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Temporada
1997 Temporada 1998 Temporada
1999
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Temporada
2003
TEMPORADA
2001
II Encuentro Internacional de Escuelas
Taurinas
Sábado, 27 de octubre. Becerros de El
Torero, (buenos en general), para Iván Villasante, de la E. T. de
Valencia (vuelta al ruedo), "El Chispa", de la E.T. de
Albacete (vuelta), Pierre Catarutti, de la E.T. de Nimes (vuelta al
ruedo), Daniel Martín Reyes, de la E.T. de Salamanca (oreja), José Mª
Copano, de la E.T. de Jerez (oreja), Talavante Rodríguez, de la E.T. de
Badajoz (dos orejas). Lleno.
Domingo, 28 de octubre. Becerros de Salvador
Domecq (muy bien presentados), para Jesús Herrera, de la E.T. de
Algeciras (Cádiz) (saludos), Jonathan Gabarri, de la E.T. de Castellón
(saludos), José Manuel Cubiles, de la E.T. de Benidorm (Alicante), (oreja),
Aguilar Caravana, de la E.T. de Madrid (oreja), José Galinsoga, de la
E.T. de Alicante (dos orejas), Bruno Miguel Silva, de la E.T. de Vila
Franca de Xira (oreja). Lleno.
Feria del Caballo
Del 15 al 20 de mayo
Triunfador: Juan José Padilla,
por su actuación el 18 de mayo
Ganadería triunfadora: Torrealta
Martes, 15 de mayo. Toros de Gerardo Ortega
(desiguales de presentación), para Rafael
Osorio (oreja y dos orejas), El Tato (ovación
y ovación)
y Dávila
Miura (silencio y dos orejas). Crónica de
El País.
Miércoles, 16 de mayo. Festejo de
rejones. Toros de Fermín
Bohórquez (bravos), para Fermín
Bohórquez (silencio), Luis
(ovación con saludos) y Antonio
Domecq (ovación con saludos) y Hermoso de
Mendoza (dos orejas). Por colleras Fermín Bohórquez y Pablo
Hermoso de Mendoza, dos orejas; y Luis y Antonio Domecq, ovación con
saludos. Salieron a hombros Fermín Bohórquez, Hermoso de Mendoza y
Antonio Domecq. Tres cuartos de plaza. Crónica
de El País.
Jueves, 17 de mayo. Toros de Juan
Pedro Domecq, para Espartaco
(saludos y oreja), Joselito
(saludos y saludos) y Jesulín de Ubrique
(oreja y oreja).Crónica de El País.
Viernes, 18 de mayo. Toros de Torrealta
(desiguales de presentación),
para Enrique Ponce
(aviso y silencio; aviso, oreja y petición de segunda), Juan
José Padilla dos orejas y rabo simbólicos; ovación y saludos) y El Juli
(ovación y saludos; dos orejas). Crónica
de El País.
Sábado, 19 de mayo. Toros de Núñez
del Cuvillo (nobles y complicados), para Finito
de Córdoba (ovación con saludos y silencio),
José
Tomás (ovación tras aviso y dos orejas) y Morante
de la Puebla (pitos y palmas). Lleno de no hay billetes. Crónica
de El País
Domingo, 20 de mayo. Erales de Torrestrella para Álvaro Márquez,
Tirado Ponce, Caro Gil, José Antonio Perdigones, García Herrera y
Miguel Maestro.
Festejos celebrados
Sábado, 3 de febrero. Festival benéfico
contra el cáncer. Erales de Bohórquez,
Marqués de Domecq, Domecq
Bohórquez y Núñez
del Cuvillo, para el novillero sin picadores José Antonio Tirado
Ponce, alumno de la escuela de Tauromaquia de Jerez, en solitario.
Crónicas de la prensa
El País. JUAN ORTEGA. Domingo,
20 de mayo´2001. El Rey Sol
Si ayer Enrique Ponce reinaba en compañía de caballeros, hoy, en
este reino taurino, el monarca absoluto es José Tomás, que tiene la
virtud de estar presente aun cuando no toree. Poco importa que, tras su
manto de armiño, aparezcan sayas cardenalicias o becas de seminarista,
porque José Tomás no comparte poder con nadie, ni con el posterior
diluvio.
Ayer, el público volvió a ponerse de pie, esta vez, sí, con razón,
porque había entonado la liturgia de lo vertical, la glorificación del
número uno, relajado, desmayado, dando un cursillo progresivo de
toreo al natural, sin levantar la mano que lleva la muleta en el pase de
pecho más allá del corazón, abrochando los redondos cada vez hasta
obligarse al de pecho, llevando el toro anestesiado en la muleta,
siempre en los medios; mientras, el público no podía hacer otra cosa,
se levantaba y aplaudía. A todo esto, el toro fue bravo, si bien acabó
escarbando. A la hora de matar, pinchazo arriba y estocada algo
desprendida, más un rosario de descabellos y dos avisos.
Coger una borrachera en Jerez es más olor a la ciudad que mérito de
bebedor, pero para cogerla de toreo hace falta que acompañe el toro;
precioso de pinta, alunarado, pero algo cojitranco de condición. Si no
hay enemigo con embestida continua, se le va esperando poco a poco, de
lejos, adelantando la muleta y empapando al natural, imponiendo la
velocidad, hasta torear con extrema lentitud, aprovechando el límite de
la posibilidad de temple. A la hora de matar, más lentitud en la
ejecución y, a la hora de triunfar, el chocolate espeso, porque las
cosas ya están claras.
Finito echó mano de suavidades para compensar la falta de fuezas del
primero; todo seda, uno a uno, a derechas, evitando la huida a tablas.
En el cuarto, mientras el torero estaba en la plaza, la muleta se
paseaba por los barrios extremos de Jerez.
Morante no pudo con el tercer novillejo y abrevió. El Sol lo calentó
en el sexto y dibujó la verónica y la media, tanto en el recibo como
en el quite. Con la muleta empezó con claras pinceladas y terminó en
el más puro abstracto, a merced del toro, que le perdonó una muy
seria. Afortunadamente, no tuvo consecuencias, pero habrá que mirar a
ver qué pasa, no sea que nos quedemos sin torero. Morante de la Puebla
lleva incorporado mucho dolor, cosa totalmente innegable, pero también
es innegable que otros como él y mejores que él quedaron en la
estacada precisamente por estas cosas tan duras que tiene la fiesta.
Se podrá discutir, y es bueno hacerlo, el mandato de José Tomás, y
seguro que muchas tardes no podrá mantener el nivel. Históricamente,
las grandes broncas han sido para los grandes toreros, pero también hay
que reconocer que la disposición con la que este matador sale a la
plaza es totalmente distinta a la de sus compañeros, que, posiblemente,
pueden acabar por borrarse de la lista para torear con él.
El País. JUAN ORTEGA. Sábado,
19 de mayo´2001. Indulto sin motivo
Sabido es que va para más de 10 años el reinado de Enrique el de
Chivas, que se vale de la mesa redonda como instrumento de gobierno y
que a ella se sientan esclarecidos caballeros del variopinto mundo del
toro, de la empresa y la política, sin más presidencia que su
prestigio, que la redondez de la mesa los hace pares a todos. Por eso,
extrañaba que un patilludo andaluz, donde la hormona habla antes que la
neurona y la navaja disputa nobleza a la espada, fuera invitado a
compartir mesa y mantel; y más, que Juan José Padilla viniera a su
tierra sin respeto a la jerarquía. El andaluz veroniqueó sin
exquisitez, permitió que el toro, llamado Inglesito, tomase una
vara leve y cumplimentó un buen tercio de banderillas con El Juli. Con
la muleta ligó dos buenas series con la derecha y no se acopló con la
izquierda; tras dos circulares y una cogida sin consecuencias, se adornó
y de repente vio cómo los pañuelos pedían el indulto, aprovechando
para montarse en el carro. En su otro enemigo se lució con capote y
banderillas y con la muleta volvió a ligar con la derecha hasta que el
toro bajó y la cosa se resolvió en alardes.
Enrique Ponce cogió el don del perchero y se lo colocó. Tras dos
tercios con poca sal, echó toda la albufera en una gran faena sin
concesiones para nadie: con ambas manos dio una preciosa lección de
toreo de lujo, ligando adornos personales después de cada serie. Sin
pero alguno se fueron sucediendo los pases y, con cada pase, un olé.
En el tercero, el joven Julián se metió en un jardín y pisó todos
los charcos, sin que ello fuera óbice para reconocerle un buen tercio
de banderillas y una clara voluntad de arrimarse, ratificada en las
lopecinas del sexto y en un serio muleteo al natural que fue a menos
hasta conectar con los adornos, aplaudidos por su cercanía. Lo mató de
un cañonazo.
El
País. JUAN ORTEGA. Viernes, 18
de mayo. Jesulín
hizo lo mejor
Al anochecer, como antes en los cines, como ahora en las plazas, con
poquita luz y una nube apuntando agua, el nuevo Jesulín nos dio lo
mejor de la tarde. No hizo falta tirar cohetes, pero hay que reconocer
que en los dos toros toreó con el capote, adelantando la pierna y manejándolo
con suavidad. Teniendo en cuenta los antecedentes en los que daba igual
que tuviera un capote torero que un mantel lleno de migas, este cambio
ya es notable; tampoco es necesario tanta seriedad, que puede ser más
propia de cortejo fúnebre que de fiesta primaveral.
En su primero abrió bien la faena con unas trincherillas que
tuvieron saber y sabor. Con la derecha barrió el albero y ligó con
suficiencia; cierto es que no le presenta la muleta plana, sino con una
leve inclinación en uve a fin de tirar hacia afuera, pero la verdad es
que tiene el don de ligar, al menos por ese lado. No se acopló con la
izquierda al perderle la cara, costándole muchísimo llevarlo por ahí.
El sexto fue el único toro de respeto y Jesulín volvió a apuntar
el buen toreo de derechas, ya que por allí repetía el astado y se
encontraba siempre la muleta bien puesta y dispuesta a templar. Se volvió
a negar la izquierda, carente de las cualidades de su compañera, pero
quedó con la esperanza. Una buena estocada, salvando muy bien el
embroque, que quedó algo desprendida y trasera de colocación, obtuvo
también una buena nota.
Espartaco presentó dos aspectos diferentes de su tauromaquia: en el
primer toro sobró la segunda parte de la palabra y faltó la primera.
Sin toro ni lucha, ¿qué quedaba? Pues había que cuidarlo, a media
alturita, sin molestar; había que jorobarse: el novillete, cuando no caía
de culo, perdía las manos. Una calcomanía de toro ante la que cobrar
una faenita de tentadero a puertas abiertas y de pago. Un par de series
con la derecha, la izquierda sin luz, la música tocando, el pico
funcionando, y nada. El cuarto tuvo más apariencia y más problemas,
que Espartaco solucionó con un fuerte castigo en varas y aplicando su
mejor técnica para no comprometerse nunca. Pura sapiencia para pasarlo
de lejos y evitarse un mal rato.
Joselito se enfrentó a un lote difícil; ciñó una buena media y
dos delantales y se puso delante de un toro que se venía
inopinadamente, con cierta brusquedad y quedándose corto; lo fue
metiendo por la derecha, aguantando más miradas que cornadas. Cuando ya
no pasaba, lo intentó mil veces, de las que sobraron lo menos mil. El
quinto se rajó en banderillas y se fue a chiqueros. Joselito lo llevó
a los medios, le instrumentó una serie por la derecha, con dos pases
que oyeron quebrarse los olés antes de producirse, y lo acompañó en
el camino de vuelta a toriles; Joselito hizo el poste y sufrió un
desarme, quedando a merced del toro. Si cada manso tiene su lidia, la
que le instrumentó Joselito no le correspondía en absoluto, limitándose
a quedarse a su lado porfiando hasta la pesadez. Presidió Eduardo Ordóñez,
que detuvo la hemorragia auricular.
El País. JUAN ORTEGA.
Jueves, 17 de mayo´2001. Hermoso
por bulerías
La forma de torear de Pablo Hermoso de Mendoza es grandiosa y
frustrante. Grandiosa, para él y su público, es decir, todo
incondicional y a sus pies. Frustrante para sus compañeros de cartel,
que ven cómo una y otra vez acaba con el cuadro, independientemente de
cómo se pinte.
Abrió plaza Fermín Bohórquez, que puso dos rejones a la grupa y
clavó farpas al estribo, dejándose llegar al toro. Algo premioso, mató
de un rejonazo que cayó en el brazuelo contrario. Luis Domecq estuvo
entonado; clavó un rejón y puso tres farpas correctamente, preparándolas
con vistosidad y acertando en la elección de terrenos y distancias. Un
rejón trasero y contrario fue efectivo.
Y, a partir de ahí, se acabó lo que se daba. La cátedra jerezana
recibió al estellés con palmas de admiración y pitos de frustración
y el navarro, según salió el toro y antes de clavar, respondió
acabando con todo. Bastó un recorte continuado encelando a la res para
enseñar el número uno, sólo con envolver al toro, que se fue
al otro extremo del diámetro, desde donde se arrancó con ligereza; no
importa, el rejoneador salió despacio, lo esperó, lo quebró
magistralmente y clavó el rejón. Así, dos veces, haciéndolo babear y
templándolo hasta lo inverosímil.
Banderillas brillantes y la consabida lección de Cagancho: el frente
a frente de toro y caballo, retándose, para la historia del toreo.
Luego, al cambiar de montura, se equivocó cuando éste se le vino
arriba y se quedó comprometido ante el toro, al que mató de dos
rejonazos traseros. Antes, le había puesto el sombrero, hecho el teléfono
y cogido el pitón. Las palmas por bulerías rindieron la plaza.
Antonio Domecq se la tuvo que jugar. Fracasó en banderillas y lo
enmendó con un par de quiebros y matando con efectividad. Como siempre,
las colleras sobraron y las orejas también. Por la puerta grande cabía
un solo rejoneador.
El País.
JUAN ORTEGA. Miércoles, 16 de mayo´2001. Tres
series de Dávila Miura
La justicia distributiva es un lío, dar a cada uno lo suyo puede ser
socorrido, lo malo es lo que te devuelven a cambio. Puestos a devolver,
los toreros de ayer sólo obsequiaron al público jerezano con tres
series y un entusiasmo y, otra vez en el viaje de vuelta se otorgaron
trofeos sin tasa ni medida, en un avance de lo que puede representar la
llegada de las figuras, dispuestas a contarlo todo.
Lo de las tres series fue un espejismo, un leve motivo para un título,
pero también lo único que se vio ligado en la tarde. El quinto toro
fue recibido toscamente por Dávila Miura, con predominio de la cantidad
y ausencia de cualquier otra virtud. La res se portó en el caballo y
Paco Peña pareó bien a un toro que se aculaba en tablas y perdía
pies. El mérito de Dávila fue llevárselo al centro y colocarle una
serie con la derecha. ¡Qué barbaridad!, la primera en cinco toros, y
otra más, increíble; la tercera se frustra y, muleta a la izquierda,
por naturales, ahora sí. La locura. El toro, rajado, se refugió en
tablas, pero que nos quitaran lo ligado. Las dos orejas fueron
inexplicables. En el segundo, Dávila vio como la bravuconería se
escondía en tablas, saliendo a colación sólo para perseguir a Juan
Montiel hacia los adentros. Lo había recibido con una larga cambiada en
retirada y varios trapazos sin mérito y, vistas las condiciones en el
último tercio, abrevió antes de echarse fuera.
Me atrevería a decir que El Tato se gustó en las verónicas con las
que recibió al que abría feria, que tuvieron buen trazo aunque poca
sustancia. El toro, un galán bravo y blando, se fue al suelo en
banderillas. El Tato empezó a media altura, levantó la mano en la
primera serie, se despidió del toro en cada pase de pecho y, de
improviso, en la segunda serie, cuajó un pase. Después, la nada. En el
cuarto se superó en los naturales de circunvalación que provocaron el
bostezo salvaje de la concurrencia.
Rafael Osorio, a porta gayola, endilgó tres largas, ceñidas y de
susto, estuvo voluntarioso con el capote y se quedó a medias con la
muleta. Se entregó al matar al sexto.
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