|
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 7 de septiembre de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Alonso
Moreno (bien presentados y de escaso
juego).
Diestros:
Entrada: Un cuarto de entrada.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC.
El País.
MA. CUADRADO. Sánchez Vara se aprovecha
Otra doble confirmación en Las Ventas. Van cuatro, todo un récord.
Y en dicha tarde, Sánchez Vara sacó tajada por dos labores desiguales,
templadas a trechos, en las que puso voluntad, técnica y desparpajo.
Recibió a su primero con tres largas cambiadas de rodillas y lances
animosos que despertaron al personal, puso banderillas con garra y
desacierto, y estuvo pulcro y ligero en la faena de muleta. En su
segundo mejoró en los tres tercios, para en el último trazar algún
muletazo suave y estimable. Lo más conseguido, una certera estocada de
buena ejecución.
Domingo Valderrama, que ejerció de padrino por partida doble, no
estuvo afortunado con su lote; además de manso, reservón fue su
segundo, y tras pasarlos a la defensiva de capote, en el último tercio
no se acopló a su primero y se quitó de encima a su segundo sin
consentirle nada de nada. Alberto Manuel, el segundo confirmante, leves
las zapatillas sobre la arena, apuntó un estilo que no cuajó. Sus dos
labores se fueron languideciendo como viento tímido muy tibio.
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Premio a la fibra
de Sánchez Vara
De nuevo, dos confirmaciones de
alternativa. Y van... Dos matadores, Alberto Manuel y Sánchez Vara,
ratificaban su doctorado y, finalmente, fue este último el que se llevó
el gato al agua y resultó el triunfador de un anodino festejo con
escasos pasajes para el recuerdo.
El citado éxito sobrevino en el sexto, al que Sánchez Vara saludó
con fibrosos lances. Se volcó el público con el torero en el tercio de
banderillas y éste correspondió con el brindis de una faena premiada
con la única oreja de la tarde. Sentado en el estribo e hincándose de
hinojos principió su labor. Obtuvo una primera ronda de notables
derechazos. Valentón se mostró en las siguientes y desgranó también
algún muletazo digno de mención. A izquierdas sólo lo intentó cuando
agarró el estoque de verdad para cuadrar y matar al enemigo. Puso corazón
en la estocada y fue recompensado con el mencionado premio.
Lo cierto es que el espada de Guadalajara, guste más o menos su
toreo, derrochó ganas de principio a fin. Con tres largas, citando con
la palma de la mano con alegría y gusto, saludó al toro con el que
ratificaba el doctorado. Con éste, el subalterno Manuel Macías resultó
prendido en la pierna derecha. Bullidor, banderilleó después Vara y,
aunque no fue un tercio brillante, fue muy ovacionado. Unos doblones y
un trincherazo poderoso prologaron el trasteo. Sin más probaturas agarró
la zurda y extrajo una serie con poco ajuste, pues le faltó cruzarse más.
Sobre la derecha, aunque con un vulgar zapatilleo, porfió valeroso para
exprimir las deslucidas embestidas de su rival. En el epílogo dibujó
un templado derechazo y dos pectorales notables. Dio una vuelta al
ruedo.
Valderrama no entonó
Avalado por un importante triunfo en Sevilla en la
festividad del Corpus venía a Madrid Domingo Valderrama. Sin embargo,
el de Utrera no se acopló en ningún momento con el alonsomoreno e hizo
ver al toro bastante más malo de lo que en realidad era. «Cántale una»,
dijo alguien desde el tendido, y Valderrama trazó una serie al natural
que hizo concebir esperanzas. Pero Valderrama no entonó y el toreo del
que hablaban los maestrantes nunca llegó. Para más «inri», le recetó
un bajonazo infame.
Suelto de capotes salió el manso quinto, que derribó al picador,
Enrique Silvestre. Tras tomar la primera vara, la lidia se convirtió en
un auténtico cirio. Ni el peor toro del planeta, que tampoco fue el
caso, merece semejante trato. El sevillano, que no lo quiso ni ver, se
limitó a machetearlo y, sin más contemplaciones, lo pasaportó. Las
palmas acompañaron en el arrastre al toro de Alonso Moreno, que lidió
una corrida que, aunque falta de casta, resultó manejable en conjunto.
Escaso relieve tuvo la faena de Alberto Manuel al toro de la
ceremonia. Sólo el arranque, con volatín de toro incluido, contuvo un
par de pases de gusto. En la segunda tanda se vio molestado por el
viento y lo intentó al hilo de la tablas. Pero anduvo encimista y
ahogando en parte a su antagonista, que metía la cara en el primer
tramo del muletazo pero que a la mitad del mismo acusaba un continuo
calamocheo. Para colmo, el cacereño estuvo muy desacertado en la suerte
suprema.
Con cierta templanza inició Alberto Manuel su actuación en el
cuarto. Prosiguió a derechas en una serie ejecutada con suavidad y
elegancia, aunque algo deslucida por la aparición de varios
enganchones. Medio muletazo tenía su rival y era difícil ligar. No
halló el temple al natural y aquello decayó.
|