GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA CONDOMINA
MURCIA

Tarde del viernes, 8 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Marqués de Domecq, desiguales de juego y presentación.

Diestros:

Entrada: más de media plaza.

Crónicas de la prensa: El Mundo, La Verdad de Murcia


El Mundo. GONZÁLEZ BARNES. Puerto, a hombros tras un arrimón

No ha podido empezar mejor la feria. Víctor Puerto abrió la Puerta Grande y lo hizo a ley, pegándose un arrimón ante su segundo como hacía años que aquí no se recordaba. Hacía tres años que Jesulín no pisaba el ruedo de Murcia. El de Ubrique ha mostrado un toreo más profundo, maduro y sin buscar la galería como hiciera otrora.

A Manuel Díaz le correspondió el peor lote de la tarde. Lo más destacado de su actuación fue la gran labor que con las banderillas y en la brega hizo El Pere, quien a la muerte del segundo de su matador, tuvo que compartir los saludos del tercio con éste.

Víctor Puerto fue el triunfador de la tarde. Con cinco largas cambiadas recibió a su primero, metiéndose al público en el bolsillo, pero fue en su segundo donde Víctor se la jugó. El toro se quedaba corto por el pitón derecho y fue por ahí, por donde se empeño en torearlo. Faena entre los pitones, sin mover las zapatillas. Todo un arrimón.


La Verdad de Murcia. JOSÉ MARÍA GALIANA MURCIA. El arrimón de Víctor Puerto no redime una tarde dominada por la superficialidad y la pésima presentación del ganado

En el último minuto, cuando la tarde y la corrida declinaban entre chascarrillos y bostezos, Víctor Puerto se pegó un arrimón que enardeció al público, al bendito público que en ningún instante de la lidia protestó la lamentable presentación de los anunciados toros del marqués de Domecq que, por sus hechuras y cornamentas, más parecían novillos de tercera categoría por desiguales y muy chicos, flojos unos, desrazados otros, paupérrimos de pitones, con evidencias de manipulación, en suma, un desengaño más, ahora que nos prometíamos una primera feria del milenio más acorde con la ciudad y la historia y el aforo de La Condomina.Quedamos en que Víctor Puerto se pegó un arrimón, un señor arrimón a la vista del resultado, pues el respetable, puesto en pié, consiguió que el palco le concediera una oreja, y no conformes con ella, los hubo que pedían la segunda flameando pañuelos y almohadillas blancas, menos mal que el otras veces protestado Herrero Romón controló las pasiones con acierto y premió lo estrictamente indispensable, porque aún no se ha dicho que la lidia brilló por su ausencia, tanto en el tercio de banderillas, que las clavaron en falso o de una en una, como en la muleta, pues el novillo toro apenas recibió un picotazo y quedó con ciertas intemperancias. Al tercero de la tarde lo saludó Víctor Puerto con cinco largas cambiadas de rodillas, ganando terreno y rematando con media muy ceñida. Lo llevó hasta el caballo embebido en unas chicuelinas al paso, y tras el puyazo de rigor, protagonizó un vibrante quite en el platillo, provocando al toro con la montera y encelándolo en el vuelo de dos verónicas, una talaverana y una airosa serpentina. El toro hacía el avión, como el primero de la tarde, y Víctor empezó la faena con dos pases cambiados, el segundo, muy comprometido. Al aficionado le habría gustado un toreo de mayor hondura y reposo, pero Víctor prefirió el efectismo y acabó como había empezado, de hinojos, improvisando molinetes y manoletinas, suertes que, de rodillas, resultan feas, constreñidas. Así y todo, el torero mostró arrojo y palió en parte las carencias de una tarde anodina.

«El toreo es hondo», nos dejó escrito Gerardo Diego, uno de cuyos libros sobre tauromaquia ilustró con su habitual maestría el pintor murciano Molina Sánchez. La frase pone en entredicho la corrida de ayer. Si el toreo es hondo, ayer no vimos torear; otra cosa es que Jesulín de Ubrique llevara prendido en los vuelos de su muleta al toro que abrió plaza, un novillete celoso del engaño que, a media altura, le adelantaba Jesulín, embarcándolo con suavidad, largura, cadencia y temple, como cuando torea de salón en su casa. Por ambos pitones embistió pronto y alegre el del marqués de Domecq, y Jesulín recordó a Dámaso González, el rey del temple, pero la hondura es sinónimo de manos bajas, la suerte cargada, el muletazo con ajuste y reunión, rematado atrás y abajo, circunstancias que no se dieron durante la faena de Jesulín que, por otra parte, se muestra más serio y centrado. Según se mire, pues al segundo de su lote no lo puso en suerte en el tercio de varas y el animal se estrelló contra el peto descontrolado. El brindis a Ignacio y Mercedes Abellán presagiaba un final feliz, mas la faena se diluyó entre pases superficiales e inconexos junto al tendido de sol, eternizó la faena, sonó un aviso y se limitó a saludar desde el tercio.

El peor de la terna fue El Cordobés; acelerado y dubitativo, dejó que el picador se ensañara con el primero de su lote, tapando la salida durante un puyazo interminable que el público repudió con un broncazo, incluída la bajada de pantalones de un espectador que, al salir por la puerta de cuadrillas, le enseñó el mismísimo culo, con perdón, gesto que va a hacer furor esta temporada.

A la postre, el toro se rajó, busco la querencia de chiqueros y El Cordobés tiró de repertorio tremendista frente al tendido de argucia que apenas le valió para obtener una leve petición de oreja. Muy destemplado en el quinto, no dio los terrenos ni la distancia debida. Tampoco la cuadrilla estuvo afortunada, y menos mal que el toro no hizo por José Pacheco cuando resbaló al salir de un par y quedó a su merced.

 

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