GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 22 de junio de 2003 
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Gavira, 1º, 2º, 3º y 4º, bien presentados, nobles y que dieron juego, salvo el 4º, inválido; 5º y 6º de Marqués de Albaserrada; desigualmente presentados, mansos y flojos.

Diestros: 

  • Luis Miguel Encabo, estocada (oreja); pinchazo, estocada, cuatro descabellos (silencio).
  • Jesús Millán, pinchazo, estocada caída perdiendo muleta (silencio); dos pinchazos, estocada delantera perdiendo muleta y descabello (silencio).
  • Sergio Martínez, que confirmaba la alternativa: estocada perpendicular (oreja con protestas); dos pinchazos y media defectuosa (palmas).

Entrada: media entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. MA. CUADRADO. Buen comienzo y final blando

Comenzó la corrida muy bien y conforme avanzaba e iban desfilando los toros el rumbo cambiaba y el tono artístico de la tarde se perdía en un mar de blandura y desesperanza.

Luis Miguel Encabo le cortó una oreja a su primero por una faena de muleta en la que ligazón y distancia pertinentes fueron unidas. Había puesto banderillas sin demasiado acierto, pero supo ver las condiciones del toro en ese tercio, el cómo se arrancaba y el tranco que tenía el buen toro de Gavira. Por lo tanto, brindó al respetable y desde un principio hizo las cosas bien, o sea que remató los pases por debajo de la pala del pitón, después de templarse, y al ritmo de sus muletazos le puso gusto y limpieza. Y lo mejor de todo llegó, además, en el momento de ejecutar la suerte suprema, en donde marcó los tiempos a compás: la pierna izquierda arrastras, la muleta al morro del toro y ese realizar la cruz en toda su pureza.

Se torció sin embargo la pequeña historia de tan excelente tarde hasta aquellos instantes para el torero de Alcalá de Henares, que no pudo hacer mucho con su segundo, el cual salió quebrantado de un fuerte puyazo y fue imposible hacerle faena alguna. Había saludado con una larga cambiada comprometida en el tercio y unas buenas verónicas en las que llegó a embraguetarse con torería y sabor.

Jesús Millán no comprendió a su primero, y por lo tanto el toro terminó no queriendo saber nada del torero maño. El toro se rajó al poco de que le pretendiera torear por ambos pitones, el trapo rojo dispuesto y las ideas como en otro mundo, ya que nunca pisó el terreno adecuado delante del noble y distraído burel. Larga e inútil porfía fue la de Millán en su segundo, tan blando e inválido como manso. Estuvo tremendamente voluntarioso y mejor colocado. Mas en donde no hay energía ni sustancia es poco el alimento que puede conseguirse.

Sergio Martínez gustó en el toro de su confirmación al realizar una faena, ajustada a las condiciones del toro, noble y con las fuerzas medidas. Había quitado por chicuelinas suaves y con su aquél de paladar. Las series de naturales, base de su trasteo, fueron de buen trazo, cortas y sentidas y los pases de pecho ligados sin enmendar. La emoción que no puso el toro la sustituyó Sergio Aguilar con esos apuntes de buen toreo, quietud y naturalidad. En su segundo toro volvió a lucir buen gusto y un corte de torero pausado. Aunque pecó, eso sí, de citar desde la pala del pitón y rematar por las afueras.


ABC. JOSE LUIS SUAREZ. La sorpresa de Sergio Martínez y el buen hacer de Luis Miguel Encabo

Primera corrida de toros del verano. Dicen que éste llega con fuerza en la canícula -que es desde la Virgen del Carmen a la Virgen de Agosto-, pero este año se ha adelantado mucho. El festejo empezó con un minuto de silencio en recuerdo del que fue novillero y, ahora, asesor de la plaza, Luis Rodríguez, extensivo a un empleado del coso. Después vimos dos faenas importantes, que ya las querríamos haber presenciado en San Isidro. Fue una sorpresa la actuación de Sergio Martínez. Este torero ya había triunfado en Madrid como novillero. Una alternativa precipitada -cogió una sustitución en su natal Albacete-, que le llevó al anonimato. Muy pronto va a salir de él si continúa como le hemos visto. Toreó bien con el capote a sus dos toros. Su primera faena se basó en un toreo estático, hierático, de buen gusto, de indudable clase. Empezó muy bien con la derecha y ejecutó hasta tres series de naturales muy acabadas. Al final, volvió a gustarse en unos estupendos derechazos. Acertó en la estocada postrera y se llevó una oreja de ley.

La Puerta Grande se le fue en el sexto por culpa de la espada. Volvió a torear, con ambas manos, con temple, hondura y profundidad. Regresó al estatismo anterior con sones de Manolete y Mondeño. Dejó la sensación de que, cuando le acompaña la suerte, puede arrollar. No sólo una sorpresa, sino un hallazgo. A Luis Miguel Encabo le tocó el segundo de los buenos toros de Gavira -el otro había sido el inicial-, banderilleó de forma desigual -destacó el tercero de los pares- y realizó una labor en la que bajó mucho la mano, sometió de verdad y toreó con garbo y auténtica hondura. Más tiempo diestro que zurdo, pero no desdeñó este último lado, en el que se lució por naturales. Como acabó rápido con la res, la oreja concedida tuvo un «quórum» mucho más que suficiente. No hizo nada Encabo en el cuarto, un toro al que destrozaron en varas.

Millán no pasó de voluntarioso.