GANADERÍAS DE AMÉRICA

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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 18 de noviembre de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Javier Garfias (de poco juego)

Diestros: 

Entrada: menos de un cuarto de entrada.

Crónicas de la prensa:  El País, La Afición, Azteca deportes, Ovaciones


El País. Martes, 20 de noviembre. R VILLALOBOS. Matadores con clase

La casta que le faltó al ganado quinqueño que mandó Javier Garfias de los Santos le sobró a los matadores. Rafael Ortega, de hinojos, saludó al revoltoso cuarto con emotiva larga cambiada y en su quite dibujó rítmicas navarras. Con los palitroques se lució, sobre todo en el espectacular para el quiebro que hizo que la banda le dedicara una diana. Caminándole al enemigo inició su trasteo ejecutando trincherillas y de la firma. La vitolina y el pase de las flores precedieron sus series de acompasados redondos.

Al pegajoso que abrió el festejo, pitado en el arrastre, el diestro de la Tlaxcala le hizo unas ajustadas chicuelinas en su quite y con gran destreza lo banderilleó. Pero en su labor con la pañosa, el corto recorrido del adversario, que además no humillaba, le dificultó ligar sus muletazos. Aunque el segundo, de De Santiago, pitado en el arrastre, se defendía constantemente, Eugenio de Mora, con enjundia y mucho aguante, le enjaretó unas tersas series de naturales y redondos.

Exponiendo mucho, el coletudo de Toledo se la jugó ante el descarado y mansurrón quinto, pitado en el arrastre, ya que por estar mal de la vista en vez de embestir pegaba arreones. Al final del trasteo, el diestro trazó increíbles pases con temple y hondura.

Con señorío y quietud, Antonio Bricio esculpió un armonioso quite de gaoneras al tercer, pitado en el arrastre. Aunque el cornúpeta no hacía el viaje completo, en el último tercio logró enhebrar unos templados derechazos y naturales que le sacó con tirabuzón. Al gazapón y rebrincón que cerró plaza, pitado en el arrastre, el espada tapatío lo lidió desahogadamente. En señal de protesta por el pésimo encierro, al terminar la corrida el público llenó el ruedo de almohadillas.


La Afición. ADDIEL BOLIO. Faenas meritorias de Eugenio de Mora

El cartel de la cuarta corrida de la temporada invernal del bienio 2001-2002 en la plaza de toros más grande del mundo, la plaza México, atrajo menos público que en los festejos anteriores, pero eso no le restó interés a lo que los diestros anunciados hicieron en cuanto a sus posibilidades con los toros cuyas características menguaron el contenido total del evento.

Sin embargo, ese público bien que supo premiar, sobre todo, el talento y entrega del diestro nacido en Mora de Toledo, España, quien había caído de pie el día de su presentación cuando confirmó su alternativa con el toro “Tinterillo” de la misma ganadería de Javier Garfias, que evidentemente fue mejor que lo que salió ayer por la puerta de toriles.

Sí, los toros que envió don Javier Garfias, a quien a pesar de lo de ayer seguiré llamando el mejor ganadero de reses bravas del mundo, fueron malos, deslucidos, rajados, faltos de fuerza, complicados y uno, el jugado en quinto lugar cambiando hasta en cuatro ocasiones de lidia, siendo desde muy abanto, pasando por reparado de la vista, hasta quedarse corto, sin que alguno, se prestara al lucimiento cabalmente. Tampoco funcionó el corrido en segundo lugar que procedió de otra ganadería la de De Santiago de Pepe Garfias de los Santos.

Rafael Ortega, de champaña y oro, como es su costumbre se vio fácil en todo momento, con el capote supo sujetar y veroniquear con aseo, para luego quitar con gracia y valor por chicuelinas motivantes. Desde luego se dejó ver con los palitroques, aunque colocando a cabeza pasada, pero entusiasmando y con la muleta muy hábil, resolviendo aunque sin poder redondear dadas las complicadas condiciones de su primer toro al que despenó luego de su voluntariosa actuación con una estocada honda. A su segundo, le echó todas las ganas, lo recibió con la larga cambiada de hinojos en tablas, nuevas verónicas, quite vistoso por navarras y desde luego alegre cobertura del tercio de banderillas con un estupendo par de poder a poder, otro iniciado con galleo para cuartear por el pitón derecho y uno sensacional al cambio, para gran ovación. Y con la muleta, nuevamente todo el esfuerzo y voluntad vertidos, poco valieron dadas las malas condiciones del toro que fue rajado y sin fuerza, no obstante Rafael intentó agradar en todo momento, con series toreras de derechazos, que magistralmente adornó con la vitolina y remató hermosamente con el cambio de mano por delante, si derechazos y naturales que se difuminaron ante un astado, que fue acabando con más pena que gloria y lo envió al destazadero con un pinchazo hondo y una estocada.

Eugenio de Mora, de rosa y oro, originario de Mora de Toledo, España, ratificó lo que enseñó en su presentación ante este público y si en realidad no hubo nada relevante con el capote en su primero que fue de De Santiago, con la muleta en cambio, toreó por el lado derecho a un toro sin fuerza, que por sus precarias condiciones no le permitió grandes cosas, salvo el haberle encontrado la distancia, para poderle arrancar materialmente los muletazos que le dio por ambos lados, lo mató pronto y saludó en el tercio.

Fue en su segundo, donde todo el mérito se lo llevó el torero toledano, el astado de Garfias, salió abanto, reparándose de la vista y cambiando de lidia, para hacer una faena muy importante, haciendo el diestro todo, derechazos, naturales, adorno y remates largos con el de pecho barriendo lomos de pitón a rabo, para recibir una buena carretada de palmas, supo meter al toro en la muleta, tirar de él y encontrar como aguja en un pajar una distancia en la que la res respondería no obstante su sosería. Vaya torero. Acabó de estocada honda y ante una modesta petición de apéndice Eugenio de Mora, volvió a saludar en el tercio.

Antonio Bricio, de espuma de mar y oro, empezó muy bien con el capote toreando a la verónica y haciendo un bello quite por gaoneras que le aplaudieron mucho, pero con la zarga, sólo consiguió algunos muletazos por el derecho plausibles, lo mismo que algunos naturales, a los que evidentemente les faltó condimento, todo se enfrió y terminó de dos pinchazos y estocada en buen sitio. Y en su segundo, si el toro tuvo sosería, el torero se contagió, la tarde enfriaba y el ruedo era presa de la misma temperatura, ya que se desangeló Bricio y el público se sintió más que nada, con ganas de irse a casita. Y abur.


Azteca deportes. JUAN ANTONIO HERNANDEZ. Frío y mansedumbre

El encierro compuesto por cinco toros de Garfias y uno de De Santiago dieron al traste con un festejo que prometía mejor resultado, ya que cinco de ellos fueron mansos, además de débiles, sólo el primero de la tarde mostró bravura. Los de Garfias, con más de cinco años de edad, tuvieron inmejorable trapío, no así el de De Santiago.

Ante unos ocho mil espectadores abrió plaza Rafel Ortega, ante el único toro que desarrolló bravura, que inició bien sólo que terminó con la cara arriba y acortando la embestida. Ortega destacó en capote y banderillas. Con la muleta arrancó, literalmente, las dos únicas tandas que tenía dentro el burel, y de ahí en adelante todo quedó en empeño y detalles. Terminó de media estocada con derrame para escuchar ovación.

Su segundo, que fue pitado de salida por no tener el trapío de sus hermanos, hizo tres viajes al caballo de los que salió suelto. Ortega quitó por navarras y fue aplaudido. Pero lo mejor vino en el tercio de banderillas donde colocó dos pares cuarteando por pitón derecho y galleando. El tercero fue al quiebro al hilo de las tablas, realizado con mucha verdad y clasicismo, por lo que el público le ovacionó de pie. Con la muleta el toro manseó aún más y no humilló, derrotaba y embestía rebrincando, a pesar de ello Rafael le robó muletazos, quitándole el engaño al final con un ligero muñecazo. Lo despachó de media estocada tendida y un golpe de descabello para retirarse entre división de opiniones. Algunos despistados aplaudieron el arrastre del toro.

El primero de Eugenio de Mora, con el hierro de De Santiago, fue gazapón de salida, además de salir suelto en la primera de dos varas que recibió. A los banderilleros los esperó y se dolió después de cada par. Ante la muleta embistió corto y derrotando, pero De Mora lo sometió por naturales, arrancándole buenos y templados muletazos, uno de ellos digno de un cartel. El toro terminó parado y hubo de abreviar De Mora con tres cuartos de estocada fulminante para retirarse entre palmas.

Su segundo tenía una nube en el ojo izquierdo y evidenció carecer de visión en el mismo, además fue manso y suelto. Debido a ese defecto en la vista del burel Eugenio se concretó a pasarlo por el lado derecho, donde hacía el viaje con mayor facilidad, aunque sin dejar de terciarse y escupirse. Tras insistir y aguantar el peligro del toro, De Mora consiguió algunos buenos derechazos aislados. Culminó de media estocada y salió al tercio, tras lo cual intentó dar la vuelta al ruedo cosa que el público no le permitió.

Antonio Bricio enfrentó al peor lote, por si eso fuera poco. Su primero desde el capote se revolvía en corto terreno. Quitó por gaoneras y fue aplaudido. Con la muleta consiguió derechazos aislados relajando mucho la figura. Terminó de tres pinchazos y estocada para retirarse dividiendo opiniones. El que cerró plaza fue manso con peligro, pasaba con la cabeza suelta y Bricio intentó en vano la faena. Cobró pinchazo y estocada con la que tardó en doblar el toro para retirarse en silencio.

La mayoría del encierro fue débil. El primero y segundo se desplomaron hasta en tres ocasiones, y tercero y cuarto en una. El festejo fue presidido sin problemas por Ricardo Balderas, que debutó como juez, sólo con protestas a la salida del cuarto y sexto sin pasar a mayores. 


Ovaciones HERIBERTO MURRIETA. Eugenio de Mora, por encima de sus adversario

El torero español Eugenio de Mora enseñó una faceta que en México no le conocíamos. Durante su primera actuación en el coso capitalino, en enero de este mismo año, agradó al público por su magnífica calidad para ejecutar el toreo. Pero ayer, obligado por las condiciones de lidia de sus dos enemigos, demostró que también tiene garra y que sabe pelear para sacar pases a los astados. Estuvo por encima de su lote y obtuvo dos merecidas salidas al tercio. Ante unos 15 mil espectadores en tarde agradable, Rafael Ortega clavó lucidos pares de banderillas, pero no logró redondear ante el cuarto, mientras que el jalisciense Antonio Bricio toreó con gusto, pero siguió sin "romper" ante el público de la México. Falló la materia prima enviada por Javier Garfias. En su presentación como juez, no tuvo problemas el matador Ricardo Balderas.

LOS TOROS

Se lidiaron cinco de la ganadería de Garfias y uno de Santiago, bien presentados. Con trapío, finos y armoniosos de hechuras, los de la vacada titular, que tenían los cinco años cumplidos. Se apagaron pronto y resultaron complicados, agarrándose al piso y regateando las embestidas. El cuarto fue el que más se acercó al calificativo de "completo". El cárdeno de Santiago, corrido en segundo turno, resultó manso y débil.

SOBRESALIENTE

Correspondió a Eugenio el toro de Santiago que cumplió en varas y careció de casta. El toledano logró bellos naturales, a pesar de la escasa codicia de su antagonista. Su faena se caracterizó por la voluntad y el empeño. Mató de estocada trasera y salió al tercio. Su segundo, de Garfias, resultó un toro tan armado como complicado. Provisto de grandes pitones, presentó grandes complicaciones en el último tercio. De Mora se dio a la tarea de obligarlo a pasar, pisándole el terreno y provocando sus arrancadas. En la medida en que se evidenciaban los defectos del toro crecía el coraje del coleta, quien acabó imponiéndose cabalmente. Mató de media desprendida y un grupo de espectadores le negó la vuelta al ruedo, quedando el reconocimiento en salida al tercio.

DESTELLOS

Un fuerte puyazo de Angel Vázquez afectó severamente la movilidad del primero de la tarde, que había dado un juego alegre en el segundo tercio, arrancándose de largo con muchas patas y un galope franco. Rafael Ortega realizó un brillante quite por chicuelinas y clavó banderillas en distintos terrenos. Su voluntad para embestir se esfumó. Vino a menos y se aplomó, a pesar de los esfuerzos del tlaxcalteca, que mató de media tendida. En el cuarto se superó con los palos, tras dibujar un quite por navarras. Sobresalió el primer par, un largo cuarteo, y el tercero, un quiebro pegado a tablas. Con sutiles vitolinas abrió las series, pero como el toro tenía pocos pases, otra vez la faena se quedó en un proyecto inconcluso. Mató de media tendida y salió al tercio.

SIN ENTRAR

A pesar de su oficio, calidad y buenas maneras, Antonio Bricio no acaba de entrar en el ánimo del público metropolitano. Ante el finísimo primer toro de su lote, el de Guadalajara estuvo correcto en su planteamiento y logró derechazos de buena factura. El dije garfeño se apagó y Bricio mató de un cuarto de acero desprendido, pinchazo y estocada, para ser aplaudido. Estuvo aseado con el sexto, que rebrincaba con mala calidad. Dos pinchazos, media caída, estocada caída y dos descabellos.

 

 

 

 
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