GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

25ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS

Tarde del miércoles, 4 de junio de 2003 
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Partido de Resina, bien presentados, inválidos y mansos; devueltos 4º y 6º y sustituidos por dos de Castilblanco, justos de presencia y mansos.

Diestros: 

  • Joselito, dos pinchazos y un descabello (silencio); casi entera perpendicular (bronca).
  • Víctor Puerto, pinchazo hondo y dos descabellos (silencio); pinchazo, pinchazo hondo y un descabello (silencio).
  • Sergio Aguilar, media estocada, un descabello -aviso-, un descabello y el toro se echa (silencio); cuatro pinchazos, casi entera atravesada -aviso- y un descabello (silencio).

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa: El País, Diario de Sevilla, ABC


El País. Antonio Lorca. La semana fantástica

Dicen los optimistas que se ha iniciado la semana fantástica del toro bravo; los que aún mantienen los pies en el suelo opinan que hemos entrado en la última semana de un fantástico mes para la empresa, que ha conseguido buenos dividendos a cambio de ofrecer toros de saldo. Lo que ha comenzado, pues, es la semana cumbre de la decadencia del toro bravo, el espectáculo de la ruina, la certeza de que la falta de casta, la invalidez y la mansedumbre son los cimientos sobre los que se asienta hoy esta fiesta de arte y valor que los taurinos han convertido en una mentira permanente, en un verdadero fiasco que sólo se mantiene por la paciencia infinita de quienes todavía sueñan con una tarde para el recuerdo.

Ayer se lidió la corrida supuestamente torista de Partido de Resina y sólo la educación de las gentes impidió que se tomara la plaza por asalto y se corriera a gorrazos, Alcalá arriba, a más de un responsable. Se cumplió el segundo día de rebajas después de la singular inauguración de los toros de Dolores Aguirre.

Hace años que los toros de Pablo Romero perdieron la bravura que les dio fama; ayer se presentaron sin hálito de vida. No han perdido su bella estampa, pero rodaron por la arena como pelotas desde su salida de chiqueros hasta que fueron arrastrados por las mulillas entre el desencanto general. Un desastre auténtico que contó con el beneplácito de la autoridad, que, inexplicablemente, sólo devolvió dos toros cuando los seis eran carne de matadero.

Con material de tal calibre, no es difícil imaginar lo que ocurrió. Ahí está el caso de Joselito, que es una sombra de sí mismo y a quien se le nota en demasía que los años no pasan en balde. Ni de lejos tiene ya la decisión de sus buenos tiempos, se lo piensa una barbaridad, adopta excesivas precauciones y el conjunto de su labor carece del más mínimo relieve. Necesita un toro muy claro, muy noble, que le permita alcanzar la relajación de la que hoy carece. En su primero se limitó a seguir el soso viaje del toro con escaso mando y menos convicción. Fue una faena larga y premiosa, con algún natural largo, bien es cierto, pero por casualidad. En el otro, que se presentó con un pitón izquierdo sospechosamente romo y al que le pegaron con fuerza en varas, se inhibió sin delicadeza alguna y lo abroncaron con fuerza.

De la decepción y el enfado producidos por Joselito se benefició Víctor Puerto, que pasó por Madrid absolutamente inadvertido. Sin toros, es verdad, se podría dudar, incluso, de que ayer estuviera en Las Ventas. Y el joven Sergio Aguilar tomó la alternativa en tarde tan nefasta. Parece un torero valiente y de buenas maneras, aunque no dejó nada claro. Se mira en el espejo de José Tomás, pero de sus imitadores serán sus defectos; en su primero ofreció una imagen triste y muleteó con vulgaridad. En el sexto, un manso y con genio, permitió un desastroso tercio de varas y naufragó con muleta y espada.

La más grande ovación de la tarde se la llevó una pancarta que apareció en la andanada del 4 y que decía: "No al fraude". Era el anuncio de la semana fantástica.


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. 

De una alternativa a un cierre con almohadillas

Para que se haga una ligera idea con una frase: una efeméride, la alternativa de Sergio Aguilar, y siembra de almohadillas al cierre. Así de claro. Así de sencillo. Así de penoso. Los toros de Partido de Resina, fachada sin contenido, decepcionaron, así como los dos sobreros, de Castilblanco (encaste Murube). Y los diestros, tres cuartas de lo mismo, manejando, además, muy mal los aceros.

Sergio Aguilar, veintidós años, alumno de la Escuela de Madrid, que en su día sufrió un calvario por una grave lesión de ligamentos, debutó como matador en Las Ventas. Por tanto, alternativa, confirmación y el día más importante de su carrera. Hizo el paseíllo con una férula en la pierna derecha, por otra lesión añadida en un tentadero reciente. Y apuntó en sus formas verticalidad y quietud, en el aire de José Tomás. Para amantes de efemérides, tomó la alternativa con Venezolano, cárdeno, bragado, meano, de 551 kilos, un pabloromero, muy justo de casta y fuerza, al que apenas picaron. Joselito, de manera marcial, le cedió los trastos. Aguilar brindó a su apoderado, Antonio Corbacho. En las afueras, como un poste, con suma frialdad, quiso conducir las pobres embestidas, a media altura y otras con la cara por las nubes, sin entrega, del astifino astado. Muchos enganchones, pero también mucha firmeza, aguantando sin pestañear.

El renqueante sexto fue devuelto de inmediato. En su lugar, saltó una mole de casi 600 kilos, de Castilblanco, con muy malas ideas. Aguilar insistió en sacar agua de un pozo seco.

Joselito debió comerse un gran cocido madrileño, con su pringá y todo. Lo digo por lo desganado. En las afueras, anduvo desconfiado con el segundo, un toro incierto que entraba al trapo sin celo y salía mirando al tendido. Mató mal.

El cuarto, único con calidad, fue protestado. El presidente lo mantuvo tras el tercio de varas. Pero Joselito se lo cargó con un chicotazo. Primera devolución. Como sobrero, uno de Castilblanco de 590 kilos, encaste de Murube, protestado por su poca cara. Por lo demás, fue al capote y a la muleta cuando lo citó. El madrileño, fuera de cacho, desconfiado, no quiso ni verlo. Bronca merecida.

Víctor Puerto dejó también una triste imagen. En el capote le echó arrojo en una larga cambiada de rodillas. Luego, con la muleta, en las rayas, realizó un trasteo deslavazado al tercero, un astado largo, engatillado, protestado por perder las manos en un par de ocasiones, y que se defendió. Con el quinto, justito de casta y fuerza, no se acopló. Comenzó con un fallero en los medios. Le faltó temple y cortó ante las protestas del público.

Tarde para el olvido, cerrada con una siembra de almohadillas. Una alternativa y un nuevo bajonazo a los espectadores que un día sí y otro también ponen el cartel de no hay billetes.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Cuando la gente se pega por salir

Antiguamente, no hace tanto, la gente se pegaba por entrar a la plaza, hasta algunos trepaban por el enladrillado neomudéjar de los muros venteños para colarse; ahora se pegan por salir o escapar, antes de que muera el sexto, como en una especie de huida hacia la nada, hacia el cielo abierto, para respirar, para correr hacia adelante, Alcalá arriba o Alcalá abajo, para olvidar tanta grisalla, tanta ruina y tristeza, aunque los escombros sean de la belleza de los pablorromeros, ¡qué pena! No se sabe bien qué hacer para salvar esta ganadería emblemática de toros guapos, serios como los que esculpe Nacho Martín, de nostalgia y bronce. Las almohadillas caían sobre los surcos que parían las mulillas con los cadáveres en esta última hora de San Isidro, que se muere con Madrid, grave y en la UVI. El ruedo se pobló de los adoquines de plumas que nunca alcanzaban a Curro, porque nadie en el fondo quería darle.

A los pablorromeros habría que buscarles una salida, una investigación subvencionada para conocer ese mal endémico que les ataca, de consanguinidad quizá, dinero público para que no se nos pierda una ganadería que no se debe perder nunca aunque esté perdida ahora mismo. El ostracismo, la oscuridad y la marginación serían el peor de los finales. Veinte años al menos se acumulan sobre las espaldas de distintos propietarios en pos de la recuperación, y nada. Que le pregunten a Paco Medina el secreto para que no se le caigan ahora los ventorrillos, que se mueven como ningún otro hierro tras temporadas recientes de fragilidad. Conque los pablorromeros no se nos fuesen al suelo se vería algo de luz, porque sólo la lámina, los párpados envueltos en un rímel natural, los hocicos chatos, plateadas las pieles, las astas buidas, cortas las manos, finos los cabos, amplios los pechos... y el alma yerta. La presentación acababa en sí misma, irreprochable pero inútil, floja, vaga, inválida.
Joselito finiquitó su feria al pasar por caja, una gran apuesta para su economía estas tres tardes isidriles con las que la empresa vistió, en parte, los carteles. Joselito sabía de la necesidad de nombres de lustre para el gran público y, por tanto, para los organizadores. Incluso manifestó al principio de mayo que su sueño es torear una semana entera en Madrid: no, gracias. Tal y cómo se colocaba con aquel pablorromero cárdeno tocado arriba de pitones y un punto violento era tan ridículo como la izquierda preocupándose ahora por el Ejército y sus muertos, por las Fuerzas Armadas que despreciaron siempre, desde la transición, durante un cuarto de siglo de democracia y olvido. Llamazares en defensa de los militares es como creer a todos los que, en cuanto peregrinan a los pueblos, hablan de la resurrección de Joselito. La tetraplejia del cuarto, el más pablorromero de todos, atrajo el pañuelo verde y, a continuación, un sobrero atacado de kilos de Castilblanco, sin cuello y con un asta zurda supuestamente arreglada, que no es lo mismo que afeitada, ojo. Fue incierto por el derecho e inédito por el contrario, altivo por ambos, con aquellos toques hacia la M-30...

Figura encorsetada

Sergio Aguilar se doctoró con una preciosidad de toro que no se sostenía; la ceremonia, con los tres matadores con las monteras caladas, más bien se asemejaba a un pasamanos de pésame. Aguilar torea bajo una clara influencia de José Tomás, pero del José de la segunda época, con la figura encorsetada y la cintura rígida. Con el sobrero que hizo sexto y que no arrollaba sin descolgar se dejó enganchar infinidad de veces. La personalidad que quiere dar a su toreo no es suya.

Puerto no se encontró con ninguno de sus dos flojos enemigos. De cualquier forma, parece difícil su rehabilitación, más que la de esta Feria de la que el personal se pega por salir.