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Feria de San Lucas
JAEN
Tarde del sábado, 21 de octubre de 2000
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de José Luis Marca, blandos,
desiguales de presentación y desmochados, bravo el 5º y manso el 6º
Diestros:
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Antonio Chenel "Antoñete",
dos pinchazos y dos descabellos (silencio); pinchazo, media perpendicular
atravesada y tres descabellos (palmas, pitos y saludos desde el tercio)
-
Enrique Ponce, estocada trasera
(oreja); estocada caída (dos orejas). Salió a hombros
-
Juan
Carlos García., estocada trasera desprendida -dos avisos- (oreja);
metisaca y estocada caída -aviso- (oreja). Salió a hombros
Entrada: media entrada
Crónicas de la prensa:
El País
El
País. JUAN ORTEGA. Hay
una edad para cada cosa
Los tiempos del hombre están calcados del ciclo estacional de las plantas. Hay
una edad para cada cosa, pero Antoñete quiere subvertir este principio; rebeldía
cargada de recuerdos. La función comenzó con cerca de 10 minutos de retraso,
pues hubo que comprobar el estado del ruedo tras las lluvias que cayeron hasta
una hora antes del comienzo.
Salió la primera res, anovillada, y comenzó a resbalarse. Antoñete la paró
con un cierto aire y una cierta falta de estabilidad y se le recetó un puyazo
largo que motivó que el toro se quedara corto. Se repitió la suerte para mayor
seguridad y vimos un segundo tercio con banderillas singulares, que rebotaban en
los cueros del animal y pasaban a adornar la arena. Tras estas maravillas, no
hubo nada: breve tanteo por la cara y paso a la cifra siguiente.
El público no se tomó a bien que la cuadrilla de Chenel parase al cuarto.
Antoñete soñó una verónica por el izquierdo y, a la vuelta, por el otro pitón,
se le coló el toro, al que en la suerte de varas picaron a más y mejor por
todo el ruedo, provocando la ira.
Pero mira por donde, vimos la noche cerrada iluminada por el amanecer y se
destapó el Chenel nº 5: dos series de naturales y otras dos por la derecha,
rematadas con variedad y gusto. Un cambio de manos por la cara y, en el girar de
la muleta, se le perdió el palillo, lo que vino a depositarnos en el día de
hoy. Las zarzas son guardianas de frutas apetitosas y es natural que se dude
antes de meter la mano, y que se renuncie a las más profundas.
El quinto fue el último que Ponce ha lidiado esta temporada. Tuvo su aquel,
ya que se comportó bravamente en dos puyazos y llegó a la muleta con cierta
dosis de picante. Ponce dio más a derechas que a izquierdas, por donde el toro
necesitaba mando y poder, además de una suerte cargada que le diera
oportunidades de ganar la batalla, remedios necesarios para combatir un peligro
manifestado, precisamente, por ese lado. Los derechazos encontraron mejor su
objetivo. No traicionó Ponce su labor de la temporada, exponiendo virtudes
lidiadoras y defectos conocidos que lo mantienen en lo alto del escalafón. En
su favor, hay que decir que, por esta vez, no hizo uso de su derecho de gracia:
no hubo indulto.
En el anterior, vimos una res que salió con prisas y se paró de golpe. Llegó
a la muleta unas veces de pie y otras de rodillas, enganchando el engaño. El
matador tiró de voz y patada para provocar la embestida pero la inspiración de
Gayarre y la de Sarasate no valieron para sacar partido.
Juan Carlos García administró unos lances de recibo serios y enjundiosos,
que atesoraban las virtudes toreras del buen gusto y del ritmo. Al picar se
perdió la parte metálica de la puya, pero el toro cayó igual. La faena de
muleta comenzó algo rígida, mejor por la derecha, lado por donde alcanzó su
punto culminante en una buena serie en la que el hocico del toro surcaba la
arena.
El último salió en plan de manso de libro y se trocó en manso toreable.
García planteó una labor larga en vez de la breve e intensa que se imponía y
acabó comprometido por los amagos del manso.
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