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Feria de San Isidro
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS
Tarde del miércoles, 11 de mayo de 2005
Crónicas del festejo

Gómez Escorial nació de nuevo
FICHA TÉCNICA
Corrida de toros
Ganadería: toros de
José
Escolar. Bien presentados, serios, mansos, inválidos y
descastados.
Diestros:
- El
Fundi. Estocada media baja (silencio); pinchazo y
estocada (silencio).
- López
Cháves. Estocada tendida (ovación); casi entera baja y
perpendicular y un descabello (silencio).
- Gómez
Escorial. Estocada tendida (silencio); estocada tendida
(palmas).
Entrada: Tres cuartos de entrada.
Presidente: José Manuel Sánchez.
Incidencias: Gómez
Escorial, volteado en el 5º toro de la tarde cuando
recibía a puerta gayola. El parte médico indica "el diestro presenta contusión lateral derecha de
cuello; además de múltiples contusiones y erosiones. Pronóstico leve, salvo complicaciones. Pendiente de estudio
radiológico".
Crónicas de la prensa: El País, ABC,
Diario de Sevilla.
El País.
ANTONIO
LORCA. Un torero de raza.
El momento más dramático ocurrió en el sexto, cuando Gómez Escorial,
que esperaba al toro de rodillas en la puerta de chiqueros, fue arrollado de mala manera. Con el cuello ensangrentado, el torero se
dirigió por su propio pie a la enfermería; ya en el callejón, saltó al
ruedo dispuesto a continuar, pero fue sacado en volandas por las asistencias. Finalmente, el torero volvió al redondel y todo quedó, al
parecer, en rasguños en la cara, una hombrera rota y un susto morrocotudo.
Pero lo más importante ocurrió en el segundo. Todo el premio se redujo a una ovación, y muchos pitaron cuando el torero intentó iniciar la
vuelta al ruedo. Es una pena que gestos como el que ayer protagonizó López Chaves tengan tan escaso eco en los tendidos. Porque su actuación
en ese toro, manso y peligroso, que se paraba, miraba y buscaba el bulto con absoluto descaro, fue meritísima, propia de un torero de
raza, que debió ser valorada de manera muy distinta por la afición madrileña. Es torero modesto este salmantino. No parece que posea la
esencia del arte sublime, pero es valiente a carta cabal y se presentó en Madrid con las mejores credenciales: dispuesto a dejarse matar con
tal de justificar su inclusión en la feria. Y eso merece que uno se quite el
sombrero.
Manejó de manera insulsa el capote, pero se agigantó muleta en mano y se enfrentó de verdad a un toro que se colaba por ambos lados y lo
miraba con la clara intención de llevárselo por delante. Asentó el torero las zapatillas en la arena, tragó tinta china y se jugó la vida
sin cuento. Así, consiguió dos naturales largos y, más tarde, un pase de pecho de pitón a rabo que supieron a toreo auténtico. Aguantó
parones de miedo y, mientras al público se le ponía un nudo en la garganta, allí siguió el torero sorteando gañafones que eran guadañas
astifinas. Así se viene a Madrid, aunque Madrid considere que esa extraordinaria lección de pundonor sólo merece una ovación.
El quinto era más inválido que sus hermanos. El presidente se negó a devolverlo y se formó un escándalo de padre y muy señor mío. El animal
no tenía un pase y López Chaves lo probó y mató con rapidez.
A decir verdad, toda la corrida fue un dechado de mansedumbre, invalidez y malas intenciones, y así es imposible que brille el toreo.
No obstante, El Fundi volvió a demostrar que vive un momento de espléndida madurez en cuanto a técnica y oficio. No es un exquisito,
pero merece la pena verlo moverse en la cara de los toros complicados y cortos de embestida.
Ninguno le permitió el lucimiento al estilo moderno, pero la suya fue una lección de colocación y dominio de los terrenos para robar
muletazos a quienes no tenían uno solo. Es torero serio, seguro y dominador, y así se mostró ante su inválido primero, que lo quería
coger en cada envite.
Ni en éste ni en el cuarto, también descastado, hubo emoción, pero quedó la sensación de que El Fundi es torero en sazón que le ha cogido
el aire a los toros difíciles con pasmosa facilidad. Gómez Escorial bailó con el lote menos propicio. Parados, sin gota de casta, a los dos
los recibió en la puerta de chiqueros y se justificó con la vergüenza que exigían las circunstancias. A los dos los mató haciendo la suerte
como mandan los cánones, aunque la espada cayó tendida en ambos casos.
ABC.
ZABALA
DE LA SERNA. Gómez Escorial volvió a nacer a las 20.30.
A las 20.30 Gómez Escorial volvió a nacer. Literalmente. A
portagayola, el toro no obedeció el camino marcado por la larga cambiada y siguió como un obús contra el pecho. El estrépito del
choque, el grito de angustia de la plaza, la montera volando entre los ayes y un revuelo de capotes a lo lejos. La imagen de Gómez Escorial
tendido en el ruedo, palpándose el cuello que había rasgado el pitón o la pezuña, sonado por el atronador atropello, como si lo hubiese
arrollado un camión. Toda una pesadilla. Se levantó sin saber a dónde acudir, como si la cornada se ocultase tras la camisa, como si le
faltase el oxígeno. Las manos de las asistencias en el callejón formaron una improvisada camilla. Prisas camino de la enfermería. La
mirada perdida. Y a mitad de trayecto, el torero volvió en sí: ¡quería salir! Se retorció y se subió en la barrera. Los brazos le ataban.
Todavía no se sabía la magnitud del golpazo. Agua, agua. Fuera el nudo
del corbatín, que se lo aflojen. Aire, aire. Recobrada la consciencia, o medio recobrada, Gómez Escorial se hacía presente de nuevo, con la
vida intacta, la cabeza en su sitio y un navajazo pendenciero bajo la mandíbula. Los toreros se visten por los pies. Grandes alardes se
oyeron en las televisiones del fin de semana para Helguera porque
siguió jugando con una brecha contra el Racing. Bien. ¿Y de esto qué decimos ahora? Todavía se escuchará que es una forma absurda de exponer
la vida en lugar de ensalzar el heroísmo que supone que un tío lo apueste todo por un sueño. ¿Locura? Es posible. Las armas de Ángel
Gómez Escorial son ésas, no otras. Y con ellas juega en una especie de ruleta rusa cada San Isidro para poder volver al siguiente San Isidro o
para que le den la oportunidad de tirarse a matar un miura en Pamplona sin muleta. ¿De verdad merece la pena?
El calzador del Consejo
La corrida de José Escolar que algunos miembros del Consejo de Asuntos Taurinos metieron con calzador en la Feria no valía ni para jugársela.
Sin poder, sin presentación para Madrid, floja, morucha perdida, peligrosa, indefinida hasta en lo malo: no había dos embestidas
iguales. El sexto, el que casi mata a Gómez Escorial, encima era un churro por detrás que no tenía un pase. Gazapón como todos, deslucido,
incómodo, una porquería desbravada.
A Ángel G.E. le había salido por los pelos la primera larga cambiada a portagayola en el tercero, otro que buscó debajo de los capotes desde
que apareció, otro de medio pelo y con guasa, sin opciones ningunas. A ambos les arreó espadazos contundentes, un poco pasados ambos, pero de
efectividad incontestable.
El otro protagonista de la tarde respondía al nombre de López Chaves. Y no por nombrarlo en segundo orden su posición corresponde a la de actor
secundario. Fue quien más impactó por su valor firme y despejado en los medios con un toro que se salvaba por la cara, que se repuchó en el
caballo, que se guardaba la retranca en sus entrañas. Al menos mientras
se la reservó, Chaves le sacó, clavado en la arena, los naturales de la tarde, meritísimos por encima de una estética imposible. Y entre dos
series algunas coladas silbaron cerca de la taleguilla como balas dirigidas con sentido; le aguantó parones sobre la derecha, miradas
desafiantes, amagos, caminatas desconcertantes. La gente le reconoció su hacer con una ovación tras el espadazo. Otro le propinó al quinto,
más apretado de carnes pero igual de desfondado, físicamente incapaz. El presidente, que no se llamaba Trinidad como anunciaba el programa,
sino que era José Manuel Sánchez, se empeñó en mantenerlo contra viento y marea, contra la razón y el sentido común. Provocó una bronca
monumental como la plaza, casi una alteración de orden público. Por cierto, ¿qué hacía ahí? ¿Quién le dio el visto bueno a algunos toros
sin remate para la primera plaza del mundo? ¿Él o el invisible Trinidad? Al valiente salmantino no le quedó otra que abreviar con
aquel morlaco inválido y frenado.
El Fundi banderilleó eficaz, sin mayores brillos, al primero, flojo,
flojo, desigual en cada arrancada, en apariencia sin maldad por el derecho.
Fundi, con oficio y paciencia, logró una mayor continuidad en dos tandas de derechazos, igual por justificarse o por tratar de
justificar en algo al toro del suegro. A izquierdas se olvidó el morlaco de la muleta, y ya por el otro lado se acabó. Por contraste,
casi santurrón al lado del tobillero, descompuesto, andarín y feo cuarto, un polvorilla indomeñable en su mansedumbre de talanqueras. El
Fundi se igualó con sus compañeros en el certero uso de la espada, algo que al final nos dio la única satisfacción de la jornada, la duración
de la tarde: una hora y tres cuartos. Algo es algo.
Diario
de Sevilla. LUIS
NIETO. Gómez Escorial nace de nuevo
En Madrid se ha acortado la Feria de San Isidro en una semana, para
no tener cautivo al abonado. Algo que no se entiende. Pues la
plaza de Las Ventas se llenaba durante el mes enterito de toros en la
capital de España. Lo que sí está claro es que con el recorte no se
ha ganado nada en los carteles, pese a lo que digan los gurús. Los
carteles de San Isidro son paupérrimos, sin que las máximas figuras
copen varios puestos, enfrentadas entre sí, y con la mayoría de
combinaciones sin apenas imaginación. Ahora, que si la materia prima,
el toro, funciona... Ayer los toros de Escolar –encaste Victorino Martín–,
bien armados, no funcionaron, principalmente por complicaciones y
peligro. La terna compuesta por José Pedro Prados El Fundi,
Domingo López Chaves y Ángel Gómez Escorial solventaron con
suficiencia sus difíciles papeletas, en las que resultaba imposible el
lucimiento artístico.
En tarde de guerreros, de colosos del valor, Gómez Escorial mereció
medallas y más medallas. A fecha de hoy está vivo de milagro. Cuando
la partida estaba ya prácticamente sentenciada –decantada la corrida
por malas intenciones– se fue frente a la puerta de chiqueros, hincó
las rodillas y esperó para una larga cambiada en la que el toro pasó
por encima de él como una apisonadora y le tiró un hachazo con el pitón
izquierdo que le dejó marcado el cuello en su cara derecha. Por milímetros,
no le tocó la yugular. Por milímetros, el torero no quedó muerto en
el lance. Se lo llevaban las asistencias por el callejón hacia la
enfermería y Gómez Escorial, heroico, se resistía a que sus compañeros
lo sacaran del ruedo. Ya de pie, la imagen era estremecedora. El cuello
de la chaquetilla, medio desprendido, y unas marcas enrojecidas en el
cuello. El torero consiguió superar la conmoción tras refrescarse.
Brindó el toro a El Fundi y se jugó el pellejo con la muleta, ante un
bicho, que al igual que el resto de la corrida, no tuvo franqueza
alguna. Al tercer toro Gómez Escorial también lo había recibido con
una larga cambiada de rodillas a portagayola en la que el toro voló con
los pitones a escasos centímetros de su cabeza. El toro, mirón y gazapón,
intentó siempre buscar el bulto. El torero madrileño, avezado ante
prendas de este tipo, resolvió con suficiencia.
El Fundi se las vio en primer lugar con un animal escarbador, duro de
roer, complicado, especialmente por el pitón izquierdo. El de
Fuenlabrada resolvió sin problemas gracias a su oficio. Con el cuarto,
un toro con movilidad, pero sin franqueza, El Fundi se peleó en un
trasteo sin lucimiento.
López Chaves dejó también entre sus credenciales el valor. Ante el
difícil primero, que midió mucho y se orientó en la muleta, el
salmantino se peleó con garra y llegó a robar muletazos muy
meritorios. Entró con gran decisión para enterrar el acero en un
volapié contundente.
El quinto toro fue protestado cuando blandeó en varas. En
banderillas y en la muleta se defendió. López Chaves, sin opción
alguna, lo despachó tras un probar por ambos pitones.
Lo más importante del festejo es que la terna salió viva después
de lidiar con mucha dignidad y valor un encierro muy difícil y
peligroso. Eso ya fue un gran éxito de los tres toreros. Un espectáculo
para corazones en buen estado, en el que Gómez Escorial nació de
nuevo.
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