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Festejo
PLAZA DE VISTA ALEGRE,
Mañana del domingo, 18 de febrero de 2001
Novillada con picadores
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos de Joselito, que dieron buen juego en
general.
Diestros:
- Abraham Barragán,
oreja y oreja.
- Salvador Vega, vuelta al ruedo y oreja.
- Julien
Miletto, que debutaba con picadores, división de opiniones y
silencio, los dos tras aviso.
Entrada: más de media entrada.
Crónicas de la prensa: ABC,
El País
ABC.
ROSARIO PÉREZ. Barragán toreó con cabeza y
Vega lo hizo con el corazón
Abraham Barragán abrió ayer la puerta grande en el último festejo
del ciclo de novilladas con picadores de Vistalegre, en el que Salvador
Vega, que cortó una merecida oreja, hizo lo mejor de la mañana. Con más
de media entrada en los tendidos, se lidiaron reses de Joselito (el
segundo como sobrero), de desigual presentación y juego. Destacaron el
sensacional primero y el cuarto.
Barragán dejó constancia desde que saludó al primero con dos
largas cambiadas en el tercio de su disposición. El diestro albaceteño
aprovechó el buen pitón derecho de su oponente y trazó pases muy
conseguidos. De hinojos comenzó la faena al noble cuarto y a lo largo
de su actuación —repleta de técnica y recursos— demostró oficio
sobrado. Estocada caída (oreja) y pinchazo y estocada baja (oreja).
Si Barragán toreó con cabeza, Vega lo hizo con el corazón. El
malagueño vio cómo al segundo se lo llevaban a los corrales, después
de manejar con gracia el capote. Inició con hondos ayudados por bajo
una labor en la que tuvo detalles muy toreros con el gazapón e incómodo
sobrero. Con un precioso ramillete de verónicas rodilla en tierra
—coronadas con dos apretadas chicuelinas—, recibió al quinto, en el
que ratificó sus buenas maneras. Estocada caída (vuelta) y estocada
(oreja).
El francés Miletto —de quien guardamos una grata impresión por su
actuación en «la oportunidad»—, a pesar de su entrega, no terminó
de acoplarse con su lote. Dos pinchazos, pinchazo hondo y cinco
descabellos (silencio tras aviso) y media y cuatro descabellos (palmas
de despedida tras aviso).
El País.
MIGUEL A. CUADRADO. Barragán quiere y puede
Un novillero con nombre de resonancias bíblicas, Abraham Barragán,
ha sabido aprovechar su oportunidad en los Carabancheles al salir a
hombros después de una actuación completa en la que hubo ganas de ser
gente, técnica, templadas maneras y recursos en los momentos
comprometidos para salir airoso con torería
La novillada de José Miguel Arroyo, Joselito, tuvo una
presentación aceptable, aunque agradable de pitones, que blandeó en más
de una ocasión y peleó en los caballos sin demasiada codicia (el
tercero y el quinto se llevaron en el morrillo un picotazo).
Desarrollaron casta o nobleza en ocasiones.
Abraham Barragán recibió a su primero de rodillas en el tercio, con
dos largas cambiadas vistosas y ceñidas. Una vez recobrada la vertical,
toreó por verónicas suaves y rítmicas que le fueron aplaudidas. Tras
el puyazo quitó por verónicas y volvió a dejar muestras de su buen
manejo del capote. El novillo en banderillas tenía tranco y buen son,
se desplazaba en el capote largo y suave. El novillero lo vio enseguida
y brindó al público una faena cimentada sobre el pitón derecho,
templada y que en la segunda serie alcanzó los mejores momentos. Una
solitaria tanda por el pitón izquierdo, ahí tenía menos recorrido, y
un final de faena de colorido, lento, ayudados por alto, a guisa de
sanjuaneras, para a continuación dejar una estocada en todo lo alto.
Primera oreja al esportón.
En su segundo, Barragán realizó un trasteo de muleta meritorio.
Abrió la faena de hinojos, y en un redondo el novillo también se
arrodilló. Después el burel sacó casta y dificultades. Había que
mandar en las embestidas, y lo hizo el valiente novillero, quieta la
planta y largo el muletazo, templado y rematado atrás. Al natural hubo
una sola serie, que resultó enjundiosa.
Salvador Vega recibió de capote a su primero por verónicas bien
cimbreadas. En la faena de muleta hubo muletazos estimables y gusto,
sobre todo en los recortes y remates. La suerte suprema, a ley. En su
segundo saludó muy bien de capa, en verónicas rodilla en tierra en las
que hubo arte y hondura. En la faena de muleta volvió a ahogar un tanto
la embestida del novillo, que fue a menos, y salió bien de la empresa
al ganar la pelea por redondos. En el primer ataque con la espada salió
volteado sin consecuencias.
Julien Miletto, de maneras sobrias y que procura el toreo clásico,
tuvo un primer novillo tan flojo que apenas pudo ejercer de solícito
enfermero. En su segundo hizo un lucido y barroco quite de capote que
dejó a la parroquia perpleja, y la muleta la utilizó limpio en el
trazo, bien el concepto torero. Pero mal con la espada. Ahí algo no
funciona.
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