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PLAZA DE TOROS DE GRANADA
GRANADA
Tarde del viernes, 23 de junio del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Núñez del
Cuvillo (desiguales de presentación y, en general,
flojos, sosos y manejables)
Diestros:
- Joselito.
Bajonazo (ovación); estocada desprendida (dos orejas). Salió a hombros.
- Enrique Ponce.
Pinchazo trasero, dos descabellos (saludos); bajonazo trasero (saludos).
- José
Tomás. Estocada honda trasera desprendida (dos orejas); estocada
honda (oreja). Salió a hombros.
Entrada: Casi lleno
Crónicas de la prensa: El
País
El País.
JUAN ORTEGA. José
Tomás por naturales
Cuando sonaron los clarines no se habían disipado los disgustos de los dos días
anteriores y se notaba que el recelo poblaba las gradas.
Rompió plaza un jabonerito al que Joselito recibió con lances políticamente
correctos. Vecinos de localidad de mejor vista estimaban que los pitones habían
menguado en cuarto y mitad y se fueron ratificando en los demás toros; si había
tal sería porque se despitorraban contra las encinas, porque no es posible que
los del negocio taurino intenten el fraude, y menos que la autoridad lo
consienta.
Entre tanto, el jabonerito tomó un picotazo y rodó por los suelos sin
aparente intención de levantarse. Repitió la maniobra tres veces más a lo
largo de una faena aseada y vertical con pases de todas las marcas que no se
creyó nadie.
El segundo renqueaba de atrás y necesitaba que los capotes volaran por
arriba; magnífica apostura la de Enrique Ponce, felicidad de fotógrafos que,
no obstante, necesitan abrir mucho el objetivo para que toro y torero quepan en
la misma instantánea, dada la considerable distancia a la que suelen cruzarse.
El toro se recuperó de la cojera y sacó bravura, a la que correspondía Ponce
con un trasteo ligero sin perder nunca la distancia precautoria, que recuperaba
mediante el sistema de emprender veloz carrera hasta encontrarse lo
suficientemente lejos. Y así en cada remate.
No se lo pusieron difícil a José Tomás, que pudo siempre por lo bajo a su
contrincante. Faena mayoritariamente de derechas, a tono con los tiempos, pero
pasándose el toro cerca, toreado, quieto en el remate y ligando. Todo a
contrapelo del toreo de moda, que se caracteriza por una constante pura del
sitio que se debe ocupar.
El anovillado cuarto pespunteaba los engaños con sus falsas terminaciones
-mi vecino insistía en que eran artificiales- y se deslomaba sin complejos. En
el tiempo libre acometía con bravura, por lo que, haciendo abstracción de las
limitaciones del toro, hemos de decir que vimos al mejor Joselito de los últimos
tiempos, bien colocado, relajado, con gusto y manco de la izquierda, que no usó.
Ponce descargó la suerte con maestría cada vez que toreaba de capa al
quinto; se cumplió la simulación del primer tercio y cubrieron el segundo con
presteza; en el de muerte, Ponce comenzó con el piloto automático, dando un
pase de lejos entre dos carreras. Se calmó un poquito con la izquierda, pero la
faena se fue disolviendo en un aburrimiento lejano que no aminoraba distancias
ni quería ponerse en el sitio. El último aguantó una vara larga mientras le
tapaban la salida. Se había vencido por los dos lados en el capote y José Tomás
se empleó sin prisas. Lo fue dominando poco a poco y necesitó dos series con
la derecha antes de que se rindiera a su muleta en una tercera. Lo superó por
naturales y sólo entonces lo rompió en dos series monumentales, ganando el pitón
contrario pasito a paso y mandando en una embestida que destroncaba al toro. José
Tomás redimió la fiesta.
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