GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del lunes, 21 de mayo de 2001
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Baltasar Ibán, con casta.

Diestros: 

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: Cadena Cope, El País, ABC, El Mundo, La Razón


Cadena Cope JOSE MIGUEL MARTIN DE BLAS. Reyes Mendoza, madera de torero

Con una encastada novillada de Baltasar Ibán brilló el valor y la determinación, así como el limpio trazo del toreo que lleva en la cabeza un cordobés de nombre Reyes Mendoza. Fue lo principal, porque Julio Pedro Saavedra estuvo encogido en su debut, y Sergio Aguilar, valiente pero muy obstinado con el peor lote en conjunto.
La novillada estuvo en tipo, el cuarto fue el mas chiquito, y uno de los más correosos, y los dos primeros fueron, sencillamente, de una extraordinaria bravura y fijeza. Unos novillos que repitieron con mucho motor y fueron aplaudidos en el arrastre.
Julio Pedro Saavedra lució al bravo segundo ejemplar de Ibán, lo puso de largo en el caballo, le dio sitio con la muleta, pero no dijo nada el novillero en una faena que nunca remontó. Todos los honores fueron para el novillo, muy bravo y de muy buenas hechuras. Con el quinto, un animal que peleó en varas y repitió en la muleta, estuvo monótono Saavedra, sin terminar el trazado de cada pase, sin acabar el sometimiento a un novillo con mucho celo.
Sergio Aguilar participó en quites con desigual fortuna, hizo uno por gaoneras al tercero, banderilleó con seguridad y valor, especialmente en los pares al quiebro en cada novillo, de puro aguante. Su primer faena la comenzó con un cambio de manos por detrás para ligar con la izquierda. Luego, faena de corte “tomasista”, auténtico espejo para Aguilar: suavidad en los cites, compás cerrado, valor natural, aguante sereno…pero no le salió casi nada. El novillo de Ibán se vino a menos, y lo mató de una estocada. Con el sexto, lances de rodillas en el recibo. El novillo manseó en varas, y en la muleta, de la que huyó escandalosamente, un novillo deslucido, que se rebrincó. Se empeñó Sergio sin suerte y sin brillo, con mucha voluntad.
Reyes Mendoza abría la terna, y a pesar de pinchar en sus dos novillos, sobre todo en el primero, Madrid le respetó y le dio sendas ovaciones de categoría. El cuarto fue el más chico, se quedó crudito, y muy vivo. Reyes Mendoza estuvo valiente, le tragó, se llevó achuchones, no se pudo templar, pero dio la cara con creces. En la lidia de ese novillo se vivió un momento paradójico: el novillero se estiró a la verónica, y remató de rodillas con una larga cambiada tomada muy en corto. Y el personal, como si eso fuera normal. Vivir para ver…Pero en el primero de la tarde cuajó la faena de la novillada. Un novillo que empujó con la cara alta, pero empujó, y repitió de verdad en la muleta que siempre le ligó los pases. Reyes Mendoza abrió por estatuarios, solemne, como ausente, con gran personalidad, y uno de la firma de mucho ajuste. Luego, muy quieto, naturalmente valiente, ligó por ambos pitones, con limpieza, salvo cuando le molestaba el viento al natural. Hubo valor, hubo personalidad, y hubo sinceridad en esta faena de Reyes Mendoza, que se estrechó con el novillo y le llevó largo, toreado, embebido.
Reyes Mendoza no triunfó en San Isidro, pero enseñó claramente la madera de torero que lleva. Madera de la buena. Al tiempo.

El País. JOAQUIN VIDAL. Ni con el carretón

Algunos toreros parece que no quisieran torear ni con el carretón. A los tres de ayer les salió algo así como el carretón y ni por esas. Quizá en el fondo se encuentre la realidad de que no quieren ser toreros. Entendámonos: vestirse de luces, los hoteles, el paseíllo, los aplausos, los brindis, el ringorrango, pegar pases a lo sumo, eso sí. Pero todo aquello del sacrificio, el riesgo aceptado, el espíritu de superación para realizar en pureza las reglas del arte, eso ya no.

Los tres novilleros dieron esta sensación. Para los tres hubo novillos boyantes, incluso hubo quien se los encontró de categoría excepcional, y fueron incapaces de torearlos como dios manda.

No provocaron ni uno de los olés que salen del alma; tampoco transmitieron la emoción propia de los toreros valientes, cuyos alardes ponen el alma en vilo. Y, en fin, no hicieron merecimientos para dar ni siquiera una triste vuelta al ruedo.

De los tres, a dos se les silenciaron sus actuaciones, lisa y llanamente. Les correspondieron, precisamente, los mejores novillos de la tarde y ni por esas. La nobleza excepcional de ambos ejemplares les valió únicamente para pegar pases adocenados, atropellados y aburridos.

Los aficionados veteranos (y un servidor) que han visto a los novilleros de otros tiempos rodar por los morrillos de las reses, llevarse unas palizas tremendas, acabar con los ternos de mil posturas (casi siempre prestados) hechos jirones, y todo por su empeño en salir de la plaza de Madrid en triunfo, aunque fuese contra viento y marea, no acababan de entender los melindres de estos novilleros de ahora.

Resulta difícil imaginar qué habrían hecho los de ahora con aquellas novilladas de entonces, viejas, broncas, poderosas, cuando son incapaces de torear a las encastadas y pastueñas que les propician recrear el toreo bueno y, de paso, comprarse un cortijo en Linares.

El paseíllo ya traía raros augurios.

Cuando hicieron el paseíllo los tres no avanzaban nada, nada, nada. Caminaban como haciendo dengues, pasitos cortos, airesremilgados, y aquella disonante ñoñería daba la impresión de cualquier cosa excepto de que estuvieran dispuestos a enfrentarse a una novillada de casta brava.

Las previsiones se cumplieron: no estaban dispuestos a enfrentarse a una novillada de casta brava.

Reyes Mendoza pareció que sí al iniciar su primera faena de muleta medianteestatuarios aguantando sin mover un pie las codiciosas embestidas del novillo. Sin embargo luego realizó el toreo que se habría de ver todo la tarde, tanto en él como en sus colegas: nada de cargar la suerte sino descargarla; nada deligar los pases sino quitarse de en medio en los remates; nada de reunir sinotorear hacia fuera.

Mayor pena dio la lidia del segundo novillo, que tomó un puyazo sensacionalmetiendo los riñones, romaneó otro, y embistió incansable hasta que rindió la vida después de la interminable faena que le dio el debutante Julio PedroSaavedra.

Porque la faena, destemplada e insulsa, únicamente puso de relieve la calidad extraordinaria del novillo, que se mantuvo fijo y repetidor, sin hacer cosa fea alguna, pese a los motivos que el desastrado toreo de Saavedra le dio.

El tercero humillaba hasta arar la arena con el hocico, y semejante manifestación de nobleza no le valió a Sergio Aguilar para nada que no fuese pegar pases sin un remoto síntoma de calidad. Mejor estuvo con las banderillas.

La segunda parte de la novillada, ya mansa aunque mantuvo la nobleza de las embestidas, constituyó un calco de la primera. Y exasperaba, francamente, comprobar que los tres novilleros desaprovechaban la oportunidad de triunfar en Madrid, en plena feria de San Isidro.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. La personalidad de Reyes Mendoza contra el sistema

Proliferan las tertulias en torno a la Feria de San Isidro durante mayo. Jurados, radios, amigos. En todo almuerzo que se precie salta la conversación de toros, eje de las conversaciones en tascas, tabernas, bares y hoteles. Federico Sánchez Aguilar dirige en Onda Cero un «coro» de pluralidad, con voces de diferentes registros e ideologías. Encontramos allí a Marlasca, sabueso del periodismo de la vieja escuela y hoy jefazo de la cadena de Telefónica —lejanos tiempos los de la auténtica A3, Manolo—, a Rafael Martínez Simancas, a Lorenzo Díaz y a Pérez-Puig, que hace sufrir a sus enemigos porque nunca se estrella con la programación del Teatro Español. Había más contertulios, como Díaz-Murillo y otros de cuyo nombre no logro acordarme. Hablamos de lo divino y de lo humano; vivimos distintas caras de la Fiesta, con Bote y Encabo en directo; se abordó el espinoso asunto del sistema del mundo del toros, su funcionamiento y sus lacras. Cada cual expuso sus razonamientos, lógicos, alrededor de las injusticias que se dan; sólo olvidamos un factor importante: el público. Porque para romper el denostado sistema también haría falta una mayor afición que busque nuevos valores fuera de las grandes citas sociales que suponen las ferias de renombre o que apoye las novilladas dominicales o las mismas corridas de domingo donde se han forjado Bote, Encabo, El Cid o El Renco, y otros muchos a los que ninguno de mis amigos que ayer clamaba contra el sistema ha ido a ver en julio, agosto o septiembre, porque no es feria o porque los carteles «son malos», aunque en ellos figuren aquellos que sirven para construir un discurso facilón. Ya se sabe que al «pobre» hay que defenderle pero no sentarle a tu mesa.

La amenidad y el buen rollo presidió el ambiente de la comida, para luego acudir, paraguas en mano, a la novillada. Nos habían comentado tiempo atrás que Reyes Mendoza apuntaba notables condiciones. Y no fallaron. Observamos en él una personalidad muy acentuada, un valor firme y sereno, sin aspavientos; un concepto de mano baja y ligazón; una conexión fácil con los tendidos a pesar de su considerable estatura.

DESIGUAL NOVILLADA

Disfrutó Mendoza del mejor utrero de la desigual novillada deBaltasar Ibán. Pero justo en los momentos claves de la faena el viento soplabaracheado con mala uva. Que después pinchara ya sólo tuvo un culpable.

Por estatuarios inauguró faena, y despidió el prólogo con un pase deldesprecio. Y luego alcanzó niveles de interpretación de notable nota, sobre todo con la mano izquierda. Entre la ortodoxia más cabal, intercaló alguna que otra espaldina. Pero cuando debía rematar aquello, se puso a pinchar, tal vez por dejar el brazo atrás. A pesar de ello —seis veces fueron las que encontróhueso— saludó desde el tercio. O sea, que si mete la espada a la primera, como hizo en el séptimo envite, corta oreja seguro. O casi, que nunca se sabe.

Su segundo enemigo no le dio opciones con su mansedumbre y su constante y violento cabeceo. Atacó con rectitud la suerte suprema y se dejó parte de lataleguilla en los pitones. Causó una impresión muy positiva, con lo cual sería bueno repetirle en una novillada con garantías.

A Julio Pedro Saavedra le tocó en suerte un novillo bravo que se entregó enla pelea con el caballo hasta derribar. Desde entonces, el personal se puso de parte del animal. A pesar de que embestía algo rebrincado. tuvo duración ycasta. Saavedra muleteó con oficio y frialdad. Peor partido sacó del penúltimo de la tarde, excesivamente zurrado en varas.

Sergio Aguilar pechó con el lote de mayores mansedumbre y deslucimiento. Alargó demasiado su primer trasteo, después de comprobar la descompuesta embestida de su enemigo. Un par al cambio —lo que ahora se llama quiebro—quedó en el ambiente. Repitió el encuentro cerca de toriles con el manso ygrandón sexto, que le apretó hacia los adentros. Alcanzó la barrera con apuros y no supo saltar a izquierdas. Nos acordamos del Papa Negro, que en el patio de General Mola, 3, hacía saltar las tablas a sus hijos por los doslados. Aguilar nada consiguió del huidizo comportamiento de su enemigo.

Si algún día les repiten , a ver cuántos estamos en la plaza. Por no echarle toda la culpa al sistema...


El Mundo. EFE. Vencieron los novillos de Baltasar Ibán

La segunda de las tres novilladas programadas en el largo ciclo isidril ha vuelto a dejar un nombre triunfador. Pero en esta ocasi—n, el de la ganader’a. Hace una semana que un joven salmantino, Javier Valverde, abr’a la Puerta Grande en su debut. Y desde entonces parece que tienen m‡s carisma estos festejos menores. Efectivamente ha habido m‡s pœblico en la plaza, ‡vido de cosas importantes. Parece que en las novilladas siempre habr‡ Žxito.

Mas lo bueno esta vez se lo ha anotado la ganader’a. Al menos el pœblico ha tomado m‡s partido por el ganado que por los toreros, excepci—n notable la del primer espada, que ha convecido mucho con su valor. S—lo el mal manejo de la espada en el que ha abierto plaza le ha privado de cortar una merecida oreja.

Novillo bueno ese primero, encastado y muy toreable, con el que ha empezado a crearse el ambiente torista. Reyes Mendoza ha estado muy centrado y valeroso con Žl. Lances con enjundia en el recibo y quite por gaoneras de mucho salero. En la apertura de faena cuatro estatuarios, uno del desdŽn y el remate de pecho, todo sin enmendarse. Y a partir de ah’ la m‡s completa y seria demostraci—n de valor.

El toreo fundamental por la derecha, de mano baja y mucho temple, adem‡s de hilvanarlo perfectamente. Reyes Mendoza se ha quedado muy quieto y se lo ha pasado muy cerca, para mayor abundamiento en una parcela m’nima de terreno. Ha habido un desarme en la œnica tanda por naturales, pero no ha dado tiempo a que bajara la emoci—n. M‡s por la derecha con un escalofriante remate por la espalda. Y manoletinas tambiŽn muy ajustadas. S—lo hay que censurarle al torero su repetido fallo a espadas, pues con toda seguridad ha cambiado la oreja por un aviso.

En el cuarto, en cambio, se ha visto otro Reyes Mendoza, igual de valiente pero algo torpe, confuso en el planteamiento de faena. De hecho el novillo, abecerrado, ten’a mucho genio, y no ha conseguido hacerse del todo con Žl. Otra vez ha lucido el atributo del valor sin aspavientos en el toreo a la ver—nica, improvisando en el remate un farol de rodillas muy a modo. Pero se ha equivocado en la muleta.

El novillote echaba la cara arriba, mientras Žl no se preocupaba de someterlo. Al revŽs, la faena ha sido un tozudo empe–o de dar pases, la mayor’a s—lo acompa–ando la embestida. Y entre enganchones y alardes ha transcurrdo todo. Una forma de atropellar la raz—n sin sacar ningœn provecho. Aunque al final los aplausos le han vuelto a sacar al tercio.

Al debutante Saavedra no le han salido las cosas. Algo tenso, preocupado de centrar la atenci—n en s’ mismo cuando ha notado que la plaza tomaba partido por su primer novillo. Un animal bravo de verdad, que se ha arrancado dos veces de largo al caballo, y que ha empujado con mucha fijeza. Novillo que ha aguantado de todo y en cantidad, un quite a pies juntos del propio Saavedra, otro por saltilleras de Aguilar y una faena larga en la que se le notaba m‡s crecido conforme transcurr’a.

A todo esto el novillero no se ha decidido a bajarle la mano del todo, ni a llevarle todo lo largo que presumiblemente daba de s’ la embestida del animal. Faena limpia y correcta, pero sin alma, como lo demuestra el silencio final, en contraste con la ovaci—n al arrastre. En el quinto ha vuelto Saavedra con la misma disposici—n, aunque esta vez se le ha notado m‡s la falta de acople y de temple.

El caso de Aguilar empieza a ser preocupante, despuŽs de aquel prometedor debut hace un a–o, cuando sufri— una grave lesi—n de rodilla que le tuvo en el dique seco pr‡cticamente toda la temporada. Volvi— a Las Ventas a principio de Žsta, pero ya no parec’a el mismo, desdibujado y fr’o, m‡s preocupado de imitar a otro torero ya consagrado que de desarrollar su propia personalidad. Hoy, con la disculpa de haber sorteado el lote menos bueno, tampoco se salva de la quema.

Ha cumplido dos tercios de banderillas solamente discretos. En todo caso el tercer par al quiebro en su primero ha tenido importancia. Pero ni con el capote ni con la muleta ha sido capaz. Su aplomado primero se ha defendido mucho, y Žl se ha dejado tropezar siempre en los pocos pases que ha dado. El manso y huido cuarto, que de alguna manera ha sido la gran excepci—n del encierro, le ha obligado a recorrer mucha plaza. Trasteo muy deslavazado, sin el menor fondo.

El Albero

www.cope.es

Vega de la Reina
Bodegas Vega de la Reina


Teléfono de atención al cliente:
900 200 125

Cafeterías
California

Para saber de toros