GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del sábado, 4 de mayo de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Novillada con picadores

Ganadería: Novillos de Puerto de San Lorenzo, desiguales de presencia y de poco juego y un sobrero (segundo bis) de Navalrosal, encastado. 

Diestros

Entrada: tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo.


El País. M.A. CUADRADO. Matías Tejela, salvado

Llegó el tiempo apacible a la miniferia, el trato si quieres cortesano del público entre sí en los tendidos, el olor a tardes de gloria que hasta el mayor pesimista, espera cada día que va a los toros. Pero fallaron precisamente esos toros de trapío, casta y bravura, en este caso novillos, y se vino abajo un tinglado que, a ratos, fue farsa, antigua como el mundo. Y todo porque los novillos de El Puerto de San Lorenzo dejaron muchas dudas en el ambiente. Fueron manejables, incluso dóciles, pero muy flojos, sin nervio y con la casta justa. Y todo hay que decirlo, los espadas no estuvieron muy inspirados. Salvo Matías Tejela.

El chaval residente en Alcalá de Henares y nacido en Valencia de Alcántara, se trajo consigo una disposición de novillero, ambición y un runrún en la cabeza de que a las Ventas se viene a dar la cara. Y no dejó pasar la oportunidad de intervenir en quites, y buscarle las vueltas a los flojos novillos que le correspondieron en el sorteo.

En su primero dejó anotadas alguna verónica suave y llevó al caballo el novillo, en lances de delante por detrás, que aportaron ajuste y marchosería. En el segundo tercio resultó cogido su peón Francisco Villaverde, que hacía de tercero, tras intentar prender un par de banderillas con demasiadas dudas, tal que a guisa de sobaquillo, y a merced del novillo que lo esperó con la cara alta. Sufrió una voltereta y pasó a la enfermería por su propio pie. Padece contusiones de pronóstico reservado.

Tejela se paró con ese su primero y en verdad le administró una faena de muleta en la que hubo pasajes de temple y gusto, sin llegar a redondear faena, que resultó irregular y dispersa. Resaltaron unos ayudados finales de muleta plana y templada.

Fue en el sexto cuando Matías Tejela, a la par que seguir demostrando su intensa disposición, puso todo de su parte para que si no embestía el novillo, iba y lo hacía él mismo. Lo recibió entre las rayas del tercio de rodillas, por verónicas, que una vez erguida la planta tuvieron el sello del buen toreo. Dejó en suerte ante el caballo a Playero, a base de un galleo por chicuelinas de mucho sabor. Intentó a continuación un quite por gaoneras, y el novillo perdió las manos, las fuerzas y alguna cosa más. Se pidió con fervor la devolución del espécimen, y el presidente hizo caso omiso a la plebe, y lo mantuvo en el ruedo. Tejela se centró en una faena de muleta corajuda, otra vez desigual, mas templadilla a trazos, siempre la entrega por delante; sin poder ligarla y con muletazos variados, calentitos y las más de las veces interpretados con gusto. Incluso diríamos en una amalgama de personal factura. Acertó a matar al segundo envite, en una estocada de buena ejecución y lento empuje, y se llevó una solitaria oreja.

Sus compañeros de cartel le dejaron solo ante el peligro. El del éxito. Pues dispusieron también de novillos manejables, incluso nobles, de fuerzas contadas y de invalidez al borde del abismo. Y secundaron actuaciones grises y desnortadas. Se supone que no era esa su intención.

Martín Quintana en su primero practicó el destoreo, siempre fuera de cacho y el remate del muletazo por el extrarradio Y estuvo más centrado en su segundo, en donde dibujó muletazos de buena catadura. Sin cuajar.

Luis Rubias en su primero, el sobrero del Navalrosal, practicó un toreo eléctrico. Y en el quinto lo intentó, sin conseguir lucimiento. Una mala tarde la tiene cualquiera, y aprender es misión de los que empiezan. Otra vez será.

Y para otra tarde quedan los faenones y los toros bravos. La inspiración de quien la ha perdido, y las polémicas de los mejores días. Vaya ruina de Puerto. Parecían novillos hechos para las figuras. Al buen entendedor. Etecé.


ABC. ZABALA DE LA SERNA.  Matías Tejela y Luis Rubias logran diferente unanimidad

Rara vez se logra una unanimidad tan cristalina en una plaza de toros. Matías Tejela y Luis Rubias consiguieron poner de acuerdo a todos. El primero para bien y el segundo, desgraciadamente, para mal. La novillada de Puerto de San Lorenzo también aunó criterios por su flojedad y falta de fuerzas. Y todo bajo un sol espléndido y una temperatura agradable, datos noticiables tras estos desapacibles días de frío.

La miniferia tocaba a su fin, aunque hoy hay una nueva corrida pegada a este ciclo menor. Y lo hizo con un contraste de sabores. A Luis Rubias le correspondió el mejor lote, y estuvo cuadriculado en el derechazo, adocenado en la opacidad. No le recordábamos así en otras ocasiones. La suerte quiso poner en su camino un bravo sobrero de Navalrosal, recortado, bajo de agujas, bien hecho. Un señor novillo que marcó la diferencia por su empuje y por su casta, sobre todo por el pitón derecho. Por el lado contrario, Rubias no lo vio claro en una breve intentona y luego ya nunca planteó el toreo al natural. El novillo duró y duró, como el conejito de Duracell, a pesar de que sufrió un violento volatín en un quite por tafalleras de Tejela.

El quinto fue un cuajado torete de 530 kilos, al menos eso anunciaba la tablilla. Resultó el más codicioso de todos sus hermanos, tanto en el caballo, donde el resto manseó, como en la muleta. Rubias ya no remontó su actuación. El silencio pesó como una losa al final.

Matías Tejela vino a Las Ventas a por todas, como debe ser. Anduvo firme y resuelto con el capote ante el burraco tercero, en el saludo y en el posterior galleo. El peón Villaverde voló por lo alto a la salida de un par de banderillas. La feble condición del utrero acarreaba un molesto cabeceo que provocó que los muletazos no concluyeran siempre limpios. Mas cuando ocurría, Tejela plasmaba un corte estupendo, siempre pasándose los viajes muy cerca de la taleguilla. Cerró con ayudados por alto y una media estocada mortal.

A la verónica lanceó en la salutación al sexto. De hinojos y en pie jugó los brazos con soltura, hasta rematar con una larga cambiada de rodillas. El presidente lo mantuvo en el ruedo con alfileres, una decisión que a la postre benefició al chaval: el utrero se recuperó lo justo para sostenerse con nobleza. El madrileño se fajó desde la apertura arrodillada de faena con una trebolina. De nuevo buscó las apreturas sobre ambas manos, muy rebozado y auténtico. Y entretanto chispearon un afarolado, un molinete zurdo o un cambio de mano. Abrochó con ceñidas bernadinas, cobró una efectiva estocada a la segunda y se ganó una oreja que premiaba una actuación completa y arrojada, novilleril por encima de otras pulcritudes y del material con que contó.

Martín Quintana pasó con discreción ante un par de enemigos que no trasmitían ninguna emoción. Quizá con toros más enteros luzca su concepto, que apunta a poderoso y despegado.


El Mundo. JAVIER VILLAN. Otra oreja de tómbola

Al fin, en los últimos momentos, se cortó una oreja.La cortó Matías Tejela, que tiene buen corte de torero pero que no logró redondear ni una tanda y mostró sólo aisladamente sus cualidades. Una oreja y todos felices: el novillero, el público y el palco presidencial. Y luego dicen por ahí que ésta es la plaza más feroz del mundo, la que quiere colonizar con mano de hierro otras plazas. Santos, verdaderos santos son la mayor parte de los espectadores de Las Ventas: piedad y benevolencia a raudales.

Y conste que a mí Matías Tejela me parece que tiene condiciones, valor y arte. Si esta oreja le vale para consolidarlas, pues bien; pero uno piensa que las dádivas nunca son beneficiosas y que la gente tiende a tomar por triunfo conquistado lo que es dispendio y regalo.

Se derrumbó el sexto tras la primera vara de Vicente González, pero por lo acaecido después con la oreja, no se derrumbaron las ilusiones. El novillo carecía de fuerza y Tejela se limitó a esbozar algunos muletazos inconclusos, como inconclusa era la embestida del animal. En la memoria quedaban algunos lances a la verónica de rodillas, un afarolado, un pase de pecho y un desarme, los tres de rodillas, con que abrió faena de muleta.Después, igual que en el tercero, algunos detalles de torero con buen gusto. El pinchazo en los bajos y la estocada, igualmente en los bajos no fue obstáculo para que el fervor público le arrancara al señor Lamarca la concesión de una oreja infundada para Tejela.

Los dos primeros novillos de Puerto de San Lorenzo no eran novillos, eran ovejos. Mas la caballería sanguinaria los trató como si fueran fieras prehistóricas. Sin ir más lejos, El bala hizo honor a su nombre artístico y se lo cargó. El señor Lamarca tomó la decisión de devolverlo, no porque le obligara el reglamento, sino por una cuestión de buen gusto. Lo que procedía era apercibir a El bala por agresiones con resultado de invalidez. El sobrero de Navalrosal tuvo mejor suerte: no lo desgració El bala; pero lo agravió Luis Rubias maltoreándolo. Sin embargo, Luis Rubias, tras la defectuosa estocada, sintió que había hecho algo grande y saludó muy marcial desde el tercio. Algunos le pegaron el cante.

Lo más llamativo de la lidia del tercero, aparte de esos detalles de torería ya reseñados de Matías Tejela, fue el susto que se llevó Francisco Villaverde. Estuvo cogido en la primera entrada, pero el novillo le perdonó. Al repetir lance, pues los dos palos se le fueron al suelo, volvió Villaverde a atropellarse y se llevó un revolcón. Solitario y apresurado, como si estuviera haciendo una penosa travesía del desierto, se fue por su pie a la enfermería. Martín Quintana se ponía fueracacho y el inválido cuarto estaba fuera de lugar; eso no era noticia, pues, más o menos, era lo que había sucedido en el primero.

Ambos, novillo y novillero, se movía a contrapié. La verdad es que el novillo estaba chungo de las cuatro extremidades. Quintana ni pedía ni sabía echarle gloria a aquella ruina claudicante.Pero lo mató muy bien a la segunda. Quintana no se apercibió de la inocencia boba del pobre animal, lo mismo que el señor Lamarca no se dio cuenta de su postración y su invalidez. De haberlo hecho, estoy seguro de que el señor Lamarca, que tan grandes pruebas de sensibilidad había dado en el novillo que destrozó El bala, lo hubiera devuelto. Yo no soy nadie para dudar de las buenas intenciones de los presidentes y mucho menos del señor Lamarca.

Y si Quintana carece de estilo, y si Tejela es un artista valeroso, Luis Rubias tiene un estilo incierto y una decisión difusa. O sea que el porvenir torero se le presenta oscuro. El quinto, el de más presencia y empuje, acrecentó esa incertidumbre venidera.Aunque, hablando de futuro, ¿a dónde va Las Ventas?