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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
MADRID
Tarde del martes, 23 de mayo del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de El
Torreón, bien presentados, varios flojos; bravucones, encastados y
de extraordinaria nobleza.
Diestros:
-
V. de la Serna, pinchazo
hondo trasero caído, estocada desprendida, descabello -aviso- y tres
descabellos (silencio); pinchazo, estocada corta trasera caída y
rueda de peones (algunos pitos).
-
Sebastián
Castellá, estocada baja -aviso- y dobla el novillo (silencio);
dos pinchazos, estocada y descabello (silencio).
-
Javier Castaño,
golletazo infamante citando a recibir (vuelta); estocada (dos
orejas); salió a hombros por la puerta grande.
Entrada: Cerca del lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El País.
JOAQUÍN VIDAL, Madrid. Javier castaño, por la puerta
grande
Vuelta al ruedo en el tercer novillo, dos orejas en el sexto, puerta grande,
que atravesó en medio del delirio de la multitud. Bien servido iba Javier Castaño,
que emocionó con su entrega y en diversos pasajes de sus faenas puso al público
en pie. Así viene un torero a Madrid. No como otros...
Si no había arte, y la técnica se quedaba corta, y alguien le pedía que
echara la pata l,ante alguna vez, por favor, Javier Castaño
respondía con lo que estaba en su mano que era el valor y la vergüenza torera.
No es poco, en un novillero; antes bien, es mucho, es lo suyo, según suelen
decir los madrileños castizos. Y de esta manera completó dos faenas vibrantes,
emotivas, pletóricas de entrega, que encendieron el entusiasmo del público,
aficionados incluidos y le valieron obtener con todo merecimiento un sonado
triunfo en la plaza de Madrid.
Madrid, que es la primera plaza del mundo. Claro que viendo cómo se las
gasta la clientela de la Feria de San Isidro, algunos se preguntan cómo serán
las otras. Porque a la feria acuden, sólo porque está de moda, los que no van
nunca a los toros ni les interesa la fiesta, y una vez dentro pretenden echar a
los aficionados de toda la vida.
Lo que ocurre en los toros (desde la primera plaza del mundo hasta la
colista) no se ve en parte alguna. A buenas horas iban a consentir en el fútbol
que los goles se metieran con la mano, o que jugaran 13 en lugar de 11, porque
les da la gana a quienes únicamente van si el partido es de expectación; sin
ir más lejos, el de hoy en París.
Uno ni se imagina que estas cosas puedan pasar en el Real, valga de ejemplo.
Que anuncien gran concierto --la Sexta Sinfonía a lo mejor-, vaya la
gente de clavel que difícilmente podría distinguir La perrita pequinesa
de Noche en el Monte Pelado, y la orquesta la emprenda con La vaca
lechera. Y se oiga a un melómano "¡Esto no es la Sexta Sinfonía!".
Y uno del clavel: "¡A ver si te callas, gilipollas!". Y el melómano:
"¡Hemos venido a oír música sinfónica!". Y otro del clavel: "¡Si
quieres música sinfónica cómprate un casete, imbécil!". Y la masa
clavelera: "¡Ja, ja, ja!". Y el melómano: "¡Ignorantes!"
Y la masa clavelera: "¡Guardias, que echen a los melómanos, fuera, a la
calle!". Y el percusionista aporreando el bombo como si se hubiera vuelto
loco, y el director bailando la yenka, y los del clavel queriéndolo sacar a
hombros por la puerta grande de la plaza de Oriente...
Pues eso, exactamente, es lo que pasa en la Feria de San Isidro todos los días.
¿Qué uno grita "¡pico!"? Los isidros, con clavel o con boina (que
también los hay), le arman la bronca y le mientan a la madre. Con lo cual los
toreros meten pico cuanto les venga en gana y los taurinos sueltan al redondel
con absoluta impunidad la vaca lechera.
No fue la novillada un especial día de isidros (aunque de lo dicho hubo
bastante), pues los del clavel, tratándose de novilladas, prefieren ceder los
boletos a la familia propia o a la del mecánico. De manera que se perdieron la
emotiva actuación de Javier Castaño. Cuando se lo cuenten, lo más probable es
que se den cabezazos contra el piano. En fin, allá ellos.
Los otros novilleros no traían la disposición de Javier Castaño pese a que
dispusieron de una maravillosa novillada. Los novillos de El Torreón
embistieron con una pastueñez asombrosa (¿o se dirá pastueñía?) y tanto Víctor
de la Serna como Sebastián Castella los desaprovecharon lamentablemente. Tenían
perdido el temple, los enganchones se sucedían, parecían incapaces de cuajar
con mediano aseo un solo muletazo. Castella aún estuvo peor porque no terminaba
nunca sus desastrados trasteos, para desesperación del público y del santo
Job, que se había sentado en el 7.
Javier Castaño les dio una lección de pundonor arrimándose hasta la
temeridad y, por confiarse -se iba del tercer novillo en un desplante pinturero-
sufrió un tremendo volteretón. A ese le perpetró un golletazo horrendo y
perdió la oreja. Al otro, en cambio, lo mató por arriba y ganó las dos, la
puerta grande, las aclamaciones de una multitud enfervorizada. Y ahí quedó
eso.
ABC. José
Luis Suárez-Guanes. Madrid. Castaño
se consagró por su decisión y su temple
Volvía Víctor de la Serna a Las Ventas después de su éxito veraniego del
año pasado y del más reciente y primaveral de Vistalegre. El primer novillo de
El Torreón pareció distraído en los primeros compases, hasta que su matador
lo logró fijar con eficiencia en los lances de saludo, que remató con una
torera media y una bonita revolera posterior. Pendiente en todo momento de la
lidia, se preocupó de llevar al novillo al caballo, siempre con tino. Un quite,
en cambio, no le pudo salir lucido por esa tendencia distraída del animal.
Sebastián Castella se mostró decidido en su turno en un quite por chicuelinas.
El astado arrolló al peón David Díaz, sin consecuencias, en el tercio de
banderillas. Empezó la faena doblándose con torería y cambiándose la muleta
por la espalda. Derechazos suaves y de buen porte en una primera tanda, y luego
otra serie en la que adelantó la muleta, como debe ser, y encajó el ir y venir
de la res, que llegó con un indudable celo al trance final. Siguió con la
derecha en menor tono para recuperarse en una buena serie de naturales y cometer
el error de prolongar la faena sobre ambas manos, cosa que no agradó a un
sector del público por su excesivo metraje, no porque bajara la calidad. Unos
pases por alto, de gusto, precedieron a una lenta muerte que nubló lo que antes
había sido, sin duda alguna, una actuación torera y digna.
Víctor de la Serna recibió al cuarto con una larga cambiada de rodillas,
como para querer demostrar sus ganas de ser. Lanceó con ganas y deseos, y con
la flámula, tras las probaturas preliminares, se encontró con un novillo muy
pegajoso, que apretaba mucho y no daba margen. Pegó muchos muletazos, le echó
coraje, pero no se pudo reposar y el conjunto resultó eléctrico. El novillo,
por su casta, tenía sus pegas para un novillero. Era lo que se llama un toro de
público.
Corretón y distraído el primero del lote de Sebastián Castella, que pasó
gris con el percal hasta que realizó un quite por chicuelinas entonado. Sebastián
empezó su hacer con unos estáticos pases por alto rematados con unos
excelentes pases de pecho. Luego no se acopló con la derecha y demostró más
deseos que otra cosa. Con la izquierda ahogó al morlaco y no le dio distancia
en múltiples muletazos y diversas tandas en las que predominaron los medios
pases y con el solo hecho destacable de la casta y garra que echó a un pase de
pecho. Alargó excesivamente su labor, se marcó un par de manoletinas y eso sí,
mató con rapidez. Recibió un aviso presidencial, por lo que se excedió al
torear con la muleta.
Montera en mano
El quinto fue bien picado por José Doblado. Sin nada de mención en el toreo
de capa de Castella. Sorprendió el novillo al diestro cuando iba a brindar al público
y tuvo que ejecutar unos naturales con la montera en la mano. Se mostró
insistente y machacón, pero cayó en la monotonía por la excesiva longitud de
su trabajo.
Javier Castaño era esperado con expectación. Se pasó cerca a su rival al
torearlo a la verónica y rematar con una triple revolera a la manera de Paco
Ojeda. Víctor de la Serna quitó con valor por gaoneras. Castaño brindó el
novillo a Pedrés y le anduvo con bien en los primeros compases. Luego, con la
derecha, dejó la muleta en la cara, pero no pudo rematar los muletazos porque
una vez el novillo se cayó y alguna otra le ahogó demasiado. Con la izquierda
pegó tres sin rectificar en el espacio que se baila un chotis y un cuarto
digno. Una nueva tanda tuvo mayor vitola y, ya centrado, fue a más, sobre todo
al sacarse al final de la tanda todo el toro por delante en el airoso de pecho.
Volvió a repetir un conseguido pectoral en nueva tanda y al finalizar con un
desplante resultó cogido de forma impresionante. Se levantó, volvió a la
carga con unas bernardinas y ejecutó una estocada al encuentro que debió de
caer en mal sitio, pues la sacó enseguida un banderillero, esto hizo retraerse
al público de pedir la oreja.
Fue ovacionado en el sexto en unas ajustadísimas verónicas. Con la franela
armó un verdadero alboroto en un toreo de cercanías sobre ambas manos, en un
espacio pequeñísimo, en el que el torero salmantino, nacido en León, templó,
mandó y dio ese toque de toreo de cercanías que inventó Dámaso González y
que llevó a lo máximo el antes citado Ojeda. Acabó de una gran estocada después
de haber combinado la majestad con el valor, el temple con la garra y el
sentimiento con la vocación de ser figura del toreo. Al final, el codicioso
novillo de El Torreón, propiedad de César Rincón, cayó como una pelota y se
desbordó el entusiasmo. Había nacido un auténtico as de la Fiesta. Esas
figuras que salen cada bastantes sanisidros y a quien auguramos un porvenir de
lo más risueño, porque reúne todas las condiciones.
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