GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del miércoles, 30 de mayo de 2001
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Nazario Ibáñez, discretos de presencia. 

Diestros: 

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: Cadena Cope, El País, ABC, El Mundo


Cadena Cope JOSE MIGUEL MARTIN DE BLAS. Novillada de San Fernando: un ratito a pie, y otro andando

Poco o nada, desde luego, mucho menos de lo que tradicionalmente se espera de las novilladas de San Isidro, ocurrió en la décimo novena de feria.
La novillada de Nazario Ibáñez, mansona, con algún ejemplar noble, como segundo y cuarto. Alguno de los novillos de Nazario Ibáñez estaba cerca de la edad del toro, a punto de los cuatro años. Una novillada que no rompió nunca. El sobrero de José Vázquez, quinto, embistió a arreones.
Gregorio Alcañiz banderilleó sus dos novillos, sin mucho brillo, y dentro de un estilo poderoso, aunque poco depurado. Con el primero, rebrincado, en cuanto le bajó la mano, novillo al suelo, en cuanto le pudo de verdad. Con el cuarto, esforzado y pundonoroso, pero tosco en cuanto a las formas, Alcañiz no se acopló. Saludó tras varios intentos ante la ovación y algunos pitos que sonaban a la muerte del cuarto.
Antonio Gaspar “Paulita” gastaba capotes de vuelta morada, como Joselito, y ciertas similitudes físicas con el torero madrileño, pero muleta en mano, Paulita se puso manos a la obra… y a fe que lo hizo con energías: molió a pases a sus dos ejemplares. Muchos, y casi ninguno bueno, pero pruebas evidentes del sentido del pundonor del torero aragonés. En quinto lugar salió un sobrero de José Vázquez, un novillo listo que dio arreones. Por fortuna no tropezó al torero.
Cerraba la terna Abrahám Barragán, que estuvo firme, dominador, aunque algo envarado con el tercero, un novillo que fue picado en varios sitios…del ruedo y de su lomo. Con el cuarto, Leónidas (el novillo), Barragán estuvo firme, corrió la mano y se la dejó puesta para que repitiera el animal. Hubo buen aire en esa faena, aire del oficio que tiene ya el torero de Albacete, próximo a la alternativa, pero no remató, ni faena, ni con la espada. A ese novillo lo sometió con el capote Tomás Pallín, que se ganó la ovación más unánime de la tarde.

El País. JOAQUÍN VIDAL. Pallín

La novillada no era nada, salvo un suplicio. No era nada de la nada, nada ocurría, a lo sumo alguien en el redondel esbozaba alguna nadería, eso si no se manifestaba como una nulidad para la función que tenía atribuida. Y transcurría en un sinvivir; el que menos, arrepentido de haber acudido, con lo que estaba cayendo. Fuego bíblico según expertos. Hasta que, allá al final, apareció Pallín, peón.

Acudió el peón Tomás Pallín, de verde clorofila y azabache vestido, para abortar el desaguisado de un novillo abanto al que nadie conseguía detener en sus correrías por todos los puntos cardinales del redondel. Y le bastó presentar el capote y echarlo abajo templando la veloz arrancada y obligando a humillar el díscolo. No sólo eso, claro, sino que ligó las sucesivas embestidas y, de la suerte -técnica, veteranía, valor, vergüenza torera-, quedó el novillo parado y fijado para los restos.

Menuda ovación se llevó Tomás Pallín. La ovación de la tarde. Pero aún hubo más. Porque cuando el novillo, tras desmontar en un arreón de latiguillo, huía sin rumbo fijo, Pallín volvió a presentarle el capote, a templarlo caminando hacia atrás y lo dejó en suerte donde era debido.

Muchos se sorprendieron con este peón que ya tiene sus añitos y va echando trapío; mas la afición conspicua, sobre todo la veterana, ya le había visto muchas veces bregar con el mejor arte. No debía de ir normalmente en cuadrilla fija y solía venir a Madrid acompañando a toreros salmantinos, a quienes daba el consejo adecuado en el momento oportuno y les lidiaba los toros como está mandado para resaltar sus virtudes, si las tenían, y corregir sus defectos si era menester.

De casos como el de Pallín está llena la historia menuda de la fiesta y algunos se recuerdan como ejemplo de lo que le puede sudecer a un subalterno si se gana los aplausos del público por torear bien. Muy llamativo fue el de Martín Recio en una feria de Sevilla. Salió un toro de Palha huidizo con su porcentaje de mala uva, y Joselito, a quien correspondía, no lograba someterlo, por lo que delegó en el peón. Y hete aquí que el peón se hizo de inmediato con el toro y lo mudaba de terrenos llevándolo embebido en los vuelos del capote. El público reaccionó premiando con una ovación a Martín Recio tan intensa y sostenida que debió amostazar a Joselito, Y entonces fue Joselito y decidió asumir la lidia mientras ordenaba a Martín Recio que se retirara a la barrera. Sin embargo fue un error porque el toro desbordó a Joselito, casi lo desarma, le puso en franca huida (de paso, en ridículo) y hubo de comparecer de nuevo Martín Recio que dio un recital de dominio y de torería. Y la plaza le ovacionó puesta en pié y hasta el tocaron la música. Unos meses después, Martín Recio quedaba despedido de la cuadrilla de Joselito.

A Tomás Pallín no lo van a echar de parte alguna. No habría manera, ya que va por libre. Y lo único que puede suceder tras su ensayo de buen toreo es que la afición le esté agradecida eternamente. O sea, hasta la próxima, según costumbre.

El agradecimiento será doble pues, como ya quedó apuntado, la tarde iba de pena. Todos los novillos se podían torear, lo cual no quiere decir que los toreros se tomaran esa molestia. Hubo algunos naturales, algunos derechazos, la disposición de Gregorio Alcañiz, que es novillero con cabeza y corazón, y trae formas y conceptos propios de la tauromaquia clásica, aunque apenas redondeó nada. Y aquí quizá empezó y terminó el toreo que pudo verse en la tarde pues tanto Paulita como Abraham Barragán no pasaron de voluntariosos con un ganado al que habrían podido sacar mayor partido.

Los novillos, desde luego, no tenían ninguna culpa. El reparo de su poca casta resulta que beneficiaba a los toreros pues no agredían y ademáss desarrollaron nobleza. El quinto, huyendo de los capotes, se encontró en la puerta de cuadrillas con los dos picadores, que salían entonces y se puso a repartir estopa, yendo de uno a otro sin solución de continuidad. Hasta que un puyazo debió caerle en mala parte y quedó medio parapléjico por lo que fue devuelto al corral.

Esta fue una novedad errática en la atosigante tarde. Y luego vendría Pallín: una solidez, un fundamento, un arte. Digo.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. ¿Quiere ser usted millonario?

Hay días en los que el cuerpo «gripa» como los motores y el espíritu se entumece de madrugada y ya ni la mañana ni la tarde arreglan nada. Hace dos años exactos a mi amigo Juanito Bienvenida se lo llevaba por delante el negro toro de la leucemia, que tiene la cara fosca y no entiende de personas. Escribió una vez Martín Ferrand, a propósito de la muerte de Antonio Herrero, cuando las ondas volaron negras desde Marbella, que los mejores siempre se nos iban antes de tiempo. Suele ocurrir, y además, luego, ni los recuerdos ni las enseñanzas sirven de consuelo.

SIN ACRITUD

Por San Isidro, Juan no se perdía una corrida. Juzgaba sin acritud, hablaba sin malicia ni resentimiento; de su boca no salía una sola palabra amarga contra sus compañeros, y menos contra los novilleros. Si hubiera visto a los tres chavales de ayer, seguro que habría encontrado en cada cual alguna virtud sobre los muchos peros. En su memoria, estas líneas van a tratar de no caer en la desmesura, o en el varapalo que arrasa con todo. Y motivos no faltan.

A Gregorio Alcañiz se le intuye la reciedumbre en sus modos y la firmeza del valor; a Paulita, formas de haber soñado alguna vez el toreo con la erala o con la utrera; a Abraham Barragán, el oficio de un profesional en los albores de la alternativa. Si juntásemos a los tres, igual nos daba para hacer un torero muy completo. Y si por allí en Las Ventas hubiera estado Carlos Sobera, con su ceja endiablada, preguntando «¿quiere ser usted millonario?», ¿qué habrían respondido los tres noveles toreros de ayer? Pues, probablemente, que sí, claro, que para eso se han metido en la sinuosa carretera del toreo. Pero después, vistas sus actuaciones, caben muchas dudas de que lo consigan. Porque esto de ser figura, más que difícil es un milagro, como reza una frase lapidaria en la Escuela de Tauromaquia de Madrid.

VIRTUDES Y CARENCIAS

Los novillos de Nazario Ibáñez sirvieron para que cada cual mostrara sus virtudes y sus carencias. Al primero, rebrincadito, Alcañiz lo banderilleó con facultades y lo muletó con soltura y escaso reposo tras inaugurar el trasteo con una dosantina. Por el pitón izquierdo se vencía. La faena tuvo los muletazos justos y un final de estocada y descabello, como en el más claro cuarto. Entre ambos volapiés, técnica, cierta frialdad, ligazón y poco más,

De Paulita nos habían hablado bien desde Zaragoza. Su apodo debe venir porque apunta algunas cosas con el capote, que como el de Rafael de Paula tiene el forro nazareno. No transmitió la calidad que dicen que posee más que en una chicuelina y una media verónica. Del resto, poco que contar. Que le tocó uno de los mejores utreros de la tarde, el segundo, y que no pasó de discreto. Sus picadores se cargaron el quinto, que fue devuelto con un boquete en el brazuelo para expedientarles. El sobrero de José Vázquez, muy serio,descabalgó al piquero de turno y lo tiró contra la barrera, o por encima de ella, tal vez como «vendetta». Desbordó a Paulita en todos los frentes. Pesó demasiado la responsabilidad y también el toro.

Barragán está muy placeado, pero no acompaña sus conocimientos y su oficio con la calidad. Su lote mereció ponerle más alma. Ambos novillos mansearon, ambos desarrollaron bondad y se movieron en el último tercio, más el sexto que el tercero. Se sucedieron los muletazos, muchos, y no pasó nada.

Al último torete de la tarde lo bregó bien El Niño de Belén, que lo fijó en el capote. Se anotó las más fuertes ovaciones de la jornada. Triste, apática, insoportable.


El Mundo. EFE. Novillada sin interés

La feria ha bajado al sótano, triste casualidad, con una novillada. Ha sido el colmo del aburrimiento, por la falta de casta en los novillos y por la ausencia también de ambición de los novilleros. Un espectáculo sin el menor interés, para mayor contrariedad, inundado por un calor agobiante. En pocas palabras, Las Ventas ha sido un auténtico infierno.

Gregorio Alcañiz, hermano del matador de toros Miguel Rodríguez, veterano ya en el escalafón inferior, se ha mostrado tan voluntarioso como torpón y vulgar. Nada de relieve con el capote, ha puesto banderillas en sus dos novillos, también sin un sólo par que mereciera la pena.

Su primero ha sido poquita cosa, berreón y corto de embestida, además de revolverse pronto. Menos mal que el animal tampoco ha tenido mucho brío y, cuando menos, el novillero ha estado delante sin decir gran cosa, pero sin agobios. En el cuarto, otra vez más torpe que valiente. El novillo, de extrema sosería, se ha tragado mil pases, ninguno que valiera la pena, y eso que el pitón derecho no ha sido nada desdeñable.

Paulita ha sido otro que se ha dado más a la cantidad que a la calidad. Su primero, noblón y con la cara natural, es decir, sin terminar de humillar, ha llevado también una buena ración de muletazos. Lo único transcendente, el comienzo de faena por bajo, en unos doblones con cierta torería. Lo demás, la más absoluta vulgaridad.

En el quinto, novillo brusco que casi se hace el amo en los dos primeros tercios, y que ha desarrollado sentido a partir de la mala lidia que ha llevado, Paulita se ha empeñado en torearle como si tal, en lugar de preocuparse de domeñarle. Ha estado un rato a merced el novillero, y punto.

Abraham Barragán ha apuntado cosas en su primero, pero igualmente sin disparar. Novillo manso y soso, al que ha toreado con asiento y compostura, aunque despegado, en el primer tramo de la faena. Enseguida el animal se ha vuelto tardo y sin recorrido, y a partir de ahí vinieron enganchones y falta de interés.

Ya en el último, novillo manso pero muy toreable, cuyas buenas condiciones ha descubierto el subalterno Tomás Pallín, el único capaz de llevarle en el capote, Barragán ha estado reiterativo y anodino con la muleta, en una faena larga y sin fondo. Ha sido novillo para haber salvado la tarde del desastre, pero casi da pie a que el joven torero perdiera el poco crédito que traía de otras plazas.

El Albero

www.cope.es

Vega de la Reina
Bodegas Vega de la Reina


Teléfono de atención al cliente:
900 200 125

Cafeterías
California

Para saber de toros