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Festejo 3º de abono
PLAZA DE TOROS DE JEREZ
Tarde del viernes, 16 de mayo de 2003
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Juan Pedro Domecq
(de juego desigual, destacando el primero).
Diestros:
-
Joselito (dos orejas y ovación).
- Juan José
Padilla (ovación y oreja con fuerte petición de la segunda, dos vueltas
al ruedo y bronca al presidente por no conceder el trofeo).
- El Juli
(una oreja y una oreja).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: ABC, Diario de Cádiz
ABC.
FERNANDO CARRASCO. Joselito recupera el
ánimo y torea, que no es poco
En estos tiempos que corren, ver torear a José Miguel Arroyo,
Joselito en los carteles, es algo que se agradece. El torero de Madrid
parece que tras su paso por Sevilla -donde apuntó pero no terminó de
disparar- y de su primera comparecencia madrileña, donde pintaron
bastos de los gordos, ha recuperado el ánimo. Y si encima se encuentra
un toro como el primero de ayer que propicia el toreo, mejor que mejor.
José, como le llaman los suyos, anduvo queriendo toda la tarde, tanto
en el nobilísimo primero como en el cuarto, de deslavazadas y
descompuestas embestidas. Con el que abrió plaza toreó, que no es
poco. Con el otro, lo intentó y hasta se permitió la licencia de
brindarlo al respetable, algo inhabitual en el torero capitalino.
Sus compañeros de terna tuvieron peor suerte con los lotes. A pesar
de ello se cortaron orejas. Juan José Padilla «embistió»
literalmente cuando sus dos oponentes, muy bajos de raza, se negaron a
hacerlo, provocando una trifulca tremenda a la muerte del quinto, cuando
el presidente Eduardo Ordóñez se negó a conceder el segundo trofeo.
Le mentaron la madre y toda la parentela además de compararlo con el
macho de la cabra, ya saben, en varias ocasiones que debieron escucharse
hasta en Sanlúcar de Barrameda. Y El Juli, sacando agua de unos pozos
no demasiado potables que fueron sus toros de Juan Pedro Domecq. Al
final, los tres espadas -porque a Padilla también lo
alzaron-abandonaron el coso de la calle Circo por la puerta grande.
Un deleite
Escribíamos al principio que Joselito recuperó el ánimo.
Vaya si lo hizo. Ese primero de Juan Pedro Domecq tuvo tranco en sus
embestidas iniciales. Aseado con el capote el de Madrid, dejó
constancia de sus ganas en un quite a pies juntos. El «juampedro» tomó
la muleta con prontitud y nobleza y Joselito, que comenzó con unos
estatuarios y pases de desprecio muy estéticos, se llevó al toro a los
medios para desgranar una faena larga pero cuajada de series de muy buen
gusto. Primero por la derecha, donde los muletazos tuvieron temple y
ligazón; luego por la izquierda en una serie que preludió un ramillete
de muletazos diestros distribuidos en varias series. El temple y el
mando; la tersura a la hora de correr la mano y el sentimiento en los
pases de pecho. Fue acortando sus embestidas el astado y Joselito ganándole
terreno para, mucho más pausado y de uno en uno, prodigarse en más
muletazos sobre ambas manos. Un deleite ver a José Miguel Arroyo así.
El único pero, la extensión de la faena. Hay que medirlas más,
torero. Luego, un estoconazo de libro y dos orejas de peso. De verdad.
El cuarto se le cruzó varias veces y se fue al cuerpo del torero,
derribando espectacularmente al picador Manuel Sayago, que se le cayó
el caballo encima y no sé todavía cómo no lo reventó. El de Juan
Pedro repitió en embestidas muy descompuestas. Aquí intercaló el
diestro muletazos de buen trazo con otros más embarullados y
enganchados. No era un toro para el triunfo, aunque Joselito lo intentó,
que no es poco.
Un ciclón
Juan José Padilla salió a revientacalderas en el segundo.
Cuatro faroles de rodillas pusieron aquello a hervir. El tercio de
banderillas, compartido con El Juli, predispuso al respetable.
Lamentablemente, el toro se desfondó a las primeras de cambio y tras un
comienzo de faena esperanzador, el de Juan Pedro miraba constantemente
de reojo las tablas, saliendo con la cara alta de los muletazos. No quería
«Alerta» -vaya nombrecito de toro- y sí Juan José.
Pero más quiso ante el quinto, donde cuajó un excelente tercio de
banderillas el jerezano después de que el «juampedro» se le viniese
con el capote al pecho. Otro toro que se acabó muy pronto, demasiado,
echándose incluso. Así que el «Ciclón» echó mano de su casta y
atacó a tumba abierta, robándole los pases, sacando de donde no había
y exponiendo más allá de lo imaginable en series de molinetes de
rodillas y desplantes de igual guisa. Un torbellino este Padilla, que se
volcó en la estocada. Después vino el lío antes reseñado.
El Juli se encontró con un primer toro con muy poca clase que
embistió a arreones. No se rompió en ningún momento y Julián sacó a
relucir sus recursos para construirle una faena variada aunque carente
de hondura. No podía haberla con este material. Eso sí, un estoconazo
fue el detonante para la oreja.
Mejoró la cosa ante el sexto que aunque tuvo una embestida incierta,
repitió. Lo pulseó bien el torero de Madrid, que tuvo la virtud de no
molestarlo en demasía, por lo que el de Juan Pedro duró más hasta que
se rajó. Allí, al hilo de tablas, El Juli volvió a robarle pases que
fueron rubricados con otra estocada de efectos fulminantes y que sirvió
con mucho para la concesión de oreja.
Diario De Cádiz. FRANCISCO
ORGAMBIDES. Triunfo
para los toreros y broncazo al presidente
El protagonismo de la tarde se lo repartieron los
toreros y el presidente, Eduardo Ordóñez, que recibió una sonora
bronca del respetable por denegar la segunda oreja del quinto toro a
Juan José Padilla, que pedía el público con insistencia.
La corrida iba de más a menos, El bondadoso primero fue uno de esos
toros que el ganadero busca y calificó un día en incomprendido
concepto como "toro artista". Este "Susurro",
bizcochón, dulce y melodioso, fue tan toro artista que hasta tenía a
su madre esperándole en el camerino.
Joselito le cortó las dos orejas. Padilla salió rabiosamente a por
todas en el segundo pero se apagó el bicho y todo quedó en una ovación.
El Juli le cortó la oreja al tercero y Joselito, con la puerta grande
ya abierta, echó una peoná en el cuarto, pero se quedó sin trofeo.
En ese contexto cuando Padilla salió a lidiar al quinto estaba
arrancado. Tenía que abrir la puerta grande como fuera y se le notaba.
De esa segunda oreja dependía su triunfo y la réplica a sus compañeros
de terna.
Dos figuras frente a Juan José Padilla, que también está en los altos
del escalafón, pero royendo huesos muy duros. Cuando se encuentra
jugando en casa, donde además le ovacionaron muy fuerte cuando asomó
para el paseíllo, a plaza llena, con dos figuras y con toros de figuras
como los de Juan Pedro Domecq, artistas por más señas, el torero de
Torresblancas, nuevo Ciclón de Jerez también por más señas, estaba
loco por abrir la puerta grande cortando lo que hiciera falta.
En esa situación, con la adrenalina a tope y tras dar una vuelta al
ruedo por el espectacular tercio de banderillas... se raja el toro y se
echa. Decepción. Padilla se dedicó a arrancarle las orejas a base de
esfuerzo, de exponer, de adentrarse en la jurisdicción, y también -que
todo hay que decirlo- de efectismo ante un toro muy apagado y carente de
acometida. Hasta el péndulo de rodillas le hizo. Tras el esfuerzo y la
estocada el público sacó los pañuelos y el presidente también el
suyo, pero solamente una vez. Y ahí comenzó la sonora bronca, los
gritos de fuera al palco y las desabridas miradas de Padilla hacia el usía.
Muy molesto y con una mirada de rabia innegable.
El presidente aguantó el chaparrón mientras el público digería el
disgusto. La digestión duró todo el sexto toro porque de vez en cuando
uno se levantaba y llamaba al presidente, mientras un mortificante coro
hacía alusión a una de las acciones definitorias de los mamíferos
antes del destete.
Pero esto no puede enturbiar la buena disposición de Joselito, que tuvo
un toro de lujo, un bombonazo, el primero.
Joselito estuvo a gusto porque la faena -el presidente no tiene el mismo
rigor con el reloj que con las orejas- duró una eternidad, igual que
las del cuarto y sexto.
Eso sí, hubo belleza embarcando ese toro en las bambas de la muleta y
mandándole con los vuelos en un suave golpe de muñeca: una
preciosidad. Todo ellos con parsimonia, torearía y despaciosidad.
El cuarto, segundo de Joselito fue difícil en la brega, se coló y
derribó al picador Sayago a quien le cayó el caballo encima. Cortó en
banderillas pero Joselito lo brindó al público. Y si no llega a estar
el toro descompuesto en la muleta y no pincha, le toca pelo. Muy bien
Joselito, con ganas.
El Juli mató soberanamente sus dos toros ayer, con dos buenas
estocadas. A su abantón primero le ligó una faena con altibajos, los
mismos del el toro, cortó al oreja.
El segundo de El Juli fue un toro trompicado y descompuesto con el que
el madrileño evidenció que quería sacarle el máximo partido. Más
encastado el toro, cuando por fin ambos se acoplaron sonó la música.
Al final el público y los toreros, que son buena gente y mueren por los
finales felices, aplaudieron a rabiar a Padilla, que tuvo que compartir
la ansiada salida a hombros con sus compañeros. Total, por una oreja
peluda. Unas tan baratas en esta plaza y otras tan caras.
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