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Especial
San Isidro´2001
Viernes, 1 de junio´2001. JOSÉ MIGUEL MARTÍN DE
BLAS. Gesta y triunfo de Miguel Abellán en Madrid
Gesta y triunfo, oreja y cornada, de Miguel Abellán en San Isidro, con la de Adolfo Martín, en el día que José Tomás tocó fondo y dejó que sonaran los tres avisos en un toro. Lo peor no fueron los tres avisos, ni la inexplicable actitud de José Tomás en una plaza que siempre fue especial para él, lo peor, la lectura de fondo, es que ese quinto toro, encastado, y con mucho que torear, pero con un triunfo posible, se le fue a José Tomás. Se le fue vivo. En todos los sentidos.
La corrida de Adolfo Martín fue terciada, con los dos últimos de más trapío y agresividad por delante. Además de eso, sosa, con dos toros gazapones como cuarto y sexto, uno noble y sin celo que salió en primer lugar, y el quinto, encastado.
Joselito pasó en blanco y a menos. Salvo alguna fugaz aparición con el capote, en quites o en el saludo al cuarto, su tarde fue espesa y gris. Plana la faena al primero, perdiendo muchos pasos y sin tragar al final de cada suerte, y gazapona, como el toro, en el cuarto. Lo peor de todo es que no echaron muchas cuentas.
Porque José Tomás centraba todas las miradas. Y con el soso segundo, José Tomás se puso solemne en una faena que no rompió nunca, con la muleta a medio camino de todo…y de nada. El desastre llegó en el quinto. Antes hubo un quite por gaoneras, pero muleta en mano, José Tomás comenzó rodilla en tierra con doblones, pero no se terminó de centrar en una faena sin continuidad. El toro tuvo casta, y mucho que torear, y el torero estuvo por debajo del de Adolfo.
Lo de los tres avisos, el pasotismo de José Tomás para matar ese toro, fue la gota que colmó el vaso. José Tomás tocó fondo en Madrid, en su plaza, ante su público. Cuanto peor, mejor, a ver si el torero reacciona. Ojalá sea el punto de inflexión en la carrera de un torero que lo tiene todo, y parece que lo quiere desperdiciar de golpe.
Miguel Abellán, el tapado, el “pobrecito” del cartel, el que no les sonaba a los claveleros, fue el que triunfó, y de verdad. Replicó por chicuelinas emocionantísimas a unas navarras de Joselito, y se puso en los medios, con la muleta en la mano derecha ante un toro soso que le pegó una voltereta y una cornada. Abellán se levantó, se descalzó, se echó la muleta a la mano izquierda, y se pasó al toro por la bragueta con poderío, con verdad desnuda. Bramó la plaza, rugió como sólo sabe rugir Madrid cuando se entrega a la verdad del toreo. Fue poco, porque el toro tenía poco, y porque el torero estaba herido. Poco, pero suficiente. Intensísimo. Formidable. Abellán sacó su raza de torero bueno, de torero cabal, y pegó un repaso a sus rutilantes compañeros de terna.
Y volvió a la carga, tras pasar por la enfermería, para matar el sexto, descarado de cuerna y andarín, con el que Abellán cobró otra voltereta, pero dio la cara con un toro difícil al que tapó y corrió la mano con oficio y las cosas muy claras. Valiente de verdad, Abellán vuelve a ser uno de los triunfadores de San Isidro. Y van…
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