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Festejo
PLAZA DE TOROS DE CASTELLÓN
FERIA DE LA MAGDALENA
Tarde del 30 de marzo de 2003
Crónicas de la prensa
Festejo de rejones
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victorino Martín,
de juego desigual. Diestros:
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa:
ABC, El País
ABC. ZABALA DE LA SERNA.
Uceda Leal pintó a cámara lenta
el retrato del toreo con un victorino
CASTELLÓN. Uceda Leal barrió de un solo
derechazo toda la mediocridad y morralla de esta infame feria, y salió
por la puerta grande. Cada muletazo de Uceda con el victorino aquél de
hocico por el suelo, terciadas hechuras y astifinas defensas, duraba lo
que toda una faena de esos muñequitos de pim-pam-pum, tralla y
pechugazos, que es lo que priva al personal. El retrato del toreo que
pintó a cámara lenta, sin prisas, pausado, empapó los paladares más
selectos, que no abundan entre tanta boca de alpargata. Por eso funcionan
hoy tantos malos toreros, porque hay muy malos públicos.
En las verónicas preliminares cantó el toro su humillada condición y su
chispa, y Uceda, sus propósitos: bajó las manos, jugó los brazos con
aires caros y asentó las zapatillas. Tres medias consecutivas, ganando
siempre terreno, abrocharon el esperanzador recibimiento; las chicuelinas
elegantes del quite lo confirmaron. La faena principió con unas dobladas
de estética flexible y profunda, ahondadas por un sublime cambio de mano.
La derecha, firme, se hizo presente para trazar los más lentos pases de
esta incipiente temporada, hasta donde ni el brazo ni la cintura daban
más de sí. De pitón a rabo, barrió el trapo rojo el cárdeno lomo en
el cierre de ambas tandas. Tan a rastras viajaba la muleta, tan
ralentizada, siempre esperando a que el toro metiese la cara, que al
natural varias veces la pisó el victorino. De nuevo por el gran pitón
diestro, que chorreaba calidad y no la sangre de días anteriores, se
superó todavía en una serie de esas que se conservan por tiempo en la
memoria. Se despidió genuflexo, tal y como empezó, con la misma
elegancia innata, y si no cortó las dos orejas fue porque la espada se
desprendió un tanto de la cruz y porque la gente aplaude con más
entusiasmo la pirotecnia efectista y barullera, como se demostró con Juan
José Padilla.
Uceda Leal dispuso de otro cartucho con el quinto, aunque ni humillase ni
se desplazase tanto como el primero de su buen lote. Da gusto ver cómo
anda por la plaza, cómo entra y sale de la cara del toro, cómo se coloca
y presenta el engaño, incluso cómo pasea el anillo en las vueltas al
ruedo. Sencillamente hay torería. Poco a poco fue metiendo y tirando del
enemigo en la muleta, con resultados crecientes al natural. Lástima que
un desarme surgiese en el momento de mayor intensidad. Regresó el torero
sobre la derecha y recuperó el tono. Aun sin alcanzar las cotas
anteriores -tampoco era el mismo toro, evidentemente-, la oreja cayó por
su propio peso, especialmente merecida por contraste con otras concedidas
a lo largo y ancho de La Magdalena.
Robleño, valentísimo
Fernando Robleño estuvo valentísimo. Se la jugó sin cuentos ni
miramientos con el encastado sexto, que pedía el carné, en los mismos
medios, sobre la izquierda. Obtuvo naturales meritísimos, que pusieron la
congoja en la garganta de los tendidos. El victorino se revolvía como una
centella. Hasta que encontró la presa que ansiaba. Afortunadamente no
pasó de la rotura de la taleguilla. Robleño, corazón blindado, se tiró
a matar con rectitud y cazó media estocada, pero el mal uso del
descabello le privó de un trofeo de ley. Ante el tercero había
demostrado recursos,reflejos y pies ligeros durante una faena en la que la
listeza del torero madrileño sorteó las no menos vivas arrancadas del
toro. Pocas veces dejó la muleta en la cara.
Juan José Padilla se mostró voluntarioso con el recortado y apagado
primero, noble pero sin chispa, castigado de más en varas. El jerezano
banderilleó con poder y le arrancó muletazos recios y largos. Sin
embargo, con el cuarto, que tenía su guasa, la lidia fue incoherente y
marrullera de principio a fin. Tiró Padilla por la calle del efectismo,
los rodillazos y así, muy coreado por la masa. Si no marra con los aceros
todavía hubiera tocado pelo, que manda huevos.
La variada corrida de Victorino Martín, de menos a más en cuanto a su
presentación, pero totalmente íntegra, tal vez no alcanzase el nivel
esperado de espectacularidad, aunque ofreció un toro capaz de disputarle
al segundo de anteayer de El Pilar el título de la feria. Y mantuvo el
interés, que no es poco.
El País. VICENTE
SOBRINO. El toreo puro de Uceda Leal
No fue de apoteosis la de Victorino, pero sí tuvo un toro excepcional
para la muleta: el segundo, a la postre con tan sólo 449 kilos, el más
chico de la corrida. Noble y con calidad, fue aprovechado por Uceda Leal
en una faena de gran pureza, abrochada y profunda. Un gran toro con
respuesta muy directa y de gran nivel por su matador.
El resto de victorinos no alcanzó el mismo grado. Por nobleza,
el primero superó a los demás, aunque estuvo falto de emoción. Los
otros cuatro se acercaron más a la leyenda. Para Robleño fue el lote de
mayor exigencia, pero el tesón también se reconoce cuando enfrente hay
toros así. Valiente y sin concesiones, aguantó al serio tercero y le
plantó cara al enterado sexto.
Padilla anduvo suficiente con el noble que abrió plaza y mantuvo una
riña desigual con el cuarto, el más aparatoso de todos. Seguro y certero
en banderillas, su puesta en escena durante todo el festejo tuvo respuesta
agradecida de la gente.
Con el poco entregado quinto, Uceda se centró con una seguridad
pasmosa. Entendió muy bien a un toro en faena que fue creciendo.
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