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RAFAEL MARTÍN VÁZQUEZ
BAZÁN
Artículo póstumo, por Manuel Ramírez (ABC)
Sevilla, 20 de agosto de 1924
Debut en público: El Puerto de Santa María (Cádiz)
Debut en Las Ventas: 14-15? de junio de 1944, con el Boni
(Rafael), Luis Miguel Dominguín y su hermano José. Novillos de herederos de Arturo Sánchez
Cobaleda.
Temporada 1944: 26 novilladas en plazas importantes
Alternativa: Valladolid,
15 de mayo de 1947. Padrino: El Estudiante. Testigo: Belmonteño. Toros de la viuda de
Molero.
Otros datos: Segundo
de los hijos toreros de Curro Vázquez, sobrino de Vázquez II, hermano de Pepín
y Manuel Martín Vázquez Bazán, y primo del también
matador Mario Carrión. Después de la alternativa no
vuelve a vestir el traje de luces. Fallece en Sevilla el sábado, 31 de enero de 1998, y
sus restos descansa en el cementerio sevillano de San
Fernando.
Ahora, con respecto a mi primo Rafael (que en paz
descanse).
Carta del ex-matador sevillano Mario Carrión.-
Tengo buenas memorias de mi
primo Rafael Martín Vázquez de cuando en la Macarena crecíamos juntos. Vivíamos en la
calle Resolana, tres casas entre medio. Todos los días subía a vernos para jugar con
nosotros, sus primos pequeños - a mi me llevaba ocho años-- y hablar con sus tíos Juan
y Manuela, mis padres, a quienes quería como a los suyos. A Rafael, lo recuerdo mas
cuando el era un veinteañero y yo un chiquillo que soñaba en ser torero. Entonces tenía
una personalidad de las que son difíciles de olvidar.
Siempre elegante, alegre y jovial. Se sentaba a la mesa con nosotros y
de su boca salían un torrente de chistes y unos comentarios sobre gentes y sucesos tan
jocosos como inofensivos. A veces los ratos alegres se hacían horas. Sus tristezas
las ocultaba bien, pues supongo que le sería difícil vivir a las sombras de sus
hermanos, una super-figura del toreo como era Pepín
y un buen torero como Manolo y pretender sin
conseguirlo triunfar como ellos.
En el aspecto taurino sucedió lo mas raro que he presenciado en mis
años en el mundo taurino. Creo que fue alrededor del 1944, del año no estoy seguro,
Rafael en una temporada se hizo figura de los novilleros, triunfó ejecutando un toreo
profundo y clásico y mostrando tener un enorme valor. Terminó la temporada dejándonos
intuir que el año siguiente sería el de su consagración. Bien, sin recibir una cornada,
sin ningún motivo evidente, la siguiente temporada no dio pie con bola, mostrando
en sus actuaciones miedo, pánico a veces, y además una absoluta falta de interés por el
toreo, como si la afición y el valor se hubieran congelado con el frígido invierno y la
tibia primavera no fuera capaz de calentarlos.
Mi tío, el gran Curro Martín Vázquez,
un hombre cabal, de un valor a prueba de cornadas, no parecía comprender su falta
de ánimo ni le perdonaba que siguiera vistiendo el traje de luces sin la dedicación
necesaria para llevarlo. No lo forzaba a
seguir en tan peligrosa profesión, sino por el contrario le urgía a entregarse a ella o
dejarla. Rafael pronto dejo la profesión, o la profesión lo dejo a él, pero hasta su
muerte lució su tipo torero por las calles sevillanas, y se llevó a la tumba el secreto
del porqué de su extraña conducta torera y humana.
Un día de la pasada feria de abril
estuve con él por última vez en el Ateneo. El otro día al enterarme de su muerte en
estas tierras americanas, lo vislumbré caminando, como si hiciera un paseíllo
torero, en la Plaza Nueva, delante del Ayuntamiento, en donde en la primavera del 97 me
despedí de él para siempre.
Tal vez, las faenas que se
congelaron en su cabeza ese misterioso invierno, las realice ahora en el ruedo
celestial... Dios así lo quiera y mi tío Curro las presencie.
Gracias. Te felicito de nuevo por tu buen trabajo en el Internet.
Saludos, Mario
ABC. Sevilla, edición del 2 de febrero de 1998 (por
Manuel Ramírez)
RAFAEL MARTÍN VÁZQUEZ.
Le conocí hace más de veinte años y una vez escribí
de él, que si el caché, en el mundo del toro -y en el otro- fuese una rifa, Rafael
Martín Vázquez -hermano, hijo y sobrino de toreros- tenía todas las papeletas. Este
hombre diplomático -aunque, como él mismo me decía, sin cartera- se metió un día
dentro de un traje de luces, que de casta le tenía que venir al galgo, pero pronto se lo
quitó y volvió a los suyo: la vida. Por este terreno, en el toro de la vida, cogió como
muleta una conversación sin prisas pero sin pausas, y recortaba a pié juntos, igual con
la palabra que con el capote, con un hablar tan señorial como profundamente andaluz y
detestando la vulgaridad porque siempre, en todo y para todo, quiso ser distinto.
Inconfundible desde lejos. Podría aplicársele lo que dicen que le
decían a Rafael el Gallo: que hasta cayéndose desde un primer piso se sabía que quien
caía era torero porque le delataban sus andares, sus hechuras, sus maneras, su vestir y
hasta ese sombrerito de alas caídas, primo hermano del que le vi a Juan Belmonte en
alguna fotografía, que bien que se le podía transfigurar en montera.
Traje azul de chaqueta cruzada, mucha nieve en su pelo, derecho como una
vela, sintiéndose torero hasta tomando café ydesparramando recuerdos en la conversación
para que uno supiese que le dio tiempo a muchas cosas, a conocer a mucha gente, a definir
situaciones con precisa sevillanía y hasta a encontrárselo uno en los lugares más
impensables y se interrogara a sí mismo qué haría por allí Rafael.
Ayer me enteré de su muerte. Y recordé la penúltima vez que nos vimos
-porque nunca pensé en una última- en la finca de Miguel Báez "Litri", allá
en "Peñalosa", como siempre, en esa tertulia que forman un puñado de toreros
veteranos donde se juntan carteles de toros con los nombres de su hermano Pepín, de pepe
Luis Vázquez, de Manolo Carmona, de Julio Pérez Vito, de Juan de Dios pareja Obregón,
de Paquito Casado, de Rafael Chicuelo, de Manolo El Andaluz, de Antonio Cháves Flores, de
Luis González, y que, cada vez que se juntan, en la Venta pazos como referencia, parada y
fonda o punto de partida, uno respira el toreo por cada uno de ellos para sentir la
filosofía de Pepe Luis, calar en el senequismo de Pepín, la sobriedad de Miguel Báez,
el arte de Julio Vito, la gracia de Luis González, las medidas palabras de Paquito
Casado, la opinión mesurada de ;Manolo Carmona, pinceladas de Rafael Chicuelo, sentencias
de Manuel El Andaluz, el torero sentir de Antonio Cháves Flores, y ese terremoto de
palabras, poesía, bromas, anécdotas y cosas que solo se le pueden ocurrir a Juan de
Dios.
Ayer nos volvimos a ver un puñado en la misa que el padre Leonardo
decía en el camposanto y fueron momentos para el recuerdo de un empaque. |
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