GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

LAS VENTAS
TEMPORADA 1997

Feria de Otoño en Las Ventas de Madrid. Cartel 1997

Cierre de temporada

JOAQUÍN VIDAL. El País. Los buenos toreros

Astolfi / Amador, Núñez, Gastañeta

Cuatro toros de Astolfi, con trapío; 1º manejable, resto dificultosos. 4º de Julio de la Puerta y 5º de Los Bayones, ambos con trapío, inválidos, devueltos. Sobreros de Criado Holgado y Astolfi, respectivamente, bien presentados, inválidos. Luis José Amador, que confirmó la alternativa: dos pinchazos, media tendida baja y rueda de peones (silencio); estocada trasera y rueda de peones (silencio). Rodolfo Núñez: estocada (oreja); pinchazo hondo trasero y dos descabellos (aplausos y salida al tercio). Rafael Gastañeta: pinchazo, estocada corta, rueda de peones y dos descabellos (silencio); media trasera, rueda de peones, dos descabellos, estocada, descabello y cinco descabellos (silencio). Plaza de Las Ventas, 19 de octubre. Menos de media entrada.

, Madrid La faena de Rodolfo Núñez al segundo toro fue de muchísimo mérito y, además, estuvo muy bien toreada. Seguramente una cosa trae la otra. Torear muy bien a un toro reservón tiene su intríngulis, su busilis y sus perendengues. Había un torero en plaza que es como decir un buen torero.

Pero no estaba solo. Porque el peruano Rafael Gastañeta también se colocaba en el cruce ese que los aficionados tanto echan en falta y presentaba la pañosa según manda Dios; y en cuanto el toro la tomaba con cierta boyantía -solía ser con muy relativa boyantía- ya estaba haciendo el toreo bueno. Y Luis José Amador no les iba a la zaga. Luis José Amador, toricantano a la sazón, se traía un toreo de escuela; un toreo de hondura y ligazón; ese toreo que asimismo se sustancia cargando la suerte.

Diríase que, con toreo así, Las Ventas sería un alboroto de entusiasmo, el Olimpo del arte, la flor de la maravilla. Pues no. Ni falta que hacía. En la plaza no estaba ese público triunfalista que sólo acude a los festejos de feria y su aspiración suprema es ver muchas orejas, sino la afición cabal, que sabe lo que se pesca. Y tomó nota, dio la importancia debida a los lances de la lidia, valoró las seis labores según su criterio, y en esa valoración hubo de tener en cuenta que la corrida, con sus numerosos remiendos, no resultó fácil.

La flojedad de algunos toros provocó las peores complicaciones. Tardos en las embestidas, se quedaban a mitad de viaje. Los parones del sexto toro, protestado por sus sospechosas malformaciones en el remate de la encornadura, tenían verdadero peligro. En cuanto topaba al engaño, el malformado animal ya estaba derrotando, pese a lo cual Rafael Gastañeta no perdía la compostura, y continuaba las porfías en el loable intento de torearlo al natural.

Toros parados, toros reservones... Y con un trapío irreprochable. El que hizo segundo causó sensación. ¿Cómo no iba a causar sensación con aquella cornamenta anchísima de cuna y tan abierta que parecía querer abrazar al mundo? Alto, largo y zancudo correteó el redondel infundiendo respeto entre la torería y luego tuvo el capricho de infundírselo a la pacífica e inadvertida gente del callejón. De manera que galopó hacia la barrera, la brincó y -pies para que os quiero-, la gente del callejón, empavorecida de súbito, no sabía ni dónde agarrarse ni qué olivo tomar. Afortunadamente no pasó nada, salvo el susto. Ilesos todos, el toro trotó ligero hacia la puerta que le abrieron, midiendo con ambos pitones la anchura de aquel pasillo nada angosto.

Ese fue el toro de la oreja. Manso según se delató con el brinco y después en la prueba de varas, acabó remiso para la muleta. Sin embargo Rodolfo Núñez le sacó mucho mayor partido del que se hubiera podido imaginar. Primero por naturales. He aquí uno de los detalles significativos de la corrida y de la terna: tras las dobladas o los muletazos de tanteo, acaso sin otro preámbulo que una tanda de derechazos, los tres diestros ya se estaban echando la muleta a la izquierda. Rafael Gastañeta ensayó con valentía los naturales en el probón tercero. Luis José Amador en el toro que abrió plaza -único boyante de la corrida- y en el inválido y reservón sobrero de Criado Holgado que salió cuarto.

Los naturales de Rodolfo Núñez tuvieron usía. Trayéndose al toro toreado, se lo pasaba ceñidísimo a despecho de asperezas, consiguió encelarlo y ligó a continuación dos series de redondos pletóricas de poderío y de aroma torero. La torería le rezumaba a Rodolfo Núñez y volvió a exhibirla en su faena al quinto de la tarde, aunque ese toro -sobrero de Astolfi- estaba tan inválido y aborregado que no era de recibo.

Y resulta que estos buenos toreros apenas torean. Núñez y Gastañeta no suman entre los dos la docena de actuaciones; el toricantano Luis José Amador trabaja en el andamio... Habría que ver a dónde serían capaces de llegar si les dieran plaza.

El día 26 está previsto que se celebre un festival a beneficio del banderillero retirado Carlos Romero Periquito, de 56 años de edad. Los diestros que participarán aún no están confirmados pero en un principio se cuenta con las actuaciones de los matadores Palomo Linares, Curro Vázquez, Ortega Cano y Julio Aparicio, y del novillero García Montes. Las reses pertenecen a diversas ganaderías.

Han sido muchos los diestros a cuyas órdenes ha toreado Periquito; entre otros, César Girón, Curro Girón, Paco Camino, Julio Aparicio, Gregorio Sánchez y Antoñete. Se calcula que habrá tenido unas tres mil actuaciones.

Otro festival a beneficio de una organización humanitaria se encuentra en fase de estudio y si cuaja podría celebrarse en la plaza de Las Ventas en los primeros días de noviembre.



Feria de Otoño en Las Ventas de Madrid

Cartel 1997

Domingo, 12 de octubre: Óscar Higares (estocada trasera perdiendo la muleta (palmas); aviso antes de matar y estocada perdiendo la muleta (pitos), Javier Vázquez (pinchazo y estocada caída (silencio); bajonazo (silencio), y Luis Miguel Encabo (espadazo al vacío y media tendida ladeada (ovación y también pitos cuando saluda); estocada corta (aplausos y saludos). Reses de Buendía, uno devuelto por inválido), bien presentados, flojos, poco temperamento, pastueños; 3º y 5º bravos. 6º sobrero de Alcurrucén, bien presentado, manso, manejable.).

Crónica de Joaquín Vidal (El País)


Las demás corridas del ciclo: domingo 5 de octubre, sábado,4 viernes, 3, jueves,2, miércoles,1, martes,30 de set.


Domingo, 5 de octubre: Reses: Cinco toros de Peñajara, bien presentados, ásperos y difíciles. El cuarto fue un sobrero, al ser devuelto el primero y correrse turno, de hermanos Astolfi, manso pero yendo a más. Pepín Jiménez: pinchazo y estocada (palmas); y pinchazo y estocada (una oreja). Fernando Cepeda: metisaca en los blandos (silencio); y estocada (silencio). Juan Carlos García: dos pinchazos y media baja (ovación tras un aviso); y estocada baja (ovación).

Crónica de Juana Glez. Linares-EFE


Sábado, 4 de octubre: . Reses de Torrestrella (mansurrones pero manejables) para los rejoneadores Jöao Moura,rejón (una oreja), Fermín Bohórquez,dos pinchazos y rejón (ovación), Luis Domecq, pinchazo y rejón contrario (ovación)y Antonio Domeq, pinchazo y rejón caido (ovación). Por colleras: Moura-Bohórquez, pinchazo y rejón del primero (dos orejas); y los hermanos Domecq, metisaca en los bajos de Luis (dos orejas). Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del ganadero Juan Guardiola, fallecido Sevilla.).

Crónica de EFE , Crónica de ABC, Crónica de El País


Viernes, 3 de octubre: Manuel Caballero de negro y plata. Estocada tendida y algo atravesada (una oreja y vuelta). En el cuarto, estocada levemente trasera y un descabello (una oreja y vuelta); Manolo Sánchez espadazo infamante en los bajos (pitos); estocada corta caída y rueda de peones (pitos); y El Tato de azul cielo y oro. Un pinchazo, estocada corta y cinco descabellos. Aviso (silencio). En el sexto, media estocada arriba y dos descabellos (saludó desde el tercio).Reses de Victorino Martín ., extraordinariamente presentados, bravos, con casta.

Crónica taurina de Vicente Zabala en ABC y Joaquín Vidal en El País


Jueves, 2 de octubre: Rafael de Paula (cinco pinchazos bajos y siete descabellos (silencio); los tres avisos, sin entrar a matar; el toro es devuelto al corral (protestas), Fernando Cepeda (estocada corta (silencio); pinchazo bajo y estocada caída perdiendo la muleta (silencio)y Manuel Caballero (estocada ladeada (silencio); media tendida perdiendo la muleta, dos pinchazos, otro hondo y descabello (silencio)(Toros de João Moura, de discreto trapío, inválidos, pastueños. Dos de Alcurrucén: 4º con trapío y casta, otro devuelto por inválido. Sobreros: 5º de Torrealta, bien presentado, inválido; 6º de Astolfi, bien presentado, de poco juego).

Crónica de Joaquín Vidal en El País


Miércoles, 1 de octubre: Julio Aparicio (silencio y bronca), Jesulín de Ubrique (silencio tras aviso y palma) y Vicente Barrera (silencio y palmas). Reses de los Bayones (todos, excepto el 4º -sobrero de Astolfi, manso- con presencia, flojos, sin casta)

Crónica de Joaquín Vidal en El País


Martes, 30 de setiembre: Luis Mariscal (aplausos tras aviso, silencio), Aníbal Ruiz (silencio, gran ovación con saludo)y Miguel Abellán (oreja y palmas). Novillos de Daniel Ruiz-4 (bien presentados, nobles, pero justos de casta), 1 sobrero de Palomo Linares (manso), 1 sobrero de Alejandro Vázquez (manso).

Crónica de Joaquín Vidal en El País


El País. Joaquín Vidal

Una terna estancada. Óscar Higares, Javier Vázquez y Luis Miguel Encabo -la terna- pertenecen a ese grupo de toreros que atesoran excelentes condiciones para desarrollar con éxito su oficio y, sin embargo, ahí están, estancados. Estancados sin hacer nada malo para que los condenen al destierro, tampoco nada bueno que suponga un aldabonazo y les franquee el paso al club de los elegidos.

Dicen de ellos que carecen de suficientes oportunidades. Quizá sea así. Pero tampoco les han faltado. El domingo, sin ir más lejos, les salieron toros boyantes, algunos que incluso se pasaban de pastueños, y ni por esas.

La terna estaba floja de ideas. La terna estaba pesadísima. La terna no complació ni a la afición exigente ni al público triunfalista.

Caray con la terna.

Óscar Higares-Javier Vázquez-Luis Miguel Encabo era el cartel y cuando lo anunciaron para la Feria de Otoño muchos se preguntaban por qué estos y no otros. Circularon nombres.

La verdad es que habría sido igual si ponen a los otros. Mas les tocó a ellos. En la dinámica de la fiesta influye bastante la suerte y la terna se encontró metida en el abono, con una ganadería de casta, la plaza llena, la afición expectante. La oportunidad era de oro. La oportunidad la pintaban calva.

Y si quieres arroz...

Los toros que les salieron no se comían a nadie. Los toros tenían buen conformar, los hubo que parecían llegados de una bombonería, y ¿puede creerse que la terna no fue capaz de hacerles el toreo?

Parecía traer mejor disposición Luis Miguel Encabo, que estuvo muy bien con el capote y a su primero le instrumentó una faena de estupendo corte. Tranquilo, templado y mandón, sacó buenas tandas de redondos. Los naturales, en cambio, le salieron faltos de ajuste y sobrados de mediocridad.

El toro era bravo. El toro se había arrancado con prontitud y alegría al caballo, donde recargó con fijeza, y siendo admirable aquella manifestación de bravura, lo auténticamente maravilloso fue que saliera vivo del trance. Porque el individuo del castoreño lo tomó por su cuenta, hizo girar el caballo, lo puso de muralla cerrándole al toro toda posibilidad de escapatoria y le metió un varazo hasta las entrañas.

Las tropelías de los picadores se han convertido en norma y no ya el toro sino la fiesta entera es su víctima. Cuando la acorazada de picar sale en misión de castigo, que es cada tarde, queda pulverizado el sentido de la lidia; convertido en barbarie el espectáculo.

Además de salir vivo, el toro mantuvo su encastada nobleza y Luis Miguel Encabo lo toreó con los altibajos que se han dicho. Aún le quedaba un recurso al torero: el volapié. Y se perfiló con esmero. Se perfiló sin prisas, montó el arma, adelantó el engaño, entró veloz... Y no se sabe dónde miraría o en qué estaría pensando pues centelleó el acero, pasó por un costado del toro sin romperlo ni mancharlo, se clavó en la arena y por la fuerza del impulso el torero cayó de cabeza dos metros más allá.

Qué cosas pasan en la tauromaquia moderna.

Encabo no estuvo tan reposado y auténtico en el sobrero, un manso de Alcurrucén, finalmente manejable. Voluntarioso sí. Voluntarioso manejando los engaños y en las suertes de banderillas, que ejecutaba a cabeza pasada. Ahora bien, con sólo la voluntá no se llega a figura.

Si por voluntá fuese, el Olimpo de los fenómenos táuricos sería el camarote de los Hermanos Marx. Óscar Higares y Javier Vázquez estuvieron igualmente voluntariosos y no les valió demasiado pues la afición se apercibió de que hacían un toreo ventajista, abusaban del dichoso pico, enmendaban terrenos. Y no había motivo para tanta precaución habida cuenta de que sus toros se comportaban como babosas. No el primero que, incierto por el pitón izquierdo, le pegó un volteretón a Óscar Higares al iniciar un natural. Y es justo destacar que pese a la inquietante experiencia vivida, Óscar Higares volvió a intentar torearlo por ese lado. Un rasgo.

La terna se marchó sin pena ni gloria. Y todo por no torear. Es curioso: piden una oportunidad de torear, y cuando llega, hacen así, y que toree San Pedro.


PEPIN JIMENEZ ORGULLOSO DE TRIUNFAR CON UN "ASTOLFI"

Por Juana González Linares Madrid, 5 oct (EFE).- El triunfo de Pepín Jiménez hoy en Madrid vale más para él "por el hecho de haber sido con un toro de Astolfi, además del reconocimiento que ha tenido la faena por parte del público", dijo a EFE orgullo el diestro al término del festejo. Pepín confesó, sin embargo, que no tenía esperanzas en un principio en este toro, sobrero, pues "se trata de una ganadería difícil que teóricamente no atraviesa un buen momento. El animal de salida fue manso, pero, haciéndole las cosas bien durante la lidia, y a pesar de que al abrir faena le costaba tragarse los muletazos, poco a poco se dejó trorear y pude sentirme a gusto. Bueno, los de 'a gusto' entrecomillas". El torero de Lorca hizo hincapié una vez más en el buen trato que el público de Madrid le dispensa. "Como es costumbre, ha estado sensacional. Me hubiera gustado rematar la tarde en mi primero, que no permitió el lucimiento, y molestó mucho el viento. La ilusión era abrir esa Puerta Grande que todavía no he logrado, y que ya se pone dura". Fernando Cepeda, que cumplió su segundo compromiso en el ciclo, se encontraba un tanto desilusionado "por el decepcionante juego de los toros. Los dos de mi lote han sido muy parecidos, sin emplearse en el capote, parados y defendiéndose con mal estilo en la muleta". Sin embargo, ne le faltó decisión al sevillano a lo largo de toda la tarde. "He salido a darlo todo, haciéndome presente con el capote cada vez que podía y me tocaba. Y con la muleta he querido resolver las dificultades de los toros a base de entrega, aunque eso no ha sido suficiente por culpa del ganado. No puedo irme contento de la feria, pues mi idea era conseguir otro balance". Juan Carlos García intentaba recuperarse al llegar al hotel de la tremenda voltereta que recibió en el sexto. "No sé cómo ocurrió. Cuando me día cuenta estaba en el aire, encunado entre los pitones. Por fortuna no ha sido nada importante, pero tengo una fuerte paliza, estoy muy dolorido, con el pié derecho hinchado, magulladuras por todas partes y con una brecha en la cabeza". Con gesto disgustado además del dolor, el diestro jiennense lamentó su mala suerte en Madrid, "porque no me embiste un toro. Hoy me he vuelto a justificar con lote difícil, sin librarme como siempre de una voltereta. Y es que no se me pueden negar las ganas que tengo por triunfar en Las Ventas". EFE


MOURA Y BOHORQUEZ DICTARON UNA LECCION DE REJONEO

Por Juana González Linares Madrid, 4 oct (EFE).- Los rejoneadores Joao Moura y Fermín Bohórquez dictaron hoy en Las Ventas una auténtica lección de rejoneo, tanto en sus toros en solitario como al hacer collera, lo que les valió cortar tres y dos orejas, respectivamente, con las que salieron a hombros acompañados también de los hermanos Luis y Antonio Domecq, que, aunque con una actuación más distante, se llevaron asímismo dos orejas del toro a duo.

Llovieron orejas

EL PAÍS. Plaza de Las Ventas, 4 de octubre. 4ª corrida de feria. Tres cuartos de entrada.

JOAQUÍN VIDAL , Madrid Hubo cinco orejas: una a ley, el resto en la burrada esa que llaman colleras. La de ley la cortó João Moura, que es maestro en el arte de Marialba y realizó un toreo ecuestre de altos vuelos. Las otras cayeron del cielo. O sea, que hubo gota fría de orejas peludas.

Ocupaba la presidencia orejera un funcionario muy dado a la oreja peluda. La afición, cuando llega a la plaza, mira al palco y según quién esté ya sabe lo que va a pasar: si concederá todas las orejas que pidan o ninguna; si no devolverá toros inválidos al corral aunque lo pida la plaza entera o respetará las reglas; si enviará a los guardias para que detengan a quien proteste, caso ahora no infrecuente y antes impensable, pues no se dio nunca en los toros, ni siquiera durante el franquismo.

La categoría, la competencia, la dignidad profesional y el rigor de los presidentes constituyen uno de los cambios fundamentales que se han producido en la fiesta. Antaño los presidentes se caracterizaban por cuanto queda dicho; hogaño, al revés, salvo excepciones.

Los presidentes de hogaño, por lo general, actúan como si el aficionado fuera su enemigo. Los taurinos, con muy raras excepciones, en privado los ponen verdes. Las masas orejistas, en público, también. Desde ignorantes hasta peores calificativos merecedores de juzgado de guardia, les dicen de todo a los presidentes. Y, sin embargo, únicamente cargan contra los aficionados; los que les reprochan que no devuelvan toros inválidos al corral, sí, pero que en un momento dado dan la cara y salen en su defensa cuando reciben un trato injusto.

Los presidentes son un colectivo digno de estudio. Los presidentes son un dolor.

Sin presidentes iría mejor la fiesta. A fin de cuentas, para regalar orejas vale cualquiera. Con que acuda un peón al toro y las corte, asunto resuelto.

El toro primero hizo gala de bravura recreciéndose al castigo, embistiendo codicioso, llegando al embroque con fijeza. Y Joöao Moura lo lució mediante un toreo emocionante y dominador, pletórico de templanza y recursos lidiadores, alegre y variado.

Joöao Moura es un rejoneador aparte. Lo que no empece para subrayar que los otros tres rejoneadores rejonearon bien, cada cual según su estilo. Ahí le duele, el estilo. Porque si es sobrio, suscita escasos entusiasmos. Les ocurrió a Luis Domecq y a Antonio Domecq, que realizaron un rejoneo impecable y como si se operaban. Fermín Bohórquez, en cambio, añadió espectacularidad a su buen arte y se ganó cerradas ovaciones.

La espectacularidad es la base del éxito en las mal llamadas corridas de rejones. Y consiste en que haya veloces galopadas y caballazos frenéticos, dicho sea con perdón. Esto sucede principalmente en el repulsivo número de las colleras, donde dos rejoneadores galopan y caballean sin mesura y vuelven loco al indefenso toro mientras le zurran la badana, lo cual provoca delirantes entusiasmos en el tendido. Y llueven orejas.

Cuanto queda dicho aconteció en Las Ventas y cayeron cinco orejas pues, presidiendo quien presidió, no podía ser de otra manera. De propina, los cuatro rejoneadores salieron a hombros por la puerta grande. Los caballos debieron salir también a hombros por la puerta grande. Se lo merecían. Más.

Quinta Feria de Otoño: Los cuatro rejoneadores cortaron dos orejas en colleras y salieron por la puerta grande

ABC. José Luis SUÁREZ-GUANES

La Feria de Otoño, tras el respiro optimista de la tarde de los «victorinos», hace un alto en el camino con un festejo de rejones. Tarde de calor sofocante –como todas las del ciclo– con cuatro figuras del toreo a caballo en liza: Moura, Bohórquez y los hermanos Domecq. Los aficionados al caballo vuelven a echar de menos –igual que en San Isidro– el nombre del navarro Pablo Hermoso de Mendoza, de nuevo ausente, y es que no se hace justicia siempre.

A Joao Moura, que abrió el cuarteto, nadie le niega su maestría. Como siempre, toreó de verdad, desde el caballo, haciendo la cola del equino y la banderola las veces de muleta. Dos hierros en lo alto y siempre la ortodoxia de no dar ventajas, de clavar en los medios. Así lo hizo en banderillas –ir de dentro a fuera– en un quiebro fallido, de estupenda ejecución, y en otro, posterior, bien llevado a cabo. Antes, había visto como su rival recorría toda la plaza para aguantarle, a la vera del tercio, y ponerle un par en todo lo alto.Nuevos lances rehileteros –con largas y cortas– resultaron milimétricos y precisos. Oreja justa y legítima tras certero rejón.

Fermín Bohórquez tropezó con un toro remiso para el toreo a la jineta. Bien y sobrio, y, por tanto, un punto opaco en los rejoncillos previos, colocados con clasicismo. Enceló, con el sombrero, a su oponente, un punto distraído, para clavar banderillas en todo lo alto. El astado se emplazó hacia las tablas y Fermín tuvo que entrar por los adentros, a la fuerza, pero con brillantez. La colocación del segundo rejón, en el brazuelo, disipó lo conseguido.

Un punto tardo resultó el tercero. Luis Domecq lo supo sacar al centro del anillo hasta quitarle cierta querencia corretona. Colocó siempre los hierros arriba. No pasó así con las banderillas, pues las dos primeras cayeron baja y trasera, respectivamente. El tercero lo puso en los mismos rubios, pero todo el conjunto pecó de mecánico y algo frío. Elevó algo el diapasón en un par a dos manos y en un palo corto, pero, al no matar a la primera, no le dejaron dar la vuelta al ruedo.

No se terminó de acoplar Antonio Domecq con el cuarto, un toro quedado en el que todo lo hizo el caballero. I

 

 

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