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JOAQUÍN
VIDAL
CRÓNICAS TAURINAS
El hombre que escribió los toros
Curro Romero: Decía
siempre la verdad
La muerte de Joaquín
Vidal ha sido para mí una enorme sorpresa. Ni siquiera sabía que estaba
enfermo, y pensaba que ya estaría en Sevilla, como todos los años. La
noticia me ha dejado helado. No éramos amigos, porque Joaquín no mantenía
contactos con los toreros, pero me entrevistó varias veces para el periódico
y conocí a un hombre muy culto, muy buen aficionado, ameno y muy
respetuoso con los demás. Creo que era un magnífico escritor y le estaré
siempre muy agradecido porque escribió sobre mí artículos preciosos. En
sus crónicas defendía lo que debe ser el toreo auténtico y decía
siempre la verdad. Yo era un ferviente admirador de sus escritos, porque
me gustan los escritores de toros que ofrecen garantías. Y Joaquín me
las ofrecía todas. Siento su muerte muy sinceramente. La desaparición de
un hombre tan brillante como él es una gran pérdida para nuestra fiesta.
PortalTaurino ofrece en su web cientos de
crónicas de corridas celebradas en las plazas más importantes durante
los últimos años. Las encontrará en las fichas técnicas de las
corridas celebradas. Elija.
Crónicas de Joaquín
Vidal
Temporadas anteriores al 2002 en
Real Maestranza de Sevilla
Las Ventas. Madrid
Plaza de Valencia
Illumbe. San
Sebastián
JUAN
CRUZ
El
hombre que escribió los toros
Traten de imaginarlo: volvía
de la plaza, traía aún caliente la visión de la tarde, y en el
anochecer urgente del periódico abría su máquina de escribir -y después
el ordenador- con una sola compañía imprescindible: el café cortado
con el que subía desde el bar. Ya sentado ante la máquina de escribir,
levantaba su vista sobre las gafas, oteaba un horizonte que no sé de qué
estaría poblado y ya escribía sin desmayo, y sin tachones, hasta que
reproducía con belleza lo que acaso ese día tampoco llegó a
entusiasmarle. Lo que hacía, en ese instante mágico en que convertía
en literatura lo que fue la visión del mundo en una plaza, era darle a
las palabras una plasticidad que acaso estaba en la pintura interior del
toreo. Era de la estirpe de los poetas, y esa esencia suya le llevaba a
los grandes de la crónica, pero también a los superlativos escritores
de la lírica taurina, con José Bergamín a la cabeza. Esa hermosura de
su texto fue la que deslumbró a Julio Cortázar, que le descubrió y le
apreció como uno de los grandes narradores españoles. Jamás le
envaneció a Joaquín ni ese ni otros juicios superlativos, y tan
merecidos, por la obra que estaba construyendo.
Era un hombre humilde, de
una cultura muy enraizada y muy vasta, que sólo exhibía, condensada,
en la textura de sus crónicas; no citaba, o citaba muy poco, el
precipitado de sus lecturas, y tenía una única vocación, hacer
periodismo; quería compartir con la gente lo que sabía, y lo hizo
desde una rabiosa independencia personal y profesional; no era amigo de
toreros ni de empresarios, era un espectador, en el sentido orteguiano
del término, encerrado en su propia biografía de espectador
apasionado, y durísimo, de una fiesta que en sus primeros tiempos como
periodista, y también después, estuvo asaltada por las mafias, por los
rencores y por los intereses. Lo combatió todo, y desde el arte trató
de ennoblecer al toro y al torero; su objetivo era la nobleza, y él la
derrochaba.
Con esas características
de su biografía subía, pues, del bar, con su cortado, y se aprestaba a
escribir lo que vio esa tarde. Era un crítico muy purista; lo que no le
entusiasmaba era mediocre, y no permitía las medias tintas. En ningún
momento de sus crónicas se permitió frivolidad alguna, y aunque era un
hombre muy dotado para el humor -colaboró en La Codorniz de los
mejores tiempos, en la Redacción de EL PAÍS era un compañero de una
sensibilidad enorme para la amistad y para la tertulia- puso siempre por
delante de sus objetivos como cronista taurino el fielato de su
insobornable complicidad con el lector, y con nadie más. A él se dirigía,
y lo hacía con todo su saber y con todo su ser. Los toros -la escritura
sobre los toros- fueron su pasión personal; los conocía como nadie,
los describió como nadie. Esa plástica del toro en su rincón de la
plaza la vio como nadie, pero se la regaló a todo el mundo. Silencioso,
soñador, noctámbulo, tenía en la mirada siempre una esperanza, como
si tocara el final del día, la madrugada del periódico, con los ojos
de quien no quiere que se acabe nunca la vida que ama.
Joaquín
Vidal, datos biográficos. Su obra.
Críticos taurinos
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