GANADERÍAS DE AMÉRICA

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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE

Tarde del domingo, 21 de noviembre de 2004

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Ocho toros Reyes Huerta (desiguales de presentación y juego). 

Diestros:

Entrada: Media entrada.

Crónicas de la prensa: ABC, El País



ABC
. EFE.
Caballero colma La México de toreo y corta tres orejas y rabo en su despedida

Pocos son los toreros que pueden presumir de un rotundo triunfo en la Plaza México, pero contados con los dedos de una mano son los que tienen una verdadera comunión con la afición del coso más grande del mundo. Uno de ellos es Manuel Caballero, que el pasado domingo se despidió de los ruedos cortando un rabo. Brindó la de su último toro, «Gota de Miel», a los tendidos, y de pronto ese público se puso de pie y sin haber pegado un muletazo Caballero escuchó los gritos de «¡torero, torero!». La emoción fue creciendo, al igual que la faena, a tal grado que cuando rubricó con un estoconazo la labor, otra vez los graderíos no dudaron en pedir al juez de plaza, quien había concedido dos orejas, que entregara también el rabo.

De azul rey y oro

Además de ese momento del brindis, hubo otros dos en los que se vio la relación que Caballero ha logrado sostener con este público: cuando apareció en la arena enfundado en su traje azul rey y oro y cuando después de haber dado la vuelta al ruedo con el rabo, el público lo hizo salir del callejón y le exigió que diese otra vuelta, pero algo más, muy difícil, que no se fuera de los ruedos.

La faena del rabo tuvo momentos de mucha relajación, de sentimiento y personalidad. Caballero salió a torear, a disfrutar y a vibrar a la Monumental. Quizá por ello también en su primero, otro buen toro de Reyes Huerta, que fue un poco tardo, lo esperó para cortarle una oreja. Poner punto final a su carrera cortando tres orejas y un rabo, saliendo a hombros de La México, no pudo ser mejor para un matador que puede presumir de que es consentido, muy consentido, de la afición azteca. Los 18.000 espectadores que asistieron no se arrepentirán.

La tarde tuvo otros matices con Finito de Córdoba, quien ahora sí disipó la duda del porqué lo seguían contratando si realmente no había tenido una tarde redonda. Salió Finito a torear, a torear de verdad, con dos toros que tuvieron obediencia y a los que tomó la distancia con asombrosa facilidad para recrearse en los muletazos de figura erguida y mano muy baja. Si Juan Serrano no hubiese dejado la espada afilada en España, estaríamos hablando también de un merecido triunfo de dos orejas. Pero no fue así, pues pinchó a sus dos enemigos y el público tuvo que conformarse con verle salir al tercio en uno y a los medios en el segundo de su lote.

El joven mexicano Alejandro Amaya sigue con su mala suerte en México. Su primero fue el único que no embistió de todo el encierro y su segundo, que era buenísimo, se despitorró al empezar la faena. Regaló uno con el que intentó estar bien, pero el ambiente después del triunfo de Caballero era verdaderamente insuperable. Oyó tibias palmas.

Abrió cartel el rejoneador Rodrigo Santos, que cumplió decorosamente, pese a su fallo con el rejón de muerte. Escuchó división de opiniones tras aviso.

Cuando Manuel Caballero salió a hombros de la plaza, los aficionados lo metieron a un bar que se encuentra en la esquina de la Monumental y tomaron una botella de tequila, una de las bebidas favoritas del torero de Albacete . Tras el trago volvió a subirse a los hombros de los aficionados y así recorrer varias calles lejos del coso donde el domingo dijo adiós y se emborrachó de toreo.


El País. Orejas y rabo para Caballero

Apoteósica y emotiva despedida de la afición mexicana a Manuel Caballero. Toreando con el fondo musical de Las golondrinas al noble quinto, el toro de su despedida, de nombre Gota de miel, cuajó una maciza faena compuesta de cuatro series de acompasados derechazos, dos de acoplados naturales y adornos. Remató su soberbia obra muleteril con un estoconazo que hizo rodar al bravo animal sin puntilla y fue premiado con el rabo 116 en la historia del coso. Tirando del franco segundo, en la lidia ordinaria, el albaceteño deletreó el pase natural que ligó en dos tandas en una estructurada faena que completó con dos rítmicas series de redondos.

Meciéndose, Finito de Córdoba veroniqueó al receloso primero y con parsimonia inició su trasteo en el que con tersura y sentimiento esculpió sus pases a un oponente que regateaba las embestidas. Como anduvo de vena esa tarde al manso cuarto, con inspiración, Finito le improvisó un geométrico trasteo de fantasía integrado por tres tandas de derechazos y dos de naturales. Perdió los apéndices por fallar con el acero.

Mala suerte tuvo Alejandro Amaya con su lote. El manso tercero se aplomó y nada pudo hacer, y para colmo de males el sexto se rompió el pitón derecho al rematar en un burladero. Regaló el soso sobrero y el tijuanense se esforzó en su muleteo, que inició de rodillas y de pie logró artísticos pases, pero no transmitió emoción alguna.

El rejoneador Octavio Sánchez montando a Samanta rodó con temple al distraído enemigo que abrió plaza. Arriba de Kalafi, navegante y fandango se lució al colocar los rejones de castigo y también al poner en todo lo alto las banderillas largas y cortas. Como el astado no acudía a los cites para los rejones de muerte, echó pie a tierra y estuvo muy desacertado con los descabellos.

 

 

 

 
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