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Feria de San Lucas
JAEN
Tarde del jueves, 18 de octubre de 20001
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Jandilla,
buenos.
Diestros:
Incidencias: Parte facultativo:
Alejandro Amaya tiene una cornada «en la cara exterior del tercio medio de la
pierna derecha de 10 centímetros, con una trayectoria ascendente de 6 y otra
descendente de 4 centímetros, que afecta a musculatura perónea y contusión en
la base posterior del hemitórax derecho. Pronóstico menos grave».
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El
País. JUAN ORTEGA. Dos
grandes triunfos
La fatalidad redujo la alternativa del mexicano Alejandro
Amaya a la categoría de dato estadístico ya que, al comenzar la faena e
intentar el natural, el toro, incierto, lo prendió; pudo continuar la lidia una
vez que El Juli le habilitó un torniquete y, así, abrevió dignamente.
La tarde quedó casi como la temporada, entre Ponce y El
Juli. Enrique Ponce es un magnífico arquitecto que basa su labor en una sólida
cimentación que, sin embargo, es la parte que ni se admira ni se ve. En el
segundo, echó los cimientos a base de convertir una arrancada dispersa en fija,
haciendo de su muleta el único objeto del deseo del toro; culminó la obra con
cuatro naturales de frente, un molinete invertido y dos de pecho colosales, todo
ello en el platillo.
En el cuarto volvió a centrar al toro en la muleta desde
el principio, cargando la suerte y, esta vez, echó el resto en una serie de
derechazos de frente, perfectamente abrochados y rematados por bajo. En el
sexto, que despachó en sustitución de Alejandro Amaya, se encontró con un
toro áspero y tobillero, defectos que lo fueron menos en su muleta.
El Juli reúne todo un impresionante elenco de virtudes
taurinas: valor, voluntad, amor propio, gallardía, entrega y compañerismo; sin
embargo, a la hora de coger la muleta, se lo lleva a los medios donde, a paso de
carga y sin sosiego, se atropella en series que no dicen nada. Lo mejor fueron
un par de tandas de naturales instrumentadas en el quinto y acompañadas, igual
que en el tercero de toda una pirotecnia de alardes y confetis. Banderilleó con
ligereza al tercero y ganó la cara del quinto con facultades, espectacularmente,
para clavar algo pasado. También hubo largas cambiadas, lopecinas de pie y de
rodillas y aceptables verónicas.
ABC. ROSARIO PEREZ. Enrique
Ponce hace historia en una tarde triunfalista
Enrique Ponce ha hecho historia: ayer alcanzó la cifra de un centenar de
corridas por décimo año consecutivo, cortando un rabo al igual que El Juli, en
una tarde triunfalista en exceso. El diestro de Chiva se ha consagrado en esta
década como una figura de época. Por mucho que sus detractores se empeñen en
negarle todo, su privilegiada capacidad para hacer faena a cualquier toro es
digna de admiración. Mientras haya leña -dícese toro- no faltará gasolina -léase
torero-. Ponce, con once temporadas de alternativa, sigue teniendo el depósito
lleno. Y cada vez que torea, reposta. Dice que su retirada no está lejana, pero
da la impresión de que no podría vivir sin hacer el paseíllo.
El valenciano cortó las dos orejas a su primero, un astado que fue a más,
del mismo modo que su labor muleteril. Pero la apoteosis llegó en el cuarto, al
que arrebató los máximos trofeos -el rabo, exagerado, como ocurriría después
con El Juli-. Con este toro logró bellísimos lances, especialmente cuando
citando con la muleta plegada en la izquierda cinceló cinco preciosos
naturales. Una serie más, relajadísimo, sobre la derecha, resultó
extraordinaria.
En el sexto sacó a relucir de nuevo su elegancia. El único pero que hay que
ponerle a su actuación es que, en ocasiones, abusó del pasito atrás.
La competencia se adueñó de la plaza y salió El Juli espoleado en el
quinto. Hizo lo imposible por conseguir el premio mayor. Dos ambiciosas largas
cambiadas en el tercio, buenos lances a pies juntos, un vistosísimo quite y las
banderillas hicieron que la plaza ardiera. Con la flámula obtuvo naturales
largos y templados y un pase del desprecio estupendo. Sin embargo, al final,
aunque nadie discute su valor, rozó la vulgaridad con los consabidos arrimones.
Su primer toro, en un gesto torero, se lo brindó a Ponce, en reconocimiento a
su trayectoria, y consiguió una oreja. La verdad es que El Juli ha hecho una
temporada intachable.
La nota triste de la tarde fue el percance de Alejandro Amaya con el toro de
su doctorado, al que saludó con lentísimas verónicas. Quitó el espigado
mexicano por ajustadas gaoneras y brindó a su maestro, Juan Silveti. Con un
suave tanteo sobre la diestra, lo sacó a los medios para enjaretar una primera
serie a media altura, aguantando impávido la nada cómoda embestida de su
rival. Al coger la izquierda, y después de tres buenos naturales, sufrió una
espeluznante voltereta. No quiso marcharse a la enfermería sin dar muerte a
«Manirroto» y conquistó una merecida oreja de sabor agridulce.
Parte facultativo: Alejandro Amaya tiene una cornada «en la cara exterior
del tercio medio de la pierna derecha de 10 centímetros, con una trayectoria
ascendente de 6 y otra descendente de 4 centímetros, que afecta a musculatura
perónea y contusión en la base posterior del hemitórax derecho. Pronóstico
menos grave».
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