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PLAZA MONUMENTAL DE MÉXICO
TEMPORADA GRANDE
Tarde del domingo, 12 de noviembre de 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Javier
Garfias, bien presentados; merecieron arrastre lento el primero y el quinto,
por
bravos, fijos y codiciosos. Diestros:
Tiempo: tarde despejada en la que sopló el viento.
Entrada: tres
cuartos de plaza.
Crónicas de la prensa: El
País, La
Afición, Esto
El País.
R. VÁZQUEZ VILLALOBOS. Mora y
los tres tiempos del toreo
Los tres tiempos del toreo auténtico: aguantar, templar y
mandar con perfección fueron practicados por Eugenio de Mora. Además, cargó
la suerte al bordar el toreo en las emotivas faenas a Tinterillo y Palomo,
que por su extraordinario son recibieron arrastre lento.
Los doblones con los cuales llevó al de su confirmación a los medios
tuvieron señorío. Colocado el adversario, que tenía una embestida larga, el
diestro de Mora de Toledo, barriendo la arena con su pañosa, tiró del pastueño
cornúpeta al ritmo que quiso. Enhebró redondos en tres embrujantes series, que
remató con ejemplares forzados de pecho, pases que iniciaba aquí y terminaba
allá. Al doblar el fijo enemigo los tendidos se vistieron de blanco y Mora se
llevó un merecido trofeo.
Las majestuosas chicuelinas del quite a su segundo, pitado al salir por
chico, fueron abrochadas con torerísima larga, que la afición aplaudió de
pie. Con unos muletazos de tanteo dejó al enemigo en el anillo para luego
citarlo de largo y, adelantándole la muleta bien cuadrada, lo embarcó en la
panza del engaño. Con bizarría cargó la suerte y al correr la mano templó
los pases con una suavidad increíble. Así realizó tres magistrales series de
derechazos y dos de inmaculados naturales que remató con el de pecho enroscándose
al antagonista en el cuerpo. Con esta artística faena ya tenía las orejas en
el esportón, pero las perdió por no acertar con la toledana, pues traía un
puntazo en la mano derecha y carecía de fuerza.
Con el paquete que el español le dejó a Manolo Mejía, aunado al malestar
en los tendidos porque el segundo parecía un novillo, las acertadas acciones
del diestro de Tacuba ante un morlaco revoltoso que calamocheaba no fueron
valoradas. El cuarto punteaba, pero Mejía logró asentarlo echando mano de su técnica
y de sus dotes de lidiador. Realizó un toreo de poder, pero el público volvió
a meterse con él sin razón, pues minimizó las dificultades del bicho.
Ni el valor ni la decisión de Ignacio Garibay lograron corregir los vicios
del carivacado y peligroso tercero, que a medio viaje buscaba al torero. Batalló
con el tardo sexto hasta que consiguió enjaretarle una serie de limpios
naturales que tampoco apreciaron las galerías.
No al encierro español
La empresa de la México había anunciado para el próximo domingo toros españoles
de La Cardenilla. Sin embargo, la Asociación Nacional de Criadores de Toros de
Lidia anunció que estos toros no se podrían lidiar, pues la Secretaría de
Agricultura le había otorgado un permiso al ganadero, José Mora, para que
importara su ganado para simiente, pero no para la lidia. Como Mora había
registrado las reses importadas en el Registro de Edades en la Asociación de
Criadores de Bravo, requisito indispensable para lidiar en la México, el
empresario contrató la corrida. El rechazo por parte de los ganaderos mexicanos
se debe a que mientras en España no se lidien toros mexicanos, en México no se
lidiarán los españoles.
La Afición.
C.T.I. ADDIEL BOLIO. Eugenio de Mora se lleva el
triunfo
No cabe duda que para que el toreo exista, la fórmula
que se necesita es muy sencilla, debe consistir en que simplemente haya un toro
y un torero frente a frente para que en el momento de su conjunción se fundan
con la mágica chispa hermosa, de lo sublime, de lo artístico y de ese no sé
que --aquí es cuando odio el nosequismo-- que hace vibrar el alma y estruja el
corazón en el goce de la expresión que brota de pronto del ser, al ver luego
de una serie de soberbios muletazos con temple y ritmo, un remate largo, sentido
y torero de un pase de pecho que sin forzar, rubrica con firma personal esa
parte del rosario torero que como ayer, el toledano Eugenio de Mora nos regaló
en su segundo toro, un excepcional ejemplar de la ganadería de ese señorón
del campo bravo que es don Javier Garfias de los Santos.
Ese sentimiento y esa forma de ver una faena fue el común
denominador que mantuvo el entusiasmo popular por el diestro toledano. Eugenio
de Mora, de paja y oro, originario de Mora de Toledo, España, ha sido el
encargado de cortar la primera oreja de la temporada y fue precisamente al toro
con el que confirmó la alternativa, de nombre "Tinterillo" marcado
con el número 90 con 515 kilos, que merecieron sus restos el homenaje del
arrastre lento al que instrumentó verónicas de lucimiento, y en cuyo toro
Manolo Mejía se dejó ver con un soberbio quite por navarras.
Fue con la muleta donde logró en el toro de su presentación y
de la ceremonia, en el que mostrara sus cartas credenciales y la verdad sea
dicha, sorprendió por lo buen torero que es, con el capote a la verónica, y
con la muleta por el derecho y por el izquierdo, amén de sus largos y sentidos
pases de pecho. Fueron varias series bien rematadas que coronó con una estocada
honda, para cortar la primera oreja de la temporada.
Y vino su segundo toro, el mejor del encierro y al que difícilmente
le quitarán el honor de ser el mejor toro de la temporada, aunque todavía
falten muchos por ser lidiados.
A este toro lo toreó por nota, con la difícil facilidad de
convertir la velocidad en ritmo inspirado para convertirlo en arte, cada vez que
le burilaba un derechazo o un pase natural, joyas que al final de cada serie se
veían coronadas de rubíes que llevaba su muleta encarnada al barrer sus lomos
de pitón a rabo.
Ritmo, poesía y arte supremo, que infortunadamente por lo mal
de utilizar la espada impidió que fuera izado en hombros para salir de la plaza
en triunfo.
En cambio, salió metido en un automóvil medio dormido a causa
de la anestesia leve que utilizó el doctor Rafael Vázquez Bayod en la enfermería
del coso, para suturar la herida que le produjo con el lesnático pitón derecho
en el pliegue o membrana que está entre el dedo gordo y el índice de la mano
derecha en una área aproximada de diez centímetros.
Y al noble y bravo toro que merecía la vuelta al ruedo a sus
despojos, el juez sólo le concedió el arrastre lento.
Manolo Mejía, de tabaco y oro, desde que se abrió de capa fue
injustificadamente molestado por un sector del público, pero a Manolo que es un
gran torero, eso no le importó e hizo lo que había que hacer con dos toros de
poca calidad y en cambio sí complicados.
En su primero, estuvo muy bien con el capote en verónicas y
chicuelinas. Tomó las banderillas de lujo, y colocó dos estupendos cuarteos y
un par de poder, para ser aplaudido. Con la muleta inició temprano por
naturales, a un toro rebrincón, tendiendo a caerse y a quedarse corto, a salir
con la cabeza suelta y arriba. El toro se vino a menos, y terminó de pinchazo
hondo y estocada honda.
En su segundo, que tuvo menos posibilidades, Manolo, logró una
faena de gran mérito, batalló al principio, pero logró someterlo y meterlo en
la muleta para darle algunas series de derechazos que le jaleó fuerte el público,
lo mismo que cuando lo forzó al hacerle el toreo al natural, el astado se agotó,
se empezó a defender y lo finiquitó Manolo de estocada caída y trasera.
Ignacio Garibay, de palo de rosa y oro, siendo un torero que
puede llegar a tener tanta importancia, no tuvo los toros a modo, en su primero
se vio con mucha voluntad y en el otro, de sitio sobrado, pero sin llegar al
lucimiento por lo deslucido de sus toros.
Esto. FRANCISCO LAZO. De
Mora tiene hondura y largueza
TERCERA corrida de la temporada en la México. Tarde grisácea, calurosa, sin
viento, ideal para torear. Casi media plaza de entrada.
SEIS toros de JAVIER GARFIAS, disparejos en presencia y tipo, cumplidores con
los caballos, que metieron la cabeza en general, desentonando el tercero, que
"era un burro", dándosele arrastre lento al primero y al quinto,
protestados segundo y quinto por su falta de trapío.
MANOLITO MEJIA, abucheo en su primero (segundo de la tarde) y división en su
segundo. IGNACIO GARIBAY, al tercio en su primero y aviso en su segundo. El
joven español EUGENIO MORENO VILLARRUBIA (Eugenio de Mora), nacido hace 25 años
en Mora de Toledo (Toledo), confirmó su alternativa cortándole una oreja al
primero del encierro y vuelta en su segundo que le pegó una cornada en la mano
derecha.
Juez de Plaza, el abogado SALVADOR OCHOA, conduciendo debidamente la función,
aunque un tanto generoso con el arrastre lento al segundo y al autorizar dos
reses con poca imagen.
EL FESTEJO
AMIGOS, hacía tiempo que no veíamos a un torero español que le cogiera tan
pronto el son a nuestros toros, como lo hizo ayer Eugenio de Mora. Y que los
toreara con tan buenas maneras y calidad, sabor. Y sólo con los pases
fundamentales de la lidia, la verónica y la media, los ayudados y naturales y
sus remates de pecho, con pocos adornos que no fueran el martinete y el desdén,
casualmente aportados por Manolo Martínez a la función taurina, uno de los más
grandes diestros que no han requerido de bisutería para ser estrellas del
toreo. Parco pareció pues el repertorio de Eugenio en ésta su presentación,
pero tan bien arropado de arte que no era necesario hacerle agregados. Muy
quieto en los parones de capa, terciándose y cargando sobre la pierna de salida
las verónicas, meciéndose. Y echaba la muleta a la cara para traer al toro
toreado, templarlo, mandarlo, de un pase a otro con mayor profundidad y
largueza, de aquí hasta allá y, con sólo girar sobre la pierna de entrada,
volver a enganchar y ligar sus muletazos con una y otra manos. Habrá que
subrayar esto otro que cada vez se ve menos: se arrima, se ajusta con el
enemigo, llevándolo las más de las veces metido en la panza de la muleta, no
con la puntita para disimular precauciones, embozo a la falta de arrojo que
exige el toreo. Su primero lo trompicó de tan cerca que le andaba, sin
consecuencias serias; su segundo, igual en una serie de ayudados, pero en esta
ocasión causándole una herida entre el pulgar y el índice de la mano derecha.
A eso atribuye no haber empujado la espada a la hora de matar luego de una faena
de alta calidad, a un toro chaparrito, largo, astifino. Apenas dejó media
espada, tendida y derribó al segundo golpe con el descabello. La vuelta
aplaudida, compensó las orejas que tenía ganadas no soólo por su lucido
desempeño, sino por haberse impuesto y acallado las voces que protestaban la
imagen pobre del astado. A su primero lo mató de estocada y golpe de
descabello, conquistando así la primera oreja en la aún joven temporada
invernal de la Monumental México. A la salida de la plaza, alguien me comentaba
que tuvo mucha suerte Eugenio, pues le correspondieron los dos mejores toros del
encierro. Eso es relativo, más para un torero que se enfrenta por primera vez a
toros mexicanos que, cuando tienen calidad, resultan problemáticos para todos
porque están obligados más que nunca a hacerles la faena, a cortarles las
orejas pues; de lo contrario se cargan protestas y broncas. El mérito real de
De Mora fue que entendió pronto a sus toros, se acopló a ellos y les sacó
todo el provecho que llevaban dentro. Y le dije al amigo aquél, que la distinción
a su primero me pareció excesiva, no era tan bueno para eso. Tenemos pues con
que Eugenio de Mora apenas en su presentación, única corrida que tenía
comprometida, se convirtió en el primer triunfador y el primer herido de la
temporada. Seguramente hoy se estará renegociando su contrato. Pudiera ser un
torero para México.
Fuera del tercero, "el burro" que pudiera calcularse que no tenía
faena, los otros tres toros, dos de Mejía (su primero protestado) y uno de
Garibay que cargó con el solípedo, eran toreables, manejables, pero ninguno de
los dos coletas nacionales dio la impresión de saber cómo hacerlo, por lo que
provocaron el disgusto popular al grado de que, cuando un grupito pedía a
Manolito que regalara un toro, se escuchó un coro de "¡no, no, no!".
A los dos, lastimosamente, se les vio despegados, destemplados y desangelados.
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