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28ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del viernes, 7 de junio de 2002
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Adolfo
Martín, muy bien presentados, bravos, encastados y nobles, destacando
la bravura y raza del primero de nombre, Madroño, cárdeno de
554 kilos. Todos fueron aplaudidos en el arrastre. El mayoral fue
obligado a saludar al final de la corrida.
Diestros:
- Zotoluco, pinchazo,
estocada caída -aviso- y un descabello (pitos); pinchazo, media
baja y un descabello (silencio).
- Juan
José Padilla, siete pinchazos, dos descabellos -aviso- y dos
descabellos (pitos); estocada trasera y caída y un descabello
(bronca).
- Gómez Escorial,
pinchazo hondo -primer aviso- pinchazo, casi entera, siete
descabellos -segundo aviso- y dos descabellos (silencio); media
perpendicular y estocada (silencio).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, Diario de Sevilla, ABC, Marc
Lavie (en francés).
El País.
Antonio Lorca. Bravos
y encastados
Bravos y encastados fueron los toros de
Adolfo Martín, y tristes y torpes los toreros. Así de paradójica es
la vida del aficionado: cuando hay toros, pues, ya se sabe, escasean los
toreros.
Alguien recordaba ayer la frase que se
le atribuye a Belmonte cuando un novillero le contaba el faenón que
realizaría al primer toro bravo que se le cruzara en su camino: 'Pídele
a Dios, chaval, que no te toque un toro bravo'.
Pues ayer hubo nada menos que seis, bien
es verdad que en tonos y variedades distintas; con más o menos codicia
y fortaleza, pero todos realizaron una aceptable pelea con los caballos
y se fueron arriba en la muleta.
Al primero, Madroño I de nombre, de 554
kilos de peso, se le dio la vuelta al ruedo entre las aclamaciones del público.
No se empleó inicialmente en el capote, acometió con alegría al cite
del picador por dos veces desde los medios -la primera acudió al
relance- y apretó con fijeza, mientras Victoriano García El
Legionario hacía la suerte con auténtica maestría; cumplió en
banderillas y repitió una y otra vez las embestidas con encastada
nobleza en la muleta.
El segundo, menos codicioso, embistió
con la cara a media altura y se paró pronto. El siguiente, flojo, pero
bravo y colaborador. El cuarto, muy bien picado por el mexicano Efrén
Acosta, empujó con fuerza y acusó pronto una incipiente invalidez. Le
avivaron las banderillas, aunque colaboró poco. El quinto fue masacrado
en varas, pero embistió con alegría, y el sexto, el más soso, mantuvo
el buen nivel.
Lo dicho: en una gama de claros y
oscuros, una buena corrida de toros, brava y encastada, para disfrute de
los aficionados y gozo de espadas valientes y artistas.
Pero la dicha nunca es completa. El año
pasado, las llamadas figuras se atrevieron con estos toros y el
experimento no funcionó. Ahora, se apuntan toreros valentones y
bulliciosos, y tampoco.
El problema es el toro bravo y
encastado, que exige toreros de calidad. No sirve el diestro valeroso
capaz de establecer una lucha sin cuartel con una alimaña, ni el joven
poco experimentado que busca una oportunidad.
El bravo primero le tocó a Zotoluco.
Toda la vida pidiéndole a la Guadalupana un toro bravo y, cuando
ocurre, pasa el mal trago de escuchar una pitada mientras su oponente
recibe aclamaciones. Belmonte era un hombre inteligente. Y Zotoluco, un
torero con muy escasos fundamentos artísticos. Estuvo muy por debajo de
su lote, desbordado siempre, con un toreo ventajista y vulgar.
Padilla sale de la feria con muy poco crédito.
Tampoco le sobra calidad al jerezano, por no decir que no tiene ninguna.
Banderilleó mejor al segundo que al primero, pero, muleta en mano, es
un horror difícil de digerir. Además, estuvo rematadamente mal con la
espada en su primero.
Y a Gómez Escorial se le nota que está
poco placeado y que tampoco Dios lo ha llamado por el camino del arte.
Una pena, pero así parece. Se le presentó una oportunidad y la aceptó
para solucionar su incierto futuro. Pero no sonó la flauta. Lo que sonó
fue la bravura de sus dos toros, a los que trasteó con desorden,
vulgaridad y mil ventajas.
Pedidle a Dios que no os toquen más
toros bravos, por favor.
Diario de Sevilla.
BARQUERITO. Dos
grandes toros de Adolfo Martín en notable corrida
La segunda vuelta en el arrastre de la feria fue
para un toro a medio camino entre la agresividad de la ganadería y el
duro temple de su sangre de origen, hubo, dentro de la corrida de Adolfo
Martín, un quinto toro de mejor nota. Ambiente radicalmente torista en
las Ventas.
La corrida de Adolfo Martín empezó con un toro de vuelta al ruedo.
Fuera para tanto o no, se la dieron. Toro de ganadero, de público y de
torero. Muy por ese orden. Hechuras y conducta del encaste Saltillo.
Veleto, cárdeno, cuajado. Pelea no completa pero seria en el caballo,
diligente movilidad, brío, fijeza, embestidas humilladas, repeticiones
si se le traía enganchado. Su gota de temperamento entreverado de fría
nobleza. Sus problemas por la mano izquierda, adelantando siempre con
aire de toro celoso. Su regularidad por la derecha, por donde descolgó
y se vino sin romper del todo.
Menos que en días previos, el viento molestó y Zotoluco lució muy
generosamente el toro en los medios y por las dos manos. Y en distancia.
En corto, el toro no trabajaba. La faena, con sus cortes y sus baches,
tuvo temple, ambición en una tanda en redondo de hasta siete ligados y
los siete embarcados por delante. Lo bueno, sin embargo, no hizo cuerpo,
porque mucha gente había tomado partido por el toro muy de antemano. Ni
se dio peso a una excelente estocada hasta la mano cobrada al segundo
viaje. Como guinda de un postre, la última arrancada del toro en ese
embroque final fue formidable.
Correoso, zapatillero, mirón, listo, muy geniudo y revoltoso, el
otro toro del lote de Zolotuco fue de otra manera. Pero también tuvo
sus partidarios. Fue toro alegre en el caballo, pero salió quebrado
después de cobrar de manos del gran Efrén Acosta tres soberanos
puyazos. Zotoluco resolvió y tapó los problemas del toro.
El segundo de corrida fue toro muy de más a menos. Codicioso y vivaz
de salida, de notable empleo y lucido por Padilla en el caballo y en
banderillas, peleó sólo lo justo en la muleta. Muy poco. Con nobleza,
pero con la cara a media altura y con gas menguante. Enfriado, el toro
terminó revolviéndose. Dispuesto y resuelto, Padilla le buscó
tranquilo las vueltas. Duró y dijo poco todo.
El viento le provocó a Padilla mucha desconfianza en su segundo
turno. Ese turno fue el de un toro de gran calidad. Muy en tipo, este
quinto salió metiendo la cara, apretó en varas y se durmió bajo el
peto. Muy castigado, se vino arriba en banderillas. Ahí asomó el
temple serio y noble que iba a estallar después en continuidad de
embestidas y el morro por el suelo sobre todo por la mano izquierda. La
faena de Padilla fue de simple oficio, larguísima, inadecuada.
En el lote de Gómez Escorial no entró ningún toro de nota. El
tercero salió galopando, pero se fue de los engaños una vez en
seguida, quiso lo imprescindible en el caballo y escarbó en cuanto se
empezó a aburrir. Toro manejable. Pero con una embestida apavada de
escaso alcance. Decidido, Gómez Escorial anduvo suelto pero falló con
la espada. El sexto pareció de otra corrida. Por todo: por irse del
caballo, por la manera de emplearse en la muleta tan sosamente, por
acabar hundido. Buen afán del torero madrileño. Y una buena estocada.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Adolfo Martín
se reconcilia con Madrid
O redefinimos chubascos o que cesen al
responsable informativo del Instituto Nacional de Meteorología que
consultó José Manuel Sánchez. Sigo enganchado al asunto del día
anterior por diferentes motivos: a) porque me duelen los riñones; b)
porque no hay aficionado que comprenda la decisión presidencial de
iniciar la corrida del jueves bajo los «chubascos» (leáse aguacero
torrencial); c) porque según Sánchez se celebró al cumplir
estrictamente el Reglamento y tras consultar a las partes interesadas
(menos al sentido común y a los aficionados, claro). O el caso se toma
en serio o que en la Escuela de Presidentes que pretende la Comunidad
explique Sanchez que para presidir una corrida se debe llamar antes, en
caso de duda, al Instituto Nacional de Meteorología, donde, insisto,
han de repasar el concepto de «chubascos», aunque pasajeros sí que
fueron.
Seamos serios y olvidemos a un señor que cada vez que sube al palco
forma un lío. La corrida de Adolfo Martín supuso su reconcialición
después del fiasco del pasado año. De entrada, por delante los toros
lucían una presencia infinitamente más respetable; por detrás, de
todo hubo. Pero en conjunto los adolfos volvieron por sus fueros. La paz
surgió desde que apareció «Madroño I», con trapio y asaltillado,
que humillaba en los capotes con claridad. Zotoluco lo colocó, después
de que se le escapase la vez primera al relance, en suerte en el caballo
con generosidad, y ¡por fin disfrutamos de la suerte de varas!
Victoriano García «El Legionario» movió el percherón, centró las
embestidas y por tres veces, que fueron las que «Madroño I» se arrancó
al peto con alegría, tiró el palo adelante y agarró los puyazos en
todo lo alto, en la misma yema. Suena fácil, mas nadie en toda la feria
ha intentado hacer las cosas así de bien.
El adolfo embistió con bravura, por abajo, con codicia y fijeza,
largo por el pitón derecho, no tanto por el izquierdo. ¿Fue de vuelta
al ruedo? Si el baremo que se sigue es el utilizado con «Guitarrero»,
de Hernández Pla, desde luego no. Porque aquél demostró una actitud más
completa en el tercio final. Que se trata de un gran toro no hay duda,
como tampoco hay discusión en que superó a Zotoluco. Pero el premio
respondió a un excesivo apasionamiento. El matador mexicano sólo se
acopló de verdad en una serie diestra. El resto de la faena se
desarrolló marcado por el ritmo que imponía el toro.
Zotoluco ya no remontó con el cuarto, al que Efrén Acosta picó
bien, en su escuela y en su estilo. Protagonizó un buen tercio, aunque
en la muleta rebañaba a la salida de los muletazos.
Otro toro extraordinario fue el quinto. Pero cayó en manos de Juan
José Padilla y se fastidió el invento. Embestía con calidad y
nobleza, empleándose más que sus hermanos en las telas, con mayor
largura. Llegada la hora de la muerte, continuaba con la boca cerrada y
seguía con la fijación de embestir. Se llamaba «Madroño II». Así
que los dos madroños enraizaron en Madrid, como no podía ser de otra
manera. Padilla, por cierto, se halla en un momento muy bajo, a pesar de
que al anterior de su lote lo recibiese a portagayola. Este segundo, aun
noble, se metía mucho por el pitón derecho, excusa insuficiente para
andar tan trapacero.
Gómez Escorial fue todo voluntad desde que acudió a la puerta de
toriles para saludar con una larga cambiada al que hizo tercero, Sus
toros como toda la corrida, que dejó la impresión última de superar
en todos los aspectos a los toreros, se movieron mucho, con más
caracteríticas pegajosas que de verdadera ambición por seguir la
muleta hasta el final de los viajes.
Adolfo estrechó de nuevo la mano a la afición de Madrid. Primero y
quinto, «Madroño I» y «Madroño II», se convirtieron en los buques
insinia de una corrida de un balance sobresaliente para el público y
muy positivo para el crítico.
Marc
Lavie. ADOLFO MARTÍN : 6 – TOREROS : 0 !
En cette période de Mundial, c'est sur un score sans
appel que s'est soldée cette avant-dernière course de la San Isidro, tant
la corrida présentée à Madrid par Adolfo Martín a été brave et a
satisfait le public, et tant l'échec des toreros a été cuisant.
Il est rare de voir une telle uniformité dans la
bravoure, mais les six toros chargèrent le cheval de loin, avec alegria, et
poussèrent inlassablement sous les longues piques, parfois assassines, qui
leur furent infligées. Ils eurent le comportement typique du bon toro de
Saltillo, semblant s'affaiblir à la sortie des piques, reprenant du nerf et
de l'allant aux banderilles et terminant avec du parcours et une charge
franche, plus ou moins noble selon les cas, nécessitant une muleta
dominatrice qu'ils ne trouvèrent point. Le premier et le cinquième furent
deux grands toros, le deuxième et le troisième braves et nobles, le quatrième
et le sixième plus courts mas toujours nobles. Une grande corrida, qui
redonne du bôme au cœur du ganadero – trouvé en larmes à la sortie des
arènes, tout comme son mayoral - après les vicissitudes qu'il a connues
cet hiver, et qui met haut la barre pour l'oncle Victorino.
Les trois toreros ont subi un échec cinglant, de ces
gifles qui font méditer sur la suite des carrières.
Le plus excusable est Gómez Escorial, qui n'a
pratiquement pas toréé depuis un an et qui n'avait pas la même pratique
que ses compagnons de cartel. Mais il a si peu de choses à dire… Il ne se
centra jamais avec le noble troisième, tué lamentablement de trois
pinchazos, une demie et cinq descabellos, et se fit toucher à la muleta à
chaque mouvement du sixième, devant lequel il ne cessa de bouger.
Le premier toro chanta sa bravoure en partant de loin
pour trois rencontres avec le picador – échappant des capes à la première,
poussant avec bravoure et conviction. Il fut bien piqué – c'est tellement
exceptionnel qu'il faut le souligner – par le Legionario et termina avec
une charge vibrante et suave. Le Zotoluco tarda cinq minutes à se centrer
sur la corne droite, liant trois passes estimables avant d'être débordé
sur la série suivante et de terminer de façon électrique, sans la moindre
assise, laissant passer une occasion en or. Il plaça une entière habile au
deuxième assaut et le public réclama à grands cris le tour de piste à la
dépouille du brave cornu. Le quatrième, freinant dans la cape, se grandit
sous le châtiment lors des trois piques administrées avec adresse par le
picador mexicain Acosta, la troisième étant la meilleure. Le toro s'avéra
noble dans la cape du Boni mais le Zotoluco se fit manger dès le début de
la faena et se cantonna à un toréo défensif avant une mort en trois
temps. Bien terne impression a laissé le torero aztèque à Madrid.
Quant à Padilla, il est en pleine dégringolade. Car le
public a parfaitement vu l'importance de ses deux adversaires et le désarroi
du torero, incapable de s'imposer. Il attendit à genoux le deuxième,
esquissant une larga courageuse avant de perdre la cape dans la séquence
suivante. Il assura deux tiers de banderilles sans le moindre brio. Le deuxième
toro termina avec moins de classe que le premier mais possédait de la caste
à apprivoiser. Padilla se contenta de le toréer au fil de la corne, par
des gestes brusques, sans terminer une passe, et fut désastreux avec l'épée
: sept pinchazos avant d'enfoncer l'épée… Le cinquième, saigné comme
un bœuf à la pique, fut un toro noble, de grande classe à la muleta, que
Padilla, d'une nullité consternante, ne parvint même pas à gâcher… Une
estocade en arrière, un descabello, tonitruante ovation à la dépouille du
toro et bronca au torero, qui ferait bien de se retirer momentanément à
Sanlúcar afin de retrouver un peu d'énergie et d'illusions. (M.L.)
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