Concluyó la Feria de Jaén con una corrida de rejones, en la que Álvaro
Montes y Diego Ventura cruzaron la puerta grande del coso de La Alameda. Con un
tercio de entrada se lidiaron toros de Benítez Cubero, buenos en líneas
generales.
Leonardo Hernández dio una lección de su veterana maestría desde que salió
el primer toro. Estructuró una buena faena y logró hermosos momentos,
especialmente en el toreo de costado y en un arriesgado par a dos manos por los
adentros. Fue una lástima que su rival se derrumbara varias veces y ello
redujera la emoción en los tendidos. (Oreja).
González Porras pasó verdaderos segundos de angustia en un valeroso par al
violín cuando el astado derrotó en su montura. (Vuelta).
José Miguel Callejón embebió al tercero en el caballo a modo de rítmicos
lances en los inicios, pero no estuvo fino con las banderillas. Mejoró con las
cortas. (Vuelta).
Álvaro Montes, arropado por el paisanaje, cortó las dos orejas al manso y
aquerenciado cuarto tras una labor con altibajos, en la que el jiennense estuvo
entregado. Tras simular el teléfono de Arruza y un efectivo rejón de muerte,
la plaza se inundó de pañuelos. (Dos orejas).
Buena impresión causó Diego Ventura, que combinó clasicismo con otros
recursos más espectaculares. Aunque sobraron algunos gestos, tiene ambición y
maneras. (Dos orejas).
José Luis Cañaveral, a pesar de su voluntad, pasó con más pena que
gloria. (Vuelta por su cuenta).