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Festejo 4º de abono
PLAZA DE TOROS DE JEREZ
Tarde del viernes, 10 de mayo de 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Juan Pedro
Domecq (desiguales de condición y
presentación. Al 4º se le dio la vuelta al ruedo).
- Finito de Córdoba,
estocada (oreja); estocada
contraria tendida, descabello (dos orejas).
- Juan José Padilla,
estocada (dos orejas); dos
pinchazos, descabello (ovación).
- El Juli, bajonazo
(ovación); estocada, dos descabellos (dos orejas).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, Diario de Cádiz, Marc
Levie (en francés).
El País.
JUAN ORTEGA. Nada para el recuerdo
Nada para el recuerdo y Paquito el
Chocolatero, que, a paso de marcha, se ha convertido en el himno
oficial de la plaza. El cartel de 'no hay billetes' aseveraba que no
quedaba un sitio y hubiera sido necesario otro cartel que rezando 'hay
toros' asegurase que los había porque, a la hora de la verdad, lo que
más se pareció a un toro fue el quinto.
La cosa no transcurría por senderos
de gloria cuando salió el cuarto, un cinqueño de planta algo mular,
que se comportó discretamente en los dos primeros tercios y llegó a
la muleta desentendido, sin fijeza y presto a la huida indolente. El mérito
de Finito estuvo en someter una embestida violenta, lo que consiguió
a base de firmeza, haciéndolo pasar en redondo para quebrantarlo y
provocar el crujido de las costillas, templando lo destemplado con
gran solvencia técnica. No hubo exquisitez, pero sí un buen tono
general y una vuelta al ruedo que se le dio al toro para pagar el
peaje. En el primero, Finito mantuvo en pie una ruina con apariencia
de vaca preñada y enferma: un medio toro al que administró medios
pases.
El quinto salió con mejores hechuras
y más propenso a humillar. Padilla le hizo de casi todo con capote y
banderilla; con la muleta estuvo hecho un dolor, sacando hacia fuera
una embestida que puso de manifiesto que la chica, aunque fea, era
honrada. En el segundo de la tarde hubo más equilibrio entre los deméritos
de ambos contendientes, que se hartaron de encontrarse sin que
surgiera el toreo en ningún momento. Eso sí, la estocada lo fue con
todos los honores.
Incomprensiblemente, a El Juli le
enlotaron sus dos enemigos con los pies: ambos zancudos, hechos cuesta
arriba, altos de cara. El tercero topaba con trote cochinero,
deambulando de aquí para allá sin fijeza, y lo más curioso es que
fue a peor. Con tal material, sólo porfía encomiable. El sexto
perseguía con los cuernos a los pájaros y presentó al final más
genio que bravura, necesitando que El Juli le bajara la mano para
someter una embestida que pronto quedó en recuerdo.
Hubo espectacularidad en banderillas,
tanto en los dos tercios que compartieron Padilla y El Juli como en
los que cumplieron en solitario. Los barberos, fatal.
Diario De Cádiz. FRANCISCO
ORGAMBIDES. Finito,
Padilla y El Juli salen a hombros
Vaya corrida, una tarde con finale feliz en la que lo único que no
acompañó fue el clima. Es para estar contento. La empresa porque puso
el “No hay billetes”, primero de sol y luego de sombra. El ganadero
sin duda feliz porque la corrida tuvo nobleza y “sirvió” y para
remate a uno de los toros le premió con la vuelta al ruedo. Fue un
“Gitano” número 25, negro mulato y de 543 kilos. El presidente,
Eduardo Ordóñez, se apresuró a sacar el pañuelo azul y apenas hubo
tiempo para que algún aficionado le pidiera la vuelta al ruedo para el
toro. No se equivocó, el público se sumó entusiasmado.
Los toreros también contentos porque salieron a hombros y el público
delirante: se lo pasó muy bien, tocó palmas por bulerías, se levantó
de los asientos... Una tarde muy completa para todos. Si esto pasara
todos los días habría más plazas de toros que cines.
Pero esto es de verdad, aquí no se muere de mentirijillas que dijo
Frascuelo al actor Julián Romea. Hubo uno que se la jugó toda la
tarde, con hambre de toro que fue Juan José Padilla. Porque su primero,
que desparramaba la vista aunque metía la cara con nobleza, le midió
un par de veces y terminó husmeándole los golpes del traje de luces.
El Ciclón de Jerez ni se inmutó, y se pegó un arrimón de cuidado. El
suyo fue el lote con menos posibilidades y estuvo por encima.
El torero de Jerez está preparadísimo, todo fibra, con muchísimas
ganas de agradar. Compartió tercios de banderillas conEl Juli y consumó
grandes pares, cerrando en el sexto con el que los rejoneadores llaman
“al violín” y los méxicanos “par de Calafia” porque se dio por
vez primera en la plaza que lleva el nombre de esa reina indígena, en
Nueva California. Se llame como se llame gustó mucho.
Con el quinto, un toro más tardo pero de franca embestida, Padilla
comenzó toreando muy depacio, que él también sabe, pero el animal se
fue apagando y se arrimó el torero arrinconando al toro en tablas y
tirando los trastos en un desplante. El fallo a espadas le hizo perder
el trofeo.
Finito de Córdoba por su lado dejó su sello de toreo de calidad y
temple. Su primero era noble pero soso, con la cara a media altura
aunque fue de menos a más. Le cortó la oreja con aseo, pulcramente,
andándole muy bien y con mucha soltura.
Pero el cuarto fue el toro de la tarde para la muleta. Finito lo vió
y aunque después del caballo -la suerte de varas fue casi testimonial
en toda la tarde- y antes de la faena el toro salió por pies hacia
chiqueros. Finito no dudó y fue a por él para componer una preciosa
faena con sus suaves embestidas. Toreo caro y bueno por ambos pitones,
largo y despacio. Una faena para saborear, de filigrana y alta escuela y
de dos orejas.
Y El Juli ni se quedó atras en banderillas ni con la zurda. En su
primero perdió el trofeo por el bajonazo, pero ligó muy bien con la
izquierda al natural aunque cuando sí que estuvo superior fue con el
sexto, otro animal noble pero con su picantón. Lo metió en la pelea de
menos a más, ligandolo despacio con la zurda y cerrando con
extraordinario corte torero y un volapié a ley. Una tarde de esas que
decían los antiguos que eran de salir dando pases por la calle.
Marc Levie. Finito,
magistral
Triomphale corrida de Juan Pedro Domecq, succès de
trois toreros, mais le meilleur toréo a été celui de Finito de Córdoba,
qui a retrouvé à Jerez toute la pureté et l'intensité de son art.
Majestueuses les véroniques pour recevoir le
premier. Et la demie. Un toro sans grande force et d'une incroyable
candeur, passant et repassant avec une douceur angélique. Du prêt à
toréer. La réplique fut la douceur de la muleta du cordouan, balayant
le sable. Une estocade en basculant, d'effet rapide, et premier tour de
piste au son de "Paquito Chocolatero". Le quatrième, âgé de
cinq ans et demi, tarda à se définir, sortant seul du cheval, mais il
libéra au dernier tiers une charge vibrante, de grande classe,
parfaitement exprimée par la muleta de Finito. Faena magistrale,
muletazos interminables, superbes enchaînements, … Une estocade
remarquable… mais d'effet lent, nécessitant un descabello. Tour de
piste posthume au toro – au son de palmas par bulerías – et deux
oreilles pour un torero rayonnant.
Juan José Padilla donne tout et plus que lui même
lorsqu'il torée chez lui. Il partagea les banderilles avec le Juli
devant le deuxième mais la musique oublia curieusement de jouer… Il
batailla ensuite avec une énergie incroyable devant un toro qui galopa
bien en début de faena avant d'être plus méfiant à la courte
distance imposée par le torero. Il monta sur le toro pour enterrer une
estocade sans puntilla. Délire sur les gradins. Padilla aurait pu
couper une autre oreille du cinquième, après une faena similaire, s'il
n'avait pas échoué avec l'épée et le descabello.
Le Juli fut templé et centré face au troisième,
distrait, qu'il tomba d'une estocade en perdant la muleta (bruyante pétition
d'oreille). Le sixième, de moindre présence, lui permit un quite serré
par chicuelinas avant une faena techniquement parfaite, en décomposant
bien les temps de passes et en liant sur place, terminant par de précieux
doblones qui firent rugir la plaza. Une estocade en plongeant, deux
descabellos, deux oreilles et tout le monde en selle. |
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