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6ª de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del jueves, 15 de mayo de 2003
Crónicas del festejo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: Toros de Carriquiri,
(uno rechazado en el reconocimiento) -el 2º, devuelto por inválido-,
justos de presentación, mansos, sosos y descastados.
Diestros:
- Esplá, pinchazo,
pinchazo hondo y un descabello (silencio); dos pinchazos, estocada
trasera y caída y un descabello (silencio).
- Antonio Ferrera,
pinchazo, media estocada y tres descabellos (silencio); tres
pinchazos y el toro se echa (silencio).
-
El Fandi, estocada caída
(palmas); estocada caída y dos descabellos (silencio).
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa: El
País, ABC
El País.
Antonio Lorca. Banderilleros
Fue una corrida de banderilleros, que no de toreros. Sencillamente,
porque no torearon. Se pueden buscar justificaciones, pero lo cierto es
que no hubo toreo. Y eso es grave porque uno es un maestro consolidado,
y los otros dos, jóvenes que buscan el respeto y la gloria.
Los toros fueron mansos y descastados, y ellos, figuras modernas,
ventajistas, aliviadas, que citaron casi siempre al hilo del pitón y
con la muleta retrasada. Así no es posible la emoción artística. Así
sólo se consigue aburrir al personal.
Quizá la culpa sea del empresario, que repitió el cartel triunfador
del año pasado sin caer en la cuenta de que segundas partes nunca
fueron buenas. La culpa quizá sea del ganadero, que ha permitido que
entre en su casa el virus de la mansedumbre y la falta de casta. Pero, más
bien, los culpables fueron los toreros, conformistas e incapaces de
superar la más mínima dificultad.
Tuvo su gracia comprobar ayer las dos caras de Luis Francisco Esplá:
la añeja y la moderna, cuya mezcla le ha impedido quizá erigirse en el
dueño del escalafón. Ejerce de auténtico director de lidia y busca la
plasticidad de estampas del pasado. Así, paró en el centro del ruedo
al corretón primero, se puso las manos en la cadera y ambos se miraron
fijamente a la espera de que se colocara el picador. Después, lo llevó
en un hermoso galleo por chicuelinas y se ganó una cerrada y merecida
ovación. Pero ahí se acabó todo. Muleta en mano fue un moderno más,
perfilero y ventajista, movido y destemplado. Lo mismo le ocurrió en el
cuarto, más parado, y que exigía un torero con otra disposición.
Inexplicablemente, le pidió al subalterno El Boni que lo parara de
salida, y El Boni no sólo lo paró con eficacia, sino que emuló a su
matador y lo dejó clavado en el centro del anillo.
Ferrera tampoco toreó. Se estiró en unas valerosas verónicas en el
primero, y hasta más ver. Cierto que era un toro grandullón y
descastado, pero el torero se mostró desanimado y con pocos recursos.
El quinto rodó por la arena varias veces durante la faena de muleta, y
se limitó a matarlo entre la indignación del respetable.
Y El Fandi lo intentó con algo más de interés, pero tampoco tuvo
su tarde. Le tocó un manso encastado en primer lugar y se limitó a
pasarlo sin convicción ni apreturas. Algunos se lo recriminaron,
mientras el torero hacía gestos de no entender nada, lo cual es más
grave aún. Recibió al quinto con cuatro largas cambiadas en el tercio
y se estiró en unas verónicas. El toro era un inválido que el
presidente mantuvo en el ruedo, lo que impidió la labor del torero.
Y como no torearon, pusieron banderillas. Pero como las desgracias
nunca vienen solas, Las Ventas asistió a unos tercios pesados, sin
espectacularidad y sin gracia. Se imponen la obligación de banderillear
a todos los toros, con movilidad o sin ella, y ayer, con la excepción
de algún par, todo resultó premioso y soporífero. Así no es extraño
que alguien echara de menos a El Boni, que, entre capotazo y capotazo,
se estiró en dos más que estimables verónicas.
ABC. FERNANDO
CARRASCO. Flojearon más
los toreros
Si la corrida de Carriquiri blandeó, más
flojearon los toreros. El cartel estrella de la pasa isidrada se cayó
con todo el equipo. Las banderillas, al final, más que en tabla de
salvación se convirtieron en un tostón y en un lastre sin brillo para
el desarrollo de la tarde. Esplá suspendió el examen con los palos,
Ferrera lo superó con aprobado raspado por algunos encuentros de riesgo
y los muchos puntos que obtuvo El Fandi, bastante más atinado y
espectacular que sus compañeros, los perdió con la muleta.
Mal los flojos carriquiris de fondo núñez, desiguales dentro de la
seriedad; peor, los diestros. El veterano alicantino, de visita; el
extremeño-balear, torpe y sin sitio; y el granadino, vulgar y
ventajista. Para la doble F, Ferrera y Fandi, segundo pinchazo en Madrid
en menos de quince días.
Fandila disfrutó de un toro notable como el tercero, franco y
repetidor, con motor y transmisión. Y, salvo el principio de faena por
bajo, la obra se le desfondó. El Fandi cada vez que da un paso
adelante, como el otro día en Zaragoza, retrocede otros dos sin opción
de mantener la progresión. Toro para cruzarse y para torear mejor, para
ligar y olvidarse un poco de las piernas y del físico, que le ancló la
flexibilidad, la estética, todo. Rompió con más nitidez el bruto a
derechas, con codicia y humillado, para hallar ligereza y ausencia
absoluta de gusto y profundidad. Si todavía la fase preliminar se
sostuvo, se precipitó a continuación en picado, más desde que le
cantaron desde el tendido los defectos. Pasó el toro por encima del
torero en el balance definitivo, muy por encima. La estocada baja no
arregló nada.
La lidia del colorado sexto transcurrió bajo una apabullante bronca
por su pobre fuerza. Aunque no perdió nunca las manos, el personal venía
encabritado por lo sucedido en la faena anterior, con un quinto que
andaba en los límites pero que se había recuperado en banderillas.
Ferrera lo citó en largo, el toro se arrancó con tranco, pegó un
banderazo y en el siguiente trallazo partió al animal, literalmente.
Los que habían protestado se crecieron en sus razones. Torpe, muy
torpe, el torero, brusco y destemplado. La lucidez no le acompañó
ayer: en el segundo, que perdió varias veces las manos, el presidente
cambió el tercio con alfileres, y allá que fue a dar un capotazo
absurdo que provocó una caída y la marcha atrás del titubeante usía,
que prefirió rectificar. Una pena, porque el toro había apuntado
cosas.
Antonio Ferrera no está muy fino desde la cornada de Valencia, que
suma la cuarta o quinta desde que el pasado año abriese la Puerta
Grande. Y eso pesa. Al sobrero que hizo segundo bis, muy montado y no
menos manso, le quebró el viaje, en su turno, con los palos, y clavó
cerca del número; Esplá, como toda la corrida, se apoyó en su oficio
y El Fandi cuarteó, sin más. El sobrero se paró mucho en el último
tercio y evidenció demasiado los cites y toques hacia las afueras. Ni
en éste ni en el bajo quinto -sólo destacó en un par al quiebro-, que
acabó por echarse con el esqueleto tronchado, se mostró acertado con
la espada.
Pues El Fandi banderilleó poderoso con el sexto mientras arreciaba
una bronca descomunal, como decíamos. Un par a la moviola, la pasada
por los adentros, con el toro esperando, y un violinazo equilibraron la
plaza, entre ovaciones y pitos. Atrás quedaron las cuatro largas de
rodillas con las que había saludado; el presente era una faena a media
altura ayuna de clase.
Lo mejor de Esplá fue la vistosa lidia del primero y que en su lote
se quedó con los toros en los medios mientras el picador tomaba
posiciones, para evitar capotazos y esa clásica moda de llevarlos hasta
el burladero del «7». Compartió rehiletes -destacó nuevamente El
Fandi- y anduvo ligero y por los cuellos con un enemigo serio, noble y
sin recorrido. Mató a paso de banderillas, para ser fiel a la tarde.
Horroroso estuvo con el muy serio cuarto, que no descolgó, trapacero en
la brega y sin exponer un alamar después, salvo en un par por los
adentros un tanto chalequero.
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