se viniera arriba. Fue una nube de verano, en un día ventoso. La noche calurosa sólo sirvió para demostrar fundamentalmente que el toro sigue siendo la gran decepción, con pocas excepciones. El añadido correspondiente, fue la falta de autoridad del presidente Fernando Gago. En cuanto a la actuación de los espadas, de los dos primeros toros no pasó. El resto infame. Buena parte de culpa la tuvieron los animalitos, que llegaron de tierras vejeriegas, con el hierro de Joaquín Núñez. Se está fallando más que una escopeta de feria. Sólo el público es quien no falla. La respuesta es masiva, como se ha comprobado en las dos entradas del domingo.

Vayamos por parte. Parece increíble que un ganadero de la talla y prestigio de Joaquín Núñez haya traído a El Puerto, un encierro como el que salió la noche de autos. Ha faltado seriedad y escrupulosidad, en cuanto a su presentación. Lo del juego es harina de otro costado. La falta de fuerzas y raza, por desgracia en estos momentos está muy generalizada. Hay que poner soluciones inmediatas. Esto no favorece a ningún sector del espectáculo. El grave problema en cuestión ha sido la presentación: anovillados y feos de cuernos. Más de uno podían haber sido destinados para rejones. Algunos aficionados comentaron a la salida que habían observado en la paletilla del quinto, el guarismo del 5. Era legal su lidia, porque el año ganadero cambió en julio. El trapío es otra cuestión. Siguiendo con el cúmulo de despropósisitos, se comenta que el desembarque de los animalitos, muchas horas metidos en un cajón, con cuarenta grados a la sombra y secos, se realizó una hora antes. Dicen porque no había suficientes corrales. Ignoro como se las arreglaron hace tres años, cuando la célebre plaza partida. Consiguientemente el sorteo se celebró poco antes de la celebración del festejo. Vamos como si fuera una plaza portátil. Algunos pensarán que de noche todos los gatos son pardos.

Metidos en la lidia. El anuncio reglamentario de la salida de los toros, en la tablilla que el presidente hizo comprar a la empresa, faltaba el nombre del toro y la edad. Fernando Gago seguía sin enterarse. El rigor no existe, sólo para los informadores. Los compañeros de la información gráfica y algún otro más puede dar fe de ello. El anuncio del orden de lidia, habitual en la tablilla de entrada, tal como está reglamentado, brillaba por su ausencia. Los informadores arrinconados y hacinados en el último palco, que este año disfrutan por obra y gracia del presidente Gago, siguen aislados, sin saber qué ganado se está lidiando. No se olvide que estamos en una plaza de segunda y con un historial insuperable. Lo que no falla, es el atrezzo que rodea cuando se concede un trofeo. Saca su pañuelo del bolsillo alto de la americana, en actitud teatral y altanera. En fin, dejemos que corra el tiempo y a esperar.

La corrida tuvo un comienzo esperanzador. Los dos primeros lidiados, dio lugar a que el público santo y resignado, que al final terminó aceptando el pobre espectáculo, con guasa e ironía, disfrutara con un buen toreo de Enrique Ponce y la gallardía de Rivera Ordóñez. El resto, salvo algún momento en el sexto, muy discreto, rayando en lo insípido y tedioso.

Ponce se impuso al primero, por una faena bien construída, ligada con primor y estética. Lo entendió bien. El espada se gustó al torear por ambas manos, en muletazos de mucha calidad. Pasó desapercibido con el capote, al igual en los dos restantes. El tercero manso, esperó en banderillas y para colmo pegaba unos acelerones topando con las cabalgaduras, cuando las veía. Todo un regalo. Ponce quiso agradar, tiró de él, obligándole en cada muletazo. Con el quinto, tres cuartos de lo mismo. Manso en varas, con peligro, embistiendo por oleadas y buscando las tablas.

Rivera Ordóñez, en su particular doblete, salió con rabia de novillero. Recibió a su primero con una larga cambiada, lanceando a pies juntos. El toro abierto de cuerna y algo gacho, recibió una vara medida. Lo malo fue la voltereta completa que sufrió. La faena tuvo buen principio, con tandas sobre la mano derecha de buen trazo. Bajó de tono, pero lo suplió con desplantes valientes y arriesgados. El animal acusó sin duda la voltereta. El segundo dobló las manos. Rebrincón y molesto, lo macheteó y a otra cosa. El sexto de la pesada noche, burraco con pinta de cabestro, feo de cornamenta, no se confió con la capa. Faena de altibajos. Voluntarioso y porfión, faltó temple y hubo excesivos enganchones. Mató por todo lo alto y la espectacular muerte provocó el entusiasmo de un público amable y generoso.


Festejo de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Tarde del viernes, 14 de agosto 1998

Crónicas de la prensa: Cádiz Información, Diario de Cádiz

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  seis toros del Marqués de Domecq, bien presentados a excepción del cuarto, más terciado. Sobresalieron en juego primero, segundo y excepcionalmente el quinto. Tercero y sexto llegaron sin recorrido y faltos de fuerzas.

Diestros: 

  • Juan Mora: celeste y oro, estocada perpendicular (aplausos); estocada (palmas).
  • Juan Serrano Finito de Córdoba: grana y oro, pinchazo hondo y estocada tendida (ovación); dos pinchazos, estocada y tres descabellos (ovación).
  • Victor Puerto: celeste y oro, estocada algo caída (silencio); casi media (ovación).

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron: Valentín Cuevas, Antonio Manuel de la Rosa, Manuel Osuna y Gregorio Cruz Vélez.             

Presidente: Juan Gómez.

Incidencias: la iluminación se encendió antes de la salida del último de la tarde. Finito pasó a la enfermería para ser reconocido tras ser arrastrado el quinto. Sufrió una conmoción sin consecuencias y hematomas en el muslo derecho.

Entrada:  casi media plaza.

Tiempo: tarde agradable.


Cádiz Información.. LUIS RIVAS. El Puerto de Santa María . Finito, sin cortar oreja, fue volteado.

No hubo corte de orejas por dos razones: el fallo de espadas de Finito en el quinto y la falta de acoplamiento en los dos primeros toros de la suelta. Victor Puerto pudo también tocar pelo pero sus dos toros llegaron quedados al tercio final.

La corrida se esperaba con auténtico interés, ya que el ganado anunciado venía precedido de sonoros triunfos en distintas plazas. Cierto es el buen momento que atraviesa esta ganadería. Y de ello se pudo comprobar buena parte en tres toros. A los dos primeros hay que añadir un quinto excepcional, al que Finito toreó como en sus mejores tiempos. El arte y la decisión fueron claves en la construcción de una faena que lamentablemente no tuvo rúbrica al entrar a matar. Se llevó una tremenda voltereta, que por su dramatismo impresionó a los espectadores, voló por los aires y Finito cayó conmocionado levantándose rápidamente con coraje para rematar al astado, cosa que finalmente hizo de varios pinchazos. Se fue la oreja pero el pundonor y la profesionalidad quedaron a flote.

En su segunda comparecencia esta temporada tampoco pudo cortar una oreja Juan Mora. Sabe torear con el capote con gusto y sentimiento, así lo hizo en su primero, bajándole las manos en verónicas templadas. Se lució en un quite. Después llegó lo inesperado. Mala lidia en banderillas y falta de acople con la muleta. Varias tandas con ambas manos destacando algunos trazos con exquisitez y armonía. La distancia entre toro y torero y alguna precaución hizo que el toro se aburriera y el espada siguiera sus pasos. Bien es verdad que el animal, ya a la defensiva, echaba la cabeza arriba pero se esperaba en este toro que había brindado a José Luis Galloso.

El segundo, cuya presencia fue protestada, decayó en interés con el capote y la muleta. Fue un toro noble pero de muy corto recorrido. El público, y sobre todo los del tendido siete, protestaron durante un buen rato y el hermano del matador, Carlos Mora, tuvo más de un gesto significativo hacia estos espectadores. Del buen inicio de faena se paso a una brevedad impuesta por voluntad del matador y ahí todo se acabó. Finito de Córdoba ha tenido dos toros bien diferentes. Vulgar con el capote, sin lucirse. Y eso que sabe torear. Al primero de su lote, un toro bravo que repetía con codicia por el lado derecho lo toreó bien. Cumplió en naturales y después de algunas probaturas no quiso verlo. Dejó que se le fuera a las tablas y con excesivas precauciones terminó por levantar alguna que otra protesta. Una pena porque fue un toro para lucirse. Con la voluntad no es suficiente. La torería y la decisión se impone. Y eso fue lo que hizo nada más coger la muleta en el quinto. Antes puso un gran par de banderillas Gregorio Cruz Vélez. Con ganas y arrollador ofreció una faena de calidad, destacando varias tandas con la derecha a pesar de sufrir un desarme. La ligazón y el asentamiento fue suficiente para que el público se le entregara. Hubo muletazos con cadencia, ritmo y hondura. Con el respetable ya en el bolsillo se tiró a matar, siendo lanzado al aire en una dramática voltereta, afortunadamente sin consecuencias, pasando después por su pie a la enfermería.

Victor Puerto ha tenido variedad y buen gusto con el capote, su lote ha tenido el mismo defecto, poco recorrido en el tercio final. Aprovechó bien la movilidad del primero en dos tandas sobre la mano derecha, pero ya el toro vino a menos. Igual de porfión se mantuvo en el último. Hizo vibrar en los primeros muletazos con un pase cambiado citando desde el centro del anillo. Siguió toreando de rodillas, valiente y entregado. Lástima que el toro se vino abajo.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . Una cogida al matar malogró una emotiva faena de Finito.

Mejoró el juego ganadero con los toros de Marqués de Domecq recibiendo aplausos, aunque uno de los disgustos de la tarde vino por la falta de presencia de uno de los toros, el cuarto de la suelta, que con buena voluntad diremos que era justito para El Puerto.

Pero la verdadera contrariedad llegó con la cogida de Finito de Córdoba al entrar a matar al encastado quinto, que lo prendió y conmocionó desgarrándole la taleguilla, chaqueta y chaleco. Fue al entrar a matar después de una gran faena, completa y emotiva, que no alcanzó el marcador de las dos orejas por este percance que dejó al espada cordobés muy debilitado.

Eso sí, el torero le ligó los pases por ambos lados. Al natural y con largos derechazos. La faena tuvo sus altibajos con un desarme y algún enganchón debido a los encastados recorridos del toro de Marqués de Domecq, que gustó mucho al público. Si alguna vez faltó pulcritud, sobró emotividad, sobre todo con las ganas que tenía el respetable de ver un toro enrazado embistiendo y un torero decidido bajando la mano. No fue el toro perfecto y seguro que los profesionales le ponen muchos peros, pero la gente se lo pasó bien. Una pena la cogida.

Son los graves riesgos de la fiesta, y hay que hacer una obligada reflexión: tenemos todo el derecho del mundo a protestar un toro, como se protestó el cuarto por falta de presencia. Pero hay que hacerlo en su momento. cuando el presidente ordena matar hay que callarse y no hacer la cabra ni chistes porque hay un hombre que se juega la vida como Juan Mora.

Esto no es Villamelones, es El Puerto de Santa María, para una cosa y la otra. La bronca -una vez perdida la pelea de la devolución- a su sitio: después del arrastre, sin olvidar que el veneno viene también en tarros pequeños. Una persona queridísima para mí me repetía muchas veces que una vez se descolgó de su alcayata -no sería gitana sino cuchichí- el tremendo toro de La Privadilla de Cádiz y mató de una cornada a un cura que estaba debajo bebiendo solisombra. Con esto me quería decir dos cosas, que los toros tienen peligro hasta colgados de la pared y que mezclando anís y coñac no te puede pasar nada bueno. Yo siempre le decía que era porque el cura había cambiado los terrenos y que si estuviera en misa no se le cae un toro en la tonsura. Tal vez un evangelista de escayola.

Pero el cuarto baldón del encierro, con ser protestado no tenía menos peligro, de hecho por poco agarra en dos ocasiones al hermano de Juan Mora, matador que tuvo que abreviar.

La primera parte de la corrida fue triste: los tres toros sirvieron pero los toreros no terminaron de acoplarse: ni Juan Mora, ni Finito ni Victor Puerto. Crudito se quedó el primero de Mora, Finito le dio los adentros a su segundo que terminó por rajarse y el primero de Victor Puerto se le vino arriba y el torero anduvo a la deriva.

Lo de Juan Mora no tuvo solución, a la vista del enfado del público con el cuarto, mientras que Finito si que levantó la tarde con el quinto en un espectacular combate con el toro merecedor de mejor trofeo que los saludos, como mínimo, la vuelta al ruedo que dolorido rehusó a dar.

Victor Puerto protagonizó un comienzo espectacular y florido con el sexto, un toro al que se le pegó. Después de la variada brega con el capote del voluntarioso manchego y dos galopadas del toro para un cambiado por la espalda y un cite de largo, se apagó el animal, noble pero ya sin fuerzas.


Festejo de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Tarde del sábado, 15 de agosto 1998

Crónicas de la prensa: Diario de Cádiz, Cádiz Información

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  seis de Martelilla correctamente presentados y ofreciendo buen juego a excepción del sexto, que bajó de comportamiento y presencia, el único no aplaudido. El cuarto, extraordinario, fue premiado con la vuelta al ruedo.

Diestros: 

  • Celso Ortega: berenjena y oro, en sustitución del cogido Ortega Cano, pinchazo, pinchazo bajo, tres pinchazos, otro en mal sitio, dos pinchazos más y seis descabellos (pitos tras aviso); media atravesada y dos descabellos (oreja).
  • Eugenio de Mora: blanco y plata, nuevo en esta plaza, pinchazo y estocada (ovación y saludos); tres pinchazos, pinchazo hondo, pinchazo y descabello (silencio).
  • Miguel Abellán: agua de mar y plata, nuevo en esta plaza, bajonazo que hace guardia, pinchazo y corta desprendida (vuelta); pinchazo, pinchazo saliendo cogido y estocada (ovación de despedida).

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:  monterazo de Aranda.

Presidente: Fernando Gago.

Incidencias: -

Entrada:  un tercio.

Tiempo: tarde agradable.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . Ortega cortó la única oreja de un gran encierro de Martelilla.

La corrida que envió Gonzalo Domecq a El Puerto se fue al desolladero casi con las orejas puestas. Un solo trofeo para Celso Ortega en tarde de buenos toros, y uno de ellos premiado con el arrastre lento de sus despojos, es un balance muy pobre, aunque en lo artístico ha habido momentos de gran calidad.

Los de Martelilla se portaron como toros de lidia y propiciaron el espectáculo. Clamábamos por el toro y llevamos dos corridas, las dos procedentes de la finca jerezana de Martelilla y ambas en puro Marqués de Domecq, que han levantado el serial en el plano ganadero. La pena es que por unas u otras circunstancias, no remató la cosa más que en la solitaria oreja que cortó Celso Ortega.

El portuense había entrado por la vía de la sustitución del convaleciente Ortega Cano. Cogido desde hace una porción de días y declarando desde el principio que lamentaba no venir a El Puerto, hasta el mismo día de la corrida no anunciaba oficialmente la empresa la sustitución. Misterios del marketing empresarial, ya que estaba cantado que iba a ser Celso Ortega ya que el alcalde había presionado lo suyo. La próxima vez le toca a Enrique Molina.

El primero de la tarde marcó el gran juego que iban a ofrecer los demás. Cantó la bondad en el capote del portuense y a las primeras series con la derecha, Celso Ortega hizo sonar la música. Sobre todo con la mano derecha y pese a que hubo algunos altibajos al dejarse tocar el engaño, la faena tuvo eco en los tendidos, deseosos de alentar al paisano, que lo necesita como agua de mayo.

La pena fue que la buena impresión la echó por tierra al fallar a espadas, el punto débil de este torero en los últimos años. El toro parecía relleno de plomo mientras que Celso pinchaba y pinchaba con desespero, sobre todo a la vista de cómo había sido el toro.

Con el cuarto se pudo desquitar tocando pelo, un trofeo que se queda corto para el potencial del castaño brocho de Martelilla. La impresión que dejó este Vestido fue sensacional, tanto que el presidente hizo flamear el pañuelo azul de la vuelta al ruedo para el astado.

Ortega lo lanceó bien pero el pasaje en el que dejó la muestra de su calidad fueron en los templados y largos derechazos en redondo que el toro se tragaba con nobleza, acometiendo y llegando lejos. Con el monopuyazo apenas se aprecia el comportamiento del toro en el caballo, pero la acometividad y galope en la muleta fueron de ley.

El pasodoble Giralda era digno acompañamiento de los muletazos largos y profundos de Celso Ortega. ¿Qué le faltó a la faena para ser excepcional? Pues el digno remate con la espada y más vuelo al natural, ya que la única serie fue correcta pero escasa. Bien es cierto que llegó la serie con la zurda después de un buen recital de largos redondos, templados y mecidos que pudieron extenuar al toro, pero el cierre por ayudados, magnífico broche, evidenció que el toro también era de lío por ese lado. Oreja muy valiosa para Celso Ortega.

Tampoco fue moco de pavo el tercero de la tarde, pronto, alegre, noble... Miguel Abellán logró entusiasmar en una aclamada labor, excelente debut en El Puerto. Tuvo gracia esperando al toro con los pies juntos, cerrando con dos recortes y un soberbio quite por chicuelinas.

A toro arrancado lo pasó alto a pies juntos terminando con el desdén. El toro venía de largo con alegría, aunque cabeceaba y derrotaba manteniéndose la sensación de peligro.

La impasibilidad del torero, las alegrías de los cambios por delante y la firmeza al presentar la muletilla y conducir el viaje, hacían subir enteros a la labor de Abellán. Los remates del molinete y la firma fueron alegre remate de una labor muy variada y alegre, que caló.

Una pena que la estocada fuera un pésimo bajonazo haciendo el municipal, fue el borrón de negra tinta de una plantilla de excelente caligrafía.

Con menos mimbre en el sexto, tampoco pudo redondear con lo que fue el garbanzo negro de la corrida de Martelilla, un toro soso y desrazado que se fue aburriendo y medio pasando sin convicción a la franela del hijo del Maletilla de Oro. Probón y sin fijeza, huyó del caballo y lo pero de todo es que por poco trae un disgusto a Miguel Abellán, que fue cogido feamente al entrar a matar.

Eugenio de Mora no cuajó tan buen debut y su actuación fue deficitaria. Omitió hacer el quite en su primero, lo que es un soberano petardo cuando se debuta en El Puerto. Lo mejor de su actuación vino con los naturales iniciales de excelente corte pero bajó el tono de su labor cuando se destempló con el toro, que merecía mejor respuesta.

Creemos que no entendió al quinto de la suelta, y además lo pinchó. Fue un animal que pese a su evidente peligro hizo pensar que podía ser aprovechado de mejor manera que lo hizo el de Toledo, con dudas y titubeos.


Cádiz Información.. LUIS RIVAS. El Puerto de Santa María . Celso Ortega cortó la única oreja.

Afortunadamente el abono se ha venido arriba, tomando otros derroteros en cuanto al ganado. Si el viernes gozábamos con tres excelentes toros del Marqués, ayer los de Martelilla, de la misma procedencia, nos brindaron cuatro toros excepcionales principalmente el tercero, aunque el cuarto por decisión del presidente se le diera la vuelta al ruedo. Si lo hizo por el juego en conjunto vale, aunque bien lo merecía el primero de Abellán. Hay que hacer notar que no hubo mayoría y Fernando Gago siguiendo su costumbre aplicó su criterio personal.

La corrida, brava, encastada y galopando, permitió que los espadas se lucieran en muchos momentos. En honor a la verdad, varios toros se fueron con las orejas puestas al desolladero. Unos por falta de acoplamiento, como los lidiados en primero y segundo lugar, y otros por la espada, como el primero de Abellán. Lo importante es que hubo emoción en el ruedo, el toro ha transmitido y el público se ha divertido. En las casi dos horas y 25 minutos que ha durado el espectáculo, lo curioso es que no se ha hecho largo, todo lo contrario.

Ortega Cano, anunciado en principio, no acudió por estar lesionado y hubo de ser sustituído por el torero local Celso Ortega. La empresa no tenía más opción, por dos razones. Una porque era el torero de El Puerto y había existido cierta presión para que le ofrecieran una nueva oportunidad. La otra porque en el día más taurino del año, el Día de la Virgen, prácticamente todos los toreros estaban en el tajo. Bien que nos acordamos de Ortega Cano al que le hubiese gustado templar estos bravos toros, como él sabe hacerlo. Porque el cartagenero sabe inspirarse y más en esta tierra donde se le quiere y respeta.

El portuense Celso Ortega ha tenido dos actuaciones bien distintas. Tuvo suerte en el sorteo y se llevó un buen lote. Vaya por delante que torea poco y en algún momento hay que reconocer el mérito de saber estar ante un toro bravo. Si en el primero faltó limpieza, temple y sitio en algunas tandas de muletazos, al menos logró sobresalir en alguna serie sobre la mano derecha. Lo lamentable fue con la espada. En el cuarto fue otra cosa. Logró concentrarse con el capote Celso Ortega, le bajó las manos, mandándole en series ligadas sobre la mano derecha. Estuvo más asentado y los muletazos tuvieron sabor y hondura. Esta vez fue rápido con la espada, el premio justo llegó. Nos alegramos porque esta oreja tiene su peso y más ante sus paisanos.

Hacía su presentación Eugenio de Mora. Lanceó bien con la capa a un toro que empujó en varas, recibiendo un castigo muy medido. La labor con la muleta no tuvo el suficiente tirón para haber roto en triunfo. Eso si, hubo tandas por naturales buena para bajar de tono fundamentalmente porque le faltó sitio, sobró enganchón y no midió la embestida. Se mostró valiente y terminó con unos ayudados muy estéticos...En el otro, un toro algo soso al que faltó una chispa de transmisión, el toledano se mostró desganado y vulgar. El animal se quedaba en la suerte pero el diestro no se esforzó. No pasó nada relevante.

Sin cortar oreja Miguel Abellán ha triunfado en su presentación. Acertado con capa y muleta. Armó un lio con el capote en el primero y torear por chicuelinas, por su belleza plástica, poniendo al público en pie. Quizás le faltó un puyazo y el bravo animal se vino un poquito arriba. El torero se lo pasó muy cerca y estuvo valiente en pases fundamentalmente sobre la mano derecha. En algunos momentos le faltó colocación.

Es innegable que le echa quietud y verdad a su toreo. Torea muy derecho con personalidad y gusto. Hizo saborear el toreo bueno y lo echó a perder con la espada. Con el garbanzo negro de la corrida estuvo digno ante un sexto toro que embestía al paso y que se quedaba en el engaño. Al matar salió prendido trágicamente por la axila y milagrosamente ileso.


Festejo de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Tarde del domingo, 16 de agosto 1998

Crónicas de la prensa: Diario de Cádiz, Cádiz Información

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  seis de Antonio Gavira, de presentación correcta y discretas armas. Corrida encastada y de variado juego, fue aplaudido el primero, gran ovación para el segundo, aplausos para el tercero, algunas palmas para el cuarto y pitos para el quinto. El sexto presentó problemas.

Diestros: 

  • Cristo González: de añil y oro, corta baja y descabello (saludos); estocada trasera (saludos).
  • Juan José Padilla: blanco y oriplata con cabos rojos, estocada contraria (dos orejas); caída tendida que asoma, pinchazo, nueve descabellos, y estocada tendida (ovación). Salió a hombros.
  • José Antonio Canales Rivera: cielo y oro, nuevo en esta plaza, pinchazo, estocada y dos descabellos (saludos); casi entera (oreja).

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:  Juan Carlos de los Ríos, José Salvador y Heredia Femenia.

Presidente: Juan Gómez.

Incidencias: -

Entrada:  un tercio largo.

Tiempo: tarde de temperatura agradable.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . El jerezano Juan José Padilla, a hombros por la puerta grande.

Había que acordarse ayer del maestro Rafael Ortega, y no lo digo como espejo estoqueadores por lo mal que se está matando en lo que va de abono, ni mucho menos, sino porque ayer hubiera disfrutado el viejo torero de La Isla.
Hubiera disfrutado con tres alumnos suyos en la arena, porque la terna y unos cuantos banderilleros del cartel recibieron sus enseñanzas.
Antes del festejo saludábamos a Baldomero Ortega, tantos años presto al quite de su hermano, que acudía a los toros acompañado de su nieto, un simpático chaval residente en Italia. Seguro que el abuelo explicó durante la lidia al nieto que en estos tiempos de tecnologías y ovejas clónicas, él y su hermano vivieron una de las últimas aventuras del siglo XX, ser torero.
Yseguimos en esta burbuja del tiempo, donde los mismos que hace quinientos años armaban el arcabuz contra un ciento de herejes, se la juegan hoy con el toro. Uno de ellos fue Rafael Ortega Domínguez, que ayer estaría encantado.
Hubiera disfrutado con el Panaderito, como el llamaba a Juan José Padilla, que abrió la puerta grande de El Puerto tras una faena completa, de pitón a rabo, en la que también se pasó el toro por la barriga con unos muletazos más buenos que la mar. Hubiera disfrutado con Cristo González, como de hecho disfrutó muchas tardes, y con el debut de luces de hijo de Teresa Rivera, sobrino de su amigo Paco a quien tanto quería.
El nieto de Baldomero Ortega, y sobrino nieto de Rafael Ortega podrá sacar pecho de sus antecedentes toreros en el recreo de una escuela romana este invierno. Si es así, habremos ganado una pequeña batalla en Europa y tal vez este Ortega, algún dia, monte la espada como corresponde a su casta.
Y fue aquel minúsculo Panaderito, que en sus recreos desde muy niño soñaba ser como Rafael Ortega, el triunfador de la tarde en El Puerto con una puerta grande a ley. Fueron dos orejas rotundas y aún había pañuelos para pedir el rabo.
Juan José estuvo muy bien, con ese aire de torero honrado que sale a darlo todo lo mismo en El Puerto que en Madrid -donde cortó una oreja y lo repiten- o que en Villadiego de Burgos, donde la víspera de esta corrida había desorejado un toro de Paco Galache.
Fue la faena de la tarde y puede que la de muchas tardes. Desde la larga de rodillas inicial hasta la estocada citando a recibir, la faena de Juan José Padilla fue un compendio de sus deseos de agradar, con el capote, con las banderillas, con la muleta y con la espada. Los lances del principio, la colocación del toro al caballo por delantales... el toro era noble pero escaso de fuerzas y además Padilla le dio importancia.
Con las banderillas, sensacional el de Jerez en los dos toros: andando para atrás, cuarteando de espaldas, saliendo desde el estribo, clavando reunido en el platillo de la plaza... puso a la gente de pie en los dos tercios.
Con firmeza y mando en los muletazos, Padilla cuajó una faena con calidad en los derechazos, ligazón en los remates y pulcritud en los naturales. Irreprochable, una labor de mucho vuelo, lo que los taurinos llaman importante. También hubo sitio para las alegrías del molinete, el péndulo, los circulares invertidos con una atronadora ovación cuando salía, fácil y toreramente, andando de la suerte.
Mantuvo interés, ganas y agallas con su segundo, un toro sin fijeza y distraído que tiró cornaditas en el engaño. Padilla lo sobó y trabajó en la muleta con lucimiento pero falló a espadas con estrépito. Fue ovacionado cálidamente.
Canales Rivera cortó una oreja en su debut en El Puerto. Se le vio con muchas ganas en su primero, lo esperó a porta gayola y tuvo el detalle de sacarlo sin dilaciones a la boca de riego, donde pesa más el toro, y plantarle cara del tirón al natural. El toro era brusco y se revolvía buscando después de un corto recorrido. De hecho por poco coge al torero en un molinete de rodillas. Su segundo también tuvo guasa en una faena porfiona que el público entendió y premió con la oreja. Fue mal picado y tiró cornaditas en la franela y en el percal. El torero a fuerza de bajar la mano entusiasmó en dos series muy peleadas y se fue haciendo con el toro hasta el punto de ligar el circular. La adecuada respuesta al toro y una eficaz estocada en su sitio dieron paso a la oreja.
Cristo González pechó con el peor lote, un cabeceante primero al que le ligó una faena con buenos pasajes afeada por dos desarmes y el parado y soso cuarto que embestía a regañadientes, optando el torero por adentrarse en la encornadura del parado animal, siendo aplaudido. Su primero, que fue un toro con evidente peligro y que le echó feamente mano tras un desarme con el capote, por suerte sin consecuencias, tal vez quedó sin picar, todo lo contrario que su segundo.


Cádiz Información.. LUIS RIVAS. El Puerto de Santa María . Padilla abrió la Puerta Grande.

Un año más Juan José Padilla abrió la Puerta Grande, por su valor, entrega y torería. El jerezano está rabioso, buscando encaramarse en todo lo alto del escalafón y conseguir su sueño: ser figura del toreo. Canales Rivera a fuerza de exponer y jugársela logró arrancar una oreja en el último. Cristo González no encontró el toro ideal para su exquisito toreo en el cuarto.

El encierro de Gavira tuvo un toro importante, ese fue el segundo. El primero, con movilidad, tenía complicaciones por el pitón izquierdo. Del resto poco o nada hay que sacar. Sosería, falta de transmisión, descastados y algunos con peligro, como el sexto.

La rivalidad comprovinciana se vio reflejada en los tendidos, donde hubo más público que en las dos anteriores corridas. En honor a la verdad faltó más rivalidad en el ruedo, concretamente en el tercio de quistes. Ya se sabe que los matadores no se quieren molestar unos a los otros y solamente los novilleros salen arreando y picados. Así está montado el toreo actualmente.

El chiclanero Cristo González tuvo un lote bien distinto. En el primero, al que recibió con suaves lances, resultó atropellado al perder pie. Midió perfectamente el castigo y brindó al público. El toro, que tuvo recorrido, iba mejor por el derecho y tenía algunos problemas por el otro pitón, subrió varios enganchones. Bajó la mano en dos excelentes series por la derecha con templanza y técnica, estando acertado en su labor, careciendo en algunos momentos de transmisión. Con el cuarto estuvo cumplidor con el capote. El brindis lo realizó a una localidad de barrera de sombra, que se encontraba vacía y según pudimos enterarnos era como homenaje al desaparecido maestro Rafael Ortega. Al animal, soso y sin transmisión, le faltó fuerzas y Cristo inició bien la faena de muleta por estatuarios. A base de exponer logró un toreo de calidad en muletazos con cadencia y largueza, superando la manifiesta sosería. Una pena porque el torero estaba muy ilusionado en esta corrida después de su brillante actuación en Sevilla el sábado, donde dio una vuelta al ruedo.

Como siempre ocurre con Padilla, éste salió con hambre de triunfo y enrabietado. Así lo demostró en una larga cambiada con la que saludó al primero. El jerezano ha banderilleado con poder y excelente fondo físico a sus dos toros. Hubo varios pares sensacionales como el tercero del quinto. Cuadró, reunió y dio el pecho, sacándose los palos desde abajo. Se le entregó el público y tocando las palmas por bulerías. Pero más importante fue la faena al bravo y noble segundo. Lo entendió muy bien colocándole la muleta y haciendo un toreo reposado y templado por ambas manos. Quizás en algunos de los muletazos hubo algo de aceleración. En el quinto estuvo por encima de las condiciones del animal. Fue un toro que llegó a la muleta defendiéndose, rajado y que punteaba. El nuevo Ciclón de Jerez lo suplió con emoción y torería. Aguantó en varios muletazos muy encunado y el tremendo valor quedó una vez más demostrado. Deficiente en el manejo de los aceros, emborronó su actuación.

Canales Rivera se jugó la vida con el último, un cinqueño con peligro, que empujó en varas. Estuvo muy atento y dominador bajándole la muleta cuando el toro constantemente le echaba la cabeza arriba. Aún así logro dos series con vibración a fuerza de estar muy cerca llegando a emocionar al público. Tras los momentos intensos, remató y rubricó con una gran estocada. Con el tercero, gazapón y que miraba por encima del palo de la muleta, lo saludó a porta gayola con una larga cambiada. Sólo le dejó realizar una faena de altibajos con pases sueltos. Hubo voluntad y deseos. Cayó en la cara sin consecuencias, haciéndose el quite. No hubo más.


Festejo de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Noche del sábado, 22 de agosto 1998

Crónicas de la prensa: Diario de Cádiz

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  seis de Joaquín Barral desiguales de presentación y caras. Corrida parada, mansota ofreciendo mejor juego el noble y pastueño tercero ovacionado en el arrastre y el sexto, que terminó mansón y rajado, premiado con una vuelta al ruedo. Un encierro noble pero escasito de casta.

Diestros: 

  • Emilio Múñoz: verde oliva y oro, que sustituía al lesionado César Rincón, pinchazo bajo y medio bajonazo (palmas); pinchazo, medio metisaca bajísimo y más de media tendida (saludos).
  • Jesulín de Ubrique: salmón y oro, estocada (palmas); corta perpendicular caída (división).
  • Morante de la Puebla: rosa pálido y oro, nuevo en esta plaza, pinchazo y estocada caída (dos orejas); estocada desprendida con desarme (dos orejas y rabo). Salió a hombros.

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:  -

Presidente: Fernando Gago.

Incidencias: -

Entrada:  media entrada.

Tiempo: noche de temperatura agradable.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . Morante de la Puebla cortó cuatro orejas y un rabo y salió a hombros en la nocturna de El Puerto.

Por fin debutó Morante en El Puerto -de novillero, cogido, apenas se abrió de capa- triunfador de la Feria de Sevilla, apenas un año de alternativa y dueño de un toreo con gusto, elegancia y lo que se dice gracia.

Un toreo que se desplegó en todo su valor en El Puerto la noche del sábado. La lidia grácil, la figura incoscientemente compuesta, con ese toque de ángel que tiene algunos toreros que no necesitan forzar la figura ni componerla, dotados de natural estética.

Tuvo el mejor lote, el pastueño y noble primero y el sexto, un toro que terminó rajado pero que fue útil instrumento para que el torero entusiasmara con sus maneras y otra bonita faena.

Antes hay que reseñar que Jesulín incumplió el reglamento y no estuvo en la plaza quince minutos antes. Al no aparecer en el desfile, el público abroncó al usía que hacía gestos de que con él no iba la cosa.

Cuando apareció el torero, se llevó una buena bronca. Creo que El Puerto de Santa María merece más respeto por parte del de Ubrique. Ya está bien de llegar tarde. Y en cuanto al presidente, al menos podría haber explicado por megafonía el retraso antes del mermado paseíllo.

No fue el único patinazo de Fernando Gago, que con visión deforme de la realidad le regaló una vuelta al ruedo al sexto, un toro que se rajó. Esa no es la manera de darle categoría a El Puerto y menos de atender peticiones, ya que apenas pidió nadie la vuelta. Si en el palco se premia con el pañuelo azul a un toro de estas características, cuando salga uno de bandera habrá que cerrar la plaza.

Emilio Muñoz no llegó a interesar pues ni sus toros ni sus maneras dijeron gran cosa al respetable. El lote, soso y vulgar sin desdeñar el peligro que tiene todo toro de lidia, no propició grandes faenas y además no se tiró a matar como se debe, por arriba.

Jesulín consiguió cambiar la bronca por jaleos con el capote a su primero, pero la falta de casta de sus toros se sumo a la imagen que ofreció de torero cansado o desganado. Tampoco fue bueno su lote. Su descastado primero tomaba el engaño a regañadientes y se le paró en el centro de la suerte y su segundo tuvo guasa y, cosa rara en un torero tan dominador como este, por poco se le vino arriba. Fue despedido con bronca y su cuadrilla se desmonteró al completo en ambos toros.

También se desmonteró la cuadrilla de Morante. El torero estuvo sensacional, inspirado. Compuso dos faenas bonitas. La primer con más verticalidad y gracia, la segunda con pasajes llevando al toro en largo viaje por redondos, ambas entre el clamor del público.

Su primero pareció ofrecer de salida más dificultades que las que luego tuvo, pastueño noble, con ritmo... menos ultrajante para El Puerto hubiera sido una vuelta al ruedo a este toro que al rajado segundo de Morante. Churumbelerías fue el fondo musical de la primera faena de muleta del de La Puebla en El Puerto y que sean muchas más, si son tan bonitas como esta.

El inicio torerísimo, los cites de largo, la muleta planchada, el pase de pecho largo y marcado al hombro contrario sin desplazar al toro. La lidia al natural fue emotiva, ligando los pases como pinceladas con el vuelo de la muletilla, engarzando con el de pecho por los muslos con el torero hierático, con la indiferencia del artista en la ejecución de la obra maestra, serio y reunido consigo mismo, el pulso inalterado.

Con el sexto, además, el recital de medias y verónicas a pies juntos y abriendo el compás o chicuelinas al paso. Una pena que otras incidencias de la corrida le hayan robado líneas a este torero. La faena de muleta un clamor de pinturerías y muletazos sin pie forzado por ambos lados a otro toro noble, colaborador, pero muy justito de raza. Que repita pronto Morante.


Festejo 10º de abono
Plaza de toros de El Puerto de Santa María
Tarde del domingo, 23 de agosto 1998

Crónicas de la prensa: Diario de Cádiz

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  seis de Partido de Resina, antes Pablo Romero, bien presentados, varios aplaudidos de salida, y de buen juego destacando los tres últimos, el sexto muy bueno.

Diestros: 

  • Emilio Silvera: barquillo y oro, nuevo en esta plaza, pinchazo y estocada atravesada que asoma (saludos); pinchazo, más de media aguantando y cuatro descabellos (silencio tras aviso).
  • Domingo Valderrama: añil y oro, pinchazo saliendo perseguido y cogido y casi entera (saludos tras aviso); pinchazo, pinchazo hondo bajo y descabello (silencio).
  • Oscar Higares: nazareno y oro, pinchazo al encuentro y estocada (ovación); pinchazo saliendo perseguido y estocada desprendida (división).

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron:  Miguel Conde saludó montera en mano en el cuarto.

Presidente: Juan Gómez.

Incidencias: -

Entrada:  un tercio de entrada.

Tiempo: viento de Levante.


Diario de Cádiz.. FRANCISCO ORGAMBIDES. El Puerto de Santa María . La terna fue incapaz de dar ni una sola vuelta al anillo portuense.

Terminó el abono de El Puerto con al impresión de que había habido más toros que toreros, de que aquel encierro de Partido de Resina, antes Pablo Romero, tuvo mucha más tela que cortar que la que efectivamente se cortó. Porque seguro que a corridas como estas de Pablo Romero se apuntan unos cuantos.

En su descargo hay que decir que la tarde tampoco era propicia para el toreo por las ráfagas de levante. Con los toros que tienen que tragar ternas como estas, el viento es enemigo invencible, que se alía con el astado y destempla muletas y corazones.

La agradable sorpresa fue encontrar un encierro que ofreció buen juego, de los llamados toristas y que hacen ascos las figuras del escalafón. El hierro no traía buena nota. En los últimos años su enésimo titular con el apellido ganadero de Pablo Romero -se nos había repetido hasta la saciedad- intentaba salvar el encaste. Por fin el pasado año emprendió una operación innovadora de crear una fundación que mantuviera la ganadería. Tampoco cuajó la cosa y tuvo que vender a los actuales propietarios.

Aquellos toros con los que Miguelín ligó grandes triunfos o con los que cuajara Galloso un sensacional quite por chicuelinas, no tenían cartel.

Pero debe haber esperanzas porque la corrida de ayer gustó en El Puerto, bien presentada, con sus armas y sus culatas... chatos los toros, los ojos achinados y ofreciendo interesante juego. Ya sabemos las múltiples objecciones que un profesional le puede oponer a una corrida de toros como la de ayer, pero nosotros sólo somos público, ni siquiera tenemos para los taurinos categoría de aficionados porque dicen que no hay aficionados, que caben en un autobús. Nosotros sólo somos la masa y a la masa le gustó la corrida.

Una corrida que merecía que se le sacara más partido. La terna, bien por poco placeada o bien por pocas luces para redondear faena, no consiguió dar ni una vuelta al ruedo, balance escasísimo dados los aplausos que recibieron los toros.

Incluso el último, noble y con recorrido quedó por encima de su matador, Oscar Higares. Fue un toro para el que el público pidió la vuelta al ruedo y no la concedió el presidente Juan Gómez. Este es el problema, la falta de criterio que desorienta al respetable. Unos días aflora el pañuelo con pasmosa facilidad y leve petición y otro, ayer, no hay quien consiga un arrastre lento para un toro pese a que se pidió clamorosamente. El público se enfadó con el presidente Juan Gómez que recibió una sonora bronca. Un desacierto más del palco en este serial en el que no han dado pie con bola ni antes, ni durante la corrida.

Imaginamos que después de la corrida tampoco, un año más no pasará nada y no habrá ni una triste multa, ni siquiera una denuncia porque aquí sólo se persigue la reventa y los malos aparcaminetos... y ni eso.

Del ruedo poca cosa hay que contar porque pasó muy poco. El primero de la suelta fue muy escaso de fuerzas y de muy corto recorrido y no fue picado. Silvera, nuevo en esta plaza, hizo sonar la música en las primeras series con al derecha, las únicas que tuvo el toro que se paró al igual que la música.

Con el cuarto cuajó buenas series de muletazos pero sin llegar a redondear. El de Huelva se esforzó con un toro al que le faltó un punto de transmisión pero que tuvo interés y gustó al público, que lo aplaudió en el arrastre.

A Domingo Valderrama se le vio un poco desorientado con su primero, un toro que tuvo peligro en la ventosa tarde. El de Sevilla no encontró el tratamiento propicio en una faena sin hilazón, más de probaturas que de otra cosa. Para colmo fue perseguido y cogido después de entrar a matar y tuvo que pasar a la enfermería, por suerte sin nada más que una contusión.

Tampoco pareció ser enemigo propicio su segundo, un toro con dos lecturas porque mientras para unos se le fue al torero, para otros fue un animal peligroso y destemplado que dio muy poco de sí.

Higares con el tercero no dejó nada para la historia. Fue un toro que tuvo movilidad y que el madrileño tardó en sujetar. Al final le pudo espaciar las series pero ya la impresión que dejó fue que había desaprovechado el toro.

El sexto fue el gran toro de la tarde, un astado con movilidad, prontitud y raza. «Candilejo» tuvo presencia .

 

 

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