GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del domingo, 28 de septiembre de 2003 
Crónicas del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería Novillos de Ramón Flores (flojos). 

Diestros:  

  • Francisco José Palazón (silencio y silencio).
  • Miguelín Murillo (silencio y silencio).
  • Ismael López (oreja y ovación). 

Entrada: Un tercio de entrada.

Crónicas de la prensa: El País, ABC.


El País. MA. CUADRADO. El toreo caro de Ismael Rodríguez

Aunque los novillos titulares ayudaron muy poco ayer, domingo, en Las Ventas, pues fueron ejemplo de mansedumbre superlativa, pudimos ver el buen toreo de Ismael López, que llegó a realizar en su primero eso que conocemos como hacer caro y artístico, que está sólo al alcance de unos pocos privilegiados.

Toreó bien con el capote de salida a su primero Ismael López, por verónicas suaves y elegantes, todas endilgadas por el pitón derecho, para muleta en mano dejar que contempláramos cómo es el toreo de siempre, dicho con torería y donosura ante un novillo que había que saber embarcar y correr la mano. Tandas cortas, sabrosas e interpretadas con gusto y natural hacer clásico. En especial una última serie en redondo, la planta desmayada, los pases rematados a placer a golpe de muñeca cadenciosa. No pudo por desgracia en el sexto redondear la tarde, pues hubo de lidiar un novillo que se lesionó tras recibirlo muy templado y sentido en el centro del ruedo con dos muletazos cambiados de especial color y templanza. Procuró la típica labor de enfermero en el arte de la tauromaquia, pero fue imposible. El colorao e inválido supremo terminó por rendirse sobre el albero y hubo de ser apuntillado allí mismo para vergüenza de todos.

Miguelín Murillo fue todo querer, mejores deseos y mucho bullir con el capote, las banderillas y la muleta. Hasta cuatro largas cambiadas, hincado de rodillas y muy cercano a las tablas, le recetó al novillo manso y blando que fue su primero; pero no terminó por entenderse con su antagonista. Algo muy parecido le sucedería en el quinto, reservón e incierto, ante el que estuvo valiente, desigual y embarullado. Francisco José Palazón sorteó un lote demasiado deslucido, apto para lidiarlo con profesionalidad y conocimiento de causa. En su primero le salió algún derechazo limpio y en su segundo estuvo triste y muy voluntarioso.


ABC. R. P.MADRID. Mensaje positivo: Ismael López

No veía a Ismael López desde el pasado invierno en Vistalegre, cuando se rodaba sin picadores. Ayer en Madrid transmitió el mismo mensaje positivo que entonces: buenas maneras y serio concepto. Los mensajes negativos, ahora que el superlíder del escalafón anda quejoso por las esquinas, los genera el emisor en la misma medida que los optimistas, no el mensajero. Conviene recordarlo. Pero las figuras de hoy quieren palmeros, no periodistas. Sobre todo cuando las cosas se tuercen y en lugar de asumir los errores se empiezan a ver fantasmas, manos negras, campañas orquestadas, conspiraciones... El poder, mal encajado, genera monstruos.

Ismael López, decía, trae buenas nuevas en la calidad de su capote y en la seriedad de su muleta. Había manseado el tercero como los cuatro novillos de Ramón Flores que se lidiaron. Pero rompió en el último tercio. La verdad es que López lo enceló desde un principio, genuflexo y con las telas siempre por delante. Y después ligó los muletazos en un palmo de terreno, sin un ademán de más ni de menos. Sobrio, asentado sobre los talones como eje, muy aplomado, con el objetivo constante de barnizar de calidad cualquier paso o pase. A un achuchón al presentar la izquierda le siguieron tres naturales en los medios enjaretados con sumo gusto. Buscó además la colocación cabal en todo embroque. La penúltima serie sobre la derecha, aderezada con un cambio de mano torerísimo, subió la temperatura de la plaza, que disfrutó de veras antes de que unos ayudados por alto hacia tablas y una estocada hasta los gavilanes redondearan la faena, valorada con una oreja sobrada de argumentos.

La Puerta Grande se entreabrió, hasta que apareció el sexto, un dije colorado de Alejandro Vázquez que apenas podía con las penca del rabo. Una espaldina en los medios, y a la segunda el animalito pegó una costalada de la que prácticamente no se recuperó. Entre mimos condujo Ismael la embestida no humillada, pero carente de maldad. Hasta que en un muletazo perdió el bicho de nuevo la vertical y ya no se volvió a levantar.

Palazón se estrelló contra el lote más manso y deslucido, ambos de Flores. Y Miguelín Murillo puso su sello de torero para plazas sin tranvia. Funcionará en los pueblos. El quinto, de Vázquez, fue el más serio, por fuera y por dentro, del desigual conjunto, si se puede hablar de conjunto. Encajó dos puyazos de aupa y demostró poder y carácter. Murillo se jugó la cabeza al prologar de rodillas y después quiso hacerse con el enemigo con una izquierda ingenua y destemplada. Bulló con las banderillas y falló con la espada. También en el segundo, que se dejó con un juego mansurrón y muy a menos.