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Feria Taurina del Corpus
PLAZA DE TOROS DE GRANADA
Tarde del 16 de junio de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Parladé, flojos y manejables. 

Diestros: 

Entrada: media entrada.

Crónicas de la prensa:  El País, Diario de Sevilla


EL País. JUAN ORTEGA. El toreo por fin

 

Por fin vimos torear y, cosa rara, a un toro, lo que en Granada, con figuras en el cartel, no deja de ser admirable. Los tres primeros ejemplares habían sido alegres novillotes carentes de trapío, por lo que hubo que esperar a que saliera el cuarto, correcto de presentación, para que se produjera la oportuna conjunción astral. No importa tanto cómo empezó Joselito, sino cómo terminó: un pase de las flores, algo despegado, dio lugar a un circular, al que siguieron dos derechazos magníficamente rematados por bajo y una gran tanda de naturales, lentos, llevados tras la cadera y rematados abajo, tan serios que acabaron con el toro; dos redondos y uno por alto completaron el primor. La faena había sido más larga hasta llegar ahí, pero sólo hay que resaltar la excelencia que ayer, sin duda, logró pintar Arroyo en su segundo toro.

 

 

Su primera faena fue de poco a nada. Apuntó dos verónicas de recibo y otras dos en un quite a pies juntos; el novillete entró cinco veces al caballo y otras tantas salió suelto. La mansedumbre incierta del animal no motivó la confianza del torero, que se empleó por derechazos picudos y naturales con mucho gusto. Sólo una serie de éstos reunió mérito y calidad.

 

 

En el quinto, que presentó menos seriedad de salida, volvió a producirse la comunión entre José Tomás y su público, que era todo. La cosa no parecía en principio que iba a llegar muy lejos, ya que el torero había encontrado el nefasto toque hacia fuera, y sólo un pequeño porcentaje de pases aislados tuvo importancia. La decoración cambió de repente y surgieron los derechazos de muleta retrasada con el pitón lamiendo los muslos. Siguió una entrega emocionante lograda con quietud que llevó el termómetro a romper el mercurio. Una cogida cuando las manoletinas reglamentarias se sucedían en el platillo significó el cenit de la locura. En el segundo, no llegó a cogerle el sitio con el capote y fue autor de una faena larga y lenta: cuatro naturales de una serie, otra por derechazos y dos ayudados por bajo son una pobre cosecha de buen material. Fandi hizo saltar la banca popular en el sexto. Porta gayola, verónicas comprometidas y lopecinas. Con las banderillas fue más espectacular que ortodoxo. Con la muleta mostró sus limitaciones.


Diario de Sevilla. EFE. Joselito y Tomás convencen y al Fandi le aupa el paisanaje

La corrida en lo que a toros se refiere no fue gran cosa. El medio toro en cuanto a presencia y raza. El toro toreable desde la mansedumbre. El toro que en definitiva permite muchos desahogos. Aunque se da también el inconveniente de que suele ser un animal cada vez más apagado, cuando no rajado del todo.

Joselito llevó a cabo lo mejor de la tarde, faenas con mucho asiento y mejor prestancia. En el primero, al que toreó bien con el capote y sobre todo con la muleta. El astado, algo mironcete al principio de faena, terminó entregado a la muleta del madrileño, con la que dibujó pases de derecha a izquierda con mucha firmeza y exquisito sentimiento. Un inoportuno desarme a mitad de trasteo hizo que bajara el diapasón, recuperándolo de nuevo con dos series finales, una en redondo y otra al natural de tan buena y bella factura como aquella. El fallo a espadas le privó del trofeo.

En el cuarto se superó todavía más. Lances rodilla en tierra en el saludo y quite por chicuelinas, capote de muy altos vuelos. La faena de muleta, que tuvo muy buen prólogo con unos pases sentado en el estribo y otros de pie muy relajado y dominador, fue siempre a más. Derechazos y naturales de valeroso aguante y excelente donosura. Cada pase un cartel, ralentizados por el temple y el sentimiento, llevándose al toro en cada uno de ellos muy atrás y completamente hacia adentro. La plaza se venía abajo de encendida pasión, especialmente en los redondísimos. Ni siquiera el pinchazo previo a la estocada fulminante impidió la concesión unánime de las dos orejas.

José Tomás tuvo muchas desigualdades en su primera faena. La quietud fue como es costumbre la base de todo, aunque no siempre le salieron las cosas con limpieza. Esfuerzo notable, pero escaso lucimiento. No obstante, la gente estuvo con él, y sólo por verlo ahí tan quieto, a pesar de que capote y muleta salieron muchas veces hechos un guiñapo, le encumbraron sin méritos suficientes. Lo mejor, los remates por bajo, un pase del desdén y otros rodilla en tierra. En definitiva, mejor lo accesorio que lo fundamental.

Donde convenció de verdad José Tomás fue en el quinto al que toreó con la elegancia y la quietud consustanciales a su estilo además de con mucha limpieza. Hubo, no obstante, alguna desigualdad en la faena, por ejemplo, en los naturales de uno en uno, superada con creces por la ligazón y desde luego las apreturas que tuvo en el toreo en redondo. Muy encima y como un poste, en la guinda por manoletinas salió por los aires y dio la impresión de que el toro le había herido. Por fortuna fue sólo un rasguño. Definitivo al fin y al cabo para que al meter la espada a la primera le pidieran también el rabo, aunque el presidente le concedió sólo dos orejas.

El Fandi no estuvo en su primero a la altura de lo que siempre se espera de él en su tierra. No era cuestión de salir como acostumbra con el acelerador a tope. Está bien lo de las largas cambiadas, los lances rodilla en tierra y el quite esta vez por saltilleras. Pero abusa de los saltos en banderillas, tanto que falló en dos pares. Y con la muleta fueron más los achuchones que el aguante y el toreo en sí. Cortó una oreja de paisanaje.

Aun más motivado en el sexto se fue a chiqueros para recibir al toro con una larga y lances muy emotivos. No perdonó quite, esta vez por zapopinas. En banderillas, el desmadre, lo mismo fue de poder a poder, que al violín, que citando de rodillas, aunque éste cayó muy bajo. Con la muleta no terminó de someter al toro y en consecuencia de resolver una faena que tuvo más trompicones que otra cosa. El arrimón final con desplante incluido fue la mejor salida que tuvo. Y a pesar de que no anduvo fino con los aceros, otra oreja que, con toda sinceridad, vale menos que la anterior. Pero así los tres toreros a hombros, y para completar la fiesta nada menos que también el hijo del ganadero.