GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 17 de marzo de 2002
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA
Novillada

Ganadería:  Novillos de Fuente Ymbro, buenos. 

Diestros: 

Entrada: un cuarto de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. MIGUEL ANGEL CUADRADO. De Fuente Ymbro a Valverde

A pesar del frío y la tarde entoldada, anuncio de humedades, allí no se aburrió nadie, ni el palo de la bandera. La culpa la tuvo una novillada encastada de Fuente Ymbro que pedía las credenciales a los lidiadores, y a la que el novillero salmantino Javier Valverde supo hacer frente a base de valor y técnica adecuada. A punto estuvo de salir por la puerta grande.

Tarascazos, revolcones y sustos se llevó la terna al completo, más en el caso de Leandro Marcos y el de Salamanca, así como el subalterno apodado El Chino, que en el sexto fue arrollado al caerse en la cara del burel, que no perdonó traspiés ni dudas.

Javier Valverde intervino en su turno de quites en el primero de la tarde, en unas navarras de vistoso contenido, y luego en su primero sería volteado al rematar unas tafalleras ceñidas y de planta quieta. La faena de muleta tuvo la virtud de ir a más, en series por los dos pitones, que tuvo su cumbre en unos naturales de cite dejándose ver, con una tanda final abrochada por dos pases de pecho, el primero obligado. Tanda ligada e interpretada con pureza. Tumbó al bravo novillo de un volapié sin puntilla. En su segundo, Valverde expuso en los medios, en un trasteo de muleta a medias ligado, en donde perdió demasiados pasos. Y que culminó con otro buen volapié de torero bragado. Un paso de firmeza sobre el ruedo venteño, la mira puesta en la pronta alternativa.

Leandro Marcos resolvió la pelea ante su primero de manera breve y discreta, sin complicaciones, al hilo del pitón, y en su segundo, aunque dio buenos muletazos de su corte artístico, no terminó de haber entendimiento por el pitón derecho del novillo, el potable y digerible, y tras fallar varias veces con la espada, salió prendido, la taleguilla rota, en una última estocada en las cercanías de chiqueros.

Andrés Palacios hacía su presentación en Madrid. Tuvo el mejor lote, pero acusó la bisoñez y sólo consiguió apuntar un buen juego de brazos en el saludo de capote a su primero, y mejores maneras en pinceladas y adornos variados. Habrá que volverlo a ver, una vez hecho el bachiller del toreo por plazas de menos responsabilidad.

Al concluir la novillada, las tres cuadrillas salieron por su propio pie de la plaza, la luces iluminando el albero -desde el tercer novillo-, el agua pendiente de las nubes amenazantes y el frío apretando en los zapatos de la afición, que no supo de tristezas y desengaños. Gracias a que la casta fue la reina de la tarde. Ahí está la gracia y el color.


ABC. JOSÉ LUIS SUÁREZ-GUANES. La presidencia quitó a Valverde una merecida Puerta Grande

Una tarde fría, de invierno: en Las Ventas, casi glacial. Novillada de lujo, en la que sólo Javier Valverde dejó bien alto su nombre con una entonadísima actuación, que le abre, definitivamente, las puertas de un puesto de honor en la novillería. Fue una pena que el presidente de turno -Manuel Muñoz Infante- le negase una oreja pedida, creo que con unanimidad, y que hizo imposible que volviera a salir a hombros por la Puerta Grande de Madrid, tal como había hecho en el San Isidro anterior.

Pero, vayamos por partes. Valverde bregó con bien, durante el tercio de varas, en sus dos novillos. En su primero fue revolcado espectacularmente al ejecutar un quite por tafalleras. No se amilanó: pases por bajo, muy bien rematados, y un final de dos pectorales, cada uno por un lado. Toreó francamente bien con las dos manos. Ejecutó siempre en poquísimo terreno, en escaso espacio, con una ligazón absoluta. Nos recordó al Jaime Ostos maduro, por poner un ejemplo. Pero también al de sus principios, en algunos momentos de barullo que salvó con entusiasmo. Destacaron -en un conjunto derechista- algunos naturales de gran profundidad y todos los pases de pecho de remate. Se entregó en la estocada final, de la que cayó el novillo instantáneamente, ganándose una muy legítima oreja.

A menor altura, pero con esfuerzo, con tesón, con buen estilo y con torería, fue su segundo trasteo. Dos series con la derecha de buen contenido, unos naturales que fueron a más, un pase de pecho excelentísimo y el festón de unas manoletinas, antes de volver a matar con idéntica categoría. ¿Por qué no le dio el presidente la oreja? ¿Por qué el público no pidió la segunda vuelta al ruedo? Secreto de sumario.

Leandro Marcos vino con sello de artista hasta en la forma de vestirse: de puro azabache. El buen estilo derrochado en ciertos momentos de sus dos faenas se perdió por no terminar de asentar los pies. En su primer hacer estuvo a punto de ser arrollado, y en el segundo fue desarmado en el toreo al natural, abusó algo del pico y sufrió una fortísima voltereta -al entrar a matar por quinta vez- porque quiso dejar su entrega, cuando se le acababa la tarde.

Andrés Palacios bordó el toreo a la verónica en el tercero y denotó buen estilo capeador en el último. No terminó de cuajar con la muleta, ya que los buenos modos se acompañaban de una falta de reposo. De todas formas, se vislumbró cierta majestad en algunos muletazos aislados, especialmente en su primero. No se amoldó en el sexto y resultó cogido aparatosamente en las postrimerías de su trabajo.

Al final de la corrida, los aficionados, ateridos de frío, salían hablando de un novillero que se llama Javier Valverde y es de Salamanca.


El Mundo. VICENTE RUIZ. Valverde se reivindica en Madrid

Existe una extendida afición dentro del gremio de los presidentes de festejos taurinos a llevar la contraria al resto de la plaza y a robar todo el protagonismo posible a los que en el ruedo se juegan la vida. Ayer le tocó el turno a D. Manuel Muñoz Infante, que se empecinó con caprichosa cabezonería en privar a Javier Valverde de abrir la Puerta Grande, logrando la total unión de todos los aficionados venteños a la hora de obsequiarlO con una sonora pitada.

Pero por mucho que le pese al señor presidente, el protagonismo de la tarde corrió a cargo del diestro salmantino. Volvía Valverde a Madrid tras su salida a hombros en el pasado San Isidro y salió más revalorizado, si cabe, que tras aquella tarde. Mostró y explotó las mismas virtudes que le hicieron triunfar aquél día: un valor firme y sólido, unido a un trabajado oficio a base de mucho campo.Pero además sumó a estas cualidades un reposado toreo, especialmente sobre la mano izquierda, y en la faena a su primero. Soberbios fueron los naturales de frente, antesala de la buena estocada que le reportó una oreja de mucho peso.

Capacidad y fe

Con el segundo, otro regalito de la mala corrida de Fuente Ymbro, demostró que torea todo lo que le salga por chiqueros. Son asombrosas la capacidad y la fe que demuestra siempre. Volvió a matar de estocada y el presidente se empeñó en desatender a la soberanía popular.

El resto de la tarde transcurrió entre los sobresaltos provocados por las volteretas sin consecuencias sufridas por los tres espadas, los insulsos trasteos de un Leandro Marcos que cada vez dice menos y la inmadurez del debutante Andrés Palacios