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Feria de la Salud
PLAZA DE TOROS DE LOS CALIFAS
CÓRDOBA

Tarde del 29 de mayo de 2002
Corrida de toros

Crónica de la prensa

Foto de Javier Martínez. TorosComunicación
Finito cortó una oreja

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Daniel Ruiz, , nobles, justos de fuerza.

Diestro:

Entrada: menos de media entrada

Crónicas de la prensa: El País, El Día de Córdoba, TorosComunicación.


TorosComunicación. Francisco Mateos  Finito renuncia al premio gordo pero se queda con el reintegro

Un torero que aspira a encumbrarse en lo más alto -supongo que es lo que pretende Juan Serrano-no puede permitirse el lujo de construir una faena plena de arte, sentimiento y clase para después no rematarlo con la espada. Precisamente el conjunto, la continuidad, la regularidad es lo que otorga el cetro del toreo. Finito puede y debe aspirar a ello. Precisamente en estos momentos en los que está atravesando el mejor momento torero de su vida, con una sólida madurez. No se entiende cómo después de exponer y poner tanta pasión en las faenas no se tira por derecho al hoyo de las agujas; ahí parece que falla el corazón, o que manda demasiado la cabeza.

Finito se ha dejado escapar un triunfo rotundo de tres orejas. La primera sí la logró en el segundo de la tarde, en el que dibujó los más bellos lances a la verónica que se han visto en Los Califas en lo que va de Feria. En la faena a un toro manejable, que se dejó torear, estuvo mejor por el lado derecho, porque cuando cogió la muleta con la zurda le enganchó el paño. El toro, aunque bueno, punteaba al final del muletazo y eso hacía imprescindible templar y tocar constantemente. Por el derecho logró tandas bellas. Mató de buena estocada y cortó una oreja.

En el cuarto llegó el Finito que atraviesa un momento de plenitud torera. Fue un toro manso al que logró mantener en la muleta. Los momentos más bellos, aun cuando hubo algunos parones entre muletazos, llegaron cuando toreó al natural. Fueron tres tandas de lío gordo, con clase y hondura, aprovechando que el animal humillaba y metía la cabeza. Faena de empaque y mucha torería con la que vibró la plaza. Pero cuando de ganar las dos orejas le separaba una estocada a la altura de lo hecho con la muleta, Finito echó cuerpo para fuera y no cruzó; ni una, ni dos, ni tres,... y el premio gordo quedó reducido al reintegro de saludos tras aviso. Una verdadera pena. En el sexto, más deslucido, se justificó en trasteo que no tomó grandes vuelos.

Paco Ojeda abría el cartel del improvisado mano a mano -en principio estaba anunciado Joselito- y apenas dejó algunos destellos de su personal toreo. Su primero tenía más faena de la que el sanluqueño logró sacarle. Se empeñó sólo en el parón y no era toro propicio. En el tercero, un manso que se rajó muy pronto, no tuvo opción más que a una tanda por el lado derecho en la que tuvo que aguantar y consentirle. En el quinto, toro deslucido y torero poco decidido.


El País. JL RODRÍGUEZ.  Mano a mano light

El mano a mano ha sido siempre una función programada con los dos matadores más punteros del momento o para dilucidar la rivalidad entre ellos, entre otras cosas. Ayer se montó en Córdoba uno por la ausencia por lesión de Joselito, lo que provocó la devolución de entradas y que la plaza se quedara medio vacía. Y es que el mano a mano entre Ojeda y Finito no despertaba la atracción de un espectáculo de este tipo porque ni uno ni otro son rivales ni nada tienen que confrontar en el ruedo. Tan light fue la corrida como el resultado de la misma.

El primer enemigo de Ojeda tuvo un pitón derecho potable por el que basó casi toda la faena, pero colocado fuera de cacho y algo ventajista. Con su segundo no pudo hacer prácticamente nada, y en el quinto menos aún debido a la invalidez del toro.

Finito puso los detalles más toreros de la tarde. Un par de espléndidas verónicas en su primero y una tanda de naturales en el que hacía cuarto, el único toro que transmitió antes de rajarse a mitad de faena. En el que cerró plaza, Finito arrancó los pases que pudo al animal, que daba poco de sí.


El Día de Córdoba. LUIS NIETO. Finito puntúa en un duelo ficticio

Deje volar su imaginación en lo taurino. Y ahora, por favor, conteste: ¿A que jamás habría soñado, por mucha imaginación, en un mano a mano entre Paco Ojeda, 46 años, crack en los ochenta, rejoneador en los noventa y que ha vuelto este año a vestirse de luces, y Finito de Córdoba, líder del escalafón la temporada pasada. Pero así están las cosas. La empresa no encontró a nadie que ocupara el puesto de Joselito para la tarde de ayer y el festejo quedó en un mano a mano casi surrealista. Porque, sinceramente, cuando los mano a mano se montan sin cimientos sólidos de rivalidad carecen de sentido. Y máxime si no hay ganas por parte de los toreros de un pulso sincero. Aquello no fue un mano a mano ni Cristo que lo fundó. Ni en el ruedo, en el que hubo un pacto de no agresión entre ambos toreros -no compitieron ni en un solo quite- ni en los tendidos, donde la mayoría había acudido al reclamo de Finito. Para más inri, ni siquiera tuvieron el detalle de invitar al sobresaliente, David Saleri, a un quite. Hubo hasta ambiente de tentadero, con media plaza ocupada por mayoría de aficionados.

Finito, con el mejor lote, ganó a los puntos en este mano a mano artificial. Pudo haber cortado hasta tres orejas y salir a hombros. Pero una vez más falló con la espada. Y queda pendiente de su tercera comparecencia sin haber dado un aldabonazo. El de Córdoba fue el único que toreó con categoría con el capote. Ante el segundo dibujó media docena de verónicas con el compás abierto, cargando la suerte y acompañando el viaje con la cintura. La faena, sin magnitud, tuvo calado. En las afueras, confiado, remató siempre por alto los pases para que el flojo y noble animal no se cayera. Le faltó cuerda al toro. Aun así el temple con la derecha le sirvió para ganar el único premio del festejo, pese a que la estocada cayó baja.

Los instantes más bellos llegaron en la faena al cuarto, un toro pastueño, pero huidizo. Por esa condición le faltó unidad a la labor del diestro. Pero además de una torera apertura afloraron derechazos profundos y algún natural inmaculado. Todo ello lo bañó Finito, como buen orfebre, con adornos de muchos quilates. Así, un pase de desprecio como ausente o un cambio de mano mágico. Hubiera cortado dos orejas, con un público, con muchos partidarios, muy entregado; pero falló estrepitosamente con los aceros.

Con el parado y reservón sexto, en las afueras, la faena fue forzada, sin color ni ritmo.

Por su parte, Paco Ojeda, menos tenso que en tardes anteriores desde su reaparición, cumplió sin más. Al sosote primero le sacó dos buenas tandas por el derecho, el único pitón potable; pues se vencía por el otro y mató mal.

Al tercero, lo de mayor altitud lo logró en los medios en un circular insistente que desembocó en un gran pase de pecho. De nuevo anduvo sin fe con el fleje. Y con el quinto, el garbanzo negro del encierro, por aspereza y genio, mantuvo el tipo cuando el toro le cortó por ambos pitones.

El festejo, condenado a un mano a mano artificial, careció de pulso. Y Finito sólo rozó las mieles del éxito.

 

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