GANADERÍAS DE ESPAÑA


 

ARTÍCULOS DE MANUEL VIERA

Críticos taurinos

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PortalTaurino. MANOLO VIERA. Viernes, 20 de septiembre´2002. Hasta aquí, no más

Nadie lo duda. Lúcido, irónico, inesperado, y sobre todo de auténtica pureza es el toreo de él que lo hace diferente a los demás. Plenamente original y personal, incluso en el inesperado adiós, es este José Tomás elusivo de su intimidad y demasiado selectivo de sus relaciones.

José Tomás deja el toreo. Le llegó el momento, su momento, de decir hasta aquí, no  más. Quizá porque su tauromaquia pura y auténtica  le representa tan excesiva servidumbre que difícilmente la pueda aguantar, amén  de negarse a sí mismo en cualquier tarde, cualquier día, en cualquier momento, y eso no es  de recibo en  un figurón del toreo. Esta sea tal vez la conclusión.

La admiración que siento por el toreo de Tomás siempre la tuve unida a la crítica hacia su persona, a la que considero distante, muy lejos de alcanzar y a veces de comprender, pero sin embargo subyugante en el ruedo de una plaza de toros. Allí, en el centro del circulo. Allí, en los medios donde casi todos dudan, él nunca lo hizo y he aquí la diferencia.

Tal modo de proceder dicen  algunos que lo esperaban, que se veía venir por la mucha presión a la que estaba sometido,  por las características  de su toreo, por el continuo castigo  que le inferían sus toros. Atemperar embestidas con tan difícil facilidad había alcanzado tales extremos de peligrosidad que el ajustado y puro muletazo  parecía imposible de conseguir. Ya lo decía Bergamín: “para no preocuparse de la muerte, lo mejor es ocuparse de ella”, pues  pleno de mortalidad estuvo José Tomás en las históricas y recordadas tardes de toreo sublime. 

No me importan sus razones para tan drástica decisión, sólo siento perder la emoción en la plaza de una tauromaquia distinta e inigualable. Que sea por poco tiempo. 



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PortalTaurino. MANUEL VIERA. Jueves 21 de febrero de 2.002. Un buen Torero.

Ha sido toda una vida dedicada al caballo, y la seguirá siendo porque aún le quedan muchos años de monta, de doma, de vida en lo alto del noble animal. Toda una vida dedicada al caballo y... al toro, porque juntos estuvieron desde el mimado cuido en el campo bravo, en el hábitat natural de la bella fiera, hasta las apoteósicas tardes de triunfo, o en los más duros momentos sufridos tras la cogida. Toda una vida vivida con lealtad a sus principios y a los de los muchos maestros que en él confiaron. Figurón del toreo de oro y castoreño. Caballista como el que más en los ruedos, y caballero fuera de ellos. Hombre cabal adscrito a la hermandad de la amistad. Callado, sentido, crítico y veraz en su diario hacer, aunque sin demasiados espavientos, casi escondido en el triunfo y dando la cara en el fracaso. Así es, o así me lo parece, este José de la saga de los Bernal que acaparó durante sus muchas tardes de toros, además de sus particulares éxitos con la ejecución de la difícil y bella suerte de picar, toneladas de fieles a sus formas. Indiscutibles formas de andar por los ruedos de las plazas de toros de España, Francia y América con la verdad a flor de piel. Con la única y exclusiva verdad del toreo, la que no admite ni un solo alivio y sí genera altas dosis de credibilidad. Toda la credibilidad que ha tenido y tiene José Bernal en su larga, dura y exitosa carrera profesional, porque ha sido, y es, uno de los mejores en el arte de pica toros. Una figura en tan necesaria y espectacular suerte cuando la suerte se hace.

Comienza la temporada, y con ella el ir y venir del "cochecuadrilla" devorando kilómetros, serpenteando caminos y toreando, a veces, ese negro y complicado toro del asfalto. LLegan los miedos, el pellizco intenso en el estómago, el consumir de cigarrillos en las interminables esperas en la habitación de un hotel. Se inicia un nuevo año de toros, y a pesar de miedos y angustias, de alegrías y triunfos, me alegro, José, de que éste lo vivas de diferente forma. Lo vivas feliz con los tuyos, con tu mujer, tus hijos y tus nietos, con tus caballos, tu trabajo y tus amigos. Me alegro que vivas tu afición, que la tienes y mucha, con el orgullo del deber cumplido, con la felicidad de que hiciste lo que más te gustó, y eso es un privilegio, y además lo hiciste como nadie.

Té quedas con tus triunfos, que no son pocos, con tus vivencias, que son muchas, con tus amigos dentro y fuera del toro, que ahí es nada. ¿Para qué seguir?. Además, te mereces vivir la Fiesta desde fuera del ruedo de la plaza. Así podrás seguir disfrutando, aunque sufriendo, de ese otro Bernal que va camino de ser lo que fue su padre desde lo alto de un caballo: Un buen torero. A José Bernal, en su retirada de los ruedos. 


PortalTaurino.  Jueves, 14 de junio´2001. Terminó Madrid

Terminó Madrid. Finalizó el más largo ciclo de toros, no solamente de España, sino de aquellos otros países con tradición taurina. Terminaron los continuos llenos en Las Ventas. Se seguirán programando festejos de temporada los días festivos que restan del oficial año de toros, pero ya no será igual. Madrid es diferente en San Isidro. Como diferente es cualquier feria en  plazas  de primera, dignos escaparates para una sociedad ayuna de ser vista en tendidos como los de Madrid o Sevilla, Bilbao o san Sebastián, por nombrar algunos de los cosos más representativos de la geografía española. Terminó el ciclo venteño, y en el análisis de lo allí pasado quedará que hubo más y mejores toros con la denominación de ganaderías comerciales que con esas otras llamadas duras. El toro, casi único y principal protagonista de la Fiesta, sirvió en muchas ocasiones. Ni se rechazaron tantos como en nefastas temporadas anteriores, ni se cayeron como antes lo hacían. Se cuidó más la seriedad y el trapío y se olvidaron de los desproporcionados mastodontes que a nada conducen.

            Ha sido San Isidro una feria donde demasiadas tardes el toro estuvo por encima del torero. Los consagrados nombres no encontraron ni el momento de inspiración, ni el animal propicio para hacer el toreo, y sólo en contadas ocasiones vibró el monumental coso con su exigente público levantado de sus asientos. Ocurrió con los más jóvenes, con los que empiezan a despuntar, con prometedoras figuras que ya tienen mando en plaza. Ocurrió en días de novilladas y toreo a caballo. Y en el epílogo de una feria cansina, de infumables tardes de toros donde los sumisos cambiaron ovaciones por los obligados silencios, y la emoción por el bostezo, la polémica y la extremista protesta. Ocurrió con un veterano maestro de Alicante que rezuma torería, sapiencia lidiadora, raza y valor como pocos. Fue al final de un devaluado espectáculo torista cuando se vivieron los momentos estelares de una semana mediocre y nefasta. Fue, también, cuando un joven torero de Madrid en su tercera tarde, épica y decisiva, se hizo protagonista absoluto del ruedo de Las Ventas demostrando todo lo necesario e indiscutible para ser máxima figura del toreo. Encogió corazones, los de los aficionados y los de esos otros que quieren mandar en los tendidos, y se alzó con el triunfo ganado a sangre y fuego. Fue, cuando otro torero, este de Sevilla, de La Puebla del Río, en tarde de inspiración y autentica tauromaquia, conseguiría  el esperado éxito dictando la más bella lección del más puro toreo ligado y sentido. Fueron estos los escasos y exclusivos días que iluminaron el apagado ciclo venteño.

PortalTaurino.  Jueves, 7 de junio´2001. Qué decepción!

Cuesta a veces ver toros en Madrid. En San Isidro. Quizá les pase algo parecido a muchos de los aficionados de por aquí abajo. Porque lo que allí sucede, muchas tardes, no deja de ser una manera de representar un papel ficticio la mayoría de las veces. Y es que el verdadero aficionado, el auténtico, está en minoría en Las Ventas como lo está en Sevilla y en otras muchas plazas de toros catalogadas de primera categoría. Lo peor, lo malo de todo esto, es que esa gran mayoría de falsos entendidos, esa  masa pública y social que llena durante el ciclo el inmenso coso venteño, van para ser vistos cuando sólo y simplemente deberían ir a ver torear.

Me decepciona, tarde sí, tarde no, el público de Las Ventas. Me decepciona el que presume de docto, el que no es coherente, el protestón porque sí, el de fuera de cacho y el de pico de muleta, el de no se cruza. Me decepciona ese público que escamotea aplausos y es extremadamente exigente con los que se la juegan a cuerpo limpio. Me decepciona el que se erige en protagonista de un espectáculo que no tiene otro –protagonista- que no sea el toro y el torero. Todo lo demás es gana de fastidiar, de representar más teatro que verdad, más ficción que realidad. Las exigencias a las corridas de toros han de ir por otros derroteros que nada tienen que ver con esas otras impuestas por unos pocos, y que hace imposible, para los que así lo desean, sentir el toreo. Será entonces cuando Las Ventas del Espíritu Santo sea fiel reflejo de su afición, de la escasa y verdadera afición que va quedando. La otra, la de las desorbitadas polémicas, los que protestan hasta la saciedad tanto toreo de perfil, los que aún exigen el toro cornalón y mastodonte, los que fácilmente se emocionan con cogidas y revolcones que les impulsan a pedir orejas cuando antes las negaban. Los que no alcanzan a ver lidiar y torear con el oficio que, a veces, requiere las dificultades del toro, los puristas del pecho y la pata p’alante, tópicos absurdos de los falsos entendidos. Pues a estos, que se creen dueños absolutos de la verdad y santo y seña de la afición, no les interesará después lo que pase en su plaza de Madrid cuando mañana sábado cierre el telón de San Isidro. ¡Qué decepción!.


Diario de Andalucía.  Jueves, 12 de abril´2001. Esperando el milagro

Comparto en estos días de descanso, aunque no compito en el esfuerzo, el entrenamiento diario de unos toreros que pasaron la temporada del 2.000 sólo alimentados por la ilusión de faenas imposibles a toros boyantes en las mejores ferias de España. Cada mañana van con paso firme al ritmo de la carrera, con el sudor camuflado bajo la impuesta moda de la gorra americana, soñando, otra vez, con esos contratos que después  solo le llegan a los que avasallan con triunfos importantes desde el preciso instante en que tomaron una alternativa con la fuerza del éxito. Me hace reflexionar el sacrificio de estos hombres, el día a día de los que esconden en falsas fantasías la cruda realidad demostrada por ese paro encubierto motivado, quizá, por una carrera de despropósitos de los que pulularon a su alrededor.

Busco en sus palabras algún atisbo de sinceridad, y la encuentro cuando conscientes son de que la indiferencia que causan a empresarios, apoderados y aficionados es para olvidarse de la profesión y entonar el “mea culpa” para dedicarse  a otra cosa. Sin embargo, cuando  las causas del paro son analizadas, se encuentran fallos, propios y ajenos, y se asumen  en partes proporcionales, el torero cree que, tarde o temprano, el resurgir puede abrir nuevas esperanzas. La fuerte personalidad de  algunos de estos jóvenes espadas, con momentos de euforia,  y cabizbajo en otros, pero con la mente muy clara para saber lo que se es capaz de hacer delante de la cara del toro, soñando siempre, eso sí,  con faenas de sentimiento y puerta grande y dejando aparcadas, por ahora, puras fantasías que pueden afligir y amargar aún más la difícil existencia. Cuando así se piensa y así se es: sencillo, humilde, sacrificado y consciente de las posibilidades, algún día, digo yo, tendrá que llegar la plaza importante, el toro que embiste y el sentimiento a flor de piel  para plasmar el toreo y olvidar lo que olvido fue.

En tres días se alzará el telón de la temporada en Sevilla, y ninguno está. Mas tarde comenzará el gran ciclo venteño, y allí tampoco sonarán sus nombres. Después Granada, Pamplona, Santander, Huelva... y seguirá el sueño, el  esfuerzo de cada día, la ilusión... y seguro que no se verán  anunciados en tan deseados carteles. Ser torero, ya se sabe, casi es un milagro. Pues a esperar un milagro más de los muchos  producidos en la larga historia de la Fiesta.


Diario de Andalucía.  Jueves, 27 de marzo´2001. Javier Buendía, sentimiento de torero

Hoy por hoy, él mismo lo insinúa, el toreo a caballo es una mezcla de espectacularidad y verdad. Parecida verdad a la que transmite el más ortodoxo y puro torero de a pie. Sin menoscabo alguno por lo que otros hacen, no hay duda de que la admiración que siento por este caballero y su tauromaquia, no es la misma que me produce los que la interpretan entremezclada con los más modernos conceptos del rejoneo, y que últimamente están inspirados en la bifurcación de otros caminos artísticos, aunque originales y competitivos. Lo primero que me sorprende de Javier Buendia  es su profundo sentimiento como torero que, con extraña sabiduría no exenta de magia, inculca, y de qué manera, a sus cabalgaduras. Resulta particularmente interesante apreciar la seguridad de sus caballos en las distintas suertes de la lidia. Los terrenos que pisan. La despaciosidad con la que acuden a la cara del toro para después salir airosos con el empaque de una auténtica figura. No es exageración. Son condiciones indispensables en el comportamiento del animal para transmitir las sensaciones de verdad que el maestro persigue.

Ante esto, la noticia de su despedida un todavía lejano doce de octubre en la plaza de toros de Sevilla –en la Maestranza de sus más sonados triunfos- lo tiene ilusionado. La voz que habla no está carente de emoción mientras explica el sueño. Hay, en el torero, una permanente ansia de deseo, de vida que anhela vivir en toda plenitud, que no entiende sino compartida con todos los que la compartieron con él en las plazas de toros, con los que le enseñaron lo auténtico y nunca lo banal, con los que fueron y son ejemplos vivos del toreo a caballo. Planteada sin reserva como un homenaje al caballero que se va, la tradicional tarde que cierra el curso taurino en Sevilla se hará historia, vieja como el mundo, para quien buscó el toreo en lo alto de un caballo. Y... lo encontró.  


Diario de Andalucía.  Jueves, 15 de marzo´2001. Festivales

Es año, este, de festivales. Las dificultades que entraña lidiar y matar toros en el campo, debido a la normativa  impuesta por la Administración y generada por el “mal de las vacas locas”, ha provocado la proliferación de estos festejos donde tienen exclusiva entrada las figuras. Difícilmente en tan plausibles  eventos tan necesarios, entre otras cosas, para la preparación del torero en los inicios de temporada, entran  esos otros matadores y novilleros  que alejados de los puestos de privilegio  de los respectivos escalafones se van a jugar, en los primeros compromisos del año, el devenir de la temporada. Sé de estos hombres  que tienen su futuro más inmediato pendiente de lo que le suceda en las primeras tardes de contratos. Sé de cómo van a acudir  a  primerísimas y emblemáticas plazas de toros con el sólo bagaje  de la práctica del tentadero. Ni un solo toro lidiado. Ni un solo festival para hacerse al volumen  del bovino, verse en la cara del toro, repetir suertes y templa capotes y muletas tras el obligado letargo invernal.

El pasado domingo, en el característico coso del sevillano pueblo de La Algaba, durante el  transcurso del merecido homenaje a modo de festival benéfico al conocido artista del cante Manuel Mancheño “Turronero” -que tuvo, no hace mucho, el infortunio  de sufrir esa otra cornada que ha veces da la vida- encontré, entre el callejón y los tendidos de la plaza, tal cantidad de diestros como para ocupar la mitad de los  escalafones. Y en el ruedo, los pocos afortunados que tarde tras tarde se visten de corto, no sólo para ayudar a paliar desgracias, sino también para estoquear en la plaza  lo que no pueden hacer  en la soledad  del campo bravo.

Me confesaba con preocupación un destacado novillero, las dificultades encontradas para “meter cabeza” en estos eventos obligado por la imposibilidad de lidiar  reses en el campo. A pesar de sinceros ofrecimientos con animal incluido,  la tarea no es nada fácil. No hay forma. Puede, que la práctica habitual en estos festejos no sea más que una estrategia para levantar la moral del torero ante eminentes responsabilidades. Sé también de veteranos maestros que, dicen, nunca  necesitaron estoquear toros a puerta cerrada. De todas formas, tales hechos me dejan pensativo, confuso, sin saber entender como es, en realidad, este difícil mundo del toro.  


   

Diario de Andalucía. Jueves, 7 de marzo´2001. Fenomenal simpleza

No es la primera vez, ni creo que será la última, que José Miguel Arroyo “Joselito” opte por la idea del relanzamiento encerrándose en solitario con seis astados en emblemáticas plazas de toros de probada categoría. Sevilla y Madrid fueron los últimos escenarios escogidos para apostar por estas estrategias que, lamentablemente, una y otra, se precipitaron con un final no esperado, y ambas se saldaron  con enormes dosis de fracaso. La septembrina de San Miguel en la Maestranza de Sevilla, hace tres años, le costó la retirada. La del pasado domingo, en el Palacio de Vistalegre del madrileño barrio de Carabanchel, acabó como una fenomenal simpleza.

La insatisfacción que produce en los públicos tan banales espectáculos, deja ocultas otras sensaciones de verdad que la corrida transmite, y esto no es bueno para quién con lícitas razones quiere estar entre  los pocos privilegiados que tienen mando en la Fiesta. No cabe duda alguna  de que Martín Arranz ha querido, con planteamientos objetivos, dar un golpe de timón y encauzar, con la seguridad de un triunfo en la capital de España, la temporada de Joselito facilitando así la entrada en Las Ventas, pero no ha sido suficiente. Obviar, a estas alturas, la subjetividad de las corridas de toros es complicar, ya de por sí complicado, el falso sueño de una realidad. Esta misma impresión debió de tener el torero, que se esforzó durante toda la lidia, con esporádicas pinceladas  de puro artista, por terminar una obra  que nunca tuvo final. Si además utilizó para el deseado lienzo un material, que aunque escogido de distintas  “marcas” para asegurarse el éxito le proporcionó escasísima calidad, la gesta de Vistalegre fue para Joselito una encerrona con malas ideas que atesoró toda la fuerza del absurdo sin llegar a serlo. Y es que, a veces, más vale ir despacio y marcando los tiempos que tirarse a tumba abierta para recuperar cuanto antes categoría y prestigio.

Así las cosas, lo coherente será considerar posturas y que el tiempo y el toreo, que ha de manar con todas sus fuerzas,  vaya situando en el puesto que corresponde a quien es uno de los mejores diestros de los últimos años, y olvide también el sinsabor que produjo una mala tarde de toros  aventurada bajo la hipótesis del oportunismo.  


Diario de Andalucía. Jueves, 1 de marzo´2001. Pozo Boje

Se fue en la tarde del pasado jueves, en el prólogo de las primeras ferias. Se marchó en figura, como los grandes mitos que abandonan los ruedos. Se retiró, para siempre, de la tronera de un burladero de callejón. Lo hizo en silencio, sin molestar demasiado, porque así fue, callado, de escasas y escogidas palabras, sólo amigo de sus amigos. Se fue sin aspavientos, ocultando los éxitos de su demostrado oficio. Así era y así fue José Pozo Boje, uno de lo mejores informadores gráficos taurinos de las últimas décadas. Quizá, su excesiva sencillez, su saber estar, o su falsa timidez, fuesen la tapadera que escondía su prestigioso quehacer, no reconocido, como debiera, en la tierra que le vio nacer. Los sublimes momentos de las más diversas tauromaquias captadas por su cámara  han dado la vuelta por el planeta taurino, e incluso permanecieron expuestas en importantes lugares que nunca fueron los de su sevillana Utrera. Pepe se sentía torero tras el objetivo, porque no se puede plasmar con estética plasticidad la más pura verdad de la lidia si no se siente el toreo. Así lo demuestran las miles de imágenes, que  retuvo en su máquina y después, que suerte para los que gozamos de ellas, nos hizo recordar con la expresión de  artísticas fotografías. Sus amigos, sus compañeros, para que más, le acompañaron en su último viaje, el que no tiene vuelta y conduce a ese otro ruedo inmenso y eterno, libre de burladeros y  tablas de barrera, donde sólo tienen cabida los hombres de bien.

Nos dejaste, Pepe, en el comienzo de la temporada, cuando unos preparan los trastos, otros desempolvan  cámaras y objetivos, y muchos ya calientan el teclado del  ordenador. Porque lo que se avecina se hará largo, de intenso vivir, como lo viviste tú durante tantas temporadas de auténtico profesional y mejor aficionado. Te echarán  de menos en el aperitivo de Olivenza los que a tu lado disfrutaban del toreo, cerca, muy cerca del ruedo, en tu puesto, sentirán la nostalgia de la ausencia: Maurice Berho, Carlos Nuñez, tu primo Agustín Arjona, y toda esa plebe  de periodistas, críticos e informadores taurinos que como niños contamos los días que faltan para la celebración del primer evento del año. El primero, y tú ya no estás, te retiraste prematuramente, colgaste los avíos para, ahora desde las alturas, sentir las emociones de las corridas de toros sin apreturas ni agobios, desde donde muchos pugnan por llegar... y tú, qué privilegio, ya estás en ella. Aquí abajo quedará tu legado, la inmortal obra de tu torero arte. Casi nada.


Diario de Andalucía. Jueves, 22 de febrero´2001. Manuel Viera. Para hacer historia

Lo primero que hay  que reconocer es que puede ser una buena feria. Así es o así me lo parece. Vean si no, las diferentes combinaciones de toros y toreros en cada una de las tardes que forman el largo ciclo y tendrán parecida o igual sensación. Pero no es menos cierto que lo impreso en el papel habrá que ser ratificado en la plaza por ambos protagonistas. Si el toro es bravo y emana casta, y el torero ejerce su arte con reflexivo valor, el venidero evento sevillano puede volver a hacer historia. La cartelería lo deja entrever. Las figuras, esta vez, están todas, y las ausencias, que las hay, sobresalen más por lo injusta que alguna parece, que por lo nuevo que pueda aportar la tauromaquia de los no presentes.

Esta feria sin Romero, la primera después de estar en ella más de cuarenta años consecutivos, es también la feria de José Tomás. Sin comparaciones que puedan parecer odiosas, valga el nuevo aliciente por la sentida ausencia. El talante, bien demostrado, de la gerencia de la plaza de toros ha sorprendido, muy positivamente, en la forma que ha hecho posible la sustitución de un genio, que era parte sustancial de la tradición en la inauguración del año taurino en Sevilla, por la más deseada figura del momento.

Por otra parte, conviene recordar lo injusta que es la vida con quién se la juega cada tarde en el ruedo. Hace, no más, de tres años, una casual mañana de miuras, un pitón asesino le quiso seccionar la yugular en una de las más épicas batallas entre un toro y un torero. Hace dos, otro no menos hiriente, le partió el muslo, las ilusiones, y lo que más duele, el futuro más inmediato. Ahora, las recobradas esperanzas y las nuevas responsabilidades de familia le llegan tarde, ya es  un perfecto ignorado. El problema, siempre será culpa del torero que agotó su tiempo con evadida suerte. Y hacer del azar la costumbre de todos los días, es un gesto subversivo que trae como consecuencia, tarde o temprano, el olvido. En la historia del toreo nunca faltaron actitudes para la expresión del desengaño, es el sino de los que escogieron, con todas las consecuencias, el difícil y bello oficio, tan distinto a todos los demás, que conseguir los más elementales objetivos, a veces, se hace imposible. Puede, que algún otro diestro por méritos contraidos debería estar anunciado en la Maestranza, pero ninguno, quizá, con tan necesaria urgencia como Domingo Valderrama.      


Diario de Andalucía. Jueves 15 de febrero´ 2.001. Manuel Viera.  A Sevilla, tocó decir sí

Se ha escrito, y bien, de los muchos problemas que afectan, y afectarán en el transcurso del año taurino, a las corridas de toros. Se toman exageradas precauciones para evitar, en lo posible, que la grave crisis que asola al sector ganadero hiera de mala manera  los costados de la Fiesta. Ahora que terminó, no está de más recordar el éxito apoteósico de la IV edición de La Feria Mundial del Toro. Los taurinos, y los que no lo son, se concentraron durante cinco días en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla. Setenta mil personas visitaron la muestra. Dos mil kilos de carne de vacuno  se consumieron en El Asador Retinto allí instalado. El multitudinario acto social se consolidó. La crisis no parece tanta como se dice.

Así las cosas, coincidiendo con la celebración del gran evento sevillano, el comienzo de los tradicionales ciclos que sirven de aperitivo a la temporada pasó por Valdemorillo. Dentro de poco Olivenza servirá de escogido escenario para las reapariciones de José Ortega Cano y Jesús Janeiro. Morón de la Frontera inaugurará su monumental coso. Valencia marcará el principio de las grandes ferias, y Castellón echará a andar. Sin embargo, es Sevilla quien provoca el necesario ambiente taurino durante el interminable compás de espera, y aunque la gerencia de la plaza de toros hace mutis absoluto  de lo que sucede en los despachos de la calle Adriano, las supuestas combinaciones de toros y toreros sirven para polemizar y  hacer conjeturas de la que se espera sea una gran feria. Esta vez, los encargados de la información son los apoderados, con lo que unos y otros cuentan se confeccionan los supuestos carteles que, salvo sorpresa de última hora, forman un espectacular ciclo. Las figuras, todas, ocupan su sitio de privilegio, y... es que, a Sevilla, esta vez, ha tocado decir sí.

A Valencia y a Castellón dijo no. Ambas, que ya conocen sus respectivas ferias, notan la falta, entre otras, del más importante diestro del escalafón de matadores, de este dotado natural para el arte de torear. José Tomás, que no quiso estar en Fallas por motivos televisivos, se excluyó de La Magdalena, simplemente, porque le ha dado la gana. Los motivos que justifican su ausencia no dejan de ser absurdas objetivaciones que sólo responden a un inapropiado recurrir para enmascarar  una decisión basada en lícitos intereses, o para dar satisfacción  a sus inquietudes, de todo hay. Lo que sucede es que el tomar determinadas decisiones lleva implícito el malestar de unas gentes que se quedarán sin contemplar en estado puro, es decir, en la plaza, las exquisitas formas de su arte. Estrategias de quienes mandan en la Fiesta siempre las hubo, aunque nunca con la demagógica torpeza de quien, hoy por hoy, es el número uno. 


Diario de Andalucía. Jueves, 8 de febrero´2001. Que haya justicia

Hagamos un punto y aparte con respecto a lo escrito la pasada semana, y continuemos con algo que es tan  inquietante para la Fiesta en este inicio del curso taurino. Es indudable que la celebración de los primeros ciclos del año acaparan, de forma exagerada, la información. Es posible, incluso probable, que sea debido a las muchas dificultades  y problemas  que plantea a sus organizadores llevarlos a cabo, y no por los resultados artísticos  de los que participan en tan madrugadores festejos. 

Así, no puede, pues, causar extrañeza que en Valdemorillo, localidad madrileña que antaño inauguraba temporada, -otras ciudades se le han adelantado- hubiera reporteros a granel, cámaras y micrófonos como sí del más importante  evento del año se tratara. Después, el triunfo o el fracaso de los verdaderos protagonistas del espectáculo quedaría condenado a la ignorancia. Lo que ahora vende, lo que interesa, lo que a veces desinforma más que informa, es ver a esos animales muertos y ensangrentados entre los dientes  de la pala de una máquina excavadora camino del horno crematorio. Lo que tiene morbo, es ver pasear los despojos en manos del torero a modo de trofeos, orejas y rabo para devolver y ser quemadas  tras el triunfal paseo. Lo que tanto interesa es saber de espadas y  descabellos que se han de desinfectar después de usar. Debe ser  un gozo, supongo, recrearse  en las reses amontonadas bajo la lona de un camión a la espera del definitivo viaje. Lo demás, lo que pasa en el ruedo durante la lidia es insignificante, no merece la pena divulgar ni plasmar en estéticas y plásticas imágenes. Y aún así, es una suerte que todo esto se pueda contar, señal inequívoca  de que el festejo se celebró; otros se vieron abocados a la suspensión, al no disponer los modestos empresarios de la suficiente solvencia económica para hacer frente a los extraordinarios gastos que supone mandar a incinerar las reses lidiadas. Sucedió en la localidad onubense de Jabugo, y sucederá, más de una tarde, en cualquier rincón de nuestra piel de toro.

Las cosas más altas parecen al alcance de la mano, y es verdad. La sensibilidad, si es que existe, bien demostrada de los que han de tomar justas decisiones para  solucionar una crisis  que parece no tener fondo, debe de primar. Extraviar en merodeos y zigzags hasta última hora las órdenes que han de cumplir los que se juegan su dinero y su prestigio, es poco coherente, provocando además la frustración de muchos y enfrentando a unos y otros según que intereses convengan. Probablemente los dictamines  más diversos pueden ser conciliados, por eso, que no siempre se perjudique al pequeño, al menos fuerte. Que haya justicia.  


Diario de Andalucía. Jueves, 1 de febrero 2.001.Confusión

Así es o así me lo parece. Anda demasiado revuelto el mundo del toro en estos inicios del curso taurino. La confusión aumenta cada día debido al manido “mal”. Los intereses de cada uno de las diferentes partes campean a su antojo, posiblemente en busca de soluciones que satisfagan las exigencias de según que paladares. Lo que es bueno para unos, es malo para otros, e incluso duro, como la propia vida, para los que tienen escaso poder y nula fuerza en los despachos. 

Los primeros festejos del año en plazas portátiles  se están celebrando a golpe de disgusto, demasiada impotencia e inmensos cabreos para los modestos taurinos que lo organizan. La falta de información, exacta y concreta, de la Administración desequilibra  al que con  sana intención de negocio expone su dinero; y mientras en otras comunidades autónomas permitieron el análisis y posterior comercialización  de las carnes de las reses lidiadas, en la andaluza mandan incinerarlas con grave perjuicio para la empresa de turno. Hay algo que no casa, y aunque sabido es que el “grande se come al pequeño”, frente a uno y otro debe de primar lo auténtico, nunca lo banal. Así es, precisamente, como deberían de actuar los que ostentan las más altas responsabilidades, antes de que se consuma una crisis de consecuencias nada deseables.

Pero no es menos cierto que la confusión y la polémica también la crea quién, un año más, lucha, a su manera, por la dignidad y el prestigio de ser torero. José Tomás, necesario e insustituible en las más importantes ferias de temporada, el que marca las diferencias en la plaza, quiere  marcarlas también en los despachos, y a escasos días  de que salga el toro en Valencia dice no torear  en el ciclo de Fallas. Al parecer, el obligado letargo invernal del diestro no ha sido suficiente para tomar tan drástica decisión, ha sabiendas de que el serial   valenciano tiene compromiso televisivo desde la anterior temporada. Así que, para que “marear la perdiz”. Para que confundir con declaraciones tópicas. Pamplinas que crispan los ánimos de una afición que lo esperaba con impaciencia. Confieso que tengo mis dudas, ahora, con Sevilla. Sí o no. Que pronto se decida este torero de primera que quiere estar, otra vez, en ferias de segunda. 


PortalTaurino. Manolo Viera. Sábado, 26 de enero´2001. Cuestión de sentimiento 

Soñó muchas veces con lo que muy pronto será  realidad para su pueblo. Está, en cuerpo y alma, volcado en el proyecto. Vive el día  a día con la ilusión de una cercana fecha. A poco más de un mes, todo se habrá cumplido. Entonces, lo que parecía existir mientras dormía, estará culminado ahora despierto, y bien despierto ha de estar para vivir, paso a paso y segundo a segundo, el apasionante día que transcurrirá entre los recuerdos de su niñez y la realidad del gran acontecimiento. Alguien, una vez, me dijo que la ficción no es lo contrario de la realidad, sino lo complementario. Entre ambas cosas cabalgó Manuel Morilla. Así, mientras daba rienda suelta a sus sentimientos vivía los más bellos instantes en una actividad que sabe desarrollar como nadie, aunque aparcada la tenga tras el desengaño que con inteligente ironía quiere despistar. Y junto a los grandes hechos en la extensa vida del apoderado de toreros, los detalles minúsculos de la infancia definen a este romántico del toro. Cuenta Morilla la sana envidia que sentía de Utrera cuando allí había de ir para ver toros. Acudía con sus padres, canasto en mano de filetes ‘empanaos’ para degustarlos a las puertas del viejo Limones, entonces no había para más. Bien tempranito a la plaza para ocupar sitio, de pie, en barrera, y así poder apretar la mano del torero de turno, un tal Jaime Bravo, mexicano, ídolo, para él, vestido de luces. Escalofríos que corren  por el menudo cuerpo del entonces niño. Sensaciones para hoy guardar como recuerdo de toda una existencia entre las flamantes barreras de su  plaza de toros. Allí en su Morón. A la sombra del gallo que le vio  nacer y donde quiere quedarse siempre.


Diario de Andalucía. Jueves, 25 de enero´2001. Manuel Viera

Lo hicieron y siguen haciéndolo desde hace tiempo, se llamen independientes apoderados de prestigio o importantes y fuertes empresarios, o lo uno más lo otro, que ambos caminan juntos en la mayoría de las veces. Intercambian, “me lo pones y te lo pongo”. Acaparan los mejores puestos en las mejores ferias. Son los que mandan sin necesidad de las grandes exclusivas, y así, como sin darnos cuenta, estamos inmersos en otros de los monopolios de la Fiesta. Son los preferidos, los deseados por los que empiezan, por los que creen despuntar, por los que “vale la pena invertir”, por los que quieren pasar cuanto antes por un escalafón que les quema, por los pudientes novilleros.

Cuento lo de más arriba por el sinsabor que me produce ver a uno de los más destacados toreros de la anterior temporada, ausente de los primeros ciclos de novilladas en estos inicios del curso taurino. ¿Qué sensación de justicia y verdad le puede transmitir al torero no estar en la feria de primavera de Nimes, ni en los próximos festejos anunciados en el palacio de Vistaalegre de Madrid, ni en el IV encuentro mundial de novilleros en San Sebastián? ¿Dónde está el interés  de las empresas por llevar a sus plazas a quien lo suscitó en la pasada campaña?. Es asombroso que el que salió por la puerta grande de Las Ventas, y se erigió triunfador del más prestigioso ciclo de novilladas en España se le ignore, quizá, por el simple hecho de no poder entrar, por razones obvias, en el atractivo juego del intercambio.

Habrá quien considere que este ejercicio de reflexión es un gesto, por mi parte, de energía baladí. Y habrá también más de uno que afirme sin rebozo que algo más debe de suceder para que tan peculiar asunto se repita con todo aquel que no esté respaldado por la solvencia de uno de los grandes. Es muy posible que la austera gestión del independiente si fuerza  contraste con la exuberancia del poderoso, pero a mí sólo me interesa la veracidad de los mejores, esto es, de los que son testimonio de una extensa andadura por las plazas de toros avalada por los triunfos. Es esto último lo que debería de ocurrir, pero no interesa, nadie parece enterase. Y si no es así, qué hacer, qué pensar, qué más decir. No queda otro remedio que tragar y... a joderse. 


Diario de Andalucía. Jueves, 11 de enero´2001.

Acabo de releer una de las muchas entrevistas que en estos días de inicio del  año le hacen a todo aquel que pueda dar algo de luz a la problemática derivada del mal de las “vacas locas”. Polémico tema que toca de muy mala manera los costados de la Fiesta. Y muy poco, de lo leído, aclara tanta confusión, quizá porque  se limitan a exponer de forma demasiado técnica una situación que, hoy por hoy, es inviable llevarla a cabo. Sin embargo, cuando los diferentes estamentos de la Fiesta –ganaderos, empresarios, toreros, veterinarios y aficionados- demuestran la coherencia que permite posibles soluciones, algo muy distinto puede ocurrir  de ahora en adelante. Será, claro, si las propuestas de consenso remitidas por los representantes del mundo del toro al M.A.P.A. cumplen al final sus objetivos y no se cae, de nuevo, en banales argumentos que sólo servirían para entrar en un juego de ida y vuelta de consecuencias nada deseables.

Y ahora, ¿qué hacer?. Porque lo más notable le corresponde a la administración, que debe de velar, entre otros, por los intereses de los sectores más perjudicados. Por aquellos que le han facilitado el camino y el tiempo para montar la infraestructura necesaria que ha de servir para  realizar la analítica pos-mortem de las reses lidiadas. Por aquellos que han renunciado  a las carnes para  que éstas sean incineradas en su totalidad por la propia administración, accediendo a percibir exiguas cantidades económicas compensatorias.

 De todas formas, las cosas van a cambiar. Nada va a ser como antes, y los muchos problemas derivados del escabroso asunto  se acumularán a lo largo del curso taurino. La temporada que abre el nuevo siglo comienza con un mal aviso para la supervivencia del más auténtico de los espectáculos. Supongo, que los que lo atacan con demagógicos y huecos argumentos estarán al loro de la gravedad del tema para cuando la ocasión lo requiera darle uno más de sus acostumbrados zarpazos; más la verdad es que, llegado el momento, todo oportunismo falla, y la tranquilidad, en ese aspecto, debe de imperar. En fin, es el sino de las corridas de toros. 


Diario de Andalucía. Jueves 4 de enero´ 2001. Los van a machacar.

 Con la entrada del nuevo año y ante la proximidad de la temporada taurina, muchas administraciones locales, diputaciones o comunidades autónomas, andan inmersas en la redacción de los pliegos de condiciones para los nuevos arrendamientos de sus plazas de toros, puestas a subastas al mejor postor y no al que mejores y más serios espectáculos ofrezca. Los criterios estarán basados, como casi siempre, en altísimos canon a los  que muy pocos elegidos pueden llegar. Y no porque sean buenos o malos empresarios, sino porque se necesita ser muy fuerte en lo económico para poder optar al mal llamado concurso. Se ha dicho, y bien, que las bases solo promueven a los grandes, a los que superarán con creces los máximos establecidos, a los que más paguen, aunque después  no todo salga como estaba previsto y la mala gestión sé encargue de hundir el importante coso.

              Estamos desde hace varios años inmersos en una época  en la que sólo interesa llenar cuanto antes las arcas de las diferentes propiedades con los seguros y suculentos desembolsos de los candidatos. Contados y elegidos candidatos. Porque siempre son los mismos, ya que la norma  promueve sólo y casi en exclusiva a los grandes. A los   que  han mandado, mandan y mandarán en el mundo empresarial taurino. Los otros, aquellos que rigen las plazas de tercera, y algunas de segunda, nunca podrán competir con los citados, entre otras cosas, porque les faltará la experiencia en la gerencia de los cosos de primera; absurdo e incoherente. Y es una pena, porque lo que parece un inadecuado proceder, difícilmente se pueda cambiar en el futuro; hoy por hoy las cosas están así, y sospecho  que irán a peor,  al ser estos modestos empresarios los más perjudicados, por razones obvias, con la nueva normativa impuesta por el Ministerio de Agricultura referente a  la incineración de los restos de los toros que se lidien durante la próxima temporada taurina en prevención del llamado mal de las “vacas locas”.

            Lo queramos o no, todo tiene que ver con todo, y aunque no venga muy al caso, a esta  mayoría de empresarios de cosos de pueblos los van a machacar en el venidero curso taurino. A lo antes dicho, se le unen las exigencias de los ayuntamientos   propietarios de las plazas, que le obligan, además,  que conformen los carteles  con los primeros que comanden los respectivos escalafones de matadores, novilleros y rejoneadores. Al final, el tercer perjudicado será el aficionado. Ésta sea quizá la conclusión.

Diario de Andalucía.  Jueves, 28 de diciembre´2000. Que hagan algo

El paréntesis temporal que obliga al descanso está a punto de concluir. Con la llegada del nuevo año la máquina de la Fiesta engrasará  sus piezas y echará a andar. En pocos días se barajarán mil y una combinaciones de toros y toreros para los primeros ciclos importantes del milenio. Mientras, la confusión creada por polémicos temas, que afectan  de una u otra forma al espectáculo taurino, provocan signos inequívocos de alarmante preocupación.

Vive la Fiesta momentos cruciales, nadie lo duda, y hasta resulta difícil encontrar adjetivos precisos para poder definir a cada uno de los muchos males que la afectan. A los ya comentados y analizados en esta misma columna, hay que añadir ahora la grave problemática de las “vacas locas”. Confusa temática que provoca, a estas alturas, una nueva hipótesis para los muchos futuros posibles que nos esperan ahí, a la vuelta de la esquina. Los taurinos debaten la incidencia de la crisis en las corridas de toros. Los aficionados demandan la clarificación del problema. El partido de la oposición la exige con urgencia. Sin embargo, parece que hay mucho de intriga en la esperada solución. A la inmediatez, todo llega tarde; y sospecho que algo parecido pueda suceder con tan escabroso tema, cuando es ahora, antes de que el primer toro irrumpa en el ruedo, cuando todo, si es posible, debe estar resuelto.

Juego en estas fechas de la Navidad a imaginar como sería  una Fiesta sin obstáculos, mucho más limpia y clara, aunque para ello alguien tendría que poner orden en tanto desbarajuste. Quizá, la solución a los mayores problemas corresponda en exclusiva a la administración, pero hay otros que dependen de los mismos profesionales, o de los aficionados, porque también hay quien dice que somos nosotros los causantes de algún que otro mal. No lo cuestiono, y no sé si a alguien más de los citados les toca también  enderezar más de un entuerto. A los que fuesen o a quien le corresponda hacerlo, sí les pediría que trabajen a destajo, que hagan algo antes de que toque el primer clarín, que se utilice la vía del diálogo y el entendimiento para  evitar alguna que otra postura radical, y que las primeras ferias de la temporada nunca se vean perjudicadas.

Es muy posible que sean necesaria altas dosis de buena voluntad en la búsqueda por conseguir soluciones. Voluntad, concordia, y esperanza en el nuevo curso taurino, es el deseo del que suscribe  para todos aquellos que comparten el amor por la Fiesta, incluso  para esos otros que por no entenderla la rechazan. 


Diario de Andalucía.  Jueves, 21 de diciembre´2000. Hacer las Américas

Hacer las Américas tiene su encanto, para unos, porque para otros se transforma en las más rocambolescas de las odiseas. 

Días atrás, cuando regresaba de torear unos festejos por tierras del Perú, le pregunté al torero en cuestión como le había ido la experiencia, respondiéndome que: para no volver. La historia, que después me contó, es de autentico guión para la mejor película de aventuras. Una peligrosa apuesta de ida y vuelta para olvidar cuanto antes. Es tal mi asombro ante tan peculiar relato, a veces divertido y delirante, a veces trágico y humillante, que se me hace difícil entender para que se juegan  el pellejo  estos hombres sabiendo lo que les espera. Se lo anuncian los que de allí vienen, y ni caso, a volar en busca de la supuesta gloria y no de otra cosa, porque los bolsillos siguen tras el regreso vacíos y bien vacíos. 

El que esto me contó, viajó a Perú para torear tres corridas en Chota, pequeña ciudad del departamento de Cajamarca situada al noroeste de la cordillera occidental de los Andes, viaje solo acompañado por los vestidos de torear y demás avíos que correrían después peor suerte, si cabe, que el torero. De la capital de la provincia hasta la llegada al ansiado destino el trayecto se le haría infinito. A lomos de una guagua  maltrecha y centenaria, y entre torrenciales lluvias avanzaba a duras penas por los estrechos y sinuosos caminos andinos, donde la ley del más fuerte actuaba cada vez que otro vehículo en sentido contrario se cruzaba. Horas interminables con el miedo calado hasta los huesos y... llegada al Hotel, maloliente fonda carente de agua para acrecentar angustias, vestirse de torero y partir a la dura batalla para enfrentarse a unos animales que sabían latín. Antes, El Tachuela, veterano y avispado banderillero de la tierra e improvisado hombre de confianza en la cuadrilla del torero, le ofrecería al maestro las excelencias de un viejo vestido de torear a precio de saldo. Pasa la tarde de corrida toreando más como se puede que como se debe. Ducha en la palangana del Palacio, y el adiós a los dos festejos restantes. Penalidades en la vuelta, hambre, fatigas muchas, y a soñar con la llegada a casa.

Alguien, una vez, me dijo la verdad sobre estas ferias americanas. En el toro prima la jerarquía inevitable que pone a los consagrados por encima de los demás. De nada le vale al desconocido, al que ha perdido el crédito, el triunfo en una tarde de toros. A un Don nadie le olvidan con puntual unanimidad, y queda solo para rellenar un cartel de feria de pueblo en perdidos y lejanos lugares. Quizá uno de los pecados de estos toreros que van a la desesperada es no valorarse a sí mismo. En todo caso, la Fiesta es así.

Diario de Andalucía. Jueves, 14 de diciembre´2000. ¿Qué le hacen al toro?

En la fría mañana del domingo, mientras andábamos por los mojados caminos de la campiña sevillana, me pregunta mi amigo Sebastián Alfaro tras leer el anterior texto: “¿Qué está pasando con el toro bravo? ¿Qué le están haciendo? ¿Tú lo sabes? Porque yo no, y tal vez deduzca, por lo leído y  oído, que muy pocos quieren saberlo”. Me hablaba, con cierta nostalgia, de pasadas décadas cuando la casta, sinónimo de bravura, mantenía  entero  al fiero animal durante toda la lidia, embistiendo incansable y con fijeza los que emanaban bravura, y topando o huyendo de los engaños los que manseaban como bueyes, pero siempre moviéndose con agilidad, sin derrumbarse.

Hablamos de la inevitable ausencia de casta, porque así lo ha querido el toreo moderno. Discutimos sobre las caídas, como no. Conversamos de la alimentación, de la nueva puesta a punto en los modernos correderos, y... de la droga. Palabra en boca de muchos, y que quizá, debido a la rutina con la que la empleamos, o a la tranquilidad con que manejamos, incluso con torpeza, algunos conceptos, no sea la debida para definir los últimos  hechos  denunciables, y siempre fraudulentos cuando se intenta manipular el natural comportamiento de la res, aunque solo sea con un simple antiinflamatorio.

Así las cosas, amigo Sebastián,  pensar en soluciones inmediatas es una utopía. Yo no las veo. En todo caso, habría que comenzar por evitar opiniones encontradas entre muchos ganaderos y los que intentan mandar en el escalafón de matadores. Algún que otro criador  quiere recuperar la sangre brava, estoy seguro,  pero para ello hay que unificar criterios y dejar aparte el hecho de que una minoría esté a favor del toro tonto y parado, el que desean lidiar muchos de los que se visten de luces en plazas de segunda y tercera categoría, e incluso de primera. Y desde luego, la atención prioritaria  a  vender ese tipo de animal inmóvil y aborregado, y a lo mejor manipulado, no es sino un síntoma más de  buscar solo el gran negocio que hoy son las corridas de toros.

En todo caso, según algunos, nada es como parece, casi todo puede ser de otra manera, para qué dudarlo. Sin embargo, cuando los toros se caen y deambulan moribundos ante el engaño, hasta el manido afeitado es pura anécdota. El toro íntegro, no solo en sus pitones, sino en la casta y en la sangre brava, ha desaparecido de muchas plazas, y se quiera o no, es signo inequívoco para estar preocupado. ¿O no?.

Diario de Andalucía. Jueves, 7 de diciembre´2000. ¿Para quién la culpa?

No fue, ni muchos menos, lo deseado al inicio  de la anterior temporada, pero sí una desafortunada realidad al final del curso taurino. El toro, que tuvo atisbo de recuperación en el transcurso del año 1.999, ha vuelto a derrumbarse en este otro de final de siglo. La preocupante incógnita que suponía  el coprotagonista de la Fiesta cuando comenzaban las primeras ferias, se ha convertido al acabar la última del calendario en una acentuada crisis ganadera, en un obstáculo difícilmente salvable  en el más inmediato futuro de las corridas de toros.

El endémico mal que azota al campo bravo se ha extendido  hasta los pagos  de los que se han jactado pregonando las excelencias de sus prestigiosos hierros ganaderos, y que después también les tocó vivir la caída estrepitosa de sus costosos encierros en ferias de primera. Y éstos, propietarios de míticos encastes, que lidiaron inútiles totales  en las últimas programaciones que cerraban temporada –léase feria de otoño de Madrid y Pilar de Zaragoza- deben de estar fuera de cualquier consideración y excusa porque de ninguna manera se ha de disimular, con algún que otro toro bravo y a veces indultado, el estado lamentable y decadente en el que se encuentran la mayoría de las ganaderías españolas.

Le tengo un obcecado respeto a todo aquel que tiene la envidiable tarea de criar toros. Nunca he cuestionado su honradez. Sin embargo, y a pesar de que la Fenilbutazona sea un antiinflamatorio, ¿a quién le imputo la responsabilidad de que más del 20% de los toros analizados por expertos investigadores, y lidiados en plazas de segunda y tercera categoría estuviesen drogados?. ¿Para quién la culpa de esa posible manipulación en el comportamiento del animal?. ¿Para el ganadero o para la reglamentada ley que tanto falla?.

Desearía una inmediata respuesta de los que han permitido semejante genialidad. Porque lo malo de todo esto no es que se haya cometido el disparate. Lo peor es que han enturbiado definitivamente la credibilidad de los que tienen la obligación de velar por la integridad del espectáculo. A tal punto se ha llegado, que ver deambular por una plaza a un toro bobo, descoordinado en sus movimientos, será sinónimo de fraude.

Es una lástima que cada vez aumenten más los criadores apegados al gran negocio y disminuyan los románticos de tradición con la seriedad que caracterizó al viejo ganadero. Yo quiero ganaderos auténticos, de verdad, que sean inmune al  virus del engaño, y no esos otros que enmascaran la realidad. Ganaríamos todos.   


Diario de Andalucía. Jueves, 30 de noviembre´2000. Indiferencia

En estos meses invernales de obligada espera, proclives al agasajo de los que alcanzaron  el triunfo en los ruedos, se organizan los habituales  homenajes que no sirven mas que para  subrayar  lo que es obvio. Sin embargo, yo les ofrecería  el supuesto acto de justicia torera a aquellos otros que viven en el olvido, y que en su día apuntaron interesantes cualidades para llegar. Yo le ofrecería el reconocimiento de admiración al que sólo vive soñando con que algún día lo que antes atisbaba pueda demostrarlo en plazas de primera, tan necesarias para escalar puestos en el respectivo escalafón. A los que veo en el duro entrenamiento diario, en la práctica del eterno toreo de salón. En faenas de campo imaginando tardes de triunfos. A los que son como niños, ilusionados con el día que esperan.

¿Qué vamos a descubrir sobre la injusta Fiesta a estas alturas?. Parece ilusorio  tratar, ahora, de expresar una opinión vertida con demasiada frecuencia. Pero es que a veces, lo peor que le puede suceder a los que luchan a diario por estar en los puestos de privilegio, es la indiferencia. La indiferencia no sólo de apoderados y empresarios sino la de los públicos, que olvidan demasiado pronto lo que antes fueron. Escribir hoy sobre la adversidad de este tipo de toreros puede carecer de sentido. No obstante, en la repetida historia,  rara vez  he oído de estos diestros la más mínima culpa en el palpable fracaso. Cada vez que se aproxima un nuevo año taurino, y los primeros ciclos de temporada obvian y mantienen en el paro a los que buscan una oportunidad para mostrar su arte, se produce la indignación y la queja de muchos de los partidarios del torero de turno. De todas formas, un recién llegado, un principiante que toma una alternativa sin fuerza, sin el éxito necesario avalado por las orejas, para después esperar la corrida de la oportunidad, éste, desgraciadamente, queda en el olvido. Es así, y difícilmente lo entiende quien le sucede. Es más, el torero, el de hoy y quizá el de siempre, engañado por las falsas esperanzas de apegados aduladores, no acierta a reconocer que algo de culpa ha de tener en tan desafortunada situación.

Se dice que en el toro cada uno tiene su sitio. Aunque esto duela a más de uno y nos revelemos contra lo que injusto parece, deseo el resurgir de los que se encuentran en la penumbra, y que los que buenos fueron alcancen su utopía y se conviertan en lo que realmente merecen ser.

Diario de Andalucía. Jueves, 23 de noviembre´2000. Lógica confusión

Coincidiendo con los primeros fríos de otoño, las estrategias y habituales divorcios entre apoderados y toreros son, con la vuelta a los ruedos de ilustres veteranos, temas que llenan de contenido la espera obligada de un nuevo año taurino.

La historia del toreo está llena de idas definitivas y vueltas inesperadas. Sean cuales sean los hechos que las provocan merecen todos los respetos; sin embargo, más de un aficionado piensa como de la  forma más  absurda y tonta se le toma el pelo, sobre todo si el retorno a las plazas de toros es el de un hombre serio y con un historial profesional inalcanzable para muchos. Nada me hacía pensar en la prematura reaparición de un torero con una de las trayectorias más limpias y honestas de los últimos años en un coso taurino, máxime, cuando su marcha fue un adiós emocionado, intentando agradar cada tarde y queriendo dejar, para siempre, su indiscutible valor y demostrada calidad artística. Un año planteado sin reserva como homenaje de despedida a un maestro que se va, y que hoy bien parece que fue la interpretación de una  falsa que ha servido para crear la lógica confusión a unas gentes entregadas a la supuesta  credibilidad del torero.

La trayectoria de José Ortega Cano en sus continuos y largos años de carrera profesional ha sido todo un dechado de virtudes, con una que destaca sobre las demás: la honradez. Ha sido esta la que le ha dado el crédito y la consideración del aficionado. Cuando esto sucede, cuando un torero entra en la historia  por derecho propio. Cuando se han pasado veinticinco años de alternativa con unos valores que le han hecho granjearse el respeto y la admiración de los públicos, no se debe volver a tentar la suerte para quizá manchar el más honesto andar por los ruedos de un diestro en las últimas décadas. A lo dicho, hay que añadir que la prematura vuelta de Ortega Cano a los dos años  de su programada despedida, que por su forma todos creíamos definitiva, sólo hace desprestigiar, desmitificar  y confundir la realidad  de un torero que durante toda su vida profesional ha presentado un perfil hondamente sincero y un toreo de extraordinaria belleza no falto de cadencia y majestuosidad.

A lo mejor mañana parecida historia se repite. Algunos, a la espera están de la sabrosa exclusiva. Otros, volverán sin la más elemental lógica. Los menos, los harán llenos de razón. Que sea esta última la decisión de José Ortega Cano. 

Diario de Andalucía. Jueves, 16 de noviembre´2000. Cambiar de aires 

El otro día, cuando iba yo camino de casa, un viejo conocido lector habitual de esta columna, me espetó a bocajarro con estas preguntas: “Manué, ¿qué me dices de los que vuelven?. ¿ Del que se ha olvidado tan pronto de quién le puso los peldaños para ayudarle a subir a lo más alto?. ¿Y del maestro que hace escasos años se esforzaba, ya mermado de facultades, por agradar en las más importantes plazas de toros, besando tierra a modo de despedida?. ¿ O de aquél veterano torero de San Fernando que de nuevo quiere fajarse en la batalla del toro duro, complicado, bravo o encastado, motivado, quizá, por la sabrosa exclusiva?”. No puedo, pues, extrañarme que tales preguntas estén, no solo en boca de un vetusto aficionado, sino de todos aquellos que en el día a día pierden la credibilidad de una Fiesta que corre veloz  de la mano del suculento negocio y maquilla con dudosa afición la vuelta de quienes se retiraron del  toreo con todos los honores.

Es una lástima que tras duros años de trabajo conjunto hasta conseguir el triunfo soñado por uno y esperado por el otro, triunfo en lo artístico y en lo económico, que ambas cosas van juntas y sobre todo unidas, se produzcan estas rupturas motivadas, casi siempre, por el poderoso Don Dinero. Pocos toreros pueden presumir de la fidelidad de un apoderado como Jesús Janeiro de Manuel Morilla, que ha tenido la inteligencia y habilidad de saber combinar las nuevas formas de apoderamiento y estrategias de mercados con el paternal trabajo de un romántico del toro, que apostó sin límites por un espigado niño vestido de luces que se olvidaba  después de  la necesaria gimnasia mental para hacer memoria, y recordar quién le dio la oportunidad de estar en ferias de primerísima categoría, claves para ampararse en la carrera hacia el éxito y poder demostrar que se es torero. Lo demostró Janeiro en la plaza. Quizá no lo supo hacer en el otro ruedo de la vida. Esta es la realidad de la Fiesta. No es el primer caso ni será el último. Cuantos olvidados suspiran hoy por tener un mentor de la categoría y solvencia de Morilla, ¡cuantos!.

Cabe ahora sospechar que le vale más al popular diestro de Ubrique lo firmado en exclusiva que el contrato ganado tarde a tarde. No hay otra explicación para argumentar el despido, aunque relacionado debe de estar  con el tópico del “quiero cambiar de aires”, socorrida frase para dejar tirado en la cuneta a esta reliquia del apoderamiento independiente. Y... el próximo jueves la segunda entrega.

 

 

 

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