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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
FERIA DE LA MAGDALENA
Tarde del 27 de marzo de 2003
Crónicas de la prensa
Festejo de rejones
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Juan Pedro, Domecq,
bien presentados, bonitos de hechuras y nobles.
Diestros:
-
Joselito, oreja y oreja.
- El Juli, silencio y
oreja con fuerte petición de la segunda.
- Iván García,
saludos desde el tercio y palmas.
Entrada: más de media plaza
Crónicas de la prensa:
ABC, El País
El País.
VICENTE SOBRINO. Oreja de peso para El Juli
Joselito cortó dos orejas y salió a hombros; El Juli, una y no salió:
agravio comparativo porque la oreja de éste tuvo mayor peso que las dos
de aquél. Seis toros de seis picotazos, seis, ni uno más ni uno menos: a
refilonazo por toro. Y de esos seis toros, todos con las fuerzas al límite,
cuatro de ellos muy nobles, dóciles y con calidad innegable, los que
saltaron en primero, segundo, cuarto y quinto lugar. Sobre todo este último,
el menos toro, de corrida muy justa. Con ése, El Juli toreó a placer con
la muleta, con temple y cierta profundidad. El torero supo mantener el
equilibrio de tan excelente toro y acertó en la geometría de la faena.
Desde luego, la labor más rematada de la lluviosa tarde. Porque a esta
quinta de feria la lluvia, a quien nadie había convocado, se citó sola.
Con su primero, El Juli se acopló al aire del inválido toro en una faena
metida entre protestas, que incomodó de forma visible al torero.
A las dos faenas de Joselito les faltó ligazón y les sobró una búsqueda
incesante de la posición entre pase y pase. Fueron dos labores de escasa
chispa, digamos que de alma perdida.
No fue lucida la alternativa de Iván García. Al buen toro que abrió
plaza lo toreó con limpieza en una faena de buenas intenciones. El sexto,
el más deslucido, no le dejó sino poner voluntad.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Joselito se anima
con los minijuampedros bajo la lluvia
La pertinaz lluvia no cesó nunca en su constante caída. Ni un
respiro. Los paraguas, las charangas que sustituían a la ausente banda,
la gente que entraba y salía durante la lidia, los minijuampedros de
mazapán, los picadores como estatuas de sal, sin ni siquiera mirar
atrás, todos los elementos que constituyen una pesadilla se citaron a las
cinco de la tarde. El agua bajaba por los tendidos más vacíos, resbalaba
por las espaldas de los casi tres cuartos de plaza convocados. Demasiado
boletaje en taquilla pese al reclamo del nombre de El Juli, que hoy
repite.
En medio del extraño ambiente, Joselito se animó. Y animoso
permaneció toda la corrida hasta salir por la puerta grande. Joselito
mantuvo el tono vital de principio a fin, e incluso superó una
desacoplada primera parte de faena al abecerrado cuarto a base de
constancia. Perseveró y perseveró hasta centrar por fin las zapatillas y
hacerse con las andarinas embestidas. Hubo como dos mitades claramente
diferenciadas. Esa voluntad y una estocada hicieron olvidar los pasajes
más bajos. Una oreja premió su hacer, un trofeo que no guardaba
coherencia alguna con el conseguido anteriormente, más auténtico y
verdad. Por lo tanto, la salida a hombros apenas se sujeta con alfileres.
El segundo de los seis sangraba casi más por la divisa que por el
castigo en varas. Las crinolinas dieron aire a un torete que iba y venía
con nobleza y sin humillar. La faena se edificó desde una pedresina en
los medios, para pasar luego sobre ambas manos, mejor a izquierdas, con un
sentido más unificado de los terrenos. El argumento se difuminó un tanto
a la hora de ponerle las tejas a la casa: un molinete de rodillas, unos
circulares, la izquierda otra vez, la derecha sin el estoque montado.
Faltó definir el cierre, que encontró en la contundente espada la
solución definitiva, como en tantas tardes.
«Tengo una vaca lechera»
A todo esto Juli se abrió de capa con un muñeco inválido y
jabonero, supuestamente arreglado, como casi todos. Ya anunciamos que los
novillos de José Vázquez marcarían un antes y un después. Mientras lo
devolvían, las bandas rememoraron a la «Orquesta Topollino» a los
acordes de «tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera...». No
mejoró la situación el sobrero, que o rodaba por los suelos o embestía
descastado. De las banderillas de trámite -menos el tercer par, en la
cara- a una faena mediocre que concluyó entre algunos pitos.
El Juli se desquitó en el quinto, el más bravo y completo de todos,
aunque en varas fue un visto y no visto. Las zapopinas descubrieron al
Juli del desparpajo y la chispa de antaño. Clavó los palos en un tercio
pleno de facultades. Y ligó mucho y bien con la muleta, en una obra
compacta sobre las arrancadas entregadas y codiciosas, que se repetían
una y otra vez. Las roblesinas finales, cuya estética empeora aun a los
circulares, precedieron a un pinchazo y una estocada. La remontada se
truncó con un presidente tan firme como desigual al negar el segundo
apéndice: si la faena de Joselito al cuarto era de oreja, por contraste,
ésta valía dos.
Iván García tomó la alternativa con un toro escurrido de culata y
flojo de remos que recuperó son y ritmo en el tercio último. García
banderilleó, y curiosamente ni él ni Juli se intercambiaron los palos.
Igual le advirtieron que ni se le ocurriese ofrecérselos a su testigo de
doctorado. Su muleteo clásico se perdió con el acero. El sexto se paró
mucho y frustró las esperanzas del toricantano, que de nuevo no atinó a
la primera con la espada.
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