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Temporada 1998
Temporada 1999 Temporada 2000
Temporada
2001
Temporada 2002 Temporada
2003 Temporada 2004 Temporada
2005 Temporada
2006
Plaza
de toros de Valdemorillo
TEMPORADA
2008
Feria de San Blas y La Candelaria
Lunes, 4 de febrero. Novillada de promoción. V Trofeo "Chimenea de
Oro". Cinco erales de Pablo Mayoral y un sobrero (6º) de Tomás Entero (juego desigual), para Miguel Cuartero (silencio), Francisco Javier Ortiz (silencio), Daniel Palencia (silencio), José María
Arenas (oreja), Adrián de Torres (silencio tras aviso) y Eduardo Pereira (silencio). Tres cuartos de plaza.
Jueves, 7 de febrero. Novillos de El Estoque (de distinta presentación, deslucidos y
escasos de fuerza) para Antonio Nazaré (silencio tras aviso y
silencio), Pedro Carrero (silencio y oreja) y Javier Cortés (ovación y silencio). Menos de media plaza.
Viernes, 8 de febrero. Toros de Peñajara
(bien presentados, buen juego y justos de fuerzas),
para Curro Díaz (oreja y ovación), César Jiménez
(silencio y oreja tras aviso) y Salvador Cortés
(silencio y ovación tras aviso). Más de Media plaza.
Sábado, 9 de febrero. Toros de Antonio San Román
(juego desigual y descastados),
para Iván Vicente (ovación y dos
orejas), Salvador Vega
(silencio y silencio) y Daniel
Luque (dos orejas tras aviso y aplausos). Tres cuartos de plaza.
Domingo, 10 de febrero. Rejones. Toros de Campo Amor (nobles y manejables),
para Álvaro Montes (oreja y
oreja), Sergio Galán
(dos orejas y oreja) y Diego Ventura
(silencio y dos orejas y rabo). Tres cuartos de plaza.
TEMPORADA
2007
Feria de San Blas y La Candelaria
Domingo, 4 de febrero. Inauguración de la
cubierta de la plaza. Toros de
Antonio San Román
(manejables), para
Jesulín de Ubrique
(silencio y oreja tras aviso), Manuel Díaz "El Cordobés" (oreja y dos
orejas) y Rivera Ordóñez (oreja y ovación). Lleno.
Nota: se ha guardado un minuto de silencio en memoria de Ángel Luis Bienvenida.
Lunes, 5 de febrero. Novillada sin picadores. Trofeo IV Chimenea
de Oro. Erales de Manuel Quintas (parejos de presentación y complicados), para Javier Cortés (silencio), Francisco Javier “El Calita” (ovación),
Juan Manuel Jiménez (oreja), “Tomasito” (silencio), Ismael Cuevas (oreja) y Raúl Palancar (silencio). Lleno.
Viernes, 9 de febrero. Novillos de Campo Amor
(de distinta presentación y juego), para Pedro Carrero (oreja y ovación tras
aviso),
Ana Infante (ovación tras aviso y silencio tras
aviso) y Carlos Guzmán, que debutó con caballos (ovación tras aviso y silencio tras dos avisos). Dos tercios de plaza.
Sábado, 10 de febrero. Toros de María Luisa Domínguez
(juego desigual y deslucidos), para
Luis Miguel Encabo (silencio y
oreja), Antonio Barrera
(silencio tras aviso y vuelta al ruedo) e Iván García. (dos orejas y oreja). Tres cuartos de plaza.
Domingo, 11 de febrero. Toros de Pablo Mayoral (juego desigual, destacando, 2º, 5º y el 4º que ha sido indultado), para López Chaves (silencio y dos orejas y rabo simbólicos, indulta toro),
Julio Pedro Saavedra
(pitos y pitos) y Fernando Cruz (vuelta al ruedo y palmas). Tres cuartos de plaza.
Nota: "Negrote", N º 81 negro entrepelado, bragado y de 542 kilos, fue indultado.
TEMPORADA
2006
Feria
Sábado, 4 de febrero. Toros de Hermanos Tornay (de distinta presentación, 5º y 6º manejables, el resto descastados), para
Pepín Liria (silencio y
oreja), Luis Miguel Encabo (ovación y dos
orejas) y Uceda Leal (silencio y oreja). Dos tercios de plaza.
Domingo, 5 de febrero. Novillos de El Retamar
(bien presentados y manejables), para Pérez Mota (oreja y silencio tras
aviso), Ana Infante
(ovación y oreja) y Chechu (ovación y silencio tras aviso). Dos tercios de plaza. Dos tercios de plaza.
Viernes, 10 de febrero. Novillada sin caballos. III Premio 'Chimenea de Oro'. Erales de Alfredo Quintas
(de distinta presentación y juego, destacando el 6º, premiado con la vuelta al ruedo), para Ginés López (pitos tras tres avisos), Moreno Muñoz (silencio), José Manuel Mas (oreja) y Juan Carlos Rey (ovación tras aviso). Dos tercios de plaza.
Sábado, 11 de febrero. Cinco toros de El Serrano y uno (5º) de Hermanos Tornay
(deslucidos y descastados), para Miguel Abellán (bronca tras tres avisos, ovación y
silencio),
Fernando Robleño (ovación y ovación)
y Julio Pedro Saavedra (dos orejas en el único que mató, resultó prendido en el 6º, impidiéndole continuar la lidia). Tres cuartos de plaza.
Domingo, 12 de febrero. Rejones. Toros de Campo Amor
(manejables, salvo el 6º), para Martín
Porras (ovación y oreja), Raúl Martín
Burgos (oreja y dos orejas) y Álvaro Montes (oreja y oreja). Más de media plaza.
TEMPORADA
2005
Viernes, 4 de febrero: Toros de Antonio
San Román (bien presentados, desiguales en el juego) para mano a
mano entre Luis
Francisco Esplá (ovación, silencio y silencio) y Luis
Miguel Encabo (oreja, oreja y silencio).
Sábado, 5 de febrero:
Cinco toros de José
Luis Osborne y uno (2º bis) de Antonio
San Román (correctos, justos de fuerza) para Antonio
Ferrera (silencio tras aviso y oreja), Julio
Pedro Saavedra (ovación y oreja) y Serafín
Marín (oreja tras aviso y silencio).
Domingo, 6 de febrero: Rejones. Toros de Dolores
Aguirre (desiguales) para Álvaro
Montes (oreja y oreja), José
Luis Cañaveral (silencio tras aviso y oreja) y Juan Rubio (vuelta
al ruedo y oreja).
Lunes, 7 de febrero: Aplazada por lluvia para el sábado
12. Sin caballos. Novillos de Jiménez Montequi (correctos) para Román Marcos
"El Pela" (oreja), Ana Infante (dos orejas), Sandra Moscoso
(silencio), José
Caraballo (vuelta al ruedo), Jorge Jiménez (palmas tras aviso) y Luis del
Valle (silencio tras aviso).
Sábado, 9 de abril:
Homenaje
al fallecido banderillero
Juan
Pablo.
Reses de Hermanos Pérez
Villena, Ángel Luis
Peña, Javier Gallego, Tomás Entero, dos de Domingo Hernández y un
sobrero de El
Ventorrillo lidiado entre todos los diestros. Los matadores El
Fundi (oreja), Uceda
Leal (dos orejas), Chamón Ortega
(oreja), Gómez
Escorial (oreja), Fernando
Robleño (oreja), Antonio
Gaspar "Paulita" (dos orejas) y el novillero Curro Sierra,
(reaparecía, oreja).
Triunfador
de la feria: Luis
Miguel Encabo.

TEMPORADA
2004
Sábado 20 de marzo: Novillada. Ganado de El Retamar (justos de
presentación, mansos en general) para Francisco
José Palazón (oreja y silencio), Antonio
Caro (ovación con saludos y silencio) y Curro
Sierra (silencio y silencio, debutó con
picadores).
Feria de Valdemorillo
2004
Miércoles 4 de febrero: Novillada sin
picadores. I Trofeo Chimenea de Oro. Erales de Jarablanca para
Álvaro Justo (silencio), Julián Simón (silencio), Sandra
Moscoso (oreja), Daniel
Morales
(silencio) Escuela Taurina de Cáceres), Curro
Sierra (oreja) y Jorge Jiménez
(silencio tras aviso).
Viernes 6 de
febrero: Novillada con picadores. Novillos
de Nazario Ibáñez (de presentación desigual y regular
juego) para Fernando
Cruz (silencio tras aviso y
silencio), Antonio
Caro (silencio tras aviso y
oreja) y Rafael Ayuso (ovación con saludos tras aviso y
silencio tras aviso).
Sábado 7 de febrero:
Toros de Antonio
San Román (de presentación desigual,
flojos en general) para Luis
Francisco Esplá (ovación y ovación), Luis
Miguel Encabo Fierre (vuelta al
ruedo y silencio) e
Ivan Garcia (vuelta al ruedo y
silencio).
Domingo 8 de febrero:
Toros de
Herederos de José Luis Osborne (de buena presentación y desigual juego) para Juan
Diego (oreja y silencio), Fernando
Robleño
(oreja y dos orejas) y Julio
Pedro Saavedra (silencio y
silencio).
Premios de la
Feria
Premio al triunfador de la Feria:
Fernando
Robleño.
Premio a la mejor estocada: Fernando
Robleño.
Mención a la mejor estocada:
Luis
Francisco Esplá.
Premio al mejor banderillero:
Ángel Luis Prados de la cuadrilla de Fernando
Robleño .
Premio al mejor picador: El
Legionario, de la cuadrilla de Juan
Diego
.
I Trofeo Chimenea de Oro al mejor
novillero sin caballos: Curro
Sierra.
Premio al mejor toro:
"Lampistero", de la ganadería de José Luis Osborne lidiado por el diestro Fernando
Robleño.
Noelia
Jiménez. Tomás Entero organizará la
Feria de Valdemorillo 2004
El empresario Tomás Entero
ha llegado a un acuerdo con el adjudicatario de la plaza de toros de
Valdemorillo, José Antonio San Román, y con el consistorio de
dicha localidad para organizar la próxima Feria de San Blas y la
Candelaria 2004.
El nuevo equipo de gobierno del ayuntamiento valdemorillense
incrementará la subvención que hasta ahora se venía concediendo para
la organización de festejos taurinos y se hará cargo de diversos
gastos, en una clara apuesta por la recuperación de la primera feria de
España.
El ciclo, que se celebrará del 4 al 8 de febrero del próximo año,
constará de dos corridas de toros, una novillada picada y una novillada
sin picadores en la que los más destacados integrantes del escalafón
inferior se disputarán la Chimenea de Oro. Con esta iniciativa,
Ayuntamiento y empresa quieren apostar por el futuro de la Fiesta y
conferir un carácter novedoso y original a la Feria de Valdemorillo.
TEMPORADA 2003
Martes, 4 de febrero. Toros de Antonio
San Román (correctos de presentación),
para Vicente Barrera
(silencio y silencio), Dávila
Miura (ovación y silencio) y Julio Pedro
Saavedra (ovación y silencio). Más de media entrada.
Miércoles, 5 de febrero. Novillos de Los
Bayones (mal preesntados), para Jesuli de
Torrecera (ovación y silencio), Reyes Ramón (silencio y silencio) y Herrerita
(silencio y silencio). Más de un tercio de entrada.
Jueves, 6 de febrero. Novillada sin caballos de Los
Majadales (buenos) para Ismael López (vuelta al ruedo y ovación), Cayetano García
(ovación y vuelta al ruedo) y Juanma Vilches (ovación y oreja). Casi lleno.
Viernes, 7 de febrero. Novillos de Carmen
Lorenzo y Pedro y Verónica Gutiérrez (buenos), para Carlos Gallego
(palmas y ovación), Martín
Quintana (oreja y oreja) y Andrés
Palacios (silencio y
silencio). Más de un tercio de entrada.
Sábado, 8 de febrero. Toros de Valdefresno
y uno de Hermanos Fraile Mazas (el segundo y quinto fueron
devueltos y sustituidos por dos ejemplares del mismo hierro),
para Pepín Liria (silencio y
silencio), El
Califa (oreja y silencio) y Luis Miguel
Encabo (dos orejas y silencio). Más de tres cuartos de plaza.
Domingo, 9 de febrero. Toros para rejones de Jesús
Tabernero (desiguales de juego), para Leonardo
Hernández (silencio y silencio tras aviso), Álvaro
Montes (silencio y ovación) y Andy Cartagena
(dos orejas y oreja). Casi tres cuartos de entrada.
TEMPORADA 2002
Del 4 al 10 de febrero
Lunes, 4 de febrero. Novillos de Guadalmena,
para Julio
Pedro Saavedra (oreja y ovación), Leandro
Marcos (oreja y oreja) y Reyes Ramón (palmas y palmas). Miércoles, 6 de febrero. Novillos de
Marín
Triguero (flojos y de poco juego en general), para
Santiago Manciño (herida en la región quinquenal
derecha de 18 cm con una sola trayectoria, antero posterior, que sólo
interesa piel y tejido subcutáneo. Pronóstico menos grave. No precisa
hospitalización), Luis
Rubias (oreja y silencio) y Alberto Román (silencio, silencio y
al tercio) y Luis Rubias cortó la oreja al segundo de la tarde y escuchó
silencio al acabar la lidia del quinto.
Jueves, 7 de febrero. Novillos de Domingo Hernández (correctamente
presentados y manejables en líneas generales), para Julio
Pedro Saavedra (oreja y dos orejas), Matías Tejela (oreja y oreja) y Reyes
Ramón (palmas y vuelta al ruedo). Media plaza.
Viernes, 8 de febrero. Toros de Los
Bayones (desiguales de presentación), para El Fundi
(silencio y oreja), Niño
de la Taurina (oreja y silencio) y El
Millonario (oreja y oreja). Tres cuartos de entrada.
Sábado, 9 de febrero. Toros por Antonio
San Román (de correcta presentación y de juego desigual destacando
segundo y quinto), para Rafael
Camino (palmas y palmas), Jesús Millán
(ovación y ovación) y Dávila
Miura (oreja y dos orejas). Más de tres cuartos de entrada.
Domingo, 10 de febrero. Toros de Valdolivas y santa María
Isabel Sistac de Luna (mansos), para Diego
Urdiales (silencio en ambos), José Luis Triviño (ovación y ovación) y Rafael Matute (oreja y
vuelta).
TEMPORADA
2001
Domingo, 4 de febrero. Toros de Germán
Gervás, para Miguel Martín, José Ignacio Ramos y Antonio
Ferrera. Acceso a ficha técnica y
crónica del festejo.
Lunes, 5 de febrero.
Novillos de El Cubo, para Javier Valverde,
José Luis Triviño y Curro Sánchez. Acceso a ficha técnica y
crónica del festejo.
Jueves, 8 de febrero.
Novillos de Joselito y Martín Arranz,
para Ricardo Torres, Pedro Lázaro y Julio Pedro Saavedra. Acceso a ficha técnica y
crónica del festejo.
Viernes, 9 de febrero. Novillos de Antoñete, para David
Cortijo, Miguel Cuvillo y Carlos García. Acceso a ficha técnica y
crónica del festejo.
Sábado, 10 de febrero. Toros de Antonio
San Román, para Luis de
Pauloba, Manolo Sánchez y Alfonso Romero. Acceso a ficha técnica y
crónica del festejo.
Domingo, 11 de febrero. Toros de
Rocío
de la Cámara, para Frascuelo, Pepín
Jiménez y José Luis Bote. Acceso a ficha técnica y
crónica del festejo.
TEMPORADA
2000
Festejos, resultados y crónicas
Lunes 7 de febrero. Novillos de María Luisa Paniagua (bien
presentados, aunque muy pobres de cabeza, flojos -varios inválidos-, manejables)
para Martín Antequera (palmas
y saludos, oreja), Álvaro
Gómez (oreja, palmas y saludos) y Julio Pedro Saavedra (dos orejas, oreja).
Casi lleno. Crónica de El País.
Domingo 6 de febrero. Toros de Fernando Peña
(decorosos de presencia, flojos, manejables, de poca casta, excepto 1º y
también 4º, que tuvo trapío y derribó), para Pepín
Jiménez (ovación y saludos, silencio), Víctor
Puerto (dos orejas, silencio) y Canales
Rivera (petición y vuelta, dos orejas). Lleno. Crónica
de El País.
Sábado 5 de febrero.
Toros de Sayalero y Bandrés (primero,
sobrero, en sustitución de un inválido); tres de discreta presencia y tres sin
trapío, inválidos, dóciles; 6º único que tomó dos varas, con hechuras y
casta), para Óscar
Higares (silencio y silencio), Víctor Puerto
(oreja y oreja protestada) y Luis
Miguel Encabo (silencio y escasa petición y vuelta). Lleno. Crónica
de El País.
Viernes, 4 de febrero. Novillos de Carmen
Lorenzo y 6º de Hermanos Gutiérrez Lorenzo (justos de trapío,
escasos de pitones, inválidos, dóciles), para Fernando Robleño
(oreja sin petición y abroncada, y dos orejas con insignificante
petición), El Fandi
(silencio y oreja) y Julio Pedro Saavedra (oreja protestada y aplausos). Lleno. Crónica
de El País.
Empresario: Maximino Pérez
Crónicas de los festejos
Feria´2000
El
País. Joaquín
Vidal. Edición del 8 de febrero´2000.
Torear despacito
Torear despacito es un atributo axiomático del arte táurico, según se
suele manifestar en el ambiente. Lo dicen los apoderados a sus pupilos:
"Hay que torear despacito". Y entonces van los pupilos y se ponen a
hacerlo todo despacito. Todo menos lo que es torear propiamente dicho. Y así
sucede que las corridas duran horas.
La última de Valdemorillo duró dos horas y media, y las anteriores, por ahí.
No es que esto sea patrimonio exclusivo de las plazas de talanqueras. En las de
fábrica, grandes e históricas, también. Antes, cuando los toros se llevaban
tres puyazos o acaso el doble, y los matadores competían en quites, y los
banderilleros banderilleaban asomándose al balcón, y los diestros tiraban de
repertorio, con hora y media quedaba liquidada la función. En cambio en la
actualidad, que no hay quites ni nada, y la suerte de varas se resuelve con un
picotazo, y los banderilleros ponen pies en polvorosa, y los diestros han
reducido la técnica muletera a perpetrar derechazos a destajo, las corridas
pueden durar el doble.
La explicación es difícil pero si uno se fija observará que,
efectivamente, van todos despacito: el presidente, que no saca el pañuelo hasta
que el espada ha capoteado cuanto le viene en gana; los caballos de los
picadores, que acuden con andar cansino; el peonaje, que brega para llevarse al
toro a lejanos pagos y, fijo allá, lo vuelve a traer; el matador, que sustituye
el toreo de capa por un ceremonioso destocarse y pedir cambio de tercio; los
banderilleros, que no salen a la palestra hasta en tanto el picador,
parsimonioso y holgachón, no haya desaparecido por la puerta de cuadrillas; y
cuando finalmente se hacen presentes, no van a la suerte si antes no les aparcan
el toro...
Dos horas y media, dios
Y después de dos horas y media, la verdad, hay poco que contar. Entre los
rellenos referidos, en este festejo prostrimero se vio a un Martín Antequera
que cargaba la suerte y ligaba los pases; y ya van dos. El día anterior fue
Canales Rivera, matador de toros. El posterior, Martín Antequera, novillero
veterano, que presentaba la pañosa donde es debido y, al vaciar el muletazo, ya
se había cruzado con el novillo ganándole terreno y volvía a tomar la
embestida sin solución de continuidad. Claro que pasó apuros por esta forma
valerosa de ejecutar el toreo; se le cernían derrotes e incluso sufrió una
seria voltereta... A veces ese es el precio que hay que pagar cuando se torea de
verdad.
Algunos preferían las formas de Álvaro Gómez porque toreaba más fácil.
Faltaría más: al vaciar el muletazo cedía terreno, perdía un paso o muchos
-a conveniencia de la situación, siguiendo la moda- de manera que podía citar
con alivio (aunque también se llevó un acosón), perfilarse pinturero al
ejecutar el pase, y vuelta a empezar. Álvaro Gómez pareció tener mejor corte
con el capote, que manejó a la verónica con gusto y armonía.
La expectación se centraba en Julio Pedro Saavedra, que tuvo detalles de
torería cara y exitoso resultado en su anterior comparecencia valdemorillana y,
además, es hijo del lugar. Traía toda la moral del mundo -se pareció
advertir- y con ella una prestancia altiva y una empalagosa afectación que le
restaron calidad a sus intervenciones. Hubo en ellas más posturas y desplantes
que toreo. A lo mejor estaba tan imbuido de aquellos modos que le atenazaban el
buen concierto para ejecutar con naturalidad y fundamento el arte de torear.
Podría ser: esto y lo contrario. Si bien sería preferible que las aptitudes
toreras de Julio Pedro Saavedra, a quien los paisanos premiaron con largueza,
fuesen las del primer día antes que las del segundo.
Cinco orejas dio el presidente, sin que tanto despojo sea indicativo de nada.
Siempre se exagera.
El
País. Joaquín
Vidal. Edición del 7 de febrero´2000. Un volapié de
Canales Rivera
Canales Rivera cobró un estoconazo sensacional marcando los
tiempos del volapié. El toro quedó herido de muerte, buscando errabundo el
abrigo de las tablas, y en cuanto llegó a su proximidad rindió allí la vida.
La estampa repetía la escultura de Mariano Benlliure llamada "La
estocada de la tarde" que ha quedado como paradigma del efecto letal de la
suerte suprema. La diferencia -si se quiere sutil- estribó en que estocadas de
aquellas se producían, efectivamente cada tarde (más o menos) mientras que
estocadas al estilo de la de Canales Rivera son difíciles de ver.
Lo que cobró Canales Rivera fue la estocada de la feria y aún falta mucho
para que discurran las demás ferias pero no se desdeña que vaya a ser también
el volapié de la temporada. Mientras lo usual es que los toreros maten al
asalto, echándole al toro la muleta sobre los ojos, clavando a capón , casi
siempre por los blandos y escapando de la suerte en la modalidad de "sálvese
quien pueda", Canales Rivera citó en cortó y por derecho; echó la pañosa
a la pezuñas, se volcó sobre el morrillo mientras el toro humillaba, hundió
el acero por el hoyo de las agujas y vaciado el embroque salió tan recio y
galano al hilo del costillar.
Le dieron dos orejas a Canales Rivera y aún había quien porfiaba que
constituía excesivo premio por una simple estocada. Mas uno sostiene que cuando
se ejecutan la suertes con semejante pureza, ni siquiera los trofeos pueden
recompensar el mérito de la tarea realizada. De cualquier forma la estocada de
Canales Rivera no tuvo parangón. Y además no venía de sorpresa pues la tarde
entera estuvo torero. Torero fiel a los cánones, empleándose con un rigor y un
ajuste que no admitían concesiones a la galería.
Ignora un servidor (no se puso a hacer encuestas por el tendido) si los
aficionados se percataron de la manera de torear y de ligar que tuvo Canales
Rivera. En vez de dar un muletazo y salir corriendo, que es el oropel del toreo,
lo usual entre pegapases, no le perdía nunca terreno al toro; antes al
contrario se lo ganaba, le retaba allí, fronterizo y cruzado. Muchas veces el
redondo o el natural acababan descompuestos, es cierto -pues había de salvar el
pellejo-, pero esta es la evidencia del riesgo máximo que genera el arte de
torear si se ejecuta con ligazón cargando la suerte.
Tarde torera
Pepín Jiménez y Víctor Puerto en algunos pasajes mostraron asimismo
predisposición a torear por lo puro. La tarde valdemorillana -parece
evidente-venía reivindicativa y torera. Pepín Jiménez con mayores
dificultades pues le correspondieron los dos toros de casta agresiva -uno de
ellos poderoso, que llegó a derribar con estrépito; otra sorprendente novedad-
y entre dudas y alivios, tandas desiguales, detalles de pinturería, mucho
recurrir a la trincherilla, cuajó al primero dos tandas de naturales con temple
impecable de singular belleza.
Víctor Puerto volvió a ser el torero de técnica y repertorio, sobrado en
todos los tercios y todas las situaciones, decidido, valeroso para aguantar los
parones, consentir y sacar los muletazos por delante o por detrás a distancias
inverosímiles, con el aderezo de unos cuantos para la galería, que en los
pueblos siempre valen orejas. Y dio las largas cambiadas de rodillas...
Canales Rivera no le fue a la zaga en las largas cambiadas de rodillas (sería
por un prurito competidor) y algunos floridos capoteos, mientras en el manejo de
la muleta tuvo la honradez de asumir los peligros toreando ortodoxo, así le
menudearan lo arreones, y de cobrar al sexto de la tarde un estoconazo hasta la
bola marcando lento y seguro, en corto y por derecho, los tiempos del volapié.
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El
País. Joaquín
Vidal. Edición del 6 de febrero´2000. El gachó del palco
Nada más aparecer el primer toro ya se estaba pegando costaladas. Se pegó
tantas que el presidente lo devolvió al corral. La gente se quedó sorprendidísima.
Eso de que el gachó del palco procediera contra de los intereses de los
taurinos era caso insólito.
La estructuras de la fiesta están así de organizadas. El presidente parece
como si formara parte de la cuadrilla. Unos van de banderilleros, otros de
picadores, hay mozo de espadas y al más torpe de la tropa lo mandan al palco
para que haga allí de ordenanza. De paso podría dar sombra al botijo.
Los taurinos andan en gestiones para institucionalizar esa figura. Colectivos
gremiales de coletudos pretenden reglamentar las funciones del gachó del palco.
Y consistirían en que no tenga ninguna salvo obedecer lo que les ordenen desde
el redondel. De hecho ya se está en estas. Los presidentes hacen lo que les
digan. A veces ni siquiera eso pues les leen a los toreros el pensamiento.
Barruntan que les gustaría una oreja y se la regalan.
De cuantas orejas se llevan cortadas en Valdemorillo, ninguna fue concedida a
petición mayoritaria del público, como manda el reglamento; todas porque al
gachó del palco le daba la gana. Es buen nombre este para el gachó: en el arte
instrumental, el gachó del arpa; en el arte de Cúchares, el gachó del palco.
Con gachós así, se comprende que no salga toro íntegro jamás.
Valdemorillo, feria primaria e indiciaria, da la muestra de lo que será la
temporada. Saltan a la arena los toros y a las dos embestidas ya se están
pegando batacazos. Y la fiesta sigue...
Siguió y los diestros no hacían gran cosa con el capote. Sólo Víctor
Puerto, que a su primero lo recibió mediante tres largas cambiadas de rodillas
y, de pie, se advirtió su maestría capotera y muletera. Víctor Puerto es uno
de los toreros más cualificados del escalafón. Lo que le ocurre es que le
pierde el carácter.
No un mal carácter sino un carácter alegre y populista, tan extrovertido
que tras dominar al toro utilizando suertes ortodoxas dotadas de temple y mando,
ejecutadas con valor sereno, se le va la euforia a las galerías, y se pone a
torear para ellas. Y no ve el fin, sin percatarse de que en la grada hay gente
de entendimientos taurómacos, mucha afición y experiencia, y le dicen que por
ahí no es.
Tras obligar Puerto a los toros con técnica consumada y pasárselos a
distancias inverosímiles, las faenas ya estaban hechas y el éxito conseguido.
Pero seguía, terne e interminable, hasta ponerse pesadísimo. En el quinto toro
el gachó del palco le debió enviar dos avisos y en cambio le regaló una
oreja; como debe ser.
Óscar Higares no tuvo reunión con sus toros, uno pastueño y otro
amodorrado; acaso porque empezaba la temporada. Luis Miguel Encabo, que cumplió
en banderillas, tampoco obtenía ligazón en sus faenas, pese a la voluntad que
aportó, incluso en el sexto de la tarde, único que por casta y trapío poseía
la integridad debida para la lidia... Cuando por haber toros en los ruedos y
seriedad en los palcos existía la lidia, se quiere decir.
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El
País. JOAQUÍN
VIDAL.
Edición del 5 de febrero´2000. Ya
la bailamos
Llegamos... y ya la bailamos. Ya la ballem suelen decir en países valencianos,
sobre todo cuando apenas iniciarse la cuestión irrumpe el barullo. Por los países
castellanos se suelen expresar con mayor crudeza; o sea, a la pata la llana:
"Aun no empezamos y ya pringamos". Y eso es lo que sucedió.
Apenas empezó Valdemorillo, las primarias a la manera de New Hampsire, ya la
bailábamos y los taurinos ya la estaban pringando. Como en New Hampsire,
Valdemorillo da el barrunto da la temporada, y consistió en una ruina de toros,
una desdicha de presidente, un taurinismo impresentable, un público hecho a
prueba de paciencia.
Los novillos sacaron la encornadura escasa, la invalidez supina, la docilidad
que se lleva. Los toreros traían la lección bien aprendida, que desplegaron
con entusiasmo digno de mejor causa y el presidente se puso a dar orejas aunque
no las pidiera nadie. Hubo protestas por ello. Aunque tampoco muchas. La gente
no quería amargar lo a gusto que se estaba en la plaza valdemorillana,
contemplando por sobre las talanqueras un panorama bellísimo de sierras
floridas aún coronadas por las nieves, bajo un cielo limpio y sintiéndose
arrullar por la cálida caricia de un sol que venía anunciando la primavera.
Disfrutar del trapío
Y, además, apenas había aficionados de aquellos que acudían a Valdemorillo
ansiando sacudirse el largo letargo de invernada y disfrutar del trapío, la
casta y el poder de los toros bravos. En este ruedo llegaron a soltar toros de
seis años exhibiendo más espolones que el gallo de Morón. Y con ellos se
empleaban a fondo unos toreros que se sabían medidos, juzgados y hasta
psicoanalizados por la sesuda afición de Las Ventas.
Los tiempos han cambiado. De unos años a esta parte ciertos taurinos y el
propio alcalde de Valdemorillo, que parece del gremio, esta feria de San Blas y
la Candelaria la han convertido en una cualquiera donde salen toros tan
docilones e inválidos como en todas partes. Y los toreros de la único que
pueden dar medida es de la pericia pegapasista y de la disposición.
Fernando Robleño cumplió, en este sentido, todas las expectativas. No mucho
en su primer novillo, un penoso inválido con el que estuvo bastante vulgar, a
plena satisfacción en el cuarto al que embarcó con temple y largura por
derechazos y naturales. Julio Pedro Saavedra mejoró la calidad torera pues
sobre templar y mandar ligaba los pases, lo cual supone gran mérito y es gran
novedad en esta época de figuras trotacaminos que semejan repartidores de
pizzas. Se daba Julio Pedro Saavedra otro corte, distinta apostura, un sentido más
hondo del arte de torear. El Fandi, en cambio, dio la impresión de encontrarse
sin tono. Menos entusiasta que en sus principios, aunque lanceó y muleteó
variado, sus faenas resultaron inconexas, monótonas y sólo lució en
banderillas, principalmente al prender el famoso par del violín.
Por el callejón bullían diestros sesentones retirados, que vuelven a la
liza. Y hacen bien: es su hora. Con esa ruina de toros que ahora sueltan y la
torería que atesoran, si se lo propusieran podrían mandar a más de una joven
figura a los albañiles.
TEMPORADA
1999:
Javier Conde
y El Fundi, triunfadores.
También triunfaron los novilleros Goméz Escorial y Fernando García Robleño.
CARTEL Y RESULTADOS
Jueves, 4 de febrero. Novillada
picada. Novillos de La Victoria, para Manuel
Bejarano (silencio, silencio), Gómez Escorial (oreja y oreja tras aviso con petición
de la segunda) y Reina Rincón (vuelta tras petición y silencio). Festejo gratuito para
todos los empadronados en Valdemorillo. Lleno al completo.
Viernes, 5 de febrero. Novillada
picada. Ganado de Antonio San Romçan (bien presentados, mansos y desiguales), para Carlos
García (vuelta al ruedo), Raúl Alcalá (ovación tras aviso), Fernando García Robleño
(oreja tras aviso), Iván Vicente (silencio tras aviso) y Manuel Carbonell (silencio tras
aviso). Incidencias: el peón Javier Romeral sufrió una cornada en el gluteo (menos
grave).
Sábado, 6 de febrero.
Corrida de toros. Ganado de Los Bayones (5,
desiguales y resabiados) y Diego Garrido (el 1º, con calidad), para El Fundi (oreja y vuelta tras aviso), Chamaco (silencio tras aviso y silencio) y Anibal Ruiz (vuelta y palmas).
Domingo, 7 de febrero.
Corrida de toros. Los Recitales (bien
presentados, con trapío los tres últimos), para Rafael Camino (silencio y silencio), Javier Conde (ovación tras peticion de
orja y con aviso, oreja), y Gil Belmonte
(silencio, palmas). LLeno. Tiempo soleado, con viento y fresco.
Feria de 1998: carteles y crónicas de los festejos celebrados
Miércoles, día 4 de febrero, Novillos de Hermanos Vergara, bien
presentados aunque varios sospechosos de pitones; totalmente inválidos. Curro Martínez
(de blanco y oro, estocada atravesada. Silencio. En el cuarto, dos pinchazos, estocada y
descabello. Aviso. Silencio); Rey Vera (de blanco y oro, pinchazo hondo y estocada
atravesada. Silencio. En el quinto, cuatro pinchazos, estocada y tres descabellos. Aviso.
Silencio); y Aníbal Ruiz (de blanco y
oro, pinchazo y tres descabellos. Ovación. En el sexto, estocada y dos descabellos.
Vuelta al ruedo). Crónicas de El País y de ABC
Jueves, día 5, siete toros: seis de El Sierro, en lidia ordinaria,
para José Luis Bote, Rafael Castañeta y El Califa, y uno de rejoneo, de Baltasar
Ibán, para Miguel García;
Viernes, día 6, Toros de Castilblanco, desiguales, varios
cinqueños, flojos; algunos inválidos. Miguel
Martín: estocada caída (silencio); media tendida baja, dos descabellos -aviso- y cuatro descabellos silencio). Luis Miguel Encabo: pinchazo hondo en el costillar (algunos pitos); tres pinchazos y estocada palmas y pitos).
Antonio Ferrera: espadazo perpendicular descaradamente bajo
perdiendo la muleta, dos descabellos -aviso- y
dobla el toro (aplausos y saludos); estocada saliendo
volteado y dos descabellos oreja). Dos tercios de entrada. Crónica de Joaquín Vidal-El País
Sábado, día 7, Novillos de Jiménez Montequi, discreta
presencia, inválidos, poca casta; 6º devuelto por inválido. Sobrero de Valenzuela,
abecerrado, de escaso juego. Manuel Bejarano: estocada corta perpendicular descaradamente
baja (silencio); bajonazo escandaloso y rueda de peones (silencio). Hugo de
Patrocinio: estocada contraria (palmas y saluda); estocada delantera, descabello
-aviso- y descabello (aplausos y saludos). Jesús Millán: pinchazo, otro hondo
bajo, rueda de peones -aviso- y descabello (palmas y saluda); pinchazo y estocada trasera
(palmas). Plaza de Valdemorillo, 7 de febrero. Tres cuartos de entrada. Ver crónica de Joaquín Vidal-El
País y de Luis García-ABC
Domingo, día 8, toros de José Cebada Gago para Juan Carlos
García, Alberto Elvira y María Paz Vega.
Todos los festejos empezarán a las cuatro y media de la tarde.
La Feria de Valdemorillo, que empezó celebrándose en plaza de
talanqueras, desde hace varias décadas tiene lugar en plaza portátil y ha adquirido fama
por ser la que inaugura la temporada. Los últimos años se viene adelantando en unos
días la feria de Ajalvir, también en la provincia de Madrid, pero aún no ha conseguido
desbancar el carácter de «primarias» que tienen las funciones valdemorillanas, a las
que acuden numerosos aficionados madrileños.
La primera en la frente. El País.
Joaquín Durán.
Aún no asamos y ya pringamos. La primera en la frente. Si la novillada
inaugural de la feria valdemorillana constituye una premonición de lo que va a suceder en
la temporada, arreglada está la fiesta. A quien Dios se la de San Pedro se la bendiga. Y,
además, que cada palo aguante su vela. O dicho de otra manera: el último en salir que
apague la luz.
Porque la novillada inaugural de la primera feria del año fue un
desastre. El novillo que abrió plaza en cuanto le presentaron un capote ya estaba
hocicando la arena. A los cinco restantes les ocurrió igual. Tras los hocicamientos por
el mojado arenal dieron los seis en caer y para el último tercio se desplomaban de
súbito como si una siniestra mano negra les hubiera quitado la alegría de vivir.
Los seis hocicaban, trastabillaban, pegaban tumbos, se desplomaban,
perdían el sentido, rodaban y se quedaban yertos. Un rato después volvían en sí, se
incorporaban cansinos, caminaban perplejos y, ya puestos, embestían tranquilos, sin tomar
venganza, sin incordiar a nadie, sin ánimo de molestar.
Inválidos y fieles a su buena crianza: así eran los novillos. Y los
novilleros, lejos de agradecérselo, lejos de situarse a la altura de las circunstancias,
lejos de sentir un mínimo de vergüenza torera, iban y se ponían farrucos.
No es lo grave que estos tres novilleros -y otros 300 que pululan por
ahí- carecieran de ciertos recursos elementales, o les faltara técnica, o desconocieran
el arte, sino que actuaban altaneros y montaban una ridícula fantasmagoría.
Pegaban pases, más bien malos y, al rematar las tandas, se marchaban de
la cara del novillo con altaneras actitudes, lo miraban con desprecio, tiraban al aire una
puñada con ese ademán que quiere decir «¡Te daba así...!». Los madrileños castizos
-de los que había en el graderío una nutrida representación- a esas actitudes las
suelen llamar fantasmadas.
Fantasmas rebullendo por un coso donde la gente sólo quiere divertirse,
la afición sólo quiere ver lidia auténtica, la banda sólo quiere tocar Nerva ... Oh,
qué decepción de festejo inaugural, de novillada, de fiesta de los toros.
Los dos primeros espadas, que dicen ser y llamarse Curro Martínez y Rey
Vera, montaron sus faenas iniciales a base de derechazos. El natural, para el gato.
Aníbal Ruiz, que veroniqueó frenético e instrumentó rogerinas peripatético, le dio al
tercero los primeros naturales de la tarde -apenas media docena; no se iba a exceder- y en
el grueso del trasteo, entre derechazos, intercalaba tremendismos. De este tenor: le
desarmaba el novillo y entonces se tiraba de rodillas haciéndole gestos retadores; le
derrotaba, y se le dibujaba la expresión del que está amenazando de muerte.
La segunda parte de la función transcurrió poco más o menos. Los tres
novilleros parecía que se iban a comer al novillo cuando lo tenían a distancia y cuando
se les venía ya se aliviaban con el pico, ya hurtaban de la embestida la pierna contraria
escondiéndola atrás, ya tenían perdido el temple, desconocido el mando, el arrojo
echado al olvido. Y, mientras tanto, los novillos seguían hocicando, trastabillando,
cayendo de boca, de rabo, de costado o a plomo.
Los toros inválidos; los toreros pegando derechazos a miles; la banda
atacando Nerva. Si ese va a ser el signo de la temporada, mejor será dedicarse al
parchís.
Aníbal Ruiz dio la única vuelta al ruedo. ABC.
Luis García
Muy poco para la memoria en esta primera función de la Feria de San
Blas y la Candelaria de 1998. Frío en los tendidos, aunque la plaza se llenó. Tampoco
hubo calor en el ruedo, pues los novillos de Vergara Hermanos y los tres novilleros que
formaban la terna –Curro Martínez, Rey Vera y Aníbal Ruiz– parece que se
pusieron de acuerdo para que el resultado de la tarde no pasara de discreto. La novillada,
bien presentada, salió con poca fuerza.
Menos mal que en su conjunto no sacó dificultades, salvo algunas que
apreciamos en el cuarto de la tarde, que sacó genio en el caballo y un pelín más de
fuerza que sus hermanos, hasta resultar incómodo en el segundo tercio.
Incomprensiblemente, el presidente lo cambió con un solo par de banderillas. Martínez
anduvo muy bien con su molesto enemigo, al que doblegó a base de quedarse quieto y de no
dudarle en los embroques, aunque a veces la aspera embestida del burel tropezara la
muleta. Valor sereno en el joven diestro, que resolvió airoso los problemas que le
planteó su enemigo. En el manejo con la espada estuvo regular, hasta el punto de escuchar
un recado presidencial. Precisó de dos pinchazos, estocada y dos descabellos.
El primero de su lote, que tuvo las fuerzas muy justas, aunque de noble
y recta embestida, sólo permitió que Curro Martínez instrumentara algunos muletazos de
buen corte, aislados, en una faena a la que faltó unidad. Con el acero acabó pronto. Fue
silenciado en su labor.
Voluntarioso
Rey Vera, en primer lugar, se encontró también con un enemigo que
parecía un calco del anterior, un animal noblote pero soso y deslucido, ante el que
únicamente pudo evidenciar voluntad. Con la espada, breve.
El quinto, el de más kilos del sexteto, tampoco tuvo fuerza, sólo
fachada. Rey, como la vez anterior, tuvo que contentarse con algún fogonazo aislado. En
lo que sí debió ser más certero es en la brevedad del trasteo, de lo cual nos
hubiéramos alegrado todos, incluso él a la hora de matar, pues erró reiteradamente con
el acero.
Lo mejor
Aníbal Ruiz se estiró con el capote en su primero, lo que provocó el
palmoteo general, que se repitió al llevar al novillo al caballo con un acertado galleo.
Trasteo voluntarioso y firme del manchego, que mantuvo el interés del público y que a
pesar de su desacierto con el descabello le tributó una cerrada ovación.
El sexto se dejó un pitón en el estribo del caballo, lo que provocó
la protesta del público, que Aníbal Ruiz acalló pronto por un trasteo de algún
lucimiento, aunque fuera casi todo instrumentado por el pitón derecho, que era el roto.
Cuando acabó, de estocada y dos descabellos, al amparo de unas tibias palmas, se atrevió
a dar la vuelta al ruedo, único premio de una tarde con frío y sin brillo en cuanto a
resultados artísticos.
Valiente Ferrera. JOAQUÍN VIDAL. El País
Antonio Ferrera marcó el volapié en corto y por derecho, se
volcó sobre el morrillo y, en tanto hundía
el
acero, el toro le prendía por el muslo y le volteaba de mala manera.
La emoción en aquellos segundos dramáticos
fue intensa. Pareció que Antonio Ferrera iba a salir del trance
con un cornadón, pero se incorporó
-cojeando, la taleguilla destrozada- y acabó
con el toro de dos descabellos. Le dieron la oreja, que paseó en triunfo.
Le dieron la oreja porque se la merecía. En estos casos se debería
decir le pagaron con una oreja, en expresiva
contraposición con esas orejas de regalo o de
conmiseración que tanto prodigan los públicos triunfalistas para los toreros
tremendistas. Porque Antonio Ferrera estuvo valentísimo toda
la tarde sin hacer tremendismo alguno. Estuvo,
por añadidura, muy torero. Torero pundonoroso y enterado. Torero lidiador de los que ciñen la verónica ganándole terreno al
toro hasta el platillo; torero de los que
bregan para la prueba de varas y luego entran a los quites; torero que sabe manejar la pañosa con mando para embarcar las
embestidas francas o reconducir las inciertas.
El tercer toro de la tarde desarrolló sentido, con especial peligro por
el pitón derecho; buscaba el bulto
pretendiendo herir, y Antonio Ferrera le presentó pelea por ese lado, consintiendo y aguantando, empleando el engaño con la templanza
debida para llevarse en sus vuelos las acometidas aviesas.
También toreó al natural, con buen estilo, y
mediada la faena ya se había hecho con el toro, ya era dueño de la situación. Tenía la oreja ganada pero la perdió él solito, sin
ayuda de nadie. Le bastó con perpetrar un
bajonazo que la afición valdemorillana no toleró.
La afición valdemorillana: menuda es. Le va la fiesta, le gusta
horrores divertirse, mas no a cualquier
precio. Si un torero perpetra un bajonazo se lo toma a ofensa personal. Puede ser un bajonazo o puede ser pasarse de listo. A veces los toreros
se pasan de listos. Suele suceder -por ejemplo- cuando salta a
la arena un toro aborregado e inválido, un
toro que no es de recibo ni en Valdemorillo ni en parte alguna, y pretenden encubrir ese fraude pegándole pases, encima se ponen
farrucos, fingen desplantes temerarios, componen posturas para
la galería.
Algo de eso hubo en Miguel Martín y en Luis Miguel Encabo. No sería
justo negar que estuvieron voluntariosos ni
restar méritos a sus porfías con los descastados
lotes que les correspondieron. Encabo aún ensayó dos tandas de naturales citando muy de verdad, dando el medio pecho -que solían decir los viejos maestros en tauromaquia-. La pena es que no perseverara en el
toreo bueno y, de repente, cambiara a las
espaldinas, que es suerte tremendista creada por
los maestros del toreo bufo.
Martín, con un inválido absoluto de alma borrega, no pudo pasar de las
buenas intenciones. Encabo se pasó de la raya
intentando sacar faena al quinto toro cuyo atolondramiento
había indignado al público hasta el punto de armar una de las más sonoras broncas que se recuerdan en el coso valdemorillano. Menos mal que la
valentía de Ferrera frente al sexto y la impresionante cogida
les hizo olvidar el enfado y se reconciliaron
con la fiesta. Hubo sus excepciones. Alguien
tenía reservas. Un paisano, nada más llegar al tendido, preguntó: «Oiga: ¿las localidades son numereadas?». Y al acabar
comentó: «Para mí que los toros estaban drogueaos». Y no
dijo más. Se marchó, con la colilla del
cigarro socarreándole un colmillo.
Joaquín Vidal. El País. De vacío
Los toreros se fueron de vacío, el público también. Mal asunto que
los públicos se vayan de vacío después de haber pasado más de dos horas en una plaza
de toros esperando ver algo. La esperanza es lo último que se pierde y entre
aficionados taurinos parece ser inagotable. Hasta el último minuto permaneció allí la
afición, aguardando que sucediera algo de mínima relevancia. En realidad lo que esperaba
era un milagro. Y como no se produjo, ni siquiera invocando a San Blas y a la Candelaria,
que tienen el onazgo de las fiestas valdemorillanas, se marchó chasqueada.
«Ya no vuelvo más«, se oyó decir a algún aficionado. Pero era
mentira. Los aficionados siempre dicen que no vuelven y al día siguiente ya están
sentados en su localidad con las ilusiones puestas en los toros y en los toreros. A los
aficionados les sucede lo que a los socios del Aleti, que rompen el carné tras
los partidos aciagos y luego se van a las oficinas del club a por otro
aduciendo que la parienta se lo metió en la lavadora. Los aficionados a los
toros y los socios del Aleti tienen más moral que el Alcoyano; otro que
tal baila.
Que los toreros se vayan de vacío carece de importancia. Muchas tardes
los toreros no cortan orejas y sus actuaciones se juzgan buenas; muchas tardes
no hay orejas y en cambio la corrida transcurre amena. Si hay toros y hay toreros
no importan los trofeos pues la fiesta se desarrolla en plenitud. Toros faltaban en
el redondel del coso valdemorillano. A veces toreros faltaban también. Y la
función se hacía insoportable. Faltaban toros porque los especímenes que soltaron,
sobre descastados, padecían invalidez. Faltaban toreros porque apenas mostraron aptitudes
toreras dignas de mención.
Buenas maneras, sin embargo, se advirtieron en Hugo de Patrocinio, que
al quinto le instrumentó varios derechazos y naturales con quietud y gusto
artístico. El segundo se desplomaba; cuando no, se quedaba en la suerte, achuchaba
después e impedía que Hugo de Patrocinio pudiera torearlo.
Manuel Bejarano hizo gimnasia. Concluído el paseíllo realizó unas
cuantas contorsiones con el probable propósito de flexibilizar vértebras y
desentumecer músculos. Es la moda. Antiguamente los toreros se metían presto en el
callejón y mientras aguardaban su turno fumaban picadura, escupían por el colmillo
y decían: «Más cornás da el hambre«. Modernamente los toreros prefieren permanecer en
el tercio y dar una sesión de aerobic. Las fuerzas se le quedaron a Manuel Bejarano
en la gimnasia pues de toreo se le apreciaron escasos rasgos y con la espada
estuvo fatal. Tampoco es que sus novillos permitieran mayores alegrías: ambos
estaban amoruchados e inválidos. Los de Jesús Millán tampoco ofrecieron mejores
oportunidades, aunque el primero pudo soportar unas toreras dobladas del
jovencísimo novillero. Después de desmoronó. Al sexto lo devolvieron al corral por
inválido y sacaron un sobrero con pinta de becerrote. Se oyeron protestas en el
graderío, mas no hay enemigo pequeño. El animalito desarrolló mal genio, acabó
reservón y puso en apuros a Jesús Millán, que lo muleteó con escasa técnica.
Dos horas y pico después de empezar la función no se había vendido ni
un peine. Y nos fuimos todos. Los aficionados, cariacontecidos; los toreros,
mohínos; los toros, a la canal.
ABC. Luis García. Hugo de Patrocinio hizo lo más
entonado de la discreta novillada
Tarde soleada y de agradable temperatura aunque estemos en febrero,
que no ayudó a que el festejo, cuarta de Feria, superara los límites de la discreción.
Se lidiaron cinco novillos de Jiménez Montequi y uno, en sexto lugar de Valenzuela;
algunos, como el primero y el rechazado sexto, con cuajo
de cuatreños, el resto de aceptable
presentación a excepción del sobrero, abecerrado, y aunque algunos como el primero y el
cuarto resultaran más manejables, la verdad es que el resto, por su flojedad y bajos
grados de casta ayudaron poco a los tres chavales.
Manolo Bejarano, al que vimos el pasado año en Las Ventas en tres
ocasiones, no anduvo tan acertado como entonces. Pasó de muleta a su primero con decoro,
pero sin acertar con el sitio en el que las embestidas
surgen seguidas. Le faltó a Bejarano un punto preciso de colocación al final de cada
muletazo, preciso para la unidad homogénea de las tandas. Con la espada, breve.
(Silencio). Al cuarto tampoco le sobraban las fuerzas, y a Manolo Bejarano, como en su
primero, le falló la geometría, esto es la colocación, pues en lugar de ganar un paso
en los remates de cada pase lo perdía y el animal, que no andaba muy celoso del
engaño, se paraba, y vuelta a empezar. Voluntad, sólo voluntad necesaria
pero no suficiente. Mató también con brevedad. (Silencio).
A cargo de Hugo de Patrocinio sucedieron las cosas más entonadas de la
tarde, aunque no acabara de encajar las asperilla embestida de su primero, quite con
compostura y remates emborronados, pues primero hay que ahormar las
embestidas para luego torear. En el quinto intentó de nuevo hacer las cosas bien,
citando con derechura y en buen sitio. Algunas cosas le salieron, otras no tanto.
Pudo haber cortado la oreja, pero todo lo echó a perder con la espada. (Silencio y
palmas tras aviso)
Jesús Millán, con el peor lote en frente, pechó en primer lugar con
un novillo condenado a banderillas negras y con embestida de morucho destemplado.
Trasteo breve, mal rematado con el acero. El sexto, abecerrado y despitorrado,
tampoco le dio opción para lucirse. Lo intentó, pero pronto montó la espada y
esta vez si fue breve. (Palmas tras aviso y silencio).
Plaza
de toros de Valdemorillo
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