GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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Feria de San Lucas
JAEN
Tarde del jueves, 16 de octubre de 2003
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Reses de Antonio Gavira (bien presentados y de juego desigual). 

Diestros

Entrada: Un cuarto de entrada. 

Crónicas de la prensa: ABC, TorosComunicacion


El País. GINÉS DONAIRE. Frialdad ante el exceso de mansedumbre

Con más pena que gloria discurrió la tercera corrida de la feria de Jaén. Sólo algunos destellos de un entregado Morante de la Puebla salvaron una tarde que había generado expectación por la presentación en Jaén del torero revelación de la temporada, César Jiménez, al igual que el malagueño Salvador Vega. Al final, la mansedumbre y falta de fuerza del ganado de Antonio Gavira resultó determinante para el resultado final de una corrida que no quedará en el recuerdo de los aficionados al toreo.

Morante de la Puebla lo intentó en su primer toro, inválido y noble. Estuvo aseado en el toreo a media altura, aunque su faena no transmitió ninguna emoción al tendido. Mató de una estocada trasera y saludó desde el tercio de la plaza. Mucho más estilista se mostró en el segundo de su lote, un toro noble y sin fuerza, para no variar. El torero sevillano se lució en dos series cortas, sobre todo por la derecha y se gustó con varios adornos, sin que faltara el pase de las flores. Mató de un pinchazo hondo y dos descabellos y recibió el único trofeo de la tarde.

Había interés en Jaén por ver el debut en esta plaza del madrileño César Jiménez. Pero tampoco tuvo suerte en su lote. En su primero, un toro anodino, mansote y flojo, intentó algunas series a media altura, pero le faltó la profundidad necesaria para sacarle más partido al animal. Mató de un pinchazo y estocada trasera y recibió saludos. En el quinto, un toro muy corto de pitones y manso descarado que creó el desconcierto en el coso de La Alameda, el diestro madrileño volvió a abusar de su toreo superficial sin transmitir grandes sensaciones. Mató de media estocada y, pese a la masiva petición de oreja del público, sólo recibió saludos desde el tercio.

Tampoco tuvo suerte Salvador Vega, al que le tocó en suerte el peor lote. En el cuarto de la tarde, un toro falto de fuerza pero quizá el de mayor genio y casta, el diestro de Málaga hilvanó tres series de muletazos con la izquierda y el público supo reconocer su atrevimiento para un toreo de mayor profundidad.


TorosComunicacion. FRANCISCO MATEOS.  Oreja para Morante en Jaén por una faena de filigranas

Los buenos resultados obtenidos por la ganadería de Gavira en sus última corridas lidiadas recientemente, como en Sevilla el 12 de octubre o ese mismo día dos buenos toros en esta plaza de Jaén, hacían augurar que la materia prima sería propicia para un cartel de toreros tan joven como esperanzador. Pero el hombre propone, Dios dispone.... y llega el toro y lo descompone. Los toros de Gavira adolecieron de casta brava y mansearon, amén de que varios de ellos corretearon por la plaza sin fijar rumbo, al abrigo de las tablas y sin querer ver la muleta de los espadas.

Ante tan desolador panorama ganadero, sólo la actuación de Morante en el cuarto y la de César Jiménez en el quinto concitaron emoción. Morante se encontró por delante con un astado de corto recorrido. Se esforzó el sevillano y algunos muletazos logró, anque sin continuidad. El cuarto fue el único que se dejó en la muleta y desde los primeros muletazos ya arrancó Morante palmas. Toreo sentido, en artista, quebrando la cintura, gustándose con cada sorbo de buen toreo. Al natural estuvo agustísimo, con remates pintureros, de pura filigrana torera. Aunque no estuvo raudo con el acero cortó la única oreja de la tarde.

César Jiménez lidió por delante un animal de escasa fuerza. El torero quiso hacer 'su' faena pero el toro no admitía ni esa ni ninguna otra. Se justificó. En el quinto, un manso que salía suelto y sin fijeza, logró dejarlo medio metido en la muleta a base de dejársela puestecita cerca del hocico, muy encima del toro. Jiménez logró algunos estimables muletazos.

Salvador Vega tuvo el peor lote. El tercero quería las tablas pero el torero supo y pudo mantenerlo en el tercio, con tandas emocionantes y vibrantes. De hecho, de no marrar con la espada hubiera tocado 'pelo', porque estuvo por encima del animal. El manso último, correoso y sin fijeza, sin querer embestir y arrancándose a oleadas, no dio opción alguna.

 

 

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