GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del viernes, 5 de octubre de 2001
Corrida de toros
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de El Puerto de San Lorenzo, bien presentados, mansos

Diestros

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, El Mundo, ABC


El País. JOAQUIN VIDAL. Tan mal como se veía

La verdad es que aún pudo ser peor, no por nada sino porque todo es empeorable en esta vida. De cualquier forma el público se temía lo que luego hubo de suceder y sucedió: que la corrida resultó mala con ganas.

A lo mejor les culpan a los toros aprovechando que no tienen defensa posible (se los llevaron a la incineradora y ya no pueden mugir) mas a los toreros no les valía irse silbando El sitio de Zaragoza para disimular lo mucho que contribuyeron a aquella desolación.

El toreo de la nada produjeron a lo largo de la tarde, una vez depurados los desplantes bravucones y las aflamencadas posturas para lo que llegaron bien dispuestos los tres. Sin embargo torear, lo que se dice torear, era distinta cuestión.

Probablemente la mayoría del público que casi llenaba la plaza estaba allí por obligación. Algunos no hubiesen acudido ni atados, visto el cartel y el tiempo amenazante de lluvia. No obstante para conservar el abono de la Feria de San Isidro estaban obligados a comprar el de la Feria de Otoño (eso o perderlo para siempre) y optaron por conservar la condición de abonados, pues nunca se sabe.

Finito de Córdoba, cabeza del escalafón; Manuel Caballero, genio de muchas genialidades en múltiples cosos de por ahí; Rafael de Julia el torero-revelación en su año de gracia, y los toros de Puerto de San Lorenzo, que suelen torear las figuras... En principio, el planteamiento del cartel tampoco era como para querer suicidarse precisamente.

Ahora bien si se pensaba un poco (procelosa aventura, ya se sabe) los brillos de la combinación se tornaban opacos. Pues los triunfos que han obtenido los tres (y casi todo el plantel de figuras) por esas plazas de Dios venían generados por el triunfalismo galopante que se lleva y los lograban toreando toros de la especie del que abrió la Feria de Otoño.

Cuando leemos -¡tantas veces!- reseñas tituladas 'Los tres matadores y el mayoral a hombros por la puerta grande', los toros base de la apoteosis eran iguales que el de Puerto de San Lorenzo que correspondió a Finito de Córdoba en primer lugar. Es decir, un toro de escaso trapío inválido absoluto al que se puso a pegarle derechazos. La diferencia con esas plazas de por ahí es que en Las Ventas ni admitieron el toro ni aceptaron el bochorno de los derechazos.

Ciertamente, quedaba un poco ridícula la imagen del torero poniéndose solemne y farruco con un toro que continuamente rodaba por la arena. El que hizo cuarto sacó trapío, romana y genio y con ese ya no se puso ni solemne ni farruco, claro está; antes bien, lo trasteó, intentó tres derechazos, volvió a trapacear perdidos el sitio y el pundonor, y se lo quitó de en medio.

Toro curioso e interesante fue el que hacía segundo. Manso en varas, sacó una encastada nobleza en la muleta con enceladas embestidas al primer cite. Manuel Caballero, tras pasarlo estupendamente por bajo, le dio dos tandas de derechazos que provocaron grandes ovaciones y también un menudeo de pitos y protestas. A la mayoría del público le supieron bien aquellos pases empalmados en tanto la minoría se percató rápido de que en vez de cargar la suerte la descargaba, que toreaba con el pico de la muleta y escondiendo la pierna contraria. La faena vino a menos. No se acopló Caballero en los naturales, no mejoró los nuevos derechazos y careció de enjundia la espaldina, en tanto el toro continuaba incansable exhibiendo su boyantía.

El quinto de la tarde ofreció la parte mala de la camada: manso declarado, escapaba de todos los intentos de Manuel Caballero por sacarle pases ruedo a través. Tercero y sexto parecían manejables y en cambio a Rafael de Julia, el torero-revelación, no le llegaba el estro. De noche, chispeando y con el peso del aburrimiento acabó la función. Sólo eso tuvo de bueno: que se acabó.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Sólo Caballero ante la antipatía de un abono que crea mal rollo

Entrábamos a la plaza como un rebaño de corderos camino del matadero, mascullando palabras ininteligibles, maldiciendo la hora, el clima, la Feria de Otoño y el padre que la inventó. A la gente le sienta este abono obligatorio como la declaración de la Renta, y no hay más vuelta de hoja. Al aficionado se le pone carita de Ramallo con la mano boba, como escribió con sumo ingenio Álvaro Martínez en fechas pasadas en ABC. Y ya puede la empresa anunciar a Rafael de Julia o a Eugenio de Mora -ambos abrieron en mayo la Puerta Grande con distinta fortuna-, o traer a Esplá tras la lección que impartió en San Isidro con los victorinos, o forzar a tres fijos en todas las ferias de España como Finito, Caballero y Rivera Ordóñez a pasar por Madrid, que no. Que el personal dice que nones, vamos.

A DESMANO

La Feria de Otoño cae a desmano para las primeras figuras, que se cuentan con los dedos de una mano y a lo peor sobran, y para el aficionado. Alvarito, perdón por el diminutivo, proponía en su columna una solución: si Otoño es insalvable si se quiere mantener el abono en San Isidro, que también lo sea para los toreros que vienen en mayo. Trágala para todos o para nadie.

Sólo una faena de Manuel Caballero -¿dónde ha escondido usted, Caballero, semejantes modos a lo largo de todo el año y esa buena disposición?- despuntó en una tarde lluviosa y gris. Y aún así no caló en los fríos corazones venteños, cabreados por la antipatía de un abono que crea mal rollo.

Caballero ya toreó bien con el capote, poniendo la verónica de frente en el saludo. Como ocurrió cinco meses atrás, se llevó el mejor toro de la corrida de Puerto de San Lorenzo, aunque éste sin la bravura de aquél, ni en el caballo ni en la muleta. Pero noble y humillado. Y así se dobló con él en un genuflexo y muy plástico comienzo por bajo. Y siguió sobre la mano derecha con la templanza por bandera, en las proximidades de la segunda raya de picar, que era el terreno más idóneo, por las características del animal y porque en los medios molestó el viento.

FIJAR TERRENOS

Faltó esa claridad para fijar el dónde. Bajó el tono sobre la zurda, desarme incluido, y volvió a subir enteros a derechas y en los muletazos ayudados finales. La estocada arriba, hasta algo contraria, y un contundente descabello no conmovieron mucho más, y la cosa quedó en una ovación en el tercio que bien debía haber sido una vuelta al ruedo.

El resto de la corrida, nada. Finito de Córdoba, con la cabeza en otra historia, salió a no complicarse la boda, digo la vida, y Rafael de Julia careció de firmeza y ambición. Pese a la mansurronería de los toros, por momentos pareció que algunos quizá en otras manos...

Entre tan corto bagaje, el segundo par de Carretero al huidizo e imposible quinto y los dos de José Manuel Montoliu -¡ojo, al futuro de este torero!- al deslucido sexto despertaron las más unánimes ovaciones.


El Mundo. VICENTE RUIZ.  De bodas y vulgaridades contraestilo

Asomó Finito por el portón de cuadrillas y ávida y pícaramente me advirtieron dos señoras sobre su próximo enlace. En ello pareció estar pensando el diestro toda la tarde. A su segundo no quiso ni verlo. Si con el anterior no pudo hacer nada, a éste lo negó la existencia desde el principio. Posibles parecía tener éste de inicio; pues bien, lo macheteó Finito para, después, cuando ya no podía ser, querer torearlo. A por la espada y a pensar en los preparativos del inminente casorio.

Peor fue lo de Caballero, ya que a éste sí le sirvió uno de sus toros. Su primero no fue bueno para el ganadero debido a su mansedumbre, pero fue sensacional para el torero por su nobleza y clase en la muleta. Se hinchó el torero, se hartó de pegarle muletazos y como si nada, no estuvo a su altura. Aunque quizás peor aún fue lo de De Julia. Ni un atisbo del torero que saliera a hombros en el pasado San Isidro. También regaló un saco lleno de muletazos, o más bien trapazos, ¡qué sopor! Y es que los complejos y engorrosos preparativos de boda de Finito, así como la vulgaridad de sus compañeros de terna, abocaron la tarde al fracaso.