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EDITORIAL
DE
PEDRO
JAVIER
CÁCERES |
Especial
San Isidro´2001
Por
Pedro Javier Cáceres. Ayer no estuve en Las Ventas, luego
poco puedo hablar de lo que pasó en el ruedo. Sí tengo, evidentemente,
criterios de juicio y legitimidad y quiero hacer un comentario sobre
todo lo que hemos escuchado y dicho. Lo que no se puede es invadir otros
terrenos. Lo que no se puede es el intrusismo. Igual que los periodistas
no queremos el intrusismo de otra gente en nuestra profesión, el
periodista no puede ser un intruso en la legislación vigente. Lo que no
se puede es, simplemente, por el hecho de quitar o no dar un presidente
una oreja, ser halcón o paloma, ser malo o ser bueno, e incluso
justificar la trasgresión de un reglamento.
El público paga y el
público tiene derecho a equivocarse. Y el reglamento es diáfano. Lo
que se dice en un periódico de que el reglamento dice que la primera
oreja la da el público pero que luego le faculta al presidente no es
verdad. La primera oreja la da el público, luego el presidente verá lo
que hace o no hace. Y si el público ha pedido la oreja, hay que darla,
y luego, sin cuestionar esa circunstancia, y sin pegarle un olé al
presidente, ya estamos nosotros, que es lo que tenemos que hacer, y no
el intrusismo en la legislación, para decir que fue una oreja
pueblerina, que es un público que no se entera, que es un público que
premió más la espectacularidad que la pureza y devaluar, desde el
reglamento de papel prensa y desde los micrófonos, lo que allí ocurrió
e incluso no enmendarle la plana al público, que es soberano, sino
decirle que esto no es así y que se han equivocado.
Ahora, si el
periodista se constituye en juez, además de en abogado de un presidente
transgresor y además está dejando en evidencia a un público que al
menos ha llenado la plaza, esto es un galimatías que no entiende nadie.
¿Al final qué es lo que va a ocurrir? Que cuando algunos presidentes,
como es el caso de Sánchez, están en entredicho ante un núcleo duro
de la afición porque ha evolucionado positivamente y ya quita menos, da
menos, de vez en cuando da orejas y de vez en cuanto mantiene toros en
el ruedo que le dan la razón, cuando antes era el mando a distancia de
los núcleos duros, una forma de congraciarse con esos núcleos duros es
decir, en la rejones, que cree que no va a pasar nada, quito una oreja
transgrediendo el reglamento.
El presidente está
arriba como autoridad, no como aficionado. Cuando tiene que dar la
segunda ya es autoridad y aficionado, en la primera es simplemente
autoridad y tiene que evitar cualquier altercado público. Que luego el
público se comportó de una forma violenta, extralimitada… quizás él
ni lo pensaba, porque era un público de rejones, pero ocurrió. Y esa
alteración de orden público se produce por una infracción
reglamentaria en la que se le está sustrayendo al público su capricho
de pedir la oreja. Yo quisiera saber si el otro día, el viernes pasado,
el día de José Tomás, si mete la espada, a la segunda o a la tercera
–no digo ya a la primera, que hubiera sido el colmo- y la gente pide
la oreja como ayer la pidió para Andy Cartagena, si el presidente
hubiera estado en aficionado, en presidente, si la hubiera dado o la
hubiera quitado, según los conceptos que se manejaron ayer y pensando más
en un congraciarse con el núcleo duro.
¿La oreja la pidió
unánimemente el público? Sí, total y absolutamente. El público se
equivocó, pero quien tiene que decírselo somos nosotros. El que está
arriba, en la primera oreja, tiene que cumplir con el reglamento, y a
veces hay que dictar sentencias no por indicios, sino por pruebas, como
ocurre en la judicatura normal y corriente. Ayer no había más que una
prueba, aunque fuera falsa, pero una prueba que se presentó y es que
había 23.000 pañuelos o 18.000 pañuelos. Y ahí el juez no puede
lavarse las manos ni ejercer de fiscal.
A mí me parece que es
entrar en un terreno peligroso, además de aplaudirle. A lo mejor, el
hombre, que lleva un proceso evolutivo muy favorable, en contra del núcleo
duro, buscaba en una corrida de rejones, que no debería haber tenido
mayor historia, para congraciarse con esa serie de núcleos duros. Pero
no siempre los núcleos duros, ni de prensa ni de afición, son los
mejores, los más entendidos, los más sabios y los que más razón
llevan. La fuerza de la razón siempre es mucho más fuerte que la razón
de la fuerza. Que quede claro.
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